Sarrio en la Pleta de Coronas

Sarrio en la Pleta de Coronas - Maladeta (Huesca - España)

Sarrio (Rupicapra rupicapra Pyrenaica)

Foto realizada en la Pleta de Coronas (2220 m.), en Agosto del 1987 durante la excursión que hicimos  para coronar el pico de Aragüells (3037 m.). La foto está fotografiada con cámara digital, partiendo de una diapositiva proyectada sobre la pantalla. Una vez descargada al PC ha sido retocada con el programa Studio Photo V9 de Microsoft, ha perdido calidad pero me resistía a no colocarla.  

Características

Orden Artiodáctilos familia Bobidae nombre científico Rupicapra rupicapra.

Con los nombres de, rebeco, gamuza, sarrio ,isard, ... se conoce a este rumiante mitad cabra mitad antílope que pasea su montaraz silueta por las alturas del sur de Europa, Asia menor y el Cáucaso y que responde al nombre científico de Rupicapra rupicapra.

En realidad, el nombre de sarrio suele reservarse a la subespecie que se extiende por los Pirineos (Rupicapra rupicapra Pyrenaica). 

La otra subespecie de rebeco de la Península Ibérica ( Rupicapra rupicapra Parva) habita en la cordillera Cantábrica ; es de tamaño algo más pequeño que la otra raza. 

Si hay un animal representativo de la alta montaña, no cabe duda de que ése es la gamuza, y su homólogo de los Pirineos, el "isard" o rebeco, ligera mente menor. Pese a su nombre latino de "capra", cabra de las rocas, la gamuza se halla emparentada '' más bien con el antilope. Es un animal bastante ligero -50 kilos como máximo-, enjuto, extraordinariamente ágil y vivaz, fácil de reconocer por las marcas negras de sus carrillos, su dorso pardo negruzco, a veces francamente negro, sus cuernecitos negros y delgados, rectos primero y después decididamente curvos, en forma de ganchillo. Los de los machos son mayores, pero a veces las hembras viejas tienen cuernos particularmente largos, aunque más finos. 

Si una de las características de la cabra montés es la indolencia, el rebeco es su antítesis con una vitalidad desbordante, siempre alerta y presto a huir a la menor alarma. A finales del mes de octubre tiene lugar el celo del rebeco, los rebaños se disgregan y los machos parecen poseídos por un loco furor. Con rictus típico, que hace afirmar a los cazadores montañeses que en esta época los sarrios ríen. Las hembras quedan cubiertas por primera vez con año y medio de vida y, tras una gestación de 160 a 175 días, del 15 de mayo al 15 de junio tendrá lugar el parto, de un solo cabrito, siendo excepcional el parto doble.

Las gamuzas jóvenes figuran entre las más seductoras crías de animales que en el mundo existen. Las gamuzas --contando con la presencia de los " isards " en los ' Pirineos y en España (en el Parque Nacional de Ordesa, vive una importante población de esta interesante especie) -se encuentran en todo el macizo de los Alpes, en los Cárpatos -donde viven los ejemplares más corpulentos. 

Como las cabras monteses, las gamuzas habitan en la montaña, pero a menor altura. En invierno, sobre todo, descienden al nivel de los bosques, incluso al de las primeras casas de labor. 

La seguridad de pisada de estos animales bajando por los peligrosos riscos es asombrosa. Cada pequeño casco hendido constituye una especie de pinza, capaz de asirse a la menor aspereza y mantenerse en ella haciendo un breve alto. En una caída de guijarros, tan rápidos como ella, la gamuza se precipita, rebota, reemprende la carrera y desaparece tras un viraje. Es un espectáculo raro de ver, pero inolvidable. 

Generalmente, están guardadas por una vieja hembra machorra, esto es, estéril, que al menor indicio de peligro silba, como silban la marmota o la cabra montés. Todos los animales entienden esta señal e inmediatamente emprenden la huida por el camino más inaccesible. Además de al cazador, la gamuza teme al águila, sobre todo en lo que a sus crías se refiere. Un aguila, que no pesa más de siete kilos, no puede llevarse consigo una presa más pesada que ella, como suele ocurrir con las crías de la gamuza. Su táctica consiste entonces, no en aprisionarla entre sus garras, sino en hacerla caer a un precipicio a base de un violento aletazo. Acto seguido, la corpulenta rapaz se abate sobre su dislocada víctima y empieza a devorarla. La defensa de la gamuza madre consiste en formar un bastión con su cuerpo entre su cría y el águila, presentando siempre a ésta los dos puñales de sus cuernos, con lo cual suele conseguir ahuyentarla. A decir verdad, estos ataques nunca van demasiado lejos, y si no hubieran intervenido los hombres con sus escopetas, el equilibrio natural seguiría reinando entre las gamuzas y las grandes águilas reales. 

Denominación de la RAE de Gamuza

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