El descubrimiento de la célula Un milímetro cúbico de sangre puede contener aproximadamente cinco millones de células. Un gramo de tierra de jardín puede contener del orden de 2,000 millones de bacterias. El cuerpo humano está formado por células, del orden de cien billones. estos datos, aunque aproximados, pueden dar una idea de las dimensiones de una célula, y es fácil comprender porqué las células no fueron descubiertas hasta que no se dispuso de un instrumento que permitiera visualizarlas, el microscopio.
A principios del siglo XVII se desarrolló enormemente una rama de la física, la óptica, y se obtuvieron lentes cada vez más perfectas que permitieron construir lupas y microscopios. Se atribuye a Robert Hooke, la primera descripción de células al observar diversos tejidos vegetales bajo el microscopio. El fue el que utilizó la palabra célula para designar una estructura repetida que se observaba en los tejidos vegetales y que recordaba a la estructura de las celdillas de un panal. Más adelante se descubrió la existencia de multitud de organismos microscópicos unicelulares al observar bajo el microscopio gotas de agua procedentes de charcas. Sin embargo, no fue hasta bien entrado el siglo XIX cuando, gracias al perfeccionamiento de los microscopios, se demostró que también los tejidos animales estaban constituidos por células. Ya en el siglo XX, la invención del microscopio electrónico, con un poder de resolución cien veces superior al del microscopio óptico, permitió una visión mucho más detallada de la célula. Aunque la célula inicialmente se concebía como un saco lleno de jugos, hoy día sabemos que tiene una compleja arquitectura. Denominación de la RAE de Microscopio |
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