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Desde
hace unos días, mi compañera de trabajo Alicia me sigue con su
mirada, desde la mesa que ocupa en la oficina puede verme de
perfil y por el modelo de mesa que poseemos puede ver mis
piernas. Normalmente durante el tiempo de invierno visto con
pantalones o falda larga, pero en tiempo de primavera y verano,
suelo vestir con vestidos cortos y de tela fresca o minifalda.
Como somos chicas no pongo mucho cuidado en estar todo el día
con las piernas completamente cerradas ¡Es un agobio! Ella es
una mujer al igual que yo del montón, ni alta ni baja, ni gorda
ni flaca y de cara atractiva, siempre viste elegante, y en
contada ocasiones con pantalón. Que por cierto les quedan
divinos por su constitución ¡Vamos que es elegante! Pero no
son sus pantalones lo que me atraen, son sus diversos zapatos de
tacón de aguja y su variado repertorio de medias de seda, que
le hacen lucir unas piernas preciosas y unos pies que quitan el
sentido, he de decir que soy una enamorada de los pies
femeninos, por ellos soy capaz de enamorarme de ellas ¡Me
encantan! ¡No lo puedo remediar! Alicia es una mujer moderna,
soltera, vive sola y creo que por sus miradas a mis piernas,
también le atraen las mujeres. Tiene aproximadamente mi edad.
Por su ficha de empleada sé que el 15 de octubre cumple los 45.
Supongo que las más allegadas saldremos a tomar algo para
celebrarlo. Se acerca:
-Ana, mañana viernes cumplo años ¿Quieres venir a una fiesta
que doy en casa?
-¿Seremos muchos Alicia?
-Tú, yo y dos chicas más. Si te interesa, te espero en mi casa
a la 9 de la noche. No hace falta que traigas nada. Yo lo pongo
todo.
-Seré puntual ¡Me hechizan las fiestas de cumpleaños!
Tal como lo explica, será una fiesta divertida. Espero tener
ocasión de poder ver sus pies enfundados en unas elegantes
medias y calzada con unos excitantes zapatos de tacón de aguja
¡Qué apasionante sólo pensarlo!
He pasado toda la noche pensando en las cosas que haría con
Alicia si ella me corresponde, si no lo hace me llevaré un gran
chasco. Son casi las nueve de la noche, me he vestido lo más
elegante que he podido. Este vestido azul de gasa tiene una caída
muy elegante, deja gran parte de mis pechos al aire y en la
espalda un gran escote, no es excesivamente corto, por lo que lo
hace intrigante, los zapatos y las medias realzan mi figura. En
el último momento al salir de casa estaba tan sofocada que me
ha dado por quitarme las bragas, sé que no resulta sexy, pero
necesito dejar mi coño para que se airee y así poder bajar mi
temperatura. Toco al timbre:
-¡Hola Ana! Como siempre tan puntual, has llegado la primera.
-¿Cómo estás Alicia? ¡Feliz cumpleaños! Toma un detallito.
-Gracias guapa, no tendrías que haberte molestado, tu visita es
suficiente regalo.
Al saludarnos nos hemos dado dos besos en la cara de lo más
normal, Alicia despide un aroma fascinante que hace que casi me
abalance hacia ella, me he tenido que contener para no besarla
en la boca. No me ha defraudado en absoluto lleva un vestido
negro ajustado con gran escote de tiras, medias de alucine y
zapatos de tacón de aguja. La he mirado de arriba abajo y me he
quedado mirando sus excitantes pies enfundados en esos zapatos
que deja ver todo el empeine hasta el inicio de los dedos, que sólo
quedan cubierto por sus primera y segunda falange me excitan
tanto y se me nota que me dice:
-¿Te gustan mis pies Ana?
-Sí Alicia, es una cosa superior a mis fuerzas ¡Me encantan
los pies, en especial los tuyos!
-Lo sabía, por eso me calzado con estos zapatos tan sensuales.
Lo que me acaba de decir Alicia es que le ataque y me la tire
allí mismo, pero debo ser recatada y esperar a las otras
visitantes. Suena el teléfono:
-Sí, Dígame. Hola Teresa ¡Lo siento!
Han llamado sus otras amigas que tenían que venir de viaje pero
les ha surgido un imprevisto y no lo podrán hacer. Dice:
-Lo siento Ana, seremos en la fiesta nada más que tú y yo...
¿Pongo música?
-¡Por favor! No te preocupes lo pasaremos bien.
Me encanta, me alegro el que estemos solas, de esta manera
intentaré tirarle los tejos para ver si puedo pasar un viernes
placentero haciendo el amor con una mujer que me trae loca desde
hace tiempo. La música que ha elegido es relajante e incita a
realizar movimientos sensuales. Alicia empieza a contornearse,
es ella la que se está insinuando esperaré para ver que es lo
que hace. Alza sus brazos con las manos extendidas hacia mí,
invitándome a bailar, coge mis manos y las sitúa en sus
hombros y las suyas acarician mi cintura, me acerca todo lo que
puede hacia ella nuestros pechos se frotan, empiezan a estar
sensibles presos en ambos sujetadores. Mi vagina empieza a hacer
de las suyas, normalmente expulso gran cantidad de mucosa
vaginal. Para:
-Perdona Ana, ¡Qué descuido! ¿Qué quieres tomar?
-Una cola con un poco de güisqui.
Menos mal que Alicia ha caído en ofrecerme una bebida, la boca
y garganta las tengo secas debido al nerviosismo del
acontecimiento. Cuando se retira para poner las bebidas no puedo
hacer otra cosa que fijarme en sus pies acariciados por las
medias de seda, sus piernas lucen bonitas, pero lo que más me
excita son sus pies. estoy impaciente por desnudarlos, besarlos
y lamerlos.
-Toma Ana, tu bebida.
-Gracias Alicia, la necesitaba.
No lo puedo remediar, tengo la boca tan seca que casi me lo tomo
de un trago, Alicia se sonríe y me dice:
-Espera Ana, Te pongo otro.
-Sí, Alicia, pero con muy poco güisqui. Luego tengo que
conducir.
-De eso nada, tú te quedas hoy aquí a dormir. Si te esperan,
ya puedes estar llamando y les dices que hoy no irás a casa.
-No Alicia, nadie me espera. ¡Vivo sola!
Con lo que me acaba de decir en cuanto se acerque la agarro por
la cintura y le doy un beso en la boca que la voy a impresionar.
Cuando me ha dato la bebida, he tomado un pequeño sorbo y he
dejado el baso en la mesita. No lo he dudado la tomo por el
talle y le doy un beso que ha durado minutos, ella me ha
devuelto cada una de las caricias de mi lengua con la suya.
Desde ese momento nos hemos acariciado y sobado todo el cuerpo,
ha bajado su mano y ha levantado mi vestido para alcanzar mi
entrepierna, cuando la ha tocado a dicho:
-¡Oh! Me encanta, no llevas braguitas ¡Qué excitada que estás!
Desde mi entrepierna se ha llevado sus dedos hasta su nariz y ha
exhalado el aroma de mi sexo y ha suspirado:
-¡Ay! ¡Cómo me gusta tu perfume de mujer! Estoy muy caliente
Ana.
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Alicia
vuelve a introducir nuevamente su mano en mi entrepierna pero
esta vez acariciando con dos de sus dedos el interior mi
ardiente y chorreante vagina. Con su mete y saca hace que me
corra, es tal cantidad de jugos que he expulsado que me he
puesto las medias de seda perdidas. Así, calientes y
excitadas como estamos, Alicia me ha guiado cogidas de las
manos hasta su dormitorio. La he desnudado, recreándome en
las medias de seda y en sus pies cuidados de pedicura
profesional, que a placer he chupado y lamido hasta correrme.
Hemos disfrutado la una de la otra, cruzando nuestras piernas
en forma de tijera hemos frotado vagina contra vagina, es
tanto el gusto alcanzado que hemos gritado las dos de placer.
Ahora somos tan buenas amigas que muchos fines de semanas
hacemos el amor pero sin tener ataduras de ningún tipo. Sus
dos amigas son tan ardientes como ella, aún no he tenido el
placer de poder estar con ellas, pero hemos quedado para la
semana próxima, las cuatro descubriremos todas las fantasías
posibles.
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