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Empezaré
diciendo que mi chico es un fetichista de las bragas usadas, y a
mí me gusta que lo sea, siempre y cuando las bragas usadas que
lo exciten sean la mías, ¿es normal vedad? Hace unos días no
sentamos frente al ordenador para navegar por la red, lo hicimos
porque era una tarde de perros, transcurría uno de esos días
de otoño en los que no apetece salir de casa, ¡eso hicimos!
Como dos salidos nos dispusimos a visitar páginas en la que
encontramos fotografías de infinidad de bragas usadas, bragas
manchadas de toda clase de sustancias. Tengo que reconocer que
al verlas e imaginar a sus propietarias portándolas me estaban
provocando una excitación diferente a la que siento cuando
Octavio huele alguna de mis bragas usadas que guardamos en un
cajón del armario de mi habitación, con eso me pongo a 100,
pero ver esa cantidad de bragas en internet me puso a
1000, a
mil por hora, ¡estaba excitadísima! Él lo notó y me dijo:
-Eritrea,
¿te encuentras bien? Observo que estás un tanto acalorada.
-Me
encuentro perfectamente. –Le
contesté mintiéndole.
Como
era natural no quise darle pie a que sufriera por no poderme
follar, ya que en casa estaban mis dos hermanas y mis padres que
tampoco habían salido.
Octavio
me miró a los ojos, en mí, debió de ver algo de lujuria por
que sin dudarlo metió su mano por debajo de mi falda para
alcanzar mis bragas y apartándolas meter sus dedo índices y
corazón en mi vagina.
-¡Eritrea,
qué calientes que estás! –Dijo sonriendo mientras se llevaba
los dedos a la boca.
Se
los llevaba para percibir el aroma penetrante de mi sexo, porque
lubricar, lubrico muy poco. De hecho hay veces que me tengo que
aplicar lubricante acuoso para no sentir dolor al ser penetrada,
¿soy rara verdad? Pero no son de mis rarezas de lo que quiero
hablar, quiero hablar de qué es lo que sucedió esa tarde.
-¿Cómo
quieres que esté? Llevo sentada más de seis horas. -Le contesté
sonriendo.
¿Quieres
que lo hagamos pensando en esas bragas usadas que estamos
viendo?
-No
Octavio, sabes que no me gusta hacer el amor cuando mis padres
están en casa, no estoy cómoda sabiendo que están ahí fuera.
-¡No
seas así Eritrea! Tienes 35 años, y yo 40, ¿no crees que
tengamos edad para hacer lo que nos apetezca?
Tenía
toda la razón habida y por haber en este mundo, pero soy así y
no lo puedo remediar, ¡aunque él lo intentó! Sin volver a
decirme nada se bajó los pantalones quedándose en
calzoncillos. Su pene no podía evitar declarar lo excitado que
estaba, -miré y sonreí- Sin darle más importancia, seguimos
mirando bragas usadas de todos los tipos y con toda clase de
manchas, algunas eran de verdaderas marranas, pero eso no nos
importaba, nos daba morbo, ¡nos excitaba!
Aquello
no lo podía dejar así, si entraban mis padres o algunas de mis
hermanas y veían en la guisa en la que estaba Octavio me tacharían
de mujer fácil, ¡eso por lo menos! En el fondo sabía que
Octavio tenía razón y que ya disponíamos de edad para hacer
el amor cuando nos apeteciera. Pero yo no podía, me negaba a
ser follada sintiendo las voces de mi familia. Sabía que mi
negativa podía ser el principio del final. Pero aún y así le
dije:
-Octavio,
ponte el pantalón que pueden entrar y creerse que estamos
follando como descosidos.
Resignado
se volvió a poner el pantalón, pero para no dejarle
contrariado le puse su mano en mi entrepierna para que se
entretuviera acariciando mi querido conejo. Sentir sus dedos
hurgando en el interior de mi querida cueva del amor hacían que
mi vagina estuviera excitada, estaba tan caliente que su calor
me hacía sudar, sudor que impregnaba las bragas que junto con
el aroma característico de mi sexo dejarían huella en aquellas
bragas que llevaba puestas desde el día anterior, no, no crea
que soy una marrana. Octavio y yo habíamos convenido en que
aquellas bragas pasaran a ser un fetiche, como braga usada para
el baúl de los recuerdos, por eso, cuanto más impregnadas de
sudor, sexo, orina y algo de... más excitación sentiríamos al
olerlas, ¡yo también soy fetichista de mis propias bragas!
También hubiéremos deseado que quedaran impregnadas de semen
pero era yo quien se negaba.
-Mira
Eritrea, en este foro hay un mensaje de una persona que pagaría
por unas bragas usadas, lo haría junto con unas fotografías de
la dueña con ellas puesta. ¿Qué te parece si nos ponemos en
contacto para enviárselas? –Me dijo el muy salido sonriendo.
-Estás
loco, ¿quién te crees que soy? ¿Por quién me tomas?
–Contesté negándome rotundamente enfadada por la sugerencia.
-No
te enfades, sólo era un comentario, ¡no es para tanto mujer!
–Dijo Octavio sorprendido por mi enérgica negativa.
Aunque
me había opuesto, segundos después la idea de que unas bragas
mías viajaran a otra parte de nuestro querido y maltratado
mundo, me hacia sentir algo morbosa y excitada a la vez, ¡joder,
con las bragas usadas! Seria, pensativa y totalmente abstraída
me quedé mirando a la pantalla sin ver, me estaba pensando
seriamente el enviárselas.
-¡Tengo
una idea! Espera Octavio, salgo un momento para hablar con mis
padres, tú sigue mirando fotografías de bragas usadas que
enseguida vuelvo, ¡por cierto, no pierdas el mensaje (post) de
esa persona que paga por unas bragas usadas! –Miró con extrañeza
fijamente a mis ojos y siguió inmerso mirando lo que tanto le
gustaba.
Salí
apresurada porque mi calentura sexual me decía que aquella
ocasión había que aprovecharla, que no había nada malo en
hacerse una foto con las bragas usadas durante casi dos días y
enviárselas a una persona que disfrutaría con ellas.
Totalmente decidida le dije a mi madre:
-Mamá,
necesito la cámara que os presté, ¿dónde está?
-Toma
está aquí, ahora mismo hemos terminado de verlas, tu hermana
Luisa nos las ha grabado en un disco. ¡Gracias, han salido unas
fotos estupendas! ¿Quieres verlas?
-No
mamá, ahora tengo prisa. Octavio y yo tenemos que hacer una
cosa muy urgente. –Le dije.
-No
os preocupéis, haced lo que tengáis que hacer que nosotros ni
tus hermanas os molestarán para nada. –Dijo mi madre
sorprendiéndome, sonrió mi padre asintiendo.
Estaba
claro, en aquella casa todo el mundo estaba de acuerdo en que yo
tenía el derecho a la intimidad. Era yo la única remisa a no
hacer el amor con Octavio para no ser estorbados o escuchados.
Entré en la habitación donde esperaba el bueno y paciente
Octavio y sin pensarlo le dije:
-Lo
haremos, estoy decidida, ten la cámara y tómame las fotos que
quieras para enviárselas al que compra las bragas usadas.
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