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Hace
algunos años mi hermano se marchó de casa para conocer mundo,
siempre ha sido un chico muy emprendedor y algo especial. Nunca
ha tenido claro que es lo que quería hacer en la vida, ¡por
ese motivo se fue! Dejó sus estudios de medicina y a pesar de
las súplicas de nuestros padres, ¡con viento fresco se alejó
de nuestras vidas!
En
cinco años no he sabido nada de él, durante este tiempo mis
padres han fallecido, mi madre lo hizo hace tres años y mi
padre hace dos. Como no tenía su dirección, y mucho menos su
teléfono no le pude avisar. Pero la semana pasada el muy
sinvergüenza llamó diciendo que hoy llegaba. Pero he ido al
aeropuerto a esperarle y no ha aparecido, supongo que por alguna
causa habrá perdido el vuelo. Creo que si verdaderamente quiere
volver, lo hará cuando le apetezca. Cuando me llamó, lo hizo
con mucha urgencia, me dijo el día, la hora y el vuelo y sin más
colgó, ¡habitual en él! Esas cosas no me sorprenden, siempre
ha sido así, ¡por eso es especial! Tampoco me extraña que me
dijera correctamente la fecha de llegada o que yo no la apuntara
bien, ¡todo puede ser! Sea como sea no ha llegado.
No
habían pasado 30 minutos desde mi llegada a casa, cuando me
disponía a ponerme a trabajar en un proyecto que tenía que
entregar al día siguiente, sonó el timbre de la puerta de la
portería. ¿Quién será? No tengo ganas de recibir a nadie en
este momento, me dirigí hasta la puerta de entrada y miré por
el visor del interfono, era una hermosa mujer, ¿qué querrá
esta ahora? Le pregunté:
-¿Qué
desea señorita?
-¿Eres
Clara verdad?
-Sí,
lo soy, ¿dígame que es lo que quiere?
-Soy
Belinda, tu hermana, ¡Veo que no me reconoces! La pantalla del
interfono debe estar borrosa como siempre. ¡Abre por favor!
-No,
no está borrosa, se ve perfectamente, ¡yo no tengo ninguna
hermana, oiga!
Corté
la comunicación del interfono y seguí con el trabajo que
estaba apunto de iniciar, segundos después llamaron al timbre
de la puerta, ¡me asusté! ¿Quién podía ser a esas horas? ¡Pensé!
Como sea algún vecino le van a dar por donde amargan los
pepinos (llámese culo), me acerqué sigilosamente hasta la
puerta de entrada para no hacer ruido y miré por el visor, ¡No,
es la hermosa mujer! ¿Quién le habrá dejado subir?
No sé de que sirven las reuniones de vecinos, en la última
junta hemos acordado no dejar pasar a nadie que no conozcamos,
¡pero nada, seguimos en las mismas! ¿Ahora que hago?
Mi
madre desde que tuve uso de razón y hasta su muerte, siempre me
inculcó que no hay que fiarse de nadie, que no hay que abrir la
puerta a desconocidos. Pero no sé porque motivo aquella mujer
me inspiraba confianza le abrí aunque con la cadena de
seguridad puesta:
-¿Qué
desea?
-¡Joder
Clara, qué difícil me lo estás poniendo!
Aquella,
esa mujer me estaba confundiendo, como si me conociera de toda
la vida. Por mi cabeza empezó a rondar la idea d que mi hermano
se había confabulado con semejante ser para engañarme o
simplemente para gastarme una broma, ¡sin dudas le explicó
todo lo que sabía de mí!
-¿Cómo
sabe usted mi nombre? ¡No me lo diga, lo ha encontrado en las páginas
amarillas!
-Clara,
tú como siempre con tu imaginación al borde del desborde, ¡Leches,
soy tu hermano Pepe!
Cuando
Belinda, que así decía llamarse me dijo lo que me dijo, no sabía
si creerla, ¡perdón, si creerle! o seguir pensando que todo
era una broma especial de mi no menos especial hermano. Respiré
profundamente, cerré los ojos y me armé de valor para quitar
la cadena de seguridad y dejarle pasar:
-Pasa
Pepe, ¿O debo llamarte Belinda?
-Gracias
Clara prefiero que me llames Belinda ya que ahora soy una chica
como lo eres tú.
No
sabía que pensar, le, la invité a que se sentara en el sofá,
cuando se sentó mis ojos se fijaron en sus hermosas piernas, ¡qué
piernas, qué mujer! Estoy confundida, debería de decir ¡Qué
hombre! Aun estando confundida no me terminaba de creer que esa
hermosa mujer de cuerpo escultural perteneciera a mi hermano
Pepe. Pepe siempre había sido un agraciado hombre, pero de eso
a esa mujer hermosa que estaba ente mis ojos, ¡había un
abismo! Para asegurarme de que decía lo cierto, le hice una
pregunta, que sabía que era personal, pero se la hice porque
nada más que el y yo la sabíamos. No creo que Pepe nunca jamás
se la hubiera revelado a nadie:
-¿Belinda
dime, que hicimos Pepe y yo antes de marcharse hace cinco años
de casa?
-Clara,
me resulta muy violento hablar de aquello, pero si es para que
te convenzas de que soy tu hermano Pepe, convertido ahora en tu
hermana Belinda, ¡lo haré! Fue una chiquillada de hermanos que
se conocían de toda la vida, y no sólo se conocían, ¡se
amaban! ¿Recuerdas? Que sensación más placentera fue aquella
la de masturbarse juntos en el cuarto de baño, ¿te acuerdas?
Yo eyaculé sobre tus pechos y posteriormente lamí todo mi
semen derramado sobre ellos. Luego tú, sin esperarlo y excitada
como estabas te abalanzaste sobre mi pene y sorbiste hasta la última
gota de semen que me quedaba. Aquello fue el principio de una
gran relación, ¡pero por desgracia me marché! ¿Contenta
Clara, quieres que siga? ¡Por cierto! Para que te quedes
tranquila y convencida de que soy quién digo ser, en tu vagina,
junto al clítoris en su parte izquierda tienes un lunar, ¿verdad?
Le
dije que no siguiera, que lo siguiente que ocurrió no quería
revivirlo, ¡pasó, lo pasado, pasado está! Ya no tenía dudas
de que aquella maravillosa mujer era mi hermano Pepe ahora
convertida en mi hermana Belinda. Estaba confundida pero no tuve
más remedio que creérmelo.
-¡Vale
Pepe, no sigas te creo!
-Que
alivio, ¿me das un vaso de agua?
Fui
a buscar el vaso de agua para que mi hermano, ¡no, mi hermana
Belinda! Se pudiera relajar la garganta, sin duda reseca por el
nerviosismo del momento:
-Toma
Belinda, tu vaso de agua.
-Gracias
Clara, ¿Dónde están los papás?
A
la pregunta de Belinda, mi querido hermano ahora convertido en
mi hermosa hermana no supe que contestarle, aunque se lo merecía,
¡no quise romperle el corazón! Sabía que más temprano que
tarde se lo tendría que decir, ¡lo sabía! Pero opté por
retrasar la noticia, ¡ya daba igual! Mis padres estaban muertos
y como es lógico no tenía remedio:
-Se
marcharon ayer de viaje por un crucero alrededor del mundo, ¡Era
su ilusión, ya lo sabes!
-Se
ha decido al final, ¡me alegro por ellos!
Pepe
era un hombre muy inteligente, nunca se hubiera creído una
respuesta como la que le di como excusa de la falta de nuestros
padres. Pero debía de entender que Belinda no era mi hermano, y
que para conseguir ese cuerpo espectacular de mujer, se estaría
metiendo en el cuerpo infinidad de potingues para conseguir
parecerse a una mujer, ¡hasta la vos la tenía cambiada! No
tuve ninguna duda de que los sentimientos también le habían
cambiado debido a las hormonas femeninas que se inyectaba. Eran
cosas que siempre había oído que les ocurrían al las chicas o
mujeres con polla. ¿Pero quien me ha dicho a mí que Belinda
tiene polla? Miré su entre pierna, ella se percató y dijo:
-¿Quieres
verla Clara?
-No
sé de que me hablas Belinda.
-No
te hagas la estrecha, si quieres reiniciamos nuestros juegos
amorosos que interrumpimos hace cinco años. ¿Te apetece?
La
tensión sanguínea me subió de tal manera que apenas le
escuchaba, estaba apunto del desmayo, cuando Belinda se levantó
y se acercó hasta donde yo estaba sentada, levantó su falda y
a la altura del empeine se apartó la pernera de las bragas y
sacó su flácida polla. No me podía creer lo que estaba
ocurriendo, mi hermano era mi hermana pero seguía teniendo los
atributos que siempre supe que tenía. Estaba tan falta de
recibir una polla de carne en el interior de mi cuerpo, que no
dudé un solo momento en sujetarla con mis manos y aplicar un
masaje para que alcanzara el tamaño que siempre había
recordado, ¡valla si lo alcanzó! En ese momento no sabía si
era debido a los medicamentos que mi hermano tomaba, lo cierto
es que su polla de chico, era una enorme polla de mujer, ¡estaba
echa un lío!
Pepe,
cinco años después convertida en Belinda, pero conservando sus
gran polla de hombre, me hizo disfrutar como nunca lo había
hecho con su enorme polla de mujer. No sé cuanto tiempo llevaba
sin eyacular, pero he de reconocer que la eyaculación que soltó
en el interior de mis entrañas no era la eyaculación de una
polla normal, ¡parecía la de un caballo! Terminó de eyacular
en mi coño y me la introdujo en la boca, apenas si podía
respirar, la aparté y le dije:
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