|
Desde
muy pequeño recuerdo a mi madre organizando una fiesta para
celebrar el día de mi cumpleaños, fiesta a la que invitaba a
todos mis amigos o simplemente compañeros de juegos. Me
gustaban aquellos días de jolgorio, lo pasaba ciertamente
bien con mis amigos y ¡cómo no! Con mi madre como animadora
de la fiesta. Así pasaron los años, hasta la fiesta de mis
18 cumpleaños, hasta ese día nunca me había fijado en la
hermosa mujer que tenía como madre, cosa que si hicieron mis
amigos, hasta el punto de que uno de ellos... amigo al que más
confianza tenía descaradamente me dice:
-Estoy enamorado ¡Qué mujer!
-¿De
quién estás hablando Eloy?
-De
tu madre Pablo ¡Esa será la madre de mis hijos!
-No
te pases Eloy ¡Recuerda que es mi madre!
-No
me importa, estoy enamorado y hasta que no me la folle no
estaré tranquilo.
Lo más disimulado que pude recriminé el comportamiento
del que creía mi mejor amigo, le invité a que se marchara de
la fiesta. Las chicas me preguntaron por Eloy, les dije que le
había surgido un imprevisto en la casa de sus padres y que no
volvería. Mi madre que se imaginaba que las cosas no iban
bien ya que mi cara me delataba, se acerca:
-¿Qué te ha pasado con Eloy?
-Luego
te lo cuento mamá. Ahora atendamos a los invitados que
ninguna culpa tienen de lo que ha ocurrido.
Desde ese mismo instante empecé a fijarme en mi madre
como mujer. Encendido y cabreado como estaba por los
comentarios de Eloy, miré a Alana una chica del instituto a
la que todos los chicos tenían como la reina de la belleza,
la comparé con mi madre y me di cuenta de que mi madre no tenía
nada que desear de esa chica ¡Excepto la edad! Alana tiene 19
años y mi madre 40 desde hace dos meses, cuanto más me
fijaba más me excitaba ver a mi madre bailando con uno y con
otro, es muy simpática y sin duda alguna, una anfitriona como
no hay otra. Empiezo a tener unos celos insoportables e
infundados, ya que mi madre no está haciendo nada que no sea
bailar con todos y cada uno de los invitados a mi fiesta. Eloy
ha conseguido provocar en mí el desconcierto y la envidia del
magreo al que la someten cuando están bailando, me acerco a
ella:
-Ahora me toca bailar contigo Eloisa.
-¡Claro
que sí hijo! Pero... ¿Ahora me llamas Eloisa, no soy tu
madre?
Mirándome
fijamente a los ojos y sonriéndome como si supiera que es lo
que me sucedía empezamos el baile. Sonaba una música para
bailar agarrados, mis nervios a flor de piel, sentir a mi
madre junto a mi cuerpo empezaba a excitarme como si se
tratara de una chica de mi edad, mi pene comenzó a ganar tamaño
¡Qué situación! La pieza de baile estaba apunto de
finalizar y mi pantalón dejaba ver mi excitación, Eloisa, mi
madre se dio cuenta del trance y me dijo:
-Pablo
veo que estás indispuesto, acércate bailando hasta el cuarto
de baño y allí te desahogas un poco.
No le contesté nada, me puse rojo como un tomate maduro
e hice lo que ella me aconsejó. Nadie se dio cuenta de lo
sucedido, en el cuarto de baño me refresqué la cara y esperé
a que mi pene se relajara totalmente. Cuando salí, antes de
localizar a mi madre que desde ese momento era mi fijación,
Alana me abordó y me pidió que bailara con ella:
-Pablo
no has bailado en toda la noche conmigo ¿Te apetece?
-Por
supuesto Alana ¡Me gustaría mucho!
¡Qué suerte la mía! La pieza que me tocó bailar con
Alana fue una música ligera de baile suelto, apenas si me fijé
en ella. No tuve problemas para mantener a mi pene replegado
en su lugar de descanso. Terminó la música trajeron la tarta
y todos y cada uno de los asistentes a la fiesta me dieron su
regalo ¡Cosas que quizás nunca utilizaré! Pero eso es otra
triste historia, la que me traía en vilo en ese momento era
la historia de la hermosa mujer que es mi madre. La fiesta
acabó, todo salió a la perfección como no podía ser de
otro modo. Solos en casa nos sentamos a descansar en el sofá
del salón y le dije:
-Mamá gracias por la fiesta, ha sido sensacional y muy
divertida. Me ha gustado mucho tu regalo.
-Me
alegra que todo te halla gustado. ¿Era la moto que querías?
-Sí
mamá ¡Es fantástica! Con ella podré dar largos paseos por
los alrededores ¡De verdad! Me has hecho muy feliz.
-Ni
que decir tengo... Tienes que tener mucho cuidado y conducirla
con tranquilidad y sin hacer animaladas ¿Me lo prometes?
-Sí
mamá ¡Lo prometo!
Allí
sentados en el sofá acercó sus labios a los míos y me dio
un beso. Me quedé tan parado que ni siquiera se lo devolví.
Como de costumbre, me puse colorado. Nunca antes mi madre me
había besado en los labios. La miré a los ojos pero sin
decirle nada, pusimos en marcha la televisión y así pasamos
una hora viendo una película de serie. Antes de terminar se
tendió sobre el lateral del sofá y quedó profundamente
dormida, para que estuviera cómoda la descalcé y le puse sus
piernas encima como si estuviera tumbada en la cama. Sus
esbeltas piernas enfundadas en unas medias de nylon finísimas
color carne quedaron al descubierto hasta los muslos. La
desperté:
-Mamá... mamá te has quedado dormida ¿Te llevo al
dormitorio?
-¿Crees
que podrás conmigo Pablo?
-Sí
mamá ¡Creo que lo podré hacer!
La cogí con la mano izquierda por la espalda a la altura de
las axilas rodeando su espalda y rozándole levemente su pecho
izquierdo, con la mano derecha levante sus piernas a la altura
de los muslos. Ella echó sus manos a mi cuello y depositó su
cara contra mi hombro para hacerme la tarea más fácil. Sentía
su cálido respirar en mi cuello y el suave tacto de sus
piernas en mis manos. No me hubiera importado cargar con ella
durante horas para sentir su tacto y el latir de su corazón.
Mi pene de nuevo estaba en posición de ataque, mi pantalón
parecía una tienda de campaña ¡Malditos pantalones de
pinzas! No saben ocultar nada. Llegué al dormitorio y la
deposité en un lado de la cama, aparté el cubrecama y la sábana
y de nuevo la tomé en mis brazos para situarla bajo la sábana
y con mucho cariño la tapé. Ella murmurando y casi dormida
me comenta:
-Pablo
desnúdame ¡Así estaré más cómoda!
Yo
no sabía que hacer, mi madre estaba actuando de una manera
que nunca antes lo había hecho. Pretendía que la desnudara
¿Estaba realmente dormida? O me estaba probando par ver que
es lo que hacía ¡Yo estaba obnubilado! No podía pensar con
claridad, cualquier otra persona en mi lugar supongo que se
aprovecharía de la oportunidad y se daría un festín a costa
de su madre. Pero la educación que yo había recibido era la
de total respeto hacia mi progenitora, por lo tanto me limité
a quitarle el vestido y taparla con la sábana y el cubrecama.
No obstante verla en ropa interior provocó en mí una
excitación ¡Brutal! No había terminado de taparla cuando me
corrí como nunca lo había hecho, el puñetero pantalón de
pinzas que llevaba pronto fue empapado de semen por el
calzoncillo debido a la copiosa eyaculación. Temblando y
avergonzado me despedí:
-Hasta mañana mamá, me voy a dormir ¡Espero que
descanses!
-Adiós
cariño ¡Feliz cumpleaños!
Contestó casi dormida. Mojado como estaba, me dirigí a mi
habitación, y sin ni siquiera cambiarme me dispuse a
masturbarme pensando en la vista de mi madre en ropa interior,
no tardé en volverme a correr y soltar una gran cantidad de
semen que hizo que me pusiera perdido. Pero así, todo
impregnado en semen me dormí hasta las 8 de la mañana del día
siguiente. Como no podía ser de otra manera me desperté con
mi pene empalmado, fui al cuarto de baño y me duché con agua
fría ¡Créanme, es cierto!
Por suerte o por desgracia ¡Era sábado! Mi madre descansa de
su trabajo el sábado y el domingo, y yo en esos días no cojo
un libro sino es que tenga exámenes. Por lo tanto me disponía
a pasar dos días de completo relax en compañía de mi madre.
No me apetecía salir con mis amigos ¡No, en esos momentos!
Desde la cocina oigo:
-Pablo,
el desayuno está listo ¡Baja que se enfría!
Mi
madre esperaba con el desayuno preparado en la mesa de la
cocina en la cual desayunamos y a veces comemos. Ese día mi
madre iba vestida particularmente sexy ¡Muy sexy, diría yo!
-Hola
cariño ¿Has dormido bien?
-Sí
mamá, he dormido como un bebe hasta las ocho de la mañana ¿Y
tú, has descansado?
-¡Perfectamente
hijo! Te agradezco me desnudaras anoche, se esa forma quedé
dormida hasta esta mañana ¡Gracias hijo!
Mientras
ella hablaba, yo le observaba sus piernas ¡Sus largas
piernas! Adornadas por unas sandalias de tacón alto que
dejaba sus pies al descubierto. Un pequeño pantalón de
deporte y una camiseta que dejaba su ombligo al aire era el
resto de su vestimenta. Sé, ¡Lo sé! A mi madre le gustan
mucho los zapatos de tacón alto, pero un día de fiesta y con
un mini short ¿Qué pretendía? Saqué valor de donde no tenía
y le dije:
-Estás...
Perdona que te lo diga ¡Muy sexy!
-¿Cómo
que muy sexy, soy tu madre? ¡No lo olvides!
-No
te enfades Eloisa, eres una mujer preciosa ¡Sé que eres mi
madre! Pero eso no tiene que ver nada para que vea en ti a una
hermosa mujer.
Durante
el desayuno la estuve mirando con descaro a sus entrepierna,
su mini pantalón marcaban en su totalidad su vulva, sus
labios vaginales marcaban su silueta ¡Eran excitantes! No lo
podía aguantar más, como pude terminé el desayuno y me
retiré a mi habitación para aliviarme mediante una frenética
masturbación que logró de nuevo una copiosa eyaculación ¿Qué
puedo hacer? Creo que me estoy enamorando de mi madre ¡Qué
dices Pablo! Eso no puede suceder, eso sería incesto. Aunque
fuese de pensamiento ¡Sería incesto! Tengo un problema
serio, acabo de cumplir los 18 años y empiezo con los
problemas de los mayores. Estuve estirado en la cama, pensando
en el cuerpo de mi madre, a la que ya no veía como a mi
madre, sino como a la fantástica mujer que es.
|