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Humillado y sodomizado 

Libro Virtual

Título: Humillado y sodomizado

Autor:
Gestialba.com
Productor:
Gestialba.com 
Gión:
Gestialba.com
Protagonista principal:
Aurora.
Actores: Aurora, Anacleto
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Erótico, Humillación
Duración: 005 minutos 
Recomendada: 
Mayores de 18 años

 

 

 

 

 

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El verla así me producía un excitación tan intensa que sin ni siquiera liberar mi pene del calzoncillo llegaba a eyacular. Ella al verme se reía y le daba más caña a su succionador vaginal, ¡te harás daño le dije!  

-No seas tonto, este aparato lo único que hace es concentrar el flujo sanguíneo en mis labios vaginales, ¡si supieras las cosquillas que siento! Oye, me han dicho que existe un aparato similar para alargar el pene, ¡ya sé que te regalaré para este cumpleaños!  

No dejaba de reírse mientras acercaba sus enormes labios vaginales a mi boca para que los succionara y le diera más placer si cabe. De su vagina mientras tanto empezaba a brotar gran cantidad de exudado vaginal, su aroma a sexo se esparcía a distancia y yo cada vez estaba más excitado.  

-¡Acércate y chúpamelo! No te hagas de rogar cariño, ¡sabes que lo necesito!  

Yo le entendía, sabía a ciencia cierta que mi mujer necesitaba ser amada en cada instante del día, pero había llegado a un punto en el que no podía hacerla feliz.  

-Aurora, no puedo más. Lo siento cariño, pero debemos encontrar una solución a tu grave problema de furor vaginal.  

Ya lo habíamos hablado anteriormente, la dejé allí, con los labios vaginales hinchados que le brillaban como si fueran a estallar. Salí de casa y fui en busca de dos compañeros de trabajo a los que estaba seguro que les gustaría la idea de follarse a mi mujer en mis propios morros... una vez en el bar donde estaba seguro de encontrarlos me dirigí a uno de ellos:  

-Hola Venancio, tengo algo que proponerte a ti y a Clodomiro. ¿os gustaría echarle unos polvos a una mujer que conozco?  

Las carcajadas se escucharon en todos los rincones de aquél pequeño y ruidoso bar.  

-¿Qué dices Anacleto? No estarás proponiéndonos que nos follemos a la puta de tu mujer.

-Así es, ¿acaso no es de vuestro gusto?

-Es una mujer muy hermosa, pero chico, es una fiera en la cama y no está nunca satisfecha, ¡lo sentimos, no podemos ayudarte!  

La noticia de que mis compañeros de trabajo ya se la habían tirado era una noticia nueva para mí. Por lo visto me ponía los cuernos con todo bicho viviente pobre de mí, ¡yo sin enterarme! Salí de aquel local ruidoso y cutre con las sensación de que tropezaría con mi cabeza en el marco de la puerta de salida. Llegué a casa y sentí los gemidos de Aurora que seguía incansable masturbándose.  

-Cariño, ya estoy aquí de vuelta. Siento decirte que mi búsqueda ha sido infructuosa, solamente he encontrado a Venancio y Clodomiro y me han dicho que ni de coña volverían a follar contigo, ¡dicen que eres insaciable!

-¡A esos dos cachos de mariposas has ido a buscar! Veo que vives en una nube, a esos dos les gustan más los hombres que la mujeres.  

¿De verdad? además de ser un cabrón consentido parecía que no me enteraba de nada de lo que sucedía a mi alrededor. Aurora, se quitó el succionador del coño y con su vulva que apenas le cabía entre las piernas se acercó al teléfono, abrió la guía por la letra “n” Y llamó:  

-¿Eres tú Niceto? –Sí, creo que contestó- Te necesito negrazo, estoy deseosa de tu gran verga, ¡te espero semental!  

Mi esposa tenía un grave problema, ¡yo tenía un preocupante inconveniente! No pasaron más de 20 minutos cuando Niceto tocó el timbre, ¡cielos! Por la puerta entró un tío de color... de color negro oscuro que debía de medir 2 metros de altura, mi corazón palpitó de miedo, ¿o era de impotencia? Lo cierto es que Aurora se abalanzó sobre él, y sin mediar palabra le desabrochó la bragueta dejando al aire una polla inmensa, aún  en estado de reposo. Se lo introdujo en la boca y en cuestión de segundos aumentó su tamaño.  

-¿Anacleto, ves que pito? Este falo erecto y de gran dimensión hará que quede satisfecha por el resto de la noche, ¡Niceto es un tío genial! Que por un módico precio me hará feliz, ¿Verdad Niceto?

-Nunca mejor dicho Aurora, ¡es más! Hoy me siento rumboso y en el precio habitual incluiré la sodomización de este bello ejemplar.  

El muy cretino se refería a mi culo como bello. Si pensaba ese desgraciado semental que iba a estrenar mi ano estaba equivocado... el equivocado era yo, porque mi mujer cuando hubo satisfecho su evidente furor, toda eufórica animó al monstruo Aniceto a que me diera por el culo. Con la ayuda de semejante gigante, Aurora me ató boca abajo de las manos y de los pies a la cama con los grilletes que teníamos para nuestros juegos sexuales.  Con las piernas abiertas mi culo quedaba a la disposición de la herramienta descomunal de aquel engendro, ayudado por mi diabólica ninfómana particular, fue ella la que se encargó de lubricar con abundante crema la entrada de mi ano.  

-¡No Aurora, dile que no lo haga! –Suplique casi llorando-  

Ella hizo oídos sordos, él se reía con una sonrisa socarrona que me hacía temblar del miedo. Estaba tranquilo porque sabía que la biología la tenía de mi lado, llevaba dos días sin hacer de vientre, por lo que ese instrumento de sodomización forrado de un inmenso condón, no podría cumplir su objetivo... eso es lo que pensé, pero por lo visto el día que en la clase de física dijeron que la materia se comprime, ¡yo falté a clase! Aquel puntero perforador de 25 centímetros de longitud y 6 de diámetro, poco a poco y con insistencia desgarraron mi esfínter hasta que de puro gusto se dilató. Ese era el inicio, sí, el principio de los 20 centímetros restantes. Con fuerza empujaba, y mis heces se comprimían hacia el final del recto, que por un momento tuve la sensación de que se iban a salir por mi boca, ¡cosa imposible! Pero a mí me lo parecía... ya abandonado a mi suerte, mi polla clavada sobre la cama empezó a tomar unas dimensiones insoportables por la presión.  

 

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-¡Aurora, mi pene reventará, por favor desátame!  

Mi mujer, que me quiere, que me quiere seguir poniendo los cuernos sin tener que preocuparse por la economía familiar me desató, me puse en el suelo a cuatro patas, ella al ver las dimensiones de mi pene se lo introdujo en la boca y aprovechó la eyaculación que aquel animal me provocaba entre bombeo y bombeo, ¡que noche aquella! Además de descubrir que mi querida esposa me ponía los cuernos, supe que me gustaba que me dieran por el culo.  

-¿Papá, papá, qué son esos gritos? –Dijo el que hasta ese momento creía mi hijo.

 

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