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El Clítoris grande de mamá (I)

Libro Virtual

Título: El clítoris grande de mamá - parte - (I)

Autor:
Gestialba.com
Productor:
Gestialba.com 
Gión:
Gestialba.com
Protagonista principal:
Paula.
Actores: Paula, Madre
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Erótico - Fantasia
Duración: 005 minutos 
Recomendada: 
Mayores de 18 años

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Durante años espié a mis padres cuando hacían el amor. Cuando practicaban el sexo como era natural ellos estaban concentrados en lo que hacían, no se daban cuenta, pero yo desde la habitación los podía ver a través del agujero de una puerta que comunicaba ambas habitaciones. La puerta en cuestión siempre estaba cerrada a cal y canto, ¡creo que ni exista la llave! Supongo que los antiguos inquilinos practicaron el agujero para espiar lo que ocurría en la habitación contigua, ¿pero quién espiaba a quién? Eso ahora no importaba, lo cierto es que yo disfrutaba al ver a mis padres hacer cosas de las que había visto en películas porno. Hacían de todo, la verdad que de sexo hay pocas cosas que no les haya visto hacer. Pero lo que más me sorprendía era ver el tamaño que alcanzaba el clítoris de mi madre, ¡no exagero! Pero cuando ella dejaba de frotárselo, parecía un verdadero pene. Por lo menos le medía 10 centímetros , hasta he llegado a creer que mi madre era una verdadera hermafrodita.  

Por desgracia para nosotras, mi padre ha dejado de existir hace unos días, yo he intentado consolar a mi madre pero ella se ha encerrado en banda. No deja que me acerque a ella, rechaza mis mimos, y no acepta mis caricias. Por las noches ya cansada de tanto llorar, se mete en la cama y se masturba sin cesar, ¡eso es bueno! Significa que aunque hecha de menos a mi padre, también hecha de menos la excitación que le produce la masturbación de su zona clitoridiana. Cada día que pasa, deseo más y más poder practicar el sexo con ella, ¿qué mal le puede hacer? A mí desde luego ninguno.  

Cada día que pasaba estaba más excitada, estaba deseando que un día tuviera las defensas bajas, ese día intentaré meterle mano a mi madre. Hasta ahora me resistía a reconocer que me excitaba viendo a mi madre disfrutar del sexo con mi padre, no era el ver a mi padre, era el verla a ella. Ahora me estoy dando cuenta de que me gustan las mujeres, siento algo muy especial al mirarlas, y quién mejor que mi madre para debutar como lesbiana. Si no me hace caso, se lo diré abiertamente para ver si de ese modo accede a que le acaricie ese clítoris que está haciendo que pierda el sentido.  

Han pasado cuatro semanas desde que mi padre se marchó, mi madre parece ir recuperándose poco a poco. Pero sigue ignorando mis carantoñas, y cuando me acerco a ella huye como si del la peste se tratara, ¿qué le puede ocurrir? Yo mientras tanto me masturbo cuando ella lo hace, ¡eso no es plan! ¿Por qué no hacerlo juntas? No dejaré pasar ni un día más.  

Hoy al terminar nuestra jornada laboral nos hemos reunidos para cenar, es lo único que hacemos juntas. De hecho durante todo el día nos vemos a penas dos horas. Desde la muerte de mi padre nos estamos distanciando. Esto no puede seguir así allá voy:  

-¿Mamá, cómo te ha ido el día?

-Muy bien, ¿Ha qué viene ahora esa pregunta?

-Ya veo que sigues enfadada, ¿Todavía te dura mamá?

-¡No sé qué narices dices! ¿A qué enfado te refieres?

-No lo sé, ¡tú sabrás! Debes de estar enfadada conmigo por algo que sin darme cuenta he hecho, ¡dímelo y te pediré perdón!

-No quiero discutir, ¡ahí te quedas, me marcho a la cama!

-Adiós mamá, espero que algún día se te pase esa animadversión hacia mí. ¡Si he hecho algo malo, lo siento!

Ella sabrá qué es lo que le ocurre, mientras tanto, como hoy es viernes y me queda todo el fin de semana por delante, llamaré a mi amiga Anastasia para que venga a pasar el fin de semana:  

-¿Anastasia eres tú?

-¡Joder Paula! Siempre preguntas lo mismo, ¿no te acuerdas que vivo sola?

-Perdona chica, es que llevo muchas cosas en la cabeza y pensaba que aún vivías con tus padres, ¡ya sabes! Tu voz y la de tu madre son idénticas. Te he llamado para invitarte a que pases el fin de semana en mi casa, ¿Te apetece?

-¡Lo siento Paula! Ya he quedado con Raúl. Salimos en media hora para Montecarlo.

-¿Qué es lo que haréis en Montecarlo?

-¡Uff... Carla, qué desinformada estás! Vamos para ver correr al campeón de carreras de automovilismo, ¡sí, los fórmulas uno! ¿Es español, sabes?

-No lo sabía hija... bueno que te lo pases bien, ¡recuerda usa preservativos!

-¡Cómo eres Paula! Sabes que utilizo las píldoras, pero de todos modos, gracias por tu consejo. Que tú también te diviertas, ¡adiós guapa!  

Hoy todo me está saliendo mal. Anastasia se marcha a Montecarlo, mi madre no me quiere ni ver, ¿qué puedo hacer? Ir a la discoteca no me apetece, ¡ya lo sé! Llamaré a Pepe, que cuando no hay pan buenas son las tortas... ¿dónde tengo el teléfono? Aquí, está es la agenda que me salvará. Marco el 93... ¡No contesta! Sí, parece que sí:  

-¡Sí, dígame!

-¿Quién eres tú?

-¿Cómo que quién soy yo? Soy la dueña de la casa.

-Perdón, me he debido de equivocar.  

Me estoy dando cuenta que a pesar de mi educación exquisita en escuelas religiosas, día a día me estoy convirtiendo en una persona de lo más maleducadas. Hablo a las personas de tú, cuando ni siquiera las conozco, ¡eso no es lo que me han enseñado! Debe de ser el estrés que últimamente llevo. Prometo desde ahora mismo enmendarme y hablar correctamente con todo en mundo. ¡Me he debido equivocar! Volveré a llamar:  

-¡Sí dígame¡

-Hola Pepe, ¡soy Paula, qué alegría! Acabo de llamar hace un momento a tu teléfono y me he equivocado. Ha contestado una chica y por un momento he creído que ya no me eras fiel.

-Me temo que así es, hace más de seis meses que me casé. Hace un momento has hablado con mi mujer, ¿no recibiste la invitación?

-No... ¡Joder tío! Me has dejado helada, ¿Tú casado? Pero si eres el tío más crápula que existe, ¿cómo has hecho esa tontería?

-Cosas que ocurren, Elena se quedó embarazada y no tuve más remedio que casarme. ¡No la podía dejar en la estacada!

-Eso está bien, ¡cuánto has cambiado! Antes te importaba un pito dejar preñada fuera a quién fuera, ¡además presumías de ello! Me alegro que hayas cambiado, me alegro por Elena, ¿por cierto, es la Elena que yo conozco?

-Sí Paula, es Elena tu más odiada enemiga.

-¡Será zorra! ¡Dile que se ponga!

-Pi, pi, pi,...  

El muy cretino me ha colgado, ¡le volveré a llamar! Y lo voy a poner a parir, ¡ostras! He hecho una promesa de hablar bien y cada vez lo hago peor. Pero es que no lo puedo remediar cuando me dicen algo de esa zorra, ¡me subo por las paredes! Fue ella y no otra quién echo nuestra relación a perder con sus provocaciones. Ahora verá:  

-¡Sí dígame!

-¿Pepe, por qué me has colgado?

-No he sido... pi, pi ,pi,...  

La pedazo puta, ¡perdón! La pedazo de prostituta cuelga el teléfono, no deja a Pepe que hable conmigo. Lo dejaré estar, que sean felices, aunque en el fondo de mi corazón espero y deseo que no duren juntos más de un año, ¡seré malvada! Me olvidaré de Pepe, revisaré la agenda a ver si tengo suerte y encuentro a alguien que me haga pasar una divertida noche de viernes. Empezaré por la a, ¡Este está bien! Recuerdo que me lo lamía muy bien:  

-¡Sí dígame!

-¿Anacleto, eres tú?

-¿Sí, quién eres tú?

-Soy Paula, ¡me entristece, que no reconozcas mi voz!

-¡No sé quién eres, no lo recuerdo!

-Soy Paula, aquella chica que te follabas todos los viernes al salir de la discoteca.

-¡Lo siento, pero no te recuerdo! Pi, pi, pi,...  

Ya veo que hoy no es mi día, ni mis antiguos amantes me recuerdan, ¡qué triste! Hace unos años me sobraban los pretendientes, Ahora no soy capaz de encontrar uno que quiera simplemente hablar conmigo. Seguiré insistiendo hasta que alguno se digne venir hasta mi casa. Benito, ha este le gustaba a rabiar:  

-¡Hola, soy Benito! En estos momentos no estoy en casa, si desea dejarme algún mensaje, ¡no lo dude! Hágalo a partir de pitido, aunque le aseguro que no le contestaré jamás. Piiiiii...

-Benito, ¡como siempre con tus bromas! Si estás ahí, coge el teléfono, soy Paula.

-¡Hola Paula, qué alegría! ¿Te ha gustado el mensaje?

-Sí, en tu línea como siempre. ¿Oyes, te gustaría venir esta noche a mi casa?

-¿Para qué?

-¿Tú para qué crees? ¡Para cazar mariposas no¡

-Lo siento Paula, pero esta noche hay lluvia de polvos de estrellas y no me las pierdo ni por el mejor coito del mundo. ¡Adiós hermosa, que empieza la lluvia!

-¡Adiós, tú te lo pierdes!  

Este por lo menos no me ha colgado. Tiro la toalla, no tengo ganas de hablar con nadie más. No tengo más remedio que ver la película porno de la tele. Si me gusta hasta podré tener una sesión de masturbación.  

Iré a la cocina y me haré una buena bandeja de palomitas, veré la película y ahogaré mis penas con unas cervezas, ¡no es lo mejor, pero es lo que hay! Bueno, pero si hay luz en la cocina, ¿qué estará haciendo mi madre?  

-¿Qué te pasa, no puedes dormir?

-¡A ti qué te importa!

-¡Qué agresiva que estás! Pero me da igual, seguiré hablándote aunque tú no lo desees. Llevas un camisón traslúcido que te queda precioso, ¡a contra luz, se ve todo!

-¡Haz lo que desees!

-¡Joder mamá! Parece que haya tenido la culpa de que papá muriera. Lo que pasó fue una coincidencia. Yo tan sólo le dije que me apetecía tomar churros con chocolate, ¿qué culpa tengo yo del accidente? ¡Yo también le quería sabes!

-¡Lo sé hija lo sé! Tienes que perdonarme pero estoy pasando por una mala racha.

-No tengo nada que perdonarte mamá, ¡te entiendo! Voy a ver una película porno, ¿te apetece verla conmigo?

-Paula, no cambias, cada día que pasa eres más desvergonzada, ¡soy tu madre!

-Ya lo sé, ¿te da vergüenza?

-Sí hija, me resulta violento. No creo que sea un género de película para que vean juntas una madre y una hija.

-¡Vale mamá! ¿Qué género te gustaría ver? La alquilo por teléfono.

-Una película de terror, ¡son las que a mí me gustan!

-¡Joder mamá, qué gustos que tienes! Ahora mismo la alquilo y la vemos, espera que haga palomitas y pasaremos una agradable velada de cine, me encanta que se te haya pasado el enfado, ¡dame un beso!

-Si hija, se me ha pasado el enfado, pero me volveré a enfadar si sigues diciendo palabras feas.

-¿Te refieres a la palabra joder?

-Sí a esa hija.

-Pero si la palabra joder no deja de ser una expresión para demostrar enfado, irritación o asombro. Pero no te preocupes mamá, si no te gusta no la volveré a decir.  

Estaba claro, que mi madre había dado un cambio en su manera de actuar, con la conversación distendida que habíamos tenido. Ya estaba preparada para intentar convencerla que hiciera el amor conmigo. Mientras hablábamos hice las dichosas palomitas, palomitas que por cierto me salieron riquísimas. Nos dirigimos a la sala de estar. Ella iba delante con la fuente llena de las palomitas, yo detrás con unas cervezas bien frías. Miraba su trasero que tras el camisón vislumbraban unas bragas de color negro, ¡me derretía por tocarlo! Me arriesgaré a ver que pasa:  

-Siéntate mamá, siéntate aquí a mi lado. ¿Entonces qué, vemos la película porno que es gratis?

-¡Vale... venga veamos la dichosa película porno! Pero si después me pongo colorada no te rías de mí, ¿De acuerdo?  

La declaración de paz fue todo un éxito, mi madre sentada junto a mi lado con su camisón de fina tela con su muslo izquierdo rozando el mío derecho, ¡me encantaba esa situación! Allí estábamos las dos frente al televisor esperando a que terminaran los anuncios publicitarios para que pusieran la película:  

-Mira mamá, ya empieza. ¡Qué chicas más espectaculares! Veo que la cosa va de lesbianas, ¿te gusta?

-Si te digo la verdad, en este momento me gusta ver más a chicas desnudas que a chicos, así no me acordaré de tu pobre padre que en paz descanse. ¿Paula, a ti te gustan las chicas?

-Como normalmente se dice: Mamá, me encanta que me hagas esa pregunta, voy a ser sincera. Nunca me han gustado, pero desde hace unos meses no pienso en otra cosa que en practicar el sexo con una mujer, ¿y qué mujer mejor que tú?

-¡Jolines nena! Cada día que pasa me sorprendes más y más. ¿Qué han sido de todos tus novios?

-Me he cansado de todos ellos, ¡no les soporto! Debe ser cosas de las hormonas, ya he disfrutado tanto de ellos que empiezo a aborrecerlos.

-Hija, no sé si yo te podré servir. Nunca he practicado el sexo con nadie que no fuera tu padre. Con él he hecho de todo, pero con mujeres, ¡nada! Pero como veo que estas empeñada en que sea yo la primera, ¡empecemos por besarnos!

-Estoy alucinando, ¿harás eso por mí? ¡Eres genial mamá!  

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Hasta ese momento no podía llegar a imaginar lo placentero que podía llegar a ser besar a una mujer, y si esa mujer era tu madre, además de deseo había amor. No tenía ninguna duda, pero su forma de besar me confirmó que mi madre era toda una diosa del amor, ¡qué besos! Qué forma más hábil de llegar a todos los recovecos de mi boca y jugar con mi lengua, ¡yo sabía besar! Pero ella me superaba, en un momento con su lengua se introdujo tan profunda que casi llegó a provocarme una arcada, ¡qué placer! Estaba a punto de con seguir mi primer orgasmo, y eso que todavía no me había tocado ninguna otra parte de mi cuerpo.  

-Eres fantástica mamá, ¡sigue, por favor sigue!

-¿Te gusta lo que te hago con la lengua, no te da asco?

-No mamá, ¿asco? Pero si es genial. ¿Dónde aprendiste a hacer eso?

-Lo aprendí de tu padre, a él le encantaba que se lo hiciera, ¡juntos lo hacíamos con mucho placer¡

 

Mamá tiene un enorme clitoris - parte (I
Mamá tiene un enorme clitoris (II) Fin

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