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Me
enamoré de sus piernas (XXIX)

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Datos ténicos |

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| Título: |
Me enamoré
de sus piernas (XXIX) |
| Autor: |
Gestialba.com |
| Productor: |
Gestialba.com |
| Gión: |
Gestialba.com
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| Protagonista principal: |
Evelin |
| Actores: |
Evelin,
Jorge, Lorena, Jennifer, Teresa, Mirian, Pedro, Eve, Lucía, Karen,
Astrid, Nicole |
| Musica: |
Gestialba.com |
| Fotografía: |
Gestialba.com |
| Editada: |
2006 |
| Género: |
Erótico |
| Duración: |
005
minutos |
| Recomendada: |
Mayores de
18 años |
Relato
-¡Eve! Son las 6:16 ¡Despierta y prepárate! ¡Hoy
es el día!
-Umm... Ummm... Keny... ¡Perdona! Voy lupo, estoy muy cansada ¿No puedo
dormir una hora más?
-No, imposible Eve, hoy te tienes que presentar al Secretario General de
las Naciones Unidas que te ha dado hora para la 9:00 en punto. ¡No puedes
llegar tarde!
-Ya me levanto lupo.
Terriblemente cansada pero haciendo caso a mi gran amigo lupo he
conseguido poner mi cuerpo en pie. Esto es un amigo, un consejero leal que
nunca me pide nada a cambio, ¡Miento! Me pide que le cambie las baterías
de vez en cuando. Tampoco muchas veces al año. Él siempre está atento
de todo lo que tengo que hacer. No entiendo como puede haber fracasado la
venta de estos inigualables amigos. Si algún día deja de funcionar
entenderé que ha muerto y me pondré muy triste. Suena el teléfono:
-Señorita Eve. ¡Buenos días! ¿Qué desea para el desayuno?
-Por favor, unas tostadas con mantequilla de leche y un café cargado con
leche caliente, ¡Muy caliente! Es mi gran debilidad. Gracias.
Me siento observada, pero esto no es una cosa que sea nueva para mí, en
el “Centro” estábamos observados a todas horas y era simplemente para
servirnos en todo lo que necesitábamos. ¡Es una intuición! ¿Pero como
saben que estoy ya despierta? Nada, no me preocupa, desde este mismo
instante les hablaré como si supiera donde tienen las cámaras. Suena en
timbre de mi habitación:
-Buenos días Señorita Eve, perdone la tardanza. Hemos buscado un termo
especial con calefactor a pilas para que usted reciba su café caliente.
-Gracias, Gracias señor camarero y gracias señores controladores. ¿Les
gustan mis piernas?
-No entiendo su pregunta Señorita.
-Lo siento ha sido una tontería, no iba para usted la pregunta. Gracias.
No me disgusta que me observen, en el fondo me encanta, pero no se si
disfrutarán mucho con mi humilde estampa de provinciana. No visto ni sexy
ni provocativa, mi indumentaria no pasa de una blusa unos pantalones y
unas zapatillas planas de deporte, soy partidaria de la vestimenta práctica
y sencilla. Lupo:
-Ahora mientras desayuno me invade una gran pena. Me he dado cuenta de que
si te falla algún circuito no te podré mandar a reparar. Ya no existen
recambios para tu modelo de ordenador. La empresa que te fabricó, fue a
la quiebra ya hace años.
-No tengas temor. Cuando Evelin y sus hermanas como tú las llamas me
regalaron a ti, se encargaron de hacer las modificaciones pertinentes para
que yo tuviera una vida casi infinita.
¡Es increíble! ¡O no tanto! Estas mujeres han pensado en todo, no han
dejado nada al azar. Todo lo que ocurre en mi vida ellas lo tienen
controlado de ante manos. Y entonces me surgen las dudas: ¿Si lo saben
todo, y pueden leer el futuro, sin duda alguna saben si triunfaré o
fracasaré en mi misión? ¿No será que todo esto una prueba? ¿Qué
persiguen? Sin duda, un objetivo que no alcanzo a ver.
Entre dudas, observaciones y desayuno. ¡Cielos! Aún estoy sin vestir, he
salido del baño envuelta en esta suave bata y me he quedado pensando en
las musarañas. ¡Las musarañas no harán la entrevista por mí! Me tengo
que vestir. ¿Qué me pongo? ¡Ya! Me debo poner un traje de ejecutiva que
me haga parecer mayor. Si la primera impresión del Secretario General es
buena, tendré mucho ganado. Por el contrario si le doy la impresión de
una jovencita, me dará un puesto de trabajo en los archivos del que será
casi imposible salir. Amigo:
-¿Qué me pongo Lupo? ¡Estoy hecha un lío! Tanto estudiar para ahora
tener dudas en cómo debo vestir.
-Eve, ponte el traje falda chaqueta color crema, zapatos de medio tacón
del mismo color y debajo la chaqueta la camisa de seda con pequeños
encajes, que es también de un tono parecido. Ponte medias del color más
parecido a la carne, braguita y sujetador a juego. Así vestida estarás
preciosa y parecerás mayor de lo que eres. ¡Míralo en mi pantalla!
-¡A ver! Es cierto me queda muy bien. ¡Eres un cielo Lupo!
-Gracias Eve. ¡No cambio de color porque no puedo!
Si me viera Lucía vestida para esta entrevista tan importante, sin duda
estaría orgullosa, me estaría dando ánimos. ¡Eve déjate de melancolías!
Llegaré tarde como siga pensando en las últimas vacaciones pasadas con
lucía. Llamaré un taxi:
-Lupo, necesito el número de intercomunicador del amable taxista que nos
trajo ayer desde el aeropuerto.
-¡Te lo acabo de marcar Eve!
-Muy amable Lupo.
-Taxis Avelino. ¡Dígame!
-Buenos días. ¿Es usted Avelino?
-Sí, desde hace 45 años. ¿Quién le llama?
-Soy la chica que trajo usted ayer desde el aeropuerto hasta el hotel
Dylan. Le necesito, tengo que estar en el edificio de las Naciones Unidas
a las 8:45 lo más tardar. ¿Puede venir a recogerme?
-Espéreme en la recepción a las 8:20, la pasaré a recoger.
-Así lo haré. ¡Gracias!
Me miro por última vez al espejo y sin más retoque salgo de la habitación
para ir al vestíbulo. Le digo:
-Lupo. ¿Qué llevo, el bolso de mano o el maletín?
-El bolso de Mano. ¡Acuérdate de la carta que te escribió personalmente
el director del “Centro” para su amigo Secretario!
-Gracias Lupo ¡Eres de gran ayuda! Adiós, llegaré por la tarde. ¡Puedes
desconectarte si lo deseas!
-No, me quedaré mirando y aprendiendo cosas de los neoyorquinos.
Lupo nuca pierde la oportunidad de aprender. Siempre que puede ver la tele
lo hace con gran satisfacción, a veces pienso que le gustan los chismes.
Ya he llegado al vestíbulo:
-Buenos días.
-Buenos días Srta. Eve. ¿Le pido un taxi?
-No, ya lo he pedido. Llegará a las 8:20. ¡Gracias!
A las 8:20 llega el Sr. Avelino con su taxi para llevarme hasta el
edificio de las Naciones Unidas. Nada más salir, el portero, que más que
un portero parece un general de 5 estrellas abre la puerta del taxi:
-¡Buenos días tenga Srta. Eve!
-Gracias Señor. ¡Lo mismo le deseo!
-Buenos días Sr. Avelino. ¿Cree que llegaremos a tiempo?
-Sí, Señorita, está usted ante el conductor de taxi más rápido de
Nueva York.
Es esta una ciudad inmensa, he visto poco pero lo que voy mirando desde el
paseo en taxi me está encantando. Al fondo se divisa el edificio que
reconozco por las fotografías y vídeos proyectados en el “Centro”.
Avelino dice:
-Esta es la puerta principal de entrada. Ahora tiene que preguntar en
recepción. Espero que le vaya todo bien.
-¿Cuánto es Avelino?
-Son 75 dólares. Señorita.
-Tenga 100 dólares y quédese con el cambio. Ya le iré llamando cuando
le necesite.
-Muchas gracias Señorita. ¡Es usted un ángel!
Espero que ahora en recepción no me envíen hasta el otro lado del
edificio, esto es inmenso y andando tardaré siglos en llegar:
-Buenos días. Tengo una entrevista a las 9:00 con el Sr. Secretario
General.
-¿Quiere decir con la secretaria del Secretario General?
-No, ¡Quiero decir lo que he dicho, Señorita! Tengo una entrevista con
el Secretario General a las 9:00 en punto. ¡Por favor, dígale que ha
llegado la Señorita Eve de España!
-Ahora mismo viene su secretaria y le acompañará hasta el despacho del
Sr. Secretario. Puede sentarse, tardará unos minutos.
Atendiendo las indicaciones de la amable recepcionista, tomo asiento
frente a ella, mi falda no es corta pero en la posición de sentada en
estos asientos hace que deje mis muslos algo más de lo normal al
descubierto. Esta chica no me quita el ojo, su mirada la tiene clavada en
mis piernas, más en mi entrepierna. Me examina de abajo a arriba. Es una
revisión general que a las mujeres nos gusta hacer. Pero esta lo hace
exageradamente. Absorta en la mirada de mi admiradora escucho:
-¿Srta. Eve Martínez?
-Sí Señorita, soy yo.
-Acompáñeme por favor.
La Srta. Secretaria del Secretario General es una mujer muy atractiva de
unos 50 años de edad, vestida con gran elegancia y de una seriedad
extrema. Durante todo el trayecto hacia el despacho del Secretario no ha
cruzado una palabra con nadie de las personas que hemos visto, y mucho
menos conmigo ¡Ni siquiera me ha mirado! Da una velocidad a sus pies
calzados con tacones altos que apenas puedo mantener yo con los míos de
medio tacón. Esta mujer debe llevar siglos andando con tacones su caminar
es perfecto, parece llevar zapatillas de deporte. Llegamos al despacho:
-Siéntese, en unos segundos le atenderá el Sr. Secretario:
-Gracias Señorita.
Me he sentado todo lo recatada que he podido, no quiero que debido a la
desnudez de mis muslos esta secretaria piense que soy provocadora. La he
estado observando, esta mujer parece un robot, no ha variado su vista del
ordenador en ningún momento ¡Yo no le intereso! Es increíble, una mujer
que no se fija en otra. ¿De qué planeta será? ¡Eve eres una cotorra!
No paras de hablar o pensar ¡Cállate, cállate mujer, descansa! No
puedo, no puedo, es más no quiero es muy divertido hablar y pensar. Una
voz grave me dice:
-Señorita Eve, encantado de conocerla. ¡Me han hablado tanto de Usted!
Si su inteligencia supera su belleza, es usted una joya.
Bueno... bueno... ¡Qué sorpresa! El Sr. Secretario General es un
Caballero, Galán y seductor ¿Le gustarán las jovencitas? Le contesto:
-Gracias muy amable.
-Pase a mi despacho Srta. Eve, hablaremos durante un buen rato.
El secretario es una persona muy afable, es tan amable que tengo que
guardar las distancias, en los minutos que llevo hablando con él ya me ha
agarrado las caderas tres veces. No tiene la mayor importancia pero no me
gusta que me sobe un viejo verde por muy Secretario General que sea. Le
digo con una amplia sonrisa en mis labios:
-Gracias Señor Secretario. ¡Le acompaño!
-Siéntese cómoda.
Yo, que no tengo experiencia alguna con hombres, pensaba que con mi
superior inteligencia los podría dirigir a mi gusto ¡Qué equivocada! Me
he sentado en la silla con las piernas bien juntitas para que el Sr.
Secretario no crea que sea una descocada. Espero que con la experiencia y
el trato me sienta más cómoda ante halagos y miradas penetrantes.
Durante más de dos horas ha estado charlando. Cuando le he dado la carta
de su buen amigo el director del “Centro” se ha sonreído y me ha
dicho:
-Señorita Eve. Mi amigo dice en su carta que es usted un genio que puede
desempeñar cualquier trabajo que le encargue. Que sabe usted prácticamente
la totalidad del os idiomas que se hablan en el mundo y que es una
eminencia en física, química y electrónica en cualquiera de sus ramas,
además de ser la mejor astrónoma que conoce y la número uno en Ciencias
Políticas y Derecho Mercantil Internacional. Me he quedado sin habla,
verdaderamente es usted un diamante ya pulido ¿Qué le puedo decir? ¿Qué
puesto de trabajo quiere? Diga:
-El suyo. ¡Quiero su puesto!
Le he dicho con toda la seriedad que me ha sido posible, el hombre ha
cambiado el color de sus mejillas como si de un camaleón se tratara, de
rojizo ha pasado a blanco pálido, Durante una décimas de segundo no ha
sabido que contestar. Le comento:
-¡Es una broma! Déme usted el trabajo que tenga pensado para mí.
-Srta. Eve, por un momento he pensado que hablaba en serio. Pero con su
historial académico no creo que tarde muchos años en estar sentada en mi
puesto. Y ¡Créame! Estaré encantado de que así sea. Ya sé que puesto
le daré, es un puesto de trabajo en el que adquirirá experiencia y trato
con innumerables personas. Será usted mi traductora personal cuando
realice viajes fuera de Nueva York, deberá usted estar preparada para
viajar en el momento de se lo indique mi secretaria. Cuando estemos en
Nueva York, trabajará usted al mando de mi secretaria. Ella es una mujer
experta que le enseñará mucho. ¿Qué le parece?
-Me parece bien, pero tengo una duda ¿Qué será de la traductora de
ahora?
-No se preocupe, se jubila esta semana. Me viene usted como anillo al
dedo.
Desde que le he hecho la broma de querer su puesto de trabajo o bien
porque ha leído mi escaso historial académico, a cambiado su actitud, ya
no es la de un viejo verde está más recatado en sus comentario y su
comportamiento es más serio. Llama a su secretaria:
-¿Dígame Sr. Secretario?
-Le presento a la Srta. Eve. Trabajará con usted. Enséñele todo lo que
hay que saber sobre el funcionamiento de esta Secretaría. ¡La dejo en
sus manos! Se me olvidaba, Eve sustituirá a mi traductora personal de
ahora.
-De acuerdo. Se hará lo que usted dice.
Me ha chocado la mano y me ha despedido, la entrevista ha durado casi tres
horas. Su secretaria me ha acompañado fuera a su despacho y se ha
presentado:
-Hola soy Nicole. Encantada de conocerle Eve. Mañana le espero a la 7:00
de la mañana, el horario de trabajo es de 7:00 a 15:00. Traiga el
pasaporte para hacerle el contrato de trabajo.
-Gracias. Hasta mañana Nicole.
Nicole es una persona muy seria, espero que no sea una mujer borde. Si
empiezo a trabajar y tengo que tener problemas con una compañera es mala
cosa. Esperaré a mañana para preocuparme.
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Denominación de la RAE
de Género
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