Fetiche sus pies

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Datos ténicos

La foto de zapatos de mi madre

Título: Fetiche sus pies
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Madre
Actores: Madre, Hija.
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2006
Género: Erótico 
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Soy mujer de 20 años, de 1.67 mts de altura y 62 kilos de peso, y tengo una fantasía fetichista, me excitan sobremanera los pies de las chicas, siempre que puedo apago mis deseos con los pies de mi madre. Todos los días, ya por la noche después de la jornada laboral me dedico a los suyos, los pies de una mujer como ella tienen, deben estar cuidados, ya que tiene una zapatería y es una enamorada del zapato de tacón alto con los dedos al descubierto (sandalias de tacón). Los clientes la devoran con sus miradas, es la envidia de la tienda a parte de ser la dueña.

Mi madre es una hermosa mujer de unas formas envidiables inclusive para mí, con sus 38 años de edad recién cumplidos es tan apetecible como las jóvenes de 20, mide algo más que yo, 1.70 mts, cuando vamos juntas paseando por las avenidas y nos paramos frente a un escaparate veo reflejadas las personas que se le queda mirando, tanto hombres como mujeres. Como se dice normalmente, ¡Hasta su edad está buena! Ella lo sabe y presume todo lo que puede, le encanta que la miren.

Ayer lunes, a pesar de tener una zapatería fuimos de compras, quería comprarse unas sandalias de tacón alto que había visto en una tienda de unos grandes almacenes. Llegamos y estaban allí, en el escaparate unos zapatos verdaderamente preciosos, unas seductoras sandalias con sutil cinta anterior y talón envolvente, anudada al estilo esclava. Fabricadas en cabritilla negra con tacón a aguja de 12cm, planta en piel con borde decorativo. Forrada en pura piel con suela de puro cuero. Esas sandalias colocadas en los hermosos pies de mi madre quedarán seductoras, y las cintas de de cierre cruzadas en sus pantorrillas provocadoras. Entramos:

-Buenos días Señoritas ¿Qué desean? –Nos dice amablemente un dependiente-
-¡Hola! Queremos probarnos el modelo de sandalias que hay en el centro del escaparate.

El dependiente mira a mi madre y posteriormente lo hace conmigo, se marcha para la trastienda y trae dos cajas con sandalias del número 38 y 38 y medio ¡Qué profesional! Ha acertado los números de mi madre y el mío. Nos dice:

-¿Quieren un chico o una chica para atenderles?
-Nos es indiferente ¿Puede ser usted mismo?
-Sí, yo les atenderé. Siéntense ahí por favor. Ahora mismo les pruebo las sandalias.

El dependiente que presumo es el encargado general, se ha acercado a otro dependiente para que ocupe su lugar mientras él nos atiende. Se acerca hasta nosotras, y empieza como es natural por mi madre que es la más espectacular. Mi madre sentada, debido a la corta falda que lleva, al sentarse deja ver generosamente sus muslos y a poco que mueva las piernas aunque quiera evitarlo le dejará ver sus bragas. Arrodillado frente a nosotras coge la pierna derecha de mi madre por la pantorrilla y la despoja del zapato de tacón alto cerrado, ve su pie y dice:

-¡Oh! Señorita, tiene usted un pie muy hermoso y cuidado. Si me lo permite ¡Es excitante!

Este avispado dependiente no tendrá más de 35 años, cuando estaba dirigiéndose a mi madre, clavo su mirada en sus muslos y posteriormente en su entrepierna. Una vez descalzada, le ha colocado las sandalias acariciando los pies y las ha abrochado, las cintas que acarician las pantorrillas de mi madre le hace las piernas más que deseables y los pies apetecibles. Mi madre se ha puesto en pie y ha dado unos pases contorneándose. El dependiente desde la posición en la que está ha podido ver sus hermosos muslos desde abajo. Yo creo que el dependiente debe de estar pensando en tirarse a mi madre, a mí, ni siquiera me ha mirado, nos hemos probado y nos las hemos quedado. De vuelta para casa hemos hecho algunas bromas referentes al dependiente de la zapatería. Dice mi madre:

-¿Te lo tirarías?
-No, sabes que no me gustan los chicos.

Nada más llegar a casa, ya eran las 8:30 de la noche, y estábamos cansada de tanto ir de tienda en tienda viendo zapatos, trapitos y lencería. Estábamos agotadas:

-¿Mamá, quieres que te de un masaje en los pies?
-Sí hija. Pero espera que me quite la falda para estar más cómoda.

Cuando regresó de su dormitorio, mi queridísima y fantástica madre iba vestida con sus bragas y sujetador, se había calzado los bonitos zapatos que habíamos comprado, mis ojos se querían salir de sus órbitas, ¡Qué piernas! ¡Qué vulva! ¡Qué pies! No podía apartar la vista de su excitante figura, esas sandalias la hacían parecer aún más bella de lo que es ¡Que no lo es poco! Sonríe mirándome a los ojos:

-¿Te gustan mis zapatos? Ponte cómoda como yo y colócate las sandalias.
-No me atrevo. ¡De un momento a otro llegará papá de trabajar!
-No te preocupes, esta mañana me llamó diciendo que salía de viaje, estará fuera hasta el viernes hasta última hora.

Con la abstinencia de chicas que llevo, a la más mínima insinuación de mi madre me lanzo hacia sus pies y me los como a besos y lamidas. ¿Quiere que me quede tan cómoda como ella para insinuarse? ¿O simplemente para estar cómoda y que le haga el masaje habitual de todos los días? En mi cuarto a la hora de colocarme las sandalias y despojarme de mi ropa me he dado cuenta que las braguitas que llevo no son sexy y además las llevo desde ayer puestas, ¡empiezan a oler a rayos! me he puesto una de encajes tipo pantalón y el sujetador a juego, apenas parece que las lleve puestas ya que son prácticamente del color de mi carne:

-¿Mamá, te gustan mis sandalias conjuntadas con mi modelito?
-Estás preciosa hija. Te hacen unas piernas muy sensuales. ¿Me siento como siempre y me cuidas mis pies y me das el masaje?
-Sí mamá. Pero hoy quiero que me hagas un favor, quiero que me dejes acariciar tus pies con mi lengua.
-¡Qué sorpresa! ¿Además de lesbiana eres fetichista? ¿Te gustan mis pies?
-Sí mamá, me gustan los pies de las chicas, por ellos siempre me enamoro de ellas. Pero los tuyos son una fijación ¡Son muy hermosos y excitantes! ¿Dejas que haga con ellos lo que me apetezca?
-Sí hija, haz lo que más te guste. ¿Quieres algo más?

Con su última respuesta y posterior pregunta mi madre me está dando paso a una noche desenfrenada de sexo. No estará mi padre en toda la semana, y está pensando en el dependiente de la tienda de zapatos ¡No los tiene a ellos, pero me tiene a mí! Nunca he notado en su comportamiento el mínimo atisbo de interés o deseo por las chicas. Pero está claro que hoy está interesada en mí ¡Lo presiento! Le digo:

-No mamá, de momento tengo bastante con disfrutar de tus pies ¿Dónde están los zapatos que has llevado puestos todo el día? Quiero oler tu aroma impregnado en ellos, nada más pensarlo hace que mi vagina empiece a estar excitada.
-¿Quieres oler los zapatos que he utilizado todo el día? ¡Qué guarrilla que eres! 
-No mamá, no soy guarra ¡Soy fetichista! Me gustan tus pies que sé que están cuidados ¡Yo soy quién te los cuida! Se que los tienes limpios y aseados.
-Hija no he querido molestarte ¡Sé lo que es tener una fantasía! Yo misma tengo una, y precisamente la tengo contigo ¿Son esas las bragas que has llevado puestas todo el día?
-No mamá, estas son limpias puestas de ahora mismo. Ahora, al tiempo que busco tus zapatos de tu habitación, traeré mis bragas que llevaba puestas ¡Tú si que eres guarrilla!

Las dos no reímos, y sin darnos cuentas y como la cosa más natural del mundo nos dimos un beso en la boca. Sin darle más importancia me dirigí a la búsqueda de nuestros respectivos fetiches, los zapatos que acarician sus pies y las bragas que soportan el aroma a sexo, sudor, y orina ¡Qué dos fetiches tan sacrificados! Si ellos hablaran, ¡Cuántos secretos contarían de sus portadores! Ya esto aquí:

-Toma mamá, estas son las bragas que he llevado puestas desde ayer ¿Qué es eso?
-Gracias hija, ahora mismo disfrutaré de su espero que penetrante olor.

Allí, encima de la mesa de la sala de estar, estaban esperando tres objetos y un bote, los objetos no eran otra cosa que dos vibradores de tamaño considerable y un pene doble de látex de color carne. El bote no era otra cosa que lubrificante. Viendo semejante arsenal de utensilios del sexo, empecé a pensar que mi madre no era tan heterosexual como pensaba. Los vibradores ¡Pase! Pero el pene doble, es un síntoma inconfundible de bisexualidad ¡Qué escondido lo tenía! Dice:

-¿Te gustan? Ya veras lo que hoy disfrutaremos.
-¡No digas que te gustan las chicas!
-¡No lo dudes! Desde siempre me han gustado, soy bisexual, me gustan las chicas y me gustan los chicos. ¡Qué delicia!

Cogió mis bragas y la olió a conciencia, era sin duda su fetiche del que disfrutaba de vez en cuando, le veía tan excitada que dirigí mi mirada a su entrepierna que empezaban a dar signos evidentes de excitación, sus bragas que cubrían su pronunciada vulva empezaban a estar mojadas:

-¿Empieza con el masaje hija? ¡Estoy deseando que chupes mis pies!

No lo pude retrasar por más tiempo, el ver a mi madre en la situación de excitación en que estaba, hacía que yo lo estuviera más y más por momentos. Oler el aroma de sus pies en los zapatos portados durante el día hizo que casi me corriera del gusto. De los zapatos pasé a lamer uno a uno la totalidad de sus dedos, saboreé cada uno de sus poros, el empeine, la planta, los tobillos, era una delicia lamer los pies de mi amada madre, su olor, su sabor me transportaban a otros mundos ¡Qué locura! Yo jadeaba y ella daba pequeños gritos de placer. Dijo:

-¿Te han gustados mis pies? ¿Huelen bien? ¿Te gusta su sabor?
-¡Son una maravilla mamá! ¿Qué deseas que hagamos ahora?

Las cosas que me pidió, y las cosas que le pedí nos hicieron estar hasta altas horas de la madrugada disfrutando de nuestro amor filial madre hija. Descubrimos que nos queríamos como amantes y que teníamos aficiones y fetiches que desde ese día satisfaríamos sin tabúes. Todo lo que hicimos y lo que hacemos, sin duda alguna lo contaré algún día que tenga ganas de seguir escribiendo ¡De momento, un beso de mi madre y otro mío! 

 

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