Fantasía con mi madre

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Datos ténicos

La foto de una mujer con vulva de niña, Amanda

Título: Fantasía con mi madre 
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Eloisa
Actores: Eloisa, Pablo, Alana, Eloy.
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2006
Género: Erótico 
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Desde muy pequeño recuerdo a mi madre organizando una fiesta para celebrar el día de mi cumpleaños, fiesta a la que invitaba a todos mis amigos o simplemente compañeros de juegos. Me gustaban aquellos días de jolgorio, lo pasaba ciertamente bien con mis amigos y ¡cómo no! Con mi madre como animadora de la fiesta. Así pasaron los años, hasta la fiesta de mis 18 cumpleaños, hasta ese día nunca me había fijado en la hermosa mujer que tenía como madre, cosa que si hicieron mis amigos, hasta el punto de que uno de ellos... amigo al que más confianza tenía descaradamente me dice:

 -Estoy enamorado ¡Qué mujer!

-¿De quién estás hablando Eloy?

-De tu madre Pablo ¡Esa será la madre de mis hijos!

-No te pases Eloy ¡Recuerda que es mi madre!

-No me importa, estoy enamorado y hasta que no me la folle no estaré tranquilo.

 Lo más disimulado que pude recriminé el comportamiento del que creía mi mejor amigo, le invité a que se marchara de la fiesta. Las chicas me preguntaron por Eloy, les dije que le había surgido un imprevisto en la casa de sus padres y que no volvería. Mi madre que se imaginaba que las cosas no iban bien ya que mi cara me delataba, se acerca:

 -¿Qué te ha pasado con Eloy?

-Luego te lo cuento mamá. Ahora atendamos a los invitados que ninguna culpa tienen de lo que ha ocurrido.

 Desde ese mismo instante empecé a fijarme en mi madre como mujer. Encendido y cabreado como estaba por los comentarios de Eloy, miré a Alana una chica del instituto a la que todos los chicos tenían como la reina de la belleza, la comparé con mi madre y me di cuenta de que mi madre no tenía nada que desear de esa chica ¡Excepto la edad! Alana tiene 19 años y mi madre 40 desde hace dos meses, cuanto más me fijaba más me excitaba ver a mi madre bailando con uno y con otro, es muy simpática y sin duda alguna, una anfitriona como no hay otra. Empiezo a tener unos celos insoportables e infundados, ya que mi madre no está haciendo nada que no sea bailar con todos y cada uno de los invitados a mi fiesta. Eloy ha conseguido provocar en mí el desconcierto y la envidia del magreo al que la someten cuando están bailando, me acerco a ella:

 -Ahora me toca bailar contigo Eloisa.

-¡Claro que sí hijo! Pero... ¿Ahora me llamas Eloisa, no soy tu madre?

Mirándome fijamente a los ojos y sonriéndome como si supiera que es lo que me sucedía empezamos el baile. Sonaba una música para bailar agarrados, mis nervios a flor de piel, sentir a mi madre junto a mi cuerpo empezaba a excitarme como si se tratara de una chica de mi edad, mi pene comenzó a ganar tamaño ¡Qué situación! La pieza de baile estaba apunto de finalizar y mi pantalón dejaba ver mi excitación, Eloisa, mi madre se dio cuenta del trance y me dijo:  

-Pablo veo que estás indispuesto, acércate bailando hasta el cuarto de baño y allí te desahogas un poco.

 No le contesté nada, me puse rojo como un tomate maduro e hice lo que ella me aconsejó. Nadie se dio cuenta de lo sucedido, en el cuarto de baño me refresqué la cara y esperé a que mi pene se relajara totalmente. Cuando salí, antes de localizar a mi madre que desde ese momento era mi fijación, Alana me abordó y me pidió que bailara con ella:

-Pablo no has bailado en toda la noche conmigo ¿Te apetece?

-Por supuesto Alana ¡Me gustaría mucho!

 ¡Qué suerte la mía! La pieza que me tocó bailar con Alana fue una música ligera de baile suelto, apenas si me fijé en ella. No tuve problemas para mantener a mi pene replegado en su lugar de descanso. Terminó la música trajeron la tarta y todos y cada uno de los asistentes a la fiesta me dieron su regalo ¡Cosas que quizás nunca utilizaré! Pero eso es otra triste historia, la que me traía en vilo en ese momento era la historia de la hermosa mujer que es mi madre. La fiesta acabó, todo salió a la perfección como no podía ser de otro modo. Solos en casa nos sentamos a descansar en el sofá del salón y le dije:

 -Mamá gracias por la fiesta, ha sido sensacional y muy divertida. Me ha gustado mucho tu regalo.

-Me alegra que todo te halla gustado. ¿Era la moto que querías?

-Sí mamá ¡Es fantástica! Con ella podré dar largos paseos por los alrededores ¡De verdad! Me has hecho muy feliz.

-Ni que decir tengo... Tienes que tener mucho cuidado y conducirla con tranquilidad y sin hacer animaladas ¿Me lo prometes?

-Sí mamá ¡Lo prometo!

Allí sentados en el sofá acercó sus labios a los míos y me dio un beso. Me quedé tan parado que ni siquiera se lo devolví. Como de costumbre, me puse colorado. Nunca antes mi madre me había besado en los labios. La miré a los ojos pero sin decirle nada, pusimos en marcha la televisión y así pasamos una hora viendo una película de serie. Antes de terminar se tendió sobre el lateral del sofá y quedó profundamente dormida, para que estuviera cómoda la descalcé y le puse sus piernas encima como si estuviera tumbada en la cama. Sus esbeltas piernas enfundadas en unas medias de nylon finísimas color carne quedaron al descubierto hasta los muslos. La desperté:

 -Mamá... mamá te has quedado dormida ¿Te llevo al dormitorio?

-¿Crees que podrás conmigo Pablo?

-Sí mamá ¡Creo que lo podré hacer!

La cogí con la mano izquierda por la espalda a la altura de las axilas rodeando su espalda y rozándole levemente su pecho izquierdo, con la mano derecha levante sus piernas a la altura de los muslos. Ella echó sus manos a mi cuello y depositó su cara contra mi hombro para hacerme la tarea más fácil. Sentía su cálido respirar en mi cuello y el suave tacto de sus piernas en mis manos. No me hubiera importado cargar con ella durante horas para sentir su tacto y el latir de su corazón. Mi pene de nuevo estaba en posición de ataque, mi pantalón parecía una tienda de campaña ¡Malditos pantalones de pinzas! No saben ocultar nada. Llegué al dormitorio y la deposité en un lado de la cama, aparté el cubrecama y la sábana y de nuevo la tomé en mis brazos para situarla bajo la sábana y con mucho cariño la tapé. Ella murmurando y casi dormida me comenta:

-Pablo desnúdame ¡Así estaré más cómoda!  

Yo no sabía que hacer, mi madre estaba actuando de una manera que nunca antes lo había hecho. Pretendía que la desnudara ¿Estaba realmente dormida? O me estaba probando par ver que es lo que hacía ¡Yo estaba obnubilado! No podía pensar con claridad, cualquier otra persona en mi lugar supongo que se aprovecharía de la oportunidad y se daría un festín a costa de su madre. Pero la educación que yo había recibido era la de total respeto hacia mi progenitora, por lo tanto me limité a quitarle el vestido y taparla con la sábana y el cubrecama. No obstante verla en ropa interior provocó en mí una excitación ¡Brutal! No había terminado de taparla cuando me corrí como nunca lo había hecho, el puñetero pantalón de pinzas que llevaba pronto fue empapado de semen por el calzoncillo debido a la copiosa eyaculación. Temblando y avergonzado me despedí:

 -Hasta mañana mamá, me voy a dormir ¡Espero que descanses!

-Adiós cariño ¡Feliz cumpleaños!

Contestó casi dormida. Mojado como estaba, me dirigí a mi habitación, y sin ni siquiera cambiarme me dispuse a masturbarme pensando en la vista de mi madre en ropa interior, no tardé en volverme a correr y soltar una gran cantidad de semen que hizo que me pusiera perdido. Pero así, todo impregnado en semen me dormí hasta las 8 de la mañana del día siguiente. Como no podía ser de otra manera me desperté con mi pene empalmado, fui al cuarto de baño y me duché con agua fría ¡Créanme, es cierto!

Por suerte o por desgracia ¡Era sábado! Mi madre descansa de su trabajo el sábado y el domingo, y yo en esos días no cojo un libro sino es que tenga exámenes. Por lo tanto me disponía a pasar dos días de completo relax en compañía de mi madre. No me apetecía salir con mis amigos ¡No, en esos momentos! Desde la cocina oigo:

-Pablo, el desayuno está listo ¡Baja que se enfría!

Mi madre esperaba con el desayuno preparado en la mesa de la cocina en la cual desayunamos y a veces comemos. Ese día mi madre iba vestida particularmente sexy ¡Muy sexy, diría yo!

-Hola cariño ¿Has dormido bien?

-Sí mamá, he dormido como un bebe hasta las ocho de la mañana ¿Y tú, has descansado?

-¡Perfectamente hijo! Te agradezco me desnudaras anoche, se esa forma quedé dormida hasta esta mañana ¡Gracias hijo!

Mientras ella hablaba, yo le observaba sus piernas ¡Sus largas piernas! Adornadas por unas sandalias de tacón alto que dejaba sus pies al descubierto. Un pequeño pantalón de deporte y una camiseta que dejaba su ombligo al aire era el resto de su vestimenta. Sé, ¡Lo sé! A mi madre le gustan mucho los zapatos de tacón alto, pero un día de fiesta y con un mini short ¿Qué pretendía? Saqué valor de donde no tenía y le dije:

-Estás... Perdona que te lo diga ¡Muy sexy!

-¿Cómo que muy sexy, soy tu madre? ¡No lo olvides!

-No te enfades Eloisa, eres una mujer preciosa ¡Sé que eres mi madre! Pero eso no tiene que ver nada para que vea en ti a una hermosa mujer.

Durante el desayuno la estuve mirando con descaro a sus entrepierna, su mini pantalón marcaban en su totalidad su vulva, sus labios vaginales marcaban su silueta ¡Eran excitantes! No lo podía aguantar más, como pude terminé el desayuno y me retiré a mi habitación para aliviarme mediante una frenética masturbación que logró de nuevo una copiosa eyaculación ¿Qué puedo hacer? Creo que me estoy enamorando de mi madre ¡Qué dices Pablo! Eso no puede suceder, eso sería incesto. Aunque fuese de pensamiento ¡Sería incesto! Tengo un problema serio, acabo de cumplir los 18 años y empiezo con los problemas de los mayores. Estuve estirado en la cama, pensando en el cuerpo de mi madre, a la que ya no veía como a mi madre, sino como a la fantástica mujer que es.

Casi me costaba mirarla a la cara, cuando bajé de mi habitación para comer, ella se había cambiado de vestimenta. Ahora ya no llevaba el short, ahora se había colocado un pantalón pescador de una tela finísima que marcaba perfectamente sus líneas, y principalmente la hendidura de su vagina, de calzado las mismas sandalias y en la parte superior simplemente un sujetador. Ya no tenía dudas, mi madre me estaba provocando pero yo no sabía como actuar, le dije:

-¡Qué conjunto más peculiar que llevas puesto!

-¿Te gusta Pablo?

-Sí mamá, pero me incomoda ya que pienso en cosas en las que no debiera pensar ¿Sabes de que te hablo?

-¡No me digas que te excita el verme así!

En ese momento llamaron al teléfono y la conversación quedó truncada y olvidada. Desde ese día mi madre vistió muy recatadamente ¡Nunca pasó nada! Pero en mis recuerdos quedan aquellos momentos y en mis fantasías ¡Ella es siempre la protagonista! 

 

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