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Relato Dicen,
cuentan, comentan que el obligo es un reducto de acumulación de restos
sobrantes de fibras de nuestras ropas, bello y resto de piel muerta ¡Nadie
lo puede negar! Si alguien lo hace, no sabe lo que niega ¿A caso no se ha
encontrado usted alguna vez una pequeña bola de pelusa en su obligo? Si
no lo ha hecho ¡Es un caso especial! No se preocupe ¡Personas raras
siempre las hay! Me dejo de cháchara y paso a explicarles: Una
mañana, postrado frente al espejo mientras me afeitaba observé a Soraya
¡Mi esposa! Me fije en su ombligo ¿Qué era eso? Tenía una pequeña
bolita de pelusa azulada en su interior, extrañado me acerqué para ver
de qué se trataba: -¿Qué
tienes en el ombligo Soraya? Con
sus dedos índice y pulgar sacó el desconocido intruso ¡Extraño!
Preocupada Soraya comenta casi poniéndose roja ¿Cómo es posible? Todos
los días me ducho y me restriego el obligo a conciencia. Yo para
cabrearla aplicando un poco de broma, aunque sé que esa bola de pelusa es
la formación de restos de fibras, bello y piel muerta le digo: -No
creo que no te frotes lo suficiente. Muy
preocupada, se mira fijamente en el interior de su bonito y excitante
ombligo ¿Qué será esto? Viendo que la preocupación iba en aumento, le
expliqué que esa pelusa no era nada antihigiénico y que no tenía
importancia. A tiempo paré su preocupación y aproveché para acariciarle
el ombligo ¡Ella reía, yo me excitaba! -Para Bartolomé ¡Tenemos que ir a trabajar! No me pongas a cien o luego en el trabajo puedo ponerte los cuernos con el primer chico salido que encuentre. -¡Bueno, tú misma! Si no apagas ahora mismo mi ardor, seré yo el que te los ponga a ti ¿Déjame que te de un masaje con mis labios? -No, que ya sé que es lo que me quieres hacer ¡Me da tanto gusto! Que sabes que llegaremos tarde ¡No lo podemos permitir! Esta noche te prometo que te dejaré hacer lo que desees en mi ombligo. -¡Vale,
me tendré que aguantar! Dejamos
las bromas y rápidamente nos duchamos y preparamos para salir en dirección
a nuestros respectivos trabajos. Iba tan quemado esa mañana que todas las
chicas que veía con el top dejando su ombligo sensual y excitante al aire
eran la diana de mis lujuriosas miradas. Esa moda de las chicas jóvenes
¡Y no tan jóvenes! De llevar sus ombligos al descubierto que se hacen
objeto del deseo ¡Qué rabia no poderlos degustar! Excelente moda, y no
digamos la costumbre de colocarse un pendiente “piersing” Eso si que
es excitante. Intentaré no pensar más en los dichosos ombligos, me
centraré en la lectura del periódico camino a la oficina. Ahí hay un
asiento libre: -¡Señorita,
recoge la carpeta del asiento, muy amable! La
señorita o señora en cuestión, a la exigencia de que dejara libre el
asiento para poder sentarme me obsequió con una mirada que cortaba ¡Qué
mirada, que desprecio! Parecía que le estaba exigiendo algo fuera de lo
normal, parecía que era yo el que hacía algo incorrecto ¡Era ella! La
que estaba infringiendo las normas del buen comportamiento, yo me limitaba
a pedir por favor que dejara libre el asiento ¡Nada más! Lo hizo a regañadientes: -Gracias
señorita. ¡Soy
señora! Contestó haciendo honor a su mal humor, se levantó, por un
momento creí que me quería dar un bofetón ¡No fue así! Se bajaba en
la siguiente parada: -Adiós
¡Tenga buen día Señora! Se
giró para devolverme el saludo, y en ese momento le pude observar su top
dejando el ombligo al aire, ombligo adornado por un pequeño tatuaje en su
parte inferior derecha que no alcanzaba a distinguir: -Gracias
señor ¡También le deseo un día propicio! Se
acercó y me dejo una tarjeta de presentación con su profesión, cargo y
teléfono. Pensé, hoy es mi día de suerte. La llamaré ¡Es una mujer
muy sensual! Algo mayor para mi gusto, pero se conserva muy bien. Por un
momento olvidé que era ¡Que soy! Un hombre casado ¡Felizmente casado! El
día lo pasé pensando en esa mujer al principio malhumorada y luego
gentil. Estaba deseando llegar a casa y decirle a Soraya lo sucedido,
aunque no pasó nada me intrigó el hecho de que me dejara su tarjeta ¿Qué
es lo que pasaría por su cabeza? Llegada
la noche tras una larga jornada de trabajo regresé a casa para
encontrarme con mi querida esposa Soraya. Si al macharme por la mañana
estaba excitado, por la noche estaba más que estimulado, estaba
impaciente por acariciarla y darle un masaje en su vientre y sobre todo
besar su ombligo: -¡Hola Soraya mi amor! ¿Cómo te ha ido el día? -Bien,
me ha ido de fábula todo me ha salido a pedir de boca ¿Y a ti cariño? Le
expliqué lo sucedido, se reía ¡No cesaba de reír!
Me dijo que no le extrañaba, que iba tan excitado que cualquier
chica que me mirara creería que estaba loquita por mí: -No
te preocupes, yo te bajaré la temperatura ¡Sé como hacerlo! Ya creo que lo sabe, cuando estoy tan excitado Soraya me deja que realice una fantasía sexual que me encanta y que me deja muy relajado. Tras masturbarme con su boca consigue que eyacule en su ombligo y que posteriormente absorba todo el semen a pequeñas lamidas que hacen que ella vibre de puro placer y yo tiemble como un volcán. Denominación de la RAE de Género |
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