El Ombligo de Soraya

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Datos ténicos

La foto de una mujer con vulva de niña, Amanda

Título: El Ombligo de Soraya 
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Soraya
Actores: Soraya, Yo
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Erótico - Fetiche
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Dicen, cuentan, comentan que el obligo es un reducto de acumulación de restos sobrantes de fibras de nuestras ropas, bello y resto de piel muerta ¡Nadie lo puede negar! Si alguien lo hace, no sabe lo que niega ¿A caso no se ha encontrado usted alguna vez una pequeña bola de pelusa en su obligo? Si no lo ha hecho ¡Es un caso especial! No se preocupe ¡Personas raras siempre las hay! Me dejo de cháchara y paso a explicarles:  

Una mañana, postrado frente al espejo mientras me afeitaba observé a Soraya ¡Mi esposa! Me fije en su ombligo ¿Qué era eso? Tenía una pequeña bolita de pelusa azulada en su interior, extrañado me acerqué para ver de qué se trataba:  

-¿Qué tienes en el ombligo Soraya?  

Con sus dedos índice y pulgar sacó el desconocido intruso ¡Extraño! Preocupada Soraya comenta casi poniéndose roja ¿Cómo es posible? Todos los días me ducho y me restriego el obligo a conciencia. Yo para cabrearla aplicando un poco de broma, aunque sé que esa bola de pelusa es la formación de restos de fibras, bello y piel muerta le digo:  

-No creo que no te frotes lo suficiente.  

Muy preocupada, se mira fijamente en el interior de su bonito y excitante ombligo ¿Qué será esto? Viendo que la preocupación iba en aumento, le expliqué que esa pelusa no era nada antihigiénico y que no tenía importancia. A tiempo paré su preocupación y aproveché para acariciarle el ombligo ¡Ella reía, yo me excitaba!  

-Para Bartolomé ¡Tenemos que ir a trabajar! No me pongas a cien o luego en el trabajo puedo ponerte los cuernos con el primer chico salido que encuentre.

-¡Bueno, tú misma! Si no apagas ahora mismo mi ardor, seré yo el que te los ponga a ti ¿Déjame que te de un masaje con mis labios?

-No, que ya sé que es lo que me quieres hacer ¡Me da tanto gusto! Que sabes que llegaremos tarde ¡No lo podemos permitir! Esta noche te prometo que te dejaré hacer lo que desees en mi ombligo.

-¡Vale, me tendré que aguantar!  

Dejamos las bromas y rápidamente nos duchamos y preparamos para salir en dirección a nuestros respectivos trabajos. Iba tan quemado esa mañana que todas las chicas que veía con el top dejando su ombligo sensual y excitante al aire eran la diana de mis lujuriosas miradas. Esa moda de las chicas jóvenes ¡Y no tan jóvenes! De llevar sus ombligos al descubierto que se hacen objeto del deseo ¡Qué rabia no poderlos degustar! Excelente moda, y no digamos la costumbre de colocarse un pendiente “piersing” Eso si que es excitante. Intentaré no pensar más en los dichosos ombligos, me centraré en la lectura del periódico camino a la oficina. Ahí hay un asiento libre:  

-¡Señorita, recoge la carpeta del asiento, muy amable!  

La señorita o señora en cuestión, a la exigencia de que dejara libre el asiento para poder sentarme me obsequió con una mirada que cortaba ¡Qué mirada, que desprecio! Parecía que le estaba exigiendo algo fuera de lo normal, parecía que era yo el que hacía algo incorrecto ¡Era ella! La que estaba infringiendo las normas del buen comportamiento, yo me limitaba a pedir por favor que dejara libre el asiento ¡Nada más! Lo hizo a regañadientes:  

-Gracias señorita.  

¡Soy señora! Contestó haciendo honor a su mal humor, se levantó, por un momento creí que me quería dar un bofetón ¡No fue así! Se bajaba en la siguiente parada:  

-Adiós ¡Tenga buen día Señora!  

Se giró para devolverme el saludo, y en ese momento le pude observar su top dejando el ombligo al aire, ombligo adornado por un pequeño tatuaje en su parte inferior derecha que no alcanzaba a distinguir:  

-Gracias señor ¡También le deseo un día propicio!  

Se acercó y me dejo una tarjeta de presentación con su profesión, cargo y teléfono. Pensé, hoy es mi día de suerte. La llamaré ¡Es una mujer muy sensual! Algo mayor para mi gusto, pero se conserva muy bien. Por un momento olvidé que era ¡Que soy! Un hombre casado ¡Felizmente casado!  

El día lo pasé pensando en esa mujer al principio malhumorada y luego gentil. Estaba deseando llegar a casa y decirle a Soraya lo sucedido, aunque no pasó nada me intrigó el hecho de que me dejara su tarjeta ¿Qué es lo que pasaría por su cabeza?  

Llegada la noche tras una larga jornada de trabajo regresé a casa para encontrarme con mi querida esposa Soraya. Si al macharme por la mañana estaba excitado, por la noche estaba más que estimulado, estaba impaciente por acariciarla y darle un masaje en su vientre y sobre todo besar su ombligo:  

-¡Hola Soraya mi amor! ¿Cómo te ha ido el día?

-Bien, me ha ido de fábula todo me ha salido a pedir de boca ¿Y a ti cariño?  

Le expliqué lo sucedido, se reía ¡No cesaba de reír!  Me dijo que no le extrañaba, que iba tan excitado que cualquier chica que me mirara creería que estaba loquita por mí:  

-No te preocupes, yo te bajaré la temperatura ¡Sé como hacerlo!  

Ya creo que lo sabe, cuando estoy tan excitado Soraya me deja que realice una fantasía sexual que me encanta y que me deja muy relajado. Tras masturbarme con su boca consigue que eyacule en su ombligo y que posteriormente absorba todo el semen a pequeñas lamidas que hacen que ella vibre de puro placer y yo tiemble como un volcán. 

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