Las bragas azules

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Datos ténicos

Bragas azules de mi madre

Título: Las bragas azules 
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Ella
Actores: Ella, Elisa, Yo.
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Erótico - Fetiche
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Elisa y yo estábamos sentados ante el televisor. Sentimos abrir la cerradura de la puerta, llegó tarde y un poco bebida, ¡lo notamos en su forma de saludar! No era lo habitual en nuestra madre, pero su estado lo achacábamos a la fiesta que habían celebrado los compañeros de la oficina, festejaban la jubilación de uno de sus ejecutivos, ¡al menos, eso nos dijo! Por lo visto, ese nuevo jubilado era una de esas personas a la que todos quieren, ¡todos quieren ver...! No sean mal pensados, quieren ver fuera de la empresa para empezar a vivir mejor. Con la euforia de ver a partir de ahora a tan despreciable persona fuera de su vista, habrá tomado alguna copa demás a su salud, ¡la de ella! Por lo visto no la dejaba vivir en paz. El caso es que debido a la embriaguez que había adquirido, estaba más contenta de lo que es normalmente. Después del saludo se dirigió hacia el sofá y se sentó con las piernas estiradas, ¡desparramada diría yo! La mirada la tenía perdida, sin lugar a equívoco alguno, ¡llevaba una buena tajada! Elisa, mi hermana, me miró fijamente con semblante perplejo, yo le devolví la mirada con una sonrisa. Me pareció gracioso ver a mi madre en esa situación, estaba contento por ver ella se lo pasaba bien. Tras unos segundos mi madre balbuceó algunas palabras que apenas entendimos, estaba en su punto álgido, parecía tener un coma etílico, ¡sin llegar a él!

 -¿Elisa, has entendido algo de lo que ha dicho mamá?

-Casi nada, lo único que me ha parecido entender ha sido la palabra azul. ¡Qué borrachera lleva! ¿Cómo ha podido llegar conduciendo?

 A la pregunta de mi hermana, se irguió de la posición que tenía y sacando una lucidez momentánea desde el fondo de su ser, hizo un movimiento muy simpático señalando con el dedo índice de la mano derecha, moviéndolo de arriba hacia abajo y entendiéndosele todo dice:  

-No os preocupéis, hoy no me he llevado el coche, me han traído en un taxi. Estoy bebida, ¡pero no loca!  

Nuevamente se retrepó a la posición inicial y dejo la vista perdida, ¡algo más lúcida! Y con sonrisa en su cara. Debido a los movimientos que había realizado la corta falda que llevaba se le subió hasta bien arriba de los muslos, ¡la vista era fenomenal! Mi hermana se puso algo roja al verle la totalidad de las bragas de color azul. Y yo a pesar de ser mi madre me excité con su vista. La situación era embarazosa para mi hermana y para mí, ¡para ella, no! Ya que no se enteraba de nada, habló y dijo:  

-Hijos, estoy muy cachonda, quiero que me hagáis un favor.

Tanto mi hermana como yo nos quedamos tremendamente sorprendidos por lo que mi madre, ¡ahora sí! Con total claridad se hacía entender, aunque debido a su estado no le dimos más importancia:  

-¡Ayúdame Elisa! La llevaremos a la cama para que descanse y se le pase el efecto del alcohol que ha consumido.

-¡Eso, eso, llevadme a la cama...! ¿Os gustan mis bragas de color azul?  

La había tomado con las bragas azules que llevaba, ¡preciosas por cierto! Elisa, ahora más relajada y sonriendo le levantó la falda dejando las bragas totalmente a la vista. No alcancé a entender ese gesto en ese momento, ¡luego sí, luego lo entendí! Al igual que yo, Elisa se estaba excitando por momentos. Ya en el dormitorio, dejamos a mi madre sobre la cama y yo intenté salir para que Elisa la desnudara, ¡a mí, me resultaba violento! Pero:  

-No te vayas, ¡tengo una idea! Mamá lleva tres años sin tener relaciones sexuales desde que papá murió, ¡pobre, debe estar desesperada! Hagamos entre los dos que disfrute como nunca lo ha hecho. ¿Qué te parece?  

Yo me quedé helado, no sabía que contestar. A pesar de ser mayores de edad entendía que eso de practicar el sexo entre nosotros era una práctica incestuosa penada por la ley. Pero por otra parte estaba mi instinto básico y animal de practicar el sexo con mi madre y mi hermana, ¡yo entendía que terminaría siendo así! Parecía que no estaba a la conversación, pero me equivocaba, mi madre contesta:  

-Hijo, me parece fantástica la idea de tu hermana, ¡yo estoy conforme! Hacedlo por mí, lo necesito. Hoy en la fiesta todas las parejas hacían el amor y yo a dos velas, ¡qué desgraciada que soy! Necesito que alguien me folle, ¡y sólo puedes ser tú! Necesito sentir tu calor dentro de mí, ¡perdona hija, tú también me puedes hacer disfrutar! Los dos lo podéis hacer.  

¡Estaba tan sorprendido! Realmente estaba asustado de las cosas que estaba escuchando de boca de mi hermana y de mi madre. Pero hice de tripas corazón y me acerqué hasta donde estaba mi madre tumbada en el lecho. Levante su falda hasta alcanzar con ella su ombligo y comencé a besar su sexo por encima de sus bragas de color azul. Daba suspiros de placer, eran tan fuertes, que a pesar de vivir en una casa aislada temía que nuestros vecinos creyeran que estaba sucediendo algo poco agradable. Me centré en lamer a la altura de su vagina por encima de sus bragas, mi madre apretaba mi cabeza contra su sexo. La sesión de roces era tan placentera que mi madre debido a la gran cantidad de alcohol que había consumido se durmió. Yo me quedé con dos palmos de narices y excitado a no poder más. Mi hermana enfadada por el hecho de que mi madre me prefiriera a mí, en lugar de a ella, se fue a su habitación y se estuvo masturbando durante toda la noche, ¡la escuche, vaya si la escuché! Yo para no se menos y desquitarme de lo sucedido, a sus gritos, y al unísono no pude más que imitarla.  

A la mañana siguiente mi madre se levantó como era natural con un gran dolor de cabeza, hasta el roce de una silla sobre el suelo le molestaba, ¡estaba irascible! Nada de lo que decíamos le parecía bien. Ni que decir tiene que de lo sucedido el día anterior, ¡nada de nada! No se acordaba de nada, ¡por lo menos eso parecía!  

Nunca, nunca jamás en nuestra casa se volvió a hablar de lo sucedido aquel día, de lo único que se habló es de quién eran esas bragas de color azul. ¿De quién serían? Nunca me atreví a preguntarle, ¡menuda es mi madre!

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