Perfume de mujer y las bolas chinas

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Datos ténicos

Perfume de mujer

Título: Perfume de mujer y las bolas chinas 
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Araceli
Actores: Araceli, Norma
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Erótico - Fetiche
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Su perfume de mujer me enervaba, era una fragancia fresca y muy sensual que con sólo inhalarla me excitaba, cuando estaba a su lado mis piernas temblaban por la emoción de tenerla simplemente junto a mí. Todos y cada uno de los días en que la encuentro subiendo en el ascensor, me los paso imaginando en cómo sería pasar una noche haciendo el amor ella. Sé que es difícil dado que ella es una ejecutiva y yo una simple secretaria, ¡lo sé! Pero no cejaré hasta tenderle mis redes de mujer que desea su cuerpo.  

El lunes después de trabajar, fui de compras decidida en encontrar esa deseada fragancia, me empeñé en encontrar ese mismo perfume, me costó pero lo pude hallar después de oler y oler decenas de marcas. Es un perfume caro pero merece la pena, si con ello puedo entablar conversación, ¡ella lo merece! Además no perdí el tiempo, aproveché la ocasión y le tire los tejos a una dependienta muy simpática y guapa que encontré, no tuve una respuesta afirmativa, ¡me dio calabazas! Ella se lo perdió, salí del establecimiento contenta y con el perfume en una coqueta bolsa de regalo. Esa noche me masturbé pensando en ellas.  

Amanecí alegre y muy excitada, me perfumé con tan fresca fragancia y fui a la caza de la ejecutiva excitante. Parecía tener a los dioses de mi parte. La hermosa y madura ejecutiva entró en el ascensor y yo justamente detrás de ella, las dos completamente solas:  

-Buenos días, ¡qué casualidad, lleva usted mi mismo perfume! –Me dijo sonriente-

-¡Sí, es cierto!  

Le dije acercándome a su cara casi rozando su mejilla con mi nariz, la red estaba estratégicamente tirada. Estuve tentada de besarla, pero me pareció que no era el lugar ni el momento para hacerlo, pero aproveché para clavar mi mirada en su escote. El ascensor inexorablemente llegó hasta mi piso, ella trabajaba 5 plantas más arriba:  

-Adiós Señora, ¡ha sido un placer el conocerla! –Le dije-

-El placer ha sido mío. –Contestó-  

Me alargó su cuidada mano en la que entre sus dedos pulgar e índice sostenía una tarjeta de visita. Me la dio y dijo:  

-¡A mí también me gusta!  

Tomé la tarjeta acariciando descaradamente su mano, Bajé, unos segundos después la puerta del ascensor se cerró, ocultando tras de sí la hermosa y excitante figura de mi amor secreto. Sus palabras me dejaron turbada y nerviosa y con mi vagina húmeda para el resto del día. ¿Qué quería decir con a mí también me gusta? Antes de terminar la jornada para salir de las dudas la llamé:  

-¿Señora Araceli?

-Sí, soy yo, ¿con quién tengo el gusto de hablar?

-Soy Norma, la chica a la que usted le ha dado esta mañana la tarjeta en el ascensor. Me gustaría invitarla a tomar una copa. ¿Qué le parece si quedamos abajo en el restaurante?

-Le acepto la invitación, pero no me parece buena la idea la de vernos en el restaurante de este edificio. Mejor valla a mi casa, la dirección la tiene en la tarjeta, ¡la espero a las nueve!  

Le contesté que allí estaría puntualmente, las piernas me temblaban y mis pezones crecieron al instante, ¡qué rara soy! Mis deseos de tener a esa mujer madura y sensual entre mis brazos, ¡qué digo entre mis brazos, entre mis piernas! Empezaban a ser una realidad más que una simple utopía.  

Terminé la jornada laboral y sin pérdida de tiempo me dirigí a mi casa, tenía el tiempo justo para ponerme lo más apetecible e insinuante para esa hermosa mujer. Yo sabía que mi juventud era más que suficiente para que ella se interesara por mí, pero no estaba demás ponerse alguna que otra cosa sexy para que me ayudara.  

Llegaron las nueve de la noche y me dirigí tomando un taxi a la dirección que indicaba la tarjeta. Cuando bajé en la puerta, quedé sorprendida de la majestuosidad de la casa que estaba ante mí. Los nervios empezaban a realizar su trabajo, tenía un leve cosquilleo en el bajo vientre, pero decidida llamé al timbre que había junto a la verja:  

-¿Dígame, qué desea?

-Hola, soy Norma, ¡ la Señora Araceli me espera!  

La que parecía ser una empleada de hogar pulsó la cerradura eléctrica de la verja y me dijo como llegar a la puerta principal de esa inmensa casa, con un no menos inmenso y precioso jardín convenientemente alumbrado. De saberlo hubiera hecho pasar al taxi, desde la entrada hasta la casa no había menos de cuatrocientos metros de distancia, camino que hube de recorrer con mis sandalias de tacón alto, con tanto caminar me estaba poniendo a cien, últimamente voy tan quemada que aprovecho la menor ocasión para colocarme las bolas chinas. A medida que me iba acercando me fui dando cuenta de que yo no sería la única en tan inmensa mansión. Parecía que allí había organizada una fiesta, así era, el que parecía ser el mayordomo se dirigió a mí:  

-Buenas noches señorita, ¿a quién debo anunciar?

-Soy Norma.

-¿Norma qué, señorita?

-Simplemente Norma, la Señora Araceli sólo conoce mi nombre.  

No sé precisar cuantas personas habían en aquel enorme salón, el amable mayordomo me anunció, pero nadie como es natural giró la cabeza para saber quién era, yo para ellos era una persona insignificante, ¡qué hago yo aquí! Me pregunté, cuando estaba apunto de darme la media vuelta para marcharme, apareció Araceli vestida más elegante de lo normal. Vio en mi cara la contrariedad y dijo:  

-Estás muy guapa, ¡alegra esa cara! Aquí estamos para divertirnos. ¿Te puedo llamar de tú?  

Araceli vio en mi cara el enfado, enfado que no quería disimular, había sido engañada para asistir a su casa. Yo creía que pasaríamos un rato juntas practicando el sexo, en su lugar me encuentro con una fiesta de gentes estiradas, ¡vamos, presumidas! Allí, desencajaba, excitada y con las bragas chorreando jugos vaginales me sentía desplazada. Me puse a la defensiva y ni siquiera le contesté a sus preguntas:  

-Me encuentro mal Señora Araceli, ¿puede pedirme un taxi?

-Te lo puedo pedir, ¡pero no lo haré! Te quedarás aquí en una de las habitaciones de invitados descansando hasta que se te pase el mal que tengas.  

Autoritaria, pero de manera muy agradable hizo a una sirvienta joven y vestida con minifalda me acompañara, ella me indicaba el camino, yo unos escalones más abajo de aquella gran escalera le observaba sus perfectas piernas, ¡sólo me faltaba eso! me llevó hasta una habitación para que descansara. Suerte tuve, la habitación tenía baño, aproveche para sacarme las bolas chinas, masturbarme y posteriormente asearme. Me  senté para recapacitar sobre cómo actuar. Dando vueltas a lo sucedido llegué a la conclusión de que Araceli no me había engañado, simplemente me había invitado y yo saqué conclusiones erróneas de la cita. Esperé una hora y bajé para despedirme y marcharme a mi casa a descansar para el día siguiente y estar bien despierta para realizar mi trabajo. Antes de bajar el primer escalón de la preciosa escalera que daba al salón donde se celebraba la fiesta, divisé para poder situar a Araceli. No hizo falta, en cuanto baje al salón fue ella la que me encontró:  

-¿Ya te encuentras mejor?

-Sí, ya se me ha pasado el dolor de cabeza que tenía.  

Sin dejarme decir una palabra más. Me agarró del talle y me acompañó hasta una de las barras dispuestas para servir a los invitados. Sentí un agradable cosquilleo en mi siempre excitada vagina, vagina ya desnuda en esos instantes.  

-¿Qué quieres tomar Norma?

-Una tónica con limón, ¡gracias!  

Desde ese momento estuvo ejerciendo de anfitriona dedicándose a mí, olvidó que tenía más invitados. Sentada en el taburete de la barra con sus piernas cruzadas me dejaba ver gran parte de sus tersos muslos debido al vestido con apertura lateral, ¡era una vista provocativa! Yo lo tomé así, y me senté frente a ella con las piernas descaradamente abiertas, ¡no disimuló! Clavo sus preciosos ojos azules en mi entrepierna. Durante más de una hora estuvo hablando y hablando, yo estaba como hipnotizada escuchándola se expresaba tan bien, que no me cansaba de hacerlo. Como siempre el olor de su perfume era el que me atraía.  

-¿Qué puesto ocupas en la compañía? –Me dijo en un momento de la conversación-

-Soy secretaria en el departamento de contabilidad. –Le contesté-  

Se acercó a mí, y sin importarle nada, ni nadie me regaló un excitante beso con lengua incluida que hizo que mi corazón palpitara a 200 pulsaciones por minuto, ¡qué sensación tan morbosa! Allí delante de todos aquellos estirados, ¿qué pensarían? A ella desde luego parecía importarle poco. Sin esperar que terminara la fiesta, la Señora Araceli me llevó a su picadero y me hizo disfrutar, ¡valla si lo hizo! Pero he de decirles que yo no me quedé atrás, la hice gritar de puro placer.  

Lo que empezó como un intento de conquista por mi parte, terminó con el ofrecimiento de un puesto de trabajo por la suya. La Señora Araceli me ofreció un puesto como secretaria en su departamento de dirección, resultó que ella no era otra que la dueña de la empresa. Como no podía ser de otra manera acepté su ofrecimiento, han pasado cuatro meses y estoy muy contenta en mi puesto de trabajo. La Señora Araceli ha resultado ser una jefa inmejorable, nos trata a todas las secretarias como a personas, ¡no como a objetos! He dejado de utilizar su perfume para que ella siga siendo la única que lo lleve, ¡tiene todos mis respetos! Desde ese día soy su putita, calificativo con el que le encanta llamarme.

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