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Relato Su
perfume de mujer me enervaba, era una fragancia fresca y muy sensual que
con sólo inhalarla me excitaba, cuando estaba a su lado mis piernas
temblaban por la emoción de tenerla simplemente junto a mí. Todos y cada
uno de los días en que la encuentro subiendo en el ascensor, me los paso
imaginando en cómo sería pasar una noche haciendo el amor ella. Sé que
es difícil dado que ella es una ejecutiva y yo una simple secretaria, ¡lo
sé! Pero no cejaré hasta tenderle mis redes de mujer que desea su
cuerpo. El
lunes después de trabajar, fui de compras decidida en encontrar esa
deseada fragancia, me empeñé en encontrar ese mismo perfume, me costó
pero lo pude hallar después de oler y oler decenas de marcas. Es un
perfume caro pero merece la pena, si con ello puedo entablar conversación,
¡ella lo merece! Además no perdí el tiempo, aproveché la ocasión y le
tire los tejos a una dependienta muy simpática y guapa que encontré, no
tuve una respuesta afirmativa, ¡me dio calabazas! Ella se lo perdió, salí
del establecimiento contenta y con el perfume en una coqueta bolsa de
regalo. Esa noche me masturbé pensando en ellas. Amanecí
alegre y muy excitada, me perfumé con tan fresca fragancia y fui a la
caza de la ejecutiva excitante. Parecía tener a los dioses de mi parte.
La hermosa y madura ejecutiva entró en el ascensor y yo justamente detrás
de ella, las dos completamente solas: -Buenos días, ¡qué casualidad, lleva usted mi mismo perfume! –Me dijo sonriente- -¡Sí,
es cierto! Le
dije acercándome a su cara casi rozando su mejilla con mi nariz, la red
estaba estratégicamente tirada. Estuve tentada de besarla, pero me pareció
que no era el lugar ni el momento para hacerlo, pero aproveché para
clavar mi mirada en su escote. El ascensor inexorablemente llegó hasta mi
piso, ella trabajaba 5 plantas más arriba: -Adiós Señora, ¡ha sido un placer el conocerla! –Le dije- -El
placer ha sido mío. –Contestó- Me
alargó su cuidada mano en la que entre sus dedos pulgar e índice sostenía
una tarjeta de visita. Me la dio y dijo: -¡A
mí también me gusta! Tomé
la tarjeta acariciando descaradamente su mano, Bajé, unos segundos después
la puerta del ascensor se cerró, ocultando tras de sí la hermosa y
excitante figura de mi amor secreto. Sus palabras me dejaron turbada y
nerviosa y con mi vagina húmeda para el resto del día. ¿Qué quería
decir con a mí también me gusta? Antes de terminar la jornada para salir
de las dudas la llamé: -¿Señora Araceli? -Sí, soy yo, ¿con quién tengo el gusto de hablar? -Soy Norma, la chica a la que usted le ha dado esta mañana la tarjeta en el ascensor. Me gustaría invitarla a tomar una copa. ¿Qué le parece si quedamos abajo en el restaurante? -Le
acepto la invitación, pero no me parece buena la idea la de vernos en el
restaurante de este edificio. Mejor valla a mi casa, la dirección la
tiene en la tarjeta, ¡la espero a las nueve! Le
contesté que allí estaría puntualmente, las piernas me temblaban y mis
pezones crecieron al instante, ¡qué rara soy! Mis deseos de tener a esa
mujer madura y sensual entre mis brazos, ¡qué digo entre mis brazos,
entre mis piernas! Empezaban a ser una realidad más que una simple utopía. Terminé
la jornada laboral y sin pérdida de tiempo me dirigí a mi casa, tenía
el tiempo justo para ponerme lo más apetecible e insinuante para esa
hermosa mujer. Yo sabía que mi juventud era más que suficiente para que
ella se interesara por mí, pero no estaba demás ponerse alguna que otra
cosa sexy para que me ayudara. Llegaron
las nueve de la noche y me dirigí tomando un taxi a la dirección que
indicaba la tarjeta. Cuando bajé en la puerta, quedé sorprendida de la
majestuosidad de la casa que estaba ante mí. Los nervios empezaban a
realizar su trabajo, tenía un leve cosquilleo en el bajo vientre, pero
decidida llamé al timbre que había junto a la verja: -¿Dígame, qué desea? -Hola,
soy Norma, ¡ La
que parecía ser una empleada de hogar pulsó la cerradura eléctrica de
la verja y me dijo como llegar a la puerta principal de esa inmensa casa,
con un no menos inmenso y precioso jardín convenientemente alumbrado. De
saberlo hubiera hecho pasar al taxi, desde la entrada hasta la casa no había
menos de cuatrocientos metros de distancia, camino que hube de recorrer
con mis sandalias de tacón alto, con tanto caminar me estaba poniendo a
cien, últimamente voy tan quemada que aprovecho la menor ocasión para
colocarme las bolas chinas. A medida que me iba acercando me fui dando
cuenta de que yo no sería la única en tan inmensa mansión. Parecía que
allí había organizada una fiesta, así era, el que parecía ser el
mayordomo se dirigió a mí: -Buenas noches señorita, ¿a quién debo anunciar? -Soy Norma. -¿Norma qué, señorita? -Simplemente
Norma, No
sé precisar cuantas personas habían en aquel enorme salón, el amable
mayordomo me anunció, pero nadie como es natural giró la cabeza para
saber quién era, yo para ellos era una persona insignificante, ¡qué
hago yo aquí! Me pregunté, cuando estaba apunto de darme la media vuelta
para marcharme, apareció Araceli vestida más elegante de lo normal. Vio
en mi cara la contrariedad y dijo: -Estás
muy guapa, ¡alegra esa cara! Aquí estamos para divertirnos. ¿Te puedo
llamar de tú? Araceli
vio en mi cara el enfado, enfado que no quería disimular, había sido
engañada para asistir a su casa. Yo creía que pasaríamos un rato juntas
practicando el sexo, en su lugar me encuentro con una fiesta de gentes
estiradas, ¡vamos, presumidas! Allí, desencajaba, excitada y con las
bragas chorreando jugos vaginales me sentía desplazada. Me puse a la
defensiva y ni siquiera le contesté a sus preguntas: -Me encuentro mal Señora Araceli, ¿puede pedirme un taxi? -Te
lo puedo pedir, ¡pero no lo haré! Te quedarás aquí en una de las
habitaciones de invitados descansando hasta que se te pase el mal que
tengas. Autoritaria,
pero de manera muy agradable hizo a una sirvienta joven y vestida con
minifalda me acompañara, ella me indicaba el camino, yo unos escalones más
abajo de aquella gran escalera le observaba sus perfectas piernas, ¡sólo
me faltaba eso! me llevó hasta una habitación para que descansara.
Suerte tuve, la habitación tenía baño, aproveche para sacarme las bolas
chinas, masturbarme y posteriormente asearme. Me
senté para recapacitar sobre cómo actuar. Dando vueltas a lo
sucedido llegué a la conclusión de que Araceli no me había engañado,
simplemente me había invitado y yo saqué conclusiones erróneas de la
cita. Esperé una hora y bajé para despedirme y marcharme a mi casa a
descansar para el día siguiente y estar bien despierta para realizar mi
trabajo. Antes de bajar el primer escalón de la preciosa escalera que
daba al salón donde se celebraba la fiesta, divisé para poder situar a
Araceli. No hizo falta, en cuanto baje al salón fue ella la que me
encontró: -¿Ya te encuentras mejor? -Sí,
ya se me ha pasado el dolor de cabeza que tenía. Sin
dejarme decir una palabra más. Me agarró del talle y me acompañó hasta
una de las barras dispuestas para servir a los invitados. Sentí un
agradable cosquilleo en mi siempre excitada vagina, vagina ya desnuda en
esos instantes. -¿Qué quieres tomar Norma? -Una
tónica con limón, ¡gracias! Desde
ese momento estuvo ejerciendo de anfitriona dedicándose a mí, olvidó
que tenía más invitados. Sentada en el taburete de la barra con sus
piernas cruzadas me dejaba ver gran parte de sus tersos muslos debido al
vestido con apertura lateral, ¡era una vista provocativa! Yo lo tomé así,
y me senté frente a ella con las piernas descaradamente abiertas, ¡no
disimuló! Clavo sus preciosos ojos azules en mi entrepierna. Durante más
de una hora estuvo hablando y hablando, yo estaba como hipnotizada escuchándola
se expresaba tan bien, que no me cansaba de hacerlo. Como siempre el olor
de su perfume era el que me atraía. -¿Qué puesto ocupas en la compañía? –Me dijo en un momento de la conversación- -Soy
secretaria en el departamento de contabilidad. –Le contesté- Se
acercó a mí, y sin importarle nada, ni nadie me regaló un excitante
beso con lengua incluida que hizo que mi corazón palpitara a 200
pulsaciones por minuto, ¡qué sensación tan morbosa! Allí delante de
todos aquellos estirados, ¿qué pensarían? A ella desde luego parecía
importarle poco. Sin esperar que terminara la fiesta, Lo
que empezó como un intento de conquista por mi parte, terminó con el
ofrecimiento de un puesto de trabajo por la suya. *-*-*
Denominación de la RAE de Género |
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