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Relato No
disfruto de la práctica del sexo por internet, sí, eso que se denomina
cybersexo lo encuentro una práctica fría, pero entiendo que hay personas
a las que les gusta practicarlo, y como yo soy una de esas personas
comprensiva que disfrutan viendo feliz al prójimo, lo hago siempre que me
lo piden. Ayer sin ir más lejos, estaba aburrida chateando postrada ante
la pantalla de mi ordenador personal. Me siento vieja o fuera de lugar,
antes, cuando decía que estaba chateando me refería ha que estaba tomándome
unos vinos con los amigos. Ahora no, ahora cuando me refiero a chatear
quiero decir que estoy comunicando con otras personas por medio del
ordenador, ¡vamos, que nos escribimos como antes hacíamos por carta! Es
igual, pero ahora es a tiempo real. El tiempo real no es otra cosa que
escribir y recibir al instante lo escrito ¡sí, como si habláramos por
teléfono! Con la única diferencia que estamos escribiendo en lugar de
hablando. Pero no me extiendo más para decir que en infinidad de
ocasiones practico el cybersexo, me pongo desnuda ante la cámara webcam y
no dudo en desnudarme y acariciar todo mi cuerpo para que el chico o chica
que está al otro lado de la cámara disfrute en directo de las escenas
que le proporciono, ¡no me gusta! Pero si con ese acto hago feliz a otra
persona, yo también lo soy. No
sé si por casualidad o por esas cosas que nos depara el destino, contacté
con una antigua conocida de mis tiempos de estudiante en la universidad de
ciencias físicas. Marga, la chica más popular de la universidad era una
de esas mujeres que traen de cabeza a todos los chicos y a algunas chicas
que somos bisexuales y otras, ¿por qué no? que son lesbianas. A marga
siempre la había tenido como a una de esas personas retraídas a pesar de
su popularidad, ¡era hermosa! Cuando contacté con ella y aun sin verla
por la webcam, la reconocí al instante a pesar del tiempo pasado, le hice
algunas preguntas a la que ella contestó afirmativamente confirmándome
las sospechas. -¿Marga, te acuerdas de mí? -Si no me das más detalles difícilmente podré recordarte. -Marga,
soy Mara, aquella chica que siempre que podía te quitaba a los chicos que
tú con tu belleza cautivabas. Cuando
le dije el nombre me recordó al instante, por un momento dejó de
escribir en el Chat y creí que cortaría la conexión, pero lo debió de
pensar mejor y siguió haciéndolo y preguntó: -¿Mara, tienes cámara Web? -Sí, Marga la tengo, ¿Quieres que nos conectemos? -Sí
Mara, me gustaría verte. Marga
parecía haber evolucionado, aunque en su juventud era una persona pedante
y de lo más creída, en esos momentos de la conversación me pareció que
había cambiado como de la noche al día. Acepté su oferta de vernos por
videochat. Estaba preciosa, iba vestida con un vestido muy sexy de color
naranja que resaltaba su figura y su bella cara. Estuvimos hablando algo más
de 30 minutos recordando los viejos tiempos, por ende ya pasados. A esas
alturas de la conversación, que por cierto tomaron rumbos sexuales
decidimos realizar una sección de cybersexo en directo. Lo que son las
cosas, ella, la chica más popular de la universidad a la que no le
faltaban los chicos. Años después se tenía que conformar haciendo el
sexo mediante cybersexo con una de las principales competidoras de su
juventud. Observé
en ella un estado de gran soledad, por lo que aproveché para pedirle que
realizara cosas ante la cámara que de otra manera no hubiera hecho. -Marga cariño, ¿llevas bragas puestas? -Sí,
¿las quieres ver? Se
separó lo suficiente de la cámara y ajustó el objetivo para que pudiera
tomar el plano de ella por completo, se sentó y cruzó las piernas de
manera que sus muslos quedaran en su totalidad al desnudo, era una visión
excitante. A pesar del paso del tiempo seguía teniendo un cuerpo de
alucine. Se los acarició durante unos segundos y posteriormente descruzó
las piernas lentamente y las separó para que pudiera ver sus bragas. Tomó
el mando a distancia de su cámara y tomó un primer plano de sus bonitas
bragas de seda con encajes de color naranja haciendo juego con su vestido. -¿Te han gustado Mara? Están ya un poco mojadas debido a la excitación que siento al ponerme de estas guisas ante ti. -Me gustan mucho tus bragas, ¿parecen de diseño? -¡Qué
dices, son de mercadillo! Son de seda y blonda bordada, son realmente muy
bonitas y dan el pego, ¿verdad? Marga
en nuestra juventud debido a lo presumida que era nunca hubiera admitido
que llevaba puestas unas bragas de mercadillo. La verdad es que había
cambiado a pesar de que ella era hija única de gente pudiente. Supongo
que lo seguiría siendo, aunque por otra parte estaba en dudas. -Sí, la verdad es que dan el pego son preciosas y tú también lo eres. -Gracias
Mara por el piropo ¿Qué quieres que haga? Soy toda para ti, luego te
pediré yo que actúes para mí, ¿de acuerdo? Así trascurrieron los primeros momentos de las tres horas que estuvimos conectadas, poco a poco nos fuimos desnudando hasta quedar en bragas y sujetador. Como ya he dicho Marga no había perdido nada de su encanto a pesar de sus 45 años. Para sí, quisieran muchas jóvenes de 20 años el cuerpo de ella para exhibirlo por el ciberespacio. -¿Tienes un masturbador Marga? -Sí
por supuesto, espera un momento que voy a traerlo. Yo
creía que lo sabía todo sobre el arte de la masturbación femenina, pero
Marga me enseñó una forma que yo no había visto hasta ese momento.
Cuando volvió traía en sus manos un par de consoladores con vibrador,
uno de talla grande y otro de algo más de un centímetro de diámetro y
unos 15 de longitud y un bote con lubricante. Me explicó el modo de
usarlos al mismo tiempo. Se quitó el sujetador y las bragas y se dispuso
cómodamente con las piernas abiertas descansando sus pies sobre dos
sillas a los lados, en esa forma estaba de lo más cómoda, enfocó la cámara
en un primer plano de su vagina y empezó a masturbarse muy lentamente
introduciendo una y otra vez el consolador de mayor tamaño hasta el fondo
en dirección a la vejiga urinaria, empezó a dar pequeños gemidos de
placer. Yo al tiempo la imitaba con mi consolador, las dos estábamos
disfrutando del momento. Faltaba poco para llegar al orgasmo, cuando Marga
me sorprendió con lo que hizo, dejó el consolador grande introducido
hasta el fondo de su vagina sujetado con su mano izquierda. Con la mano
libre tomó el bote de lubricante y se echó un poco en la entrada de la
uretra, recogió el consolador pequeño y también lo untó de lubricante.
Lo que vino después me dejó helada, se introdujo el consolador por el
conducto uretral lentamente hasta el fondo, yo creo que le llegaba hasta
la vejiga, lentamente lo metía y lo sacaba, los gemidos se convirtieron
en gritos desesperados de placer o de dolor, ¡vete tú a saber! El caso
es que tuvo un orgasmo como yo no lo había visto jamás yo tuve otro al
unísono por el morbo de verla. Me explicó que sentía un gran placer y
trató de convencerme para que yo lo experimentara. Pero le dije que antes
de hacer semejante cosa le preguntaría a mi ginecólogo las consecuencias
que me podía acarrear esa práctica del sexo llamada uretralismo. Les
aseguro que en ningún momento me arrepentí, gocé de su cuerpo a través
del ciberespacio practicando el cybersexo como creo que ella gozó del mío.
Al finalizar el encuentro del cybersexo, como seguíamos viviendo en la
misma ciudad quedamos en vernos un fin de semana. Hemos
aprovechado nuestro encuentro y ahora somos grandes amigas, que
aprovechamos la mínima ocasión para realizar el cybersexo y siempre que
podemos el sexo cuerpo a cuerpo. Marga
quiso convencerme de practicar el uretralismo, pero como mi ginecólogo
divagó a la hora de informarme de si era perjudicial o no, he optado por
seguir masturbándome de las dos formas que hasta ahora lo había hecho,
vaginal y anal. De todas maneras he de decirle que Marga es toda una
experta en prácticas de parafilias, prácticas que algún día iré
contando. ¡Besos! *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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