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Relato Luz,
así se llama mi prima hermana que es una chica a la que tengo en gran
aprecio. Cuando éramos pequeños jugábamos todo el día, ¡siempre estábamos
juntos! Cosa que se entiende si tenemos en cuenta que somos hijos únicos
y que nuestras madres viven en la misma casa como si de un matrimonio se
tratara. ¿Qué ocurrió? Muy fácil de entender, nuestros respectivos
padres trabajaban en las minas de carbón del pueblo y en un accidente
laboral sucumbieron enterrados en miles de toneladas de carbón, siente días
estuvieron para sacar sus cadáveres y los de 14 compañeros más, 16
hombres trabajadores de las minas se llevó por delante aquel trágico
accidente, nosotros éramos pequeños y a duras penas nos acordamos. Mi
prima tiene la misma edad que yo, nos llevamos algunos meses. Ahora hemos
cumplido 18 años y cada vez que nos miramos apartamos la vista, ¡nos
gustamos! La timidez hace el resto, Luz es una chica muy simpática y con
un cuerpo agraciado, pero sin llegar a ser el de una modelo, ¡claro, que
el mío tampoco lo es! Cada día que pasa me gusta más, ella también
parece estar enamorada de mí. Tengo en tendido que los primos hermanos
pueden casarse, por lo tanto hacer el amor entre nosotros no es cometer
delito de incesto. Pero a mi tía le daría un soponcio si nos viera
juntos y mi madre sería capaz hasta de castrarme. Hoy
estaremos solos, mi tía y mi madre se marchan a la capital para hacer
unas compras, por lo que tendremos todo el día para hacer lo que
deseemos, en cuanto la encuentre a la hora del desayuno, le diré que
quiero hacer el amor con ella, está a punto de salir de su habitación,
estoy muy nervioso pero decidido, ahí llega: -Luz
buenos días, tengo algo que decirte. -¿De
qué se trata Cipriano? Estaba
tan nervioso que no pude decirle nada, ¡qué horror! Como siga así, nos
haremos viejos y seré incapaz de hacer el amor con ella. Insistió: -¿Qué
te pasa Cipriano? Dime lo que tengas que decir que me espera mi novio. La
respuesta que me dio, todavía me dejó más descentrado, ¡ves Cipriano,
te han tomado la delantera! Ahora ya es tarde. Le contesté: -No
era nada importante Luz, ¿te gustó el programa de anoche? Salí
como normalmente se dice, por peteneras. La miré fijamente a los ojos,
ella en esta ocasión no apartó la vista, sonrió, tomó un trago de café
con leche y un bocado de una magdalena.
Se levantó de la mesa y se marchó sin decir una palabra. -¡Adiós
Luz, yo también te quiero! –Dije irónicamenete- Estaba
confundido, Luz no me miraba a los ojos simplemente por timidez. También
es mala suerte que el día que decido decirle que la deseo, ella me diga
que tiene novio, ¡será puñetera! Tengo
que trazar un plan, aunque tenga novio, ¡no me importa, no soy celoso!
Desde ahora no la trataré como una hermana y menos como una prima, la
trataré como una mujer a la que quiero conquistar. Como
era sábado, y estaba destrozado por la noticia que me había dado, me
quedé a ver por televisión una etapa de montaña de la vuelta ciclista a
Francia. Luz no tardó en llegar: -¿Qué
pronto has vuelto? -Sí,
es que mi chico se ha tenido que ir con sus padres a la ciudad. Por
primera vez me fijé en la piernas de Luz, antes no le daba importancia
pero ahora verlas me excitada, aquello podía acabar... pasó junto a mí,
y como estaba estirado en el sofá, pude verle las bragas que llevaba
puestas. Eran unas bragas negras de punto, pero no fueron las bragas en sí
lo que me acabó de excitar, fue el aroma a sexo que levantó el
movimiento de su cuerpo. Como dije, la cosa terminó en el cuarto de baño
masturbándome pensando en ella. Regresé
a la sala donde tenemos le televisión y Luz estaba echada viendo un
programa de aeróbic, en el que había unas chicas vestidas de forma muy
excitante, ¡era lo que faltaba! La dichosa tele no se daba cuenta de que
yo era un chico de 18 años que estaba falto de sexo, ¡qué
desconsiderada! La tele, Luz ocupaba todo el sofá y le dije: -¿Te
echas a un lado? Yo también quiero sentarme. -No,
si quieres sentarte tendrás que tener mis pies encima de ti, estoy muy a
gusto aquí recostada. -¡Jolines
Luz, qué comodona eres! Ella
sonrió, pero no contestó nada. En ese preciso momento por mi cabeza pasó
la idea de acariciarles los pies y así ver su reacción, así lo hice, ¡eureka,
fue un acierto! No dijo ni una sola palabra en contra, y al sentir mis
manos acariciando sus pies de vez en cuando daba pequeños gemidos. El
tener sus pantorrillas sobre mis muslos estaba provocando que mi pene se
pusiera en erección, ¡situación extraña! No me atrevía a mirar hacia
su entrepierna ya que por la posición de sus pies, sin duda vería sus
bragas, ¡no quise ser descarado! Pero esa fuerza de voluntad sólo la
pude soportar unos minutos, cuando miré su entrepierna, Luz tenía los
ojos cerrados y la expresión de su cara era de satisfacción, ¡estaba
claro, le gustaba! -¿Te
agrada Luz? -Me
encanta, ¡Sigue, por favor sigue! Luz
estaba como inmersa en una nube de placer que la transportaba por el aire,
por el aire de sus fantasías. En la posición de dejadez en la que se
encontraba, le podía ver las bragas visiblemente húmedas. Entonces se
remangó la falda hasta que pude observar casi al cien por cien sus
hermosos muslos. ¡Qué placer! Ya en ese punto me atreví, y pasé de las
caricias en los pies, al masaje en las pantorrillas y corvas, que es una
parte de las mujeres que siempre he querido acariciar, cuando masajeaba
sus corvas daba pequeños gritos de placer, ¿estaría pensando en su
novio? O simplemente estaba disfrutando del placer que le hacía sentir su
primo hermano. No lo sabía, pero no podía perder esa ocasión de tener a
mi prima entre mis manos. Me atreví y le di un beso en la corva, al
hacerlo dio un suspiro, ya nadie me podía parar, ¡creo que ella no quería
que parara! Lanzado y excitado como estaba, pasé ha acariciarles los
muslos por su parte interior y exterior, ¡le gustaba! Gemía, no paraba
de hacerlo. Me apresuré y acaricié su vagina por encima de las bragas,
¡dio un respingo! Apretó las piernas y opté por no forzar la situación.
Eché la marcha atrás, fui besando la totalidad de su piernas desde las
ingles hasta la punta de sus pies, que por cierto olían de maravilla, a
pesar de ser una zona que siempre está sudada, estaba claro que los
cuidaba a conciencia. Me centré en ellos y los lamí y chupé como si de
un caramelo se tratara, cuanto más lamía, más me excitaba. Esa situación
me provocó un orgasmo y posterior corrida que empapó todo mi calzoncillo
y pantalón. Dejó de gemir y dijo con voz tenue: -Cipriano,
¡sigue, por favor sigue! Así
lo hice, estuve acariciando a Luz durante más de 15 minutos, mi pantalón
empapado en semen, y mi pene nuevamente completamente erecto, no pude más,
me dirigí a su vagina, ¡pero nada! No estaba dispuesta ha dejarme
tocarla ¿qué es lo que querrá? Con los ojos cerrados dirigió sus manos
hasta sus pechos y los acarició por encima de la prenda que llevaba
puesta, ¡durante unos segundos lo hizo! Luego se remangó la camiseta y
dejo el sujetador al aire. -¿Luz
quieres que te acaricie los pechos? -Sí,
Cipriano, quiero que me hagas disfrutar. Ella
quería ser la que llevara la voz cantante en la relación que estábamos
manteniendo, ¡yo no tenía prisa! Le dejaba que me indicara lo que quería
que le hiciera, ¡todo llegaría a su momento! Acaricié sus pechos por
encima del sujetador, sentía su turgencia y su suavidad a la vez, estaba
deseando acariciarlos sin tan sugerente prenda, intenté desabrocharlo y
Luz accedió, ¡dios, que pechos! Pequeños, redondos, toda una tentación,
los acaricié, los lamí y hasta los chupé creyendo que de ellos saldrían
el tan apreciado elixir, ¡su leche! Pobre de mí, ¡qué ingenuo! Pero me
daba igual, yo quería a toda costa que de aquellas mamas saliera alguna
gota de líquido blanco: -¿Qué
haces Cipriano? Deja ya de sorber que me haces daño. -Perdona
Luz, pero estoy tan excitado que no me daba cuenta de que sorbía con
fuerza. ¿Qué hacemos ahora? -Ahora
dame un beso en la boca, después bájame las bragas y me besas la vagina. Hice
lo que Luz deseaba, pero además de besarle la vagina aproveché a la
ocasión para lamer toda la zona genital. Los dos disfrutábamos del
placer y el morbo de estar haciendo algo que para muchas personas está
mal visto. Yo estaba apunto de volver a eyacular, pero para mi sorpresa
ella lo hizo primero, de su vagina salió un chorro espeso de un líquido,
¡no era orina! Era una solución espesa y tenía un sabor exquisito,
tragué toda la que pude y dejé gran cantidad en mi boca, que
posteriormente transporté a la suya. Lo sorbió todo con grandes signos
de placer. A todas éstas, yo me volví a correr encima, ¡aquello era
digno de ver! Luz estaba en un estado de excitación extrema. Le pregunté: -¿Me
dejas que lo haga? -¿A
qué te refieres Cipriano? -Me
gustaría penetrarte, ¿Puedo? -Sí,
lo estoy deseando. Sus
palabras provocaron en mí, la erección más salvaje que jamás había
tenido, la tenía que penetrar pronto si no quería volver a correrme en
los pantalones. Me deshice de las prendas impregnadas en semen, la punta
de mi pene por el conducto uretral estaba a rebosar. Entonces caí en la
cuenta de que no podía penetrar a Luz así: -¿Tienes
preservativos? -No
Cipriano, pero no te preocupes, si me dejas embarazada diré que ha sido
mi novio. No
tardé ni dos segundos en apuntar mi deseoso pene a su apetecible vagina,
estaba tan excitado, y eran tantas las ganas que tenía de penetrarla que
cuando mi pene llegó al fondo de sus entrañas le solté la eyaculación
más copiosa que humano tuviera nunca, ¡No exagero! Parecía que me
estaba orinando en su interior, ¡que corrida! Ella gritaba, y yo la
acompañaba, el orgasmo que tuvimos es de los que hacen época. El
tiempo nos había pasado tan rápido, que el hechizo y el placer se
rompieron de golpe cuando vimos que nuestras madres estaban a punto de
llegar. A penas si tuvimos tiempo para limpiar el sofá que dejamos
perdidos de sus corridas y las mías. -¿Ahora
que hacemos Luz? -Tú
no sé, pero yo me boy a dar una ducha que estoy toda mojada de semen, ¡eso
ha sido una corrida! Y no la de los caballos. Dicho
y hecho, Luz se marchó riendo, se dirigió al cuarto de baño para
ducharse, como sólo había un cuarto de baño. Mientras ella terminaba, y
para no ser encontrado en la situación en la que estaba, esperé a que
Luz terminara en mi habitación, pensando en lo sucedido me tuve que
volver a masturbar. Lo mío no era de humanos, a pesar de las
eyaculaciones anteriores volví a tener una espectacular, ¡vuelta a
limpiar! Aquello parecía algo cómico. Llegué
a la conclusión de que aunque practicar el sexo con mi prima no era
incesto, si era tabú. Era tabú por parte de mi madre y de mi tía, por
no pensar en el qué dirían los conocidos. Pero desde ese día hacemos el
amor todo lo que podemos. El único pesar que tengo es que Luz no quiere
que digamos nada de lo nuestro, a toda costa quiere que seamos amantes, y
casarse con el chico que ha conocido. Por cierto un chico de los más
ricos del pueblo, ¡pobre diablo! Pasaron unas semanas y mi prima quedó
embarazada. Como era natural, ya lo tenía planeado, esa misma tarde que
nosotros hicimos el amor, también lo hizo con su chico. Ahora me queda la
duda de si el niño que Luz dará a luz, será mío o de su novio. ¡Qué
más da! Si Luz es feliz, si el infeliz es feliz y con eso el niño en un
futuro es feliz con el dinero del infeliz. Yo seré feliz, ¡luego, Luz me
hará feliz! Y colorín colorado, este cuento del incesto con mi prima
inexistente se ha terminado. Moraleja:
Si tienes una prima hermana y te gusta, ¡no lo dudes! Tírale los tejos
que hoy por hoy no es incesto, ¡además, todo queda en familia! Aplícate
el cuento si eres chica. *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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