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Relato Quiero
darte un beso negro, me dijo un día Rodolfo al llegar a casa; no sabía
de qué estaba hablando, bajé las persianas y apagué las luces para que
todo el salón quedara a oscuras. El muy cretino se empezó a reír y no
paró de hacerlo hasta que tuvo ganas de comer. -¿María
que has hecho para cenar? -Lo
siento, pero hasta que no me digas que es eso que tanta risa te ha
provocado, no pienso decirte que hay para cenar. -Mujer,
no te enfades, un beso negro es aquel que se da en el ano. -¡Serás
cerdo! ¿Ahí quieres que nos demos un beso? No cuentes conmigo, ya te he
dicho en infinidad de ocasiones que ese agujero es intocable. -Pero
si es una forma de amarse muy sensual. Nos lo ha dicho una sexóloga que
ha venido hoy a dar unas charlas en la empresa. -Sí...
una sexóloga, si tan sensual es, que sea ella quien te lo de, que esta
mujer de cuerpo serrano no está dispuesta a semejante cochinada. Sé
que nuestro matrimonio no durará mucho tiempo si caemos en la monotonía
de hacer en la cama las mismas cosas, mejor dicho, la misma cosa ya que sólo
le dejo hacer una. Soy una mujer chapada a la antigua, solamente quiero
ser penetrada estando tumbada en la cama, con las piernas abiertas y
mirando al techo. -María
me tienes harto, como sigamos así me liaré con la primera que me
encuentre en la calle al salir. -¿Será
pagando verdad? Porque tú no eres una belleza que digamos. Un
día me regaló un vibrador como celebración de nuestro primer mes de
casados, lo quiso estrenar esa misma noche. Haciendo un esfuerzo
sobrehumano le dejé que jugara con él para darme satisfacción. Pero no pudo hacer nada, en cuanto intentó acercarlo a mi clítoris di un grito y
me levanté de la cama, discutimos y me marché a casa de mis padres. De
eso hace una semana, al día siguiente regresé y hoy me ha venido con el
cuento del beso negro. -Sí
María, reconozco que no soy nada del otro mundo, pero como muy bien decía
mi abuela, “siempre hay una mierda para una mierda de maceta”, ¡empiezo
a creer que no eres tú! -¿Me
has llamado mierda? -No
lo sé, tómatelo como más te guste. Estaba
segura de que mi relación no llegaría a buen puerto. Reconozco que soy
una mojigata con ideas férreas muy arraigadas, no lo puedo remediar, ¡me
han educado así! Soy muy orgullosa y me creo en poder de la verdad. -Rodolfo,
nuestra relación no funciona, creo que debemos admitir que no somos
compatibles, ¡quiero el divorcio! -No
te preocupes, mañana mismo iremos al abogado para que tramite la separación. Llevo
legalmente separada 3 meses, y un año que no he practicado el sexo con
mortal alguno. He intentado masturbarme pero mis ideas no me dejan
hacerlo... estoy apunto de estallar. Mara
una chica de la oficina a la que le comenté lo que me ocurre, es lesbiana
y dice que me puede sacar del agujero en el que estoy atrapada... me invitó
a pasar el fin de semana en su chalet de la sierra, pero estoy hecha un lío
y no se si ir. Hoy
es viernes, ¡ha llegado el día! Nada más en pensar que Mara me ponga un
dedo encima hace que me provoque arcadas, sé que soy desconsiderada con
ella que se ha ofrecido para intentar ayudarme, pero creo que es una tarea
harto difícil. -¿María
estás preparada? En cuanto den las 3 saldremos para la sierra. -Lo
siento Mara, pero se me ha olvidado el bolso con mis cosas. Cuando he
bajado esta mañana del autobús he caído en la cuenta. -No
te preocupes María, yo te acercaré a tu casa para que recojas la
bolsa... ¡mejor no! Si vamos luego encontraremos mucha caravana en la
carretera, ¿sabes qué? Te vienes así como estás, no necesitas nada, lo
que necesites lo coges de mi armario, somos de casi la misma estatura. Dicho
y hecho, no tuve valor para desagraviarla y aunque durante todo el viaje
fui nerviosa en cuanto llegué a casa me relajé. Mara en cuanto llegamos
lo primero que hizo es ponerse cómoda. Bueno... lo que ella entiende por
estar cómoda. Tras enseñarme la casa, entró a su habitación, se dio
una buena ducha y se vistió traje de nylon fino color negro y se calzó
unos zapatos de tacón alto. Realmente he de reconocer que estaba muy
excitante vestida así, mis ojos se clavaron en su entrepierna para ver su
sexo totalmente depilado. -María,
si quieres tengo muchos trajes de estos, te aseguro que la sensación de
sentir la suavidad y el masaje que provoca al moverte es sensacional y muy
relajante. -No
gracias, estoy bien como estoy. -Como
quieras mujer, ¡tú te lo pierdes! Ahora no se sorprendas con lo que voy
hacer. ¿Ves estas bolas? -Sí,
las veo, ¿Para qué son? -Son
unas bolas chinas, y sirven para excitar la vagina mientras andamos por
casa. Ves... me pongo un poco de lubricante y ahora me introduzco una y
luego la otra, dejando este cordón para sacarlas cuando desee, aunque a mí
me gusta expulsarlas apretando como si estuviera pariendo. ¡Anímate
mujer, colócate unas! De
su habitación nos fuimos al salón para tomar unas copas, estaba preciosa
y parecía disfrutar del masaje del traje de nylon y del movimiento de las
bolas en el interior de su vagina. Puso la televisión en un canal en el
que siempre están dando programas de aeróbic y ella siguiendo las
instrucciones hacia lo que las chicas de la tele. Me quedé sorprendida de
la flexibilidad de mara, hizo una postura que nunca la hubiera imaginado,
con su boca quedaba a escasos -María,
ves que postura mas sexy, ¿quieres ver como expulso las bolas chinas? -¡Jolines
Mara, me estás haciendo sonrojar! -Joder
María, somos dos mujeres adultas, no creo que a estas alturas de la vida
te tengas que avergonzar por verle el coño a una mujer, ¡fíjate bien,
verás como salen! Allí
en el suelo sentada sobre su espalda, con su coño en primera plana, empezó
a apretar como si de una embarazada se tratara, su vagina visiblemente
lubricada debido a la posible excitación que tenía, empezó lentamente a
expulsar la primera bola que salió impregnada en gran cantidad de mucosa
vaginal, y posteriormente la segunda, y tras ésta, una considerable
cantidad de un líquido blanquecino algo parecido al semen. -Estás
hecha toda una artistas, tienes gran elegancia echando las bolas por la
vagina, ¿llevas mucho practicando? -Desde
que cumplí los 16 años, pero esto no es nada, verás luego que cosas soy
capaz de introducirme. Ya estoy muy excitada, ¿quieres un poquito?
–Dijo introduciendo su dedo corazón en la vagina y llevándolo a su
boca- Aquella
pose, la lubricación del sexo de Mara y la falta de sexo que yo
arrastraba empezaron hacer efecto en mí, por un momento creí sentirme
mojada, ¡me sofoqué! -Como
sigas así harás que vomite y te ponga la alfombra perdida, ¡mira que
eres cochina! Mara
no se inmutaba por mis negativas, al contrario, siempre tenía una sonrisa
en su cara y no me forzaba a nada. Supongo que estaba siguiendo una
estrategia para que fuera yo misma la que entrara en su rol. -María,
si piensas quedarte así vestida durante todo el fin de semana lo pasarás
tremendamente mal, ¡venga mujer, anímate! Quédate al menos en sujetador
y bragas, ¡no te voy a comer! -Me
da mucha vergüenza Mara, nunca he estado en ropa interior delante de una
mujer. -Vergüenza
de qué, no te das cuenta que yo tengo lo mismo que tú. Tengo dos tetas,
con dos areolas y en el centro de cada unas un pezón, mas abajo un
ombligo y el pubis a continuación que da paso a la vulva compuesta de clítoris,
labios internos y externos, ¡y como no, la vagina! Y un poquito mas a
bajo el ano –Dijo distendida y sonriendo- Aunque
estaba nerviosa, la piernas me temblaban y abrumada por la vergüenza. Con
gran esfuerzo me deshice de la ropa y quedé ante ella en con zapatos
sujetador y bragas. -¿Estás
contenta Mara, estoy bien así? -Estás
muy bien, además estoy viendo que tu coñito empieza a producir ese
elixir tan apreciado por mí. -¿Qué
estás diciendo, yo no estoy mojada? Siguiendo
su estrategia Mara nunca me contestaba cuando algo negaba, ella seguía
hablando yo actuando como si nada sucediera convencida de que yo caería
en sus redes. Deshizo la figura de yoga en la que estaba y agarrándome
por la mano de nuevo me acompaño hasta su dormitorio, abrió un cajón de
la cómoda y me enseño todo un arsenal de juguetes sexuales, lubricantes,
y cremas excitadoras o afrodisíacas. En otro cajón tenía cientos de
sujetadores y braguitas a cual más sensual. Señaló al cajón de los
juguetes y preguntó: -¿Qué
objeto quieres que me introduzca por el coño y haga lo que he hecho antes
con las bolas chinas? El
cajón contenía toda clase de objetos, pero uno que me hacía gracia era
el de un muñeco que era casi todo cabeza, ese objeto sin duda estaba
preparado para ser introducido en la vagina como si de un bebé se
tratara, supongo que mediría unos -Este
Mara, quiero que te introduzcas este muñeco, así cuando lo expulses
parecerá que estás dando a luz a un niño. -¡Ala,
has elegido el más difícil! Bueno... acedo a intentarlo, pero con una
condición. -¿Qué
condición? –Dije con pícara sonrisa- -Una
muy fácil, si yo logro meterme este muñeco y luego expulsarlo de mi
vagina, tú te tendrás que vestir con un traje como el mío y tendrás
que dejar que te introduzca este vibrador por tu vagina. -¡Vale
Mara! Me vestiré como tú y dejaré que me introduzca ese vibrador. Convencida
de que no podría introducirse semejante objeto por su estrecha vagina
estaba tomándome aquello como un juego, distracción que además estaba
haciendo que en mi vientre notara algo de cosquillas... Tomó del cajón
el muñeco y un bote familiar de lubricante, y sin dejar de bailar y sonreí
quitó la colcha de la cama, puso unos almohadones para estar cómoda.
Abierta de piernas como si estuviera en la visita del ginecólogo Mara untó
su vagina y alrededores de abundante lubricante, con un experto ritual fue
introduciendo uno a uno sus dedos hasta que sin esfuerzo introdujo
completamente su puño hasta la muñeca, ¡quedé perpleja! En ese momento
comprendí que la apuesta la tenía perdida, ya que la diferencia entre su
puño y el muñeco era mínima. -¿Sorprendida
María? Mete tu puño, verás que sensación más agradable. -¡Qué
dices loca, me da miedo! Cuando
tenía suficientemente dilatada la vagina, agregó lubricante al muñeco
repartiéndolo convenientemente por toda su superficie... agarrado por su
cabeza empezaron entrando en aquel pedazo cueva sus patitas y poco a poco
se fue introduciendo hasta desaparecer la cabeza en aquella cavidad. Mara
tenía una cara de satisfacción que me superaba, no entendía como podía
albergar aquel muñeco en sus entrañas. -¡Prueba
superada en su primera fase, ahora solamente me queda dar a luz! –Dijo
riendo- Estaba
pasmada, pero aún más sorprendida cuando Mara se levantó de la cama y
cogiéndome de la mano se dirigió al cuarto de baño. No entendía como
podía andar con ese objeto tan grande metido en su vagina. -¿Qué
haremos en el cuarto de baño? -¡Está
claro no...! Expulsaré el bebe y lo pondré todo perdido al romper aguas. Cuando
decía romper aguas se refería a mearse de gusto y por el esfuerzo que
tenía que realizar para expulsar semejante bebé. Se introdujo en la bañera
y con las piernas encima de los bordes, empezó haciendo contracciones
para ganar la apuesta... me agarró de la mano y en cuatro contracciones
el bebé vio la luz... miré al interior de su vagina y estaba llena de
jugos vaginales mezclados con lubricante, ella con sus dedos los recogía
y los saboreaba con signos evidentes de placer. -Me
has ganado la apuesta, y además estoy de lo más cachonda, lástima que
tenga el problema que tengo. -No
te preocupes, ese problema el lunes no lo tendrás, ¡te lo aseguro! Ahora
quiero cobrarme mi apuesta, quiero verte vestida con el traje de nylon. Sin
ni siquiera limpiarse el coño, Mara salió de la bañera y fuimos en
busca de la prenda y del vibrador. -Toma,
aquí lo tienes póntelo es igual que el que llevo puesto, ¡verás las
sensación de bienestar que te provoca! Casi
deseándolo me despojé rápidamente del sujetador y las bragas quedándome
desnuda frente a ella. Mara clavo su mirada en mi vulva, en concreto en mi
monte de Venus, posiblemente miraba mi gran cantidad de vello púbico, de
ahí la dirigió a las bragas que las había depositado encima de la cama,
las recogió y exhaló profundamente para impregnarse de su olor. -Que
cochina que eres Mara, esas bragas la he llevado todo el día puestas y
deben de oler a rayos. -¡A
rayos, qué dices! Huelen de maravilla, me las quedaré para mi colección
de bragas usadas. Venga vístete que te enseñaré mi colección de bragas
usadas de todas mis amigas y conquista... no olvides los zapatos de tacón -¿Estoy
bien así, te gusta? -Sí,
estás muy excitante y te queda como anillo al dedo. ¿Dime, que sensación
tienes? Era
cierto lo que decía, el roce de esa finísima fibra de nylon provocaba en
mí una sensación difícil de explicar pero que hacía que me sintiera
muy a gusto... Marga se acercó a un armario y abrió sus dos puertas, tiró
de uno de los cajones y allí estaban, bragas de todo tipo y clases de géneros.
Yo misma quede asustada. Tomó unas entre sus manos y me las dio a oler,
lejos de rechazarlas, acerqué mi nariz y exhalé profundamente. -Huelen
de maravillas, ¿De quién son? -No
te recuerda su perfume a nadie, son de la directora de recursos humanos. -¿De
esa vieja? ¡Guasch... qué asco! Dije
asco, pero en realidad fue un morbo tan profundo y excitante que las tomé
en mis manos y las restregué contra mi pecho. Mara se reía sabedora de
que su estrategia estaba haciendo estragos en mi cerebro. Durante más de
media hora estuvimos oliendo bragas de las distintas mujeres con las que
había estado, reímos hasta no poder más... con lo que me estaba
contando llegué a la conclusión de que era cuando menos una ninfómana,
¡eso sí, con sed de mujeres! -Ahora
querida amiga, llega la hora de la verdad, ¡tu iniciación! Este es el
momento de que te tumbes en la cama boca arriba, abras las piernas, te
relajes y me dejes que te haga sentir el placer más intenso que has
experimentado en tú lamentable vida sexual. Como
dijo, me tumbé en la cama y cuando me disponía a descalzarme, Mara me lo
prohibió. Decía que le gustaban las mujeres vestidas y que una mujer sin
zapatos es una mujer desnuda. Como era su cama, hice lo que deseaba y quedé
a su merced... Lo que sucedió después fue una de las cosas más
maravillosas que me había sucedido nunca, intentó introducirme el
vibrador por la vagina. Como con acto reflejo contraía mis músculos,
ella con gran sabiduría, una vez los había contraído metió de repente
un dedo en mi ano, contraje el esfínter y aprovechó el momento para
meter el vibrador hasta el fondo de mi vagina. -No
aprietes, relájate y déjate llevar por las vibraciones de este aparato. -Empiezo
a sentir un gusto que jamás imaginé pudiera experimentar. No sé qué
decirte, es extraño pero creo que me da más placer tu dedo introducido
en mi recto que el vibrador en la vagina. Mara
al escuchar eso, se dedicó en cuerpo y alma en hacerme disfrutar dándome
por el culo con su dedo, dedo que estaría impregnado de mis heces, pero
que a ella no parecía importarle lo más mínimo. Hacía movimientos
giratorios y yo sentía que removía mis entrañas, ¡qué placer! -No
pares Mara, creo que has descubierto mi punto “G” es magnífico, estoy
a punto de llegar al orgasmo. Distintas
contracciones y convulsiones dieron paso a un tremendo orgasmo acompañado
de interminables gritos. Me quedé tan relajada que me quedé estirada en
la cama y aún continuaba con el vibrador introducido en mi vagina.
Pensaba que aquello había terminado, pero estaba muy equivocada no había
hecho más que empezar. Mara era una máquina de hacer el amor que durante
esos dos días en su casa hizo que supiera lo que era disfrutar. Descubrí
lo que se disfruta haciendo un griego, practicamos hasta saciarnos el beso
negro y nos dimos infinidad de besos franceses. En definitiva, el lunes
cuando estaba en la oficina era una mujer nueva que había dejado su
mojigatería atrás. Gracias,
gracias, gracias... Amiga Mara, ¡me has convertido en una mujer! *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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