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Relato El
verla así me producía un excitación tan intensa que sin ni siquiera
liberar mi pene del calzoncillo llegaba a eyacular. Ella al verme se reía
y le daba más caña a su succionador vaginal, ¡te harás daño le dije! -No
seas tonto, este aparato lo único que hace es concentrar el flujo sanguíneo
en mis labios vaginales, ¡si supieras las cosquillas que siento! Oye, me
han dicho que existe un aparato similar para alargar el pene, ¡ya sé que
te regalaré para este cumpleaños! No
dejaba de reírse mientras acercaba sus enormes labios vaginales a mi boca
para que los succionara y le diera más placer si cabe. De su vagina
mientras tanto empezaba a brotar gran cantidad de exudado vaginal, su
aroma a sexo se esparcía a distancia y yo cada vez estaba más excitado. -¡Acércate
y chúpamelo! No te hagas de rogar cariño, ¡sabes que lo necesito! Yo
le entendía, sabía a ciencia cierta que mi mujer necesitaba ser amada en
cada instante del día, pero había llegado a un punto en el que no podía
hacerla feliz. -Aurora,
no puedo más. Lo siento cariño, pero debemos encontrar una solución a
tu grave problema de furor vaginal. Ya
lo habíamos hablado anteriormente, la dejé allí, con los labios
vaginales hinchados que le brillaban como si fueran a estallar. Salí de
casa y fui en busca de dos compañeros de trabajo a los que estaba seguro
que les gustaría la idea de follarse a mi mujer en mis propios morros...
una vez en el bar donde estaba seguro de encontrarlos me dirigí a uno de
ellos: -Hola
Venancio, tengo algo que proponerte a ti y a Clodomiro. ¿os gustaría
echarle unos polvos a una mujer que conozco? Las
carcajadas se escucharon en todos los rincones de aquél pequeño y
ruidoso bar. -¿Qué
dices Anacleto? No estarás proponiéndonos que nos follemos a la puta de
tu mujer. -Así
es, ¿acaso no es de vuestro gusto? -Es
una mujer muy hermosa, pero chico, es una fiera en la cama y no está
nunca satisfecha, ¡lo sentimos, no podemos ayudarte! La
noticia de que mis compañeros de trabajo ya se la habían tirado era una
noticia nueva para mí. Por lo visto me ponía los cuernos con todo bicho
viviente pobre de mí, ¡yo sin enterarme! Salí de aquel local ruidoso y
cutre con las sensación de que tropezaría con mi cabeza en el marco de
la puerta de salida. Llegué a casa y sentí los gemidos de Aurora que
seguía incansable masturbándose. -Cariño,
ya estoy aquí de vuelta. Siento decirte que mi búsqueda ha sido
infructuosa, solamente he encontrado a Venancio y Clodomiro y me han dicho
que ni de coña volverían a follar contigo, ¡dicen que eres insaciable! -¡A
esos dos cachos de mariposas has ido a buscar! Veo que vives en una nube,
a esos dos les gustan más los hombres que la mujeres. ¿De
verdad? además de ser un cabrón consentido parecía que no me enteraba
de nada de lo que sucedía a mi alrededor. Aurora, se quitó el
succionador del coño y con su vulva que apenas le cabía entre las
piernas se acercó al teléfono, abrió la guía por la letra “n” Y
llamó: -¿Eres
tú Niceto? –Sí, creo que contestó- Te necesito negrazo, estoy deseosa
de tu gran verga, ¡te espero semental! Mi
esposa tenía un grave problema, ¡yo tenía un preocupante inconveniente!
No pasaron más de 20 minutos cuando Niceto tocó el timbre, ¡cielos! Por
la puerta entró un tío de color... de color negro oscuro que debía de
medir -¿Anacleto,
ves que pito? Este falo erecto y de gran dimensión hará que quede
satisfecha por el resto de la noche, ¡Niceto es un tío genial! Que por
un módico precio me hará feliz, ¿Verdad Niceto? -Nunca
mejor dicho Aurora, ¡es más! Hoy me siento rumboso y en el precio
habitual incluiré la sodomización de este bello ejemplar. El
muy cretino se refería a mi culo como bello. Si pensaba ese desgraciado
semental que iba a estrenar mi ano estaba equivocado... el equivocado era
yo, porque mi mujer cuando hubo satisfecho su evidente furor, toda eufórica
animó al monstruo Aniceto a que me diera por el culo. Con la ayuda de
semejante gigante, Aurora me ató boca abajo de las manos y de los pies a
la cama con los grilletes que teníamos para nuestros juegos sexuales.
Con las piernas abiertas mi culo quedaba a la disposición de la
herramienta descomunal de aquel engendro, ayudado por mi diabólica ninfómana
particular, fue ella la que se encargó de lubricar con abundante crema la
entrada de mi ano. -¡No
Aurora, dile que no lo haga! –Suplique casi llorando- Ella
hizo oídos sordos, él se reía con una sonrisa socarrona que me hacía
temblar del miedo. Estaba tranquilo porque sabía que la biología la tenía
de mi lado, llevaba dos días sin hacer de vientre, por lo que ese
instrumento de sodomización forrado de un inmenso condón, no podría
cumplir su objetivo... eso es lo que pensé, pero por lo visto el día que
en la clase de física dijeron que la materia se comprime, ¡yo falté a
clase! Aquel puntero perforador de -¡Aurora,
mi pene reventará, por favor desátame! Mi
mujer, que me quiere, que me quiere seguir poniendo los cuernos sin tener
que preocuparse por la economía familiar me desató, me puse en el suelo
a cuatro patas, ella al ver las dimensiones de mi pene se lo introdujo en
la boca y aprovechó la eyaculación que aquel animal me provocaba entre
bombeo y bombeo, ¡que noche aquella! Además de descubrir que mi querida
esposa me ponía los cuernos, supe que me gustaba que me dieran por el
culo. *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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