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Trio
de incesto
Trío
de incestos, Mi hijo, mi hija y yo
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Datos ténicos |

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| Título: |
Trío de
incesto |
| Autor: |
Gestialba.com |
| Productor: |
Gestialba.com |
| Gión: |
Gestialba.com
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| Protagonista principal: |
Ambrosio |
| Actores: |
Anbrisio,
Blanca, Madre. |
| Musica: |
Gestialba.com |
| Fotografía: |
Gestialba.com |
| Editada: |
2007 |
| Género: |
Erótico -
Fantasía |
| Duración: |
005
minutos |
| Recomendada: |
Mayores de
18 años |
RelatoTrio
de incesto
Me
estaba duchando cuando me sentí observada, con urgencia terminé de
lavarme y cubrí mi cuerpo con
la toalla de baño para fuera el que fuera, no me pudiera ver por más
tiempo desnuda... miré la cerradura de la puerta, por olvido dejé sin
echar el cierre. En casa solamente estaban mi hijo Ambrosio y mi hija
Blanca... salí del cuarto de baño con determinación de saber quien es
el que había estado mirando. Los dos estaban jugando a la consola como si
no hubieran roto un plato, con voz de pocos amigos les pregunté:
-¿Quién
de vosotros dos me ha estado espiando mientras me estaba duchando?
Los
dos se quedaron callados mirándose el uno al otro con mirada de
complicidad ya que se compenetran en todo. Blanca es la mayor que tiene 22
años y 20 tiene Ambrosio, son dos chicos de estar en casa, apenas si
salen a la calle como no sea para ir a la universidad, ¡no son muy amigos
de fiestas! Y suponía que alguno de los dos estaba falto de mujer, y ese
no podía ser otro que Ambrosio, aunque Blanca también podía ser, ¿por
qué no?
-Chicos,
lo volveré a preguntar una vez más, ¿Quién me ha estado mirando?
-He
sido yo mamá, tenía que ir a orinar, o como estaba la puerta abierta he
entrado creyendo que no había nadie. –Contestó Blanca agachando la
cabeza-
La
cosa quedó así, nadie me había estado mirando, era una confusión por
mi parte, ¡eso es lo que pensé! Pero unos días después eché a faltar
unas bragas que puse en el cesto de la ropa para lavar, cuando fui hacerlo
me percaté de que no estaban... no le di más importancia, mis hijos están
ahora descubriendo el mundo sexual, ¡su mundo sexual! Suponía que las
bragas eran un fetiche, no les podía culpar. Si alguien era culpable de
lo que estaba pasado en mi casa esa era yo, ya que a mis hijos los he
criado yo sola, porque mi marido cuando Ambrosio tenía un año, se marchó
diciendo que iba a buscar tabaco y todavía le estoy esperando (lo
atropelló un camión). Los he mimado tanto que no saben nada de las cosas
del sexo. Una idea invadió mi cabeza, si no sabían nada del sexo, ¡yo
les daría sexo!
El
viernes por la noche que es uno de los días que más me gustan, es el día
en el que más me puedo relajar porque el sábado no se trabaja, los reuní
a los dos en el salón y les dije que llevaba un tiempo observándolos y
que me había dado cuenta de que los dos me miraban las piernas y los
pechos, y que eso solamente significaba una cosa, ¡deseo! Los dos se
quedaron mudos, entonces si remilgos le pregunté al bueno de Ambrosio:
-¿Has
visto alguna vez una mujer desnuda?
-¡Qué
pregunta mamá, por supuesto que sí! –Contestó con gesto de
contrariedad-
-¿Y
tú Blanca, has visto hombre o mujer desnuda alguna vez?
-¿Mamá,
piensas que soy tonta? No sabes que existe una cosa que se llama internet
en la que puedes encontrar fotos y películas de hombres y mujeres
desnudos haciendo toda clase de posturas. –Dijo cabizbaja-
-Hijos,
veo que me he equivocado, serán manías mías cuando digo que os veo mirándome
como a una mujer, no como a una madre. Estaba dispuestas a contaros lo que
no supierais, e incluso a enseñaros mi cuerpo, ¡perdonadme, os pido
excusas!
Siguieron
viendo la televisión, y como soy una persona muy tozuda y más
desconfiada, no estaba convencida de lo que habían dicho... por eso fui a
mi habitación y me vestí con la falda más corta que tenía en mi
armario, la camisa mas sexy y la ropa interior más provocadora... regresé
al salón y me senté frente a ellos, que como siempre estaban jugando a
la videoconsola... crucé las piernas dejando gran cantidad de muslo al
aire, ellos parecían no darle importancia y seguían jugando como si nada
estuviera sucediendo. Pasado unos segundos empecé a acariciarme las
piernas estirando las medias hacia arriba, al llegar a los muslos no reparé
en alzar la falda y mostrarle las bragas. Fue entonces cuando mi hija
reaccionó diciendo:
-¡Mamá,
vas muy sexy vestida! ¿Vas a alguna fiesta?
-No
hija, es que estoy muy excitada y me hadado por vestirme así, ¿te gustan
las bragas que llevo? Son casi trasparentes y dejan ver toda mi vulva.
-Si
ya me he dado cuenta, me he fijado que te has depilado toda. ¡Estás
preciosa!
-¿Te
gusta el coño depilado, tu lo llevas?
La
conversación se fue caldeando, ella estaba roja como un tomate maduro, yo
algo nerviosa porque la conversación tomaba derroteros un poco fuertes...
Ambrosio no me quitaba ojo y vi como su bragueta crecía sin él poderlo
remediar.
-No
mamá, yo lo llevo en plan salvaje, me da mucho miedo ponerme ahí una
cuchilla, ¡me puedo cortar!
-¡No
seas tota! ¿Quieres que yo te depile? Si te dan miedo las cuchillas lo
podemos hacer con cera.
-Mamá,
me da mucha vergüenza, además está aquí Ambrosio, ¡no hables de esas
cosas!
Seguí
machacando ya que estaban donde quería, ¡eran míos! Sí, además de ser
mis hijos estaba decidida que ese día aprendieran en vivo y en directo
todo lo que yo les pudiera enseñar sobre el sexo.
-¡Déjate
de tonterías! Es tu hermano, y yo soy tu madre. Prepárate que boy al
cuarto de baño a por la cera, ¡verás que suave quedas!
Regresé
con el calentador de la cera, y la hice que se pusiera en el sofá encima
de una toalla de baño... cuando se quitó las bragas por poco me caigo
del susto, como ella decía lo tenía en plan salvaje, ¡qué horror! El
pobre Ambrosio tenía una erección de tres pares de cojones, estaba
padeciendo por él, por eso con descaro le dije:
-Hijo,
mientras yo dejo el cocho de tu hermana en condiciones, tú para solventar
ese problema que tienes, puedes masturbarte aquí, ¡será interesante!
¿Me
estaba volviendo loca o simplemente era una mujer que quería dar a sus
hijos lo que sus hijos deseaban? Los cierto es que desde hacía 8 años
que una fiesta de la empresa había echado un polvo, no había vuelto a
ver una polla ni en película... apagaba mis deseos mediante la masturbación
a solas en mi habitación. De hablar y de pensar en lo que podía terminar
la noche mi vagina estaba algo húmeda.
-Mamá,
aunque lo deseo, es tanta la vergüenza que me da, que estoy seguro que si
me bajo los pantalones mi pene se pondrá flácido.
-¡No
seas tonto! Inténtalo, así tu hermana y yo veremos de que armamento
dispone el hombre de esta casa.
Se
calló, dudó pero en unos instantes aunque titubeó se desabrocho el
cinturón y se bajó los pantalones dejando al aire los calzoncillos que
no podían ocultar la potente erección que tenía... se quitó de un tirón
el calzoncillo dejándonos ver su enorme cañón. Sin duda Ambrosio había
heredado el gran pene de su padre, ¡me relamí! Pensando en lo sabroso
que estaría ese pene. Blanca con los ojos como platos exclamó:
-¡Joder
hermano, qué polla!
-¡Valla
toalla para llevarse a playa! –Contesté yo, todos reímos-
Puse
manos a la obra en la tarea de depilar a Blanca, cuado en realidad lo que
me hubiera gustado es poner mis manos en la enorme verga de mi querido y
ahora deseado hijo, pero lo primero era lo primero. Para estar cómoda me
quité la falda y la camisa quedándome en una excitante y provocativa
ropa interior. Era una escena digna de una de las mejores películas de
incesto... Blanca despatarrada para que le pudiera quitar hasta el último
vello, y Ambrosio a su lado masturbándose lenta, muy lentamente para que
no explotara su enorme cañón, pero a pesar de eso, era tanta la excitación
que tenía, que no lo pudo evitar, Gritó:
-¡Apartaros
que mancho!
Recordaba
el buen sabor del semen de mi desaparecido y amado esposo, rápida como
speedy González tomé el vaso en el que me estaba bebiendo un cubata, y
se lo puse haciendo presión sobre el glande que no cabía en el vaso...
todo lo había heredado de su padre, ¡no había duda! Era su hijo, no era
del butanero que por aquellas fechas solía echarme algún que otro polvo.
La tenía enorme, y eyaculaba exageradamente, después de una ráfaga de
unas quinces balas trazadoras dejó el vaso lleno a rebosar.
-¡Joder
Ambrosio, eso es eyacular lo demás es cuento! –Dijo Blanca relamiéndose
los labios con la lengua-
-¡Hijo,
eres fantástico, me recuerdas a tu padre! Espero que el sabor de este
semen también sea como el de él.
-¿No
estarás pensando en bebértelo? –Dijo Ambrosio con cara de asombro-
-¡Por
su puesto! Es una de las cosas que más disfrutaba de tu padre, no había
un eyaculación que no aprovechara. Si eyaculaba dentro de mi vagina, él
succionaba con su boca extrayendo gran cantidad de semen y me lo pasaba a
mi boca para que yo me lo tragara. ¿Quieres un poco Alba?
-No
mamá, ¡todo para ti! –Dijo haciendo ademanes de vómito-
-¡Vale,
tu te lo pierdes! ¿y tú hijo, quieres un sorbo?
-Sí
mamá, a mi si me gusta su sabor, lo he probado muchas veces. Sobre todo
me gusta cuando está frío, ¡es sensacional! Por cierto, fui yo quien te
cogió las bragas... me gusta oler su penetrante aroma de mujer.
-¡Ya
lo imaginaba! –Le dije sonriendo-
Alba
la pobre se había quedado a medias de depilar, de hecho todavía no había
empezado a quitarle ni un solo pelo, se quedó espantada y asqueada de
vernos tragar el baso con el semen. Aprovechando que a Ambrosio también
le gustaba el semen le pedí que pegara un trago del vaso y que lo
mezclara con su saliva y que luego me lo pasara a mi boca para saborearlo,
quería así recordar la memoria de su padre... sentir la mezcla de
cubalibre, semen y saliva, agregado a su tibio aliento provocaron en mí y
repentino orgasmo que demostré con varios espasmos y contracciones.
-¿Mamá,
has tenido un orgasmo? –Preguntó Alba-
-¡Sí
hija! –Exclamé con voz trémola-
Después
del primer envite, con el enorme cañón, mi hijo se sentó junto a su
hermana, ésta, le incitó a que la besara, él no lo dudó... la cera
estaba apunto para ser aplicada, empecé por las ingles... Blanca estaba
tan excitada con los besos de su hermano que no se daba cuenta de los
tirones que le daba para ir poco a poco depilándola, ¡fue genial! A
pesar del dolor, que sé que la depilación provoca, no se quejó lo más
mínimo, la dejé lisa y suave como cuando era una niña... Le apliqué
crema suavizante y dije:
-¡Blanca,
ya estás blanca!
La
noche prometía, la piel blanca y suave de Blanca parecían estar diciéndome,
¡mamá cómeme! No me hice mucho de rogar, mientras Ambrosio seguía
besando y acariciando a su hermana, yo empecé a saborear todo y cada uno
de los rincones de su vulva, su conejo, todo él, sabía a crema
hidratante y su almeja en particular tenía el sabor a mujer mezclado con
el de crema... sorbo a sorbo fui recogiendo la mucosa vaginal que ella
excretaba, estaba tan ocupada y parecían gustarle tanto los besos de su
hermano, que no daba ni un gemido ni muestra de placer alguno, entonces
hablé:
-¡Hijos,
ahora me toca a mí!
Como
buenos y obedientes hijos dejaron de besarse y pasaron a la acción,
Ambrosio estaba otra vez con su gran polla a punto de explotar, pero como
no teníamos condones, y yo estaba en fase de fertilización le dije que
me lamiera el coño, que otro día follaríamos, pero el muy desgraciado
hizo caso omiso y me introdujo su hermosa picha hasta el fondo de mi elástico
coño, que se adaptó a su tamaño en cuestión de segundos... como no podía
correr el riesgo de quedarme embarazada (con dos hijos tengo de sobra)
hice que la sacara con urgencia, ¡menos mal que lo hice! De haberla
mantenido dos segundos más en su interior me hubiera dejado seguro preñada,
¡que corrida! Si la primera fue abundante la segunda hizo que me bañara
literalmente en semen.
-¡Ala!
–Exclamó Blanca-
Ambrosio
una vez calmado de los espasmos de su orgasmo se dedicó a recoger todo el
semen que había esparcido por mi cuerpo, Blanca mientras tanto se
masturbaba frente a nosotros mirándonos con cara de asco y placer a la
vez.
-¡Me
tenéis abandonada! –Volvió a exclamar Blanca-
Entonces
Ambrosio dejó de lamerme y sin decir nada salió en dirección a su
habitación, en cuestión de 30 segundos volvió con un paquete de
condones de 24 unidades. Se colocó uno en su mojada y pegajosa verga y
sin pensarlo dos veces se dedicó a follar a su hermana dándole bestiales
envites... entonces ella, gritaba, gritaba de dolor y de placer, de su
vagina salía algo de sangre, bien por el desgarro del himen o por el
desgarro de la vagina al ser introducida por la descomunal polla de
Ambrosio.
-¿Qué
es esto? –Preguntó Alba espantada al verse la sangre-
-No
pasa nada hija, eso es que tu hermano te ha desvirgado.
La
caja de de condones se nos quedó corta, Ambrosio era una máquina
incansable de follar, y nosotras éramos insaciables, ¡qué fin de
semana! Quedamos agotados, desde aquel día, follamos como locos sin
pensar en que lo que hacemos no está bien visto por la sociedad, ¿Pero
qué le importa a la sociedad lo que nosotros hacemos? Eso sí, tanto Alba
como yo, aunque desearíamos sentir el tacto del pene de Ambrosio, nos
cuidamos muy mucho en que no nos folle a pelo, que tener hoy en día un
hijo, es muy caro, ¡más si son dos!
Los
años han pasado, Alba ha conocido a un chico con el que se ha casado y se
ha ido a vivir a Nueva York ya tiene tres hijos. Ambrosio terminó la
carrera de periodismo, pero con su gran polla, le hizo dedicarse al cine
porno. Hace 7 años que no les veo... Mis hijos como es ley de vida me han
dejado sola, y no se acuerdan de mí, pero para nada les añoro, les suplo
follándome un día al butanero, otro al electricistas y cuando se tercia
al fontanero, ¡me da igual! Lo cierto es que desde que follé con mis
hijos me he convertido en una mujer ninfómana con un gran problema de
furor uterino, ¡y eso pese a mi edad! ¿Quién dice que hay edad para el
sexo? ¡Soy la ostia! Solamente tengo 50 años y yo misma me estoy
llamando vieja. Llaman a la puerta, ¡debe ser el panadero!
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