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Datos ténicos |

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| Título: |
Violencia
de género |
| Autor: |
Gestialba.com |
| Productor: |
Gestialba.com |
| Gión: |
Gestialba.com
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| Protagonista principal: |
Eulalia |
| Actores: |
Eulalia,
Clodomiro |
| Musica: |
Gestialba.com |
| Fotografía: |
Gestialba.com |
| Editada: |
2006 |
| Género: |
Terror |
| Duración: |
005
minutos |
| Recomendada: |
Mayores de
18 años |
Relato
Voy a contarles una historia que sucedió hace algún tiempo, es una historia vigente que por desgracia se sucede día a día. El maltrato a las mujeres y niños viene de lejos pero ahora con los medios de comunicación se divulgan constantemente, es una lacra que las mujeres tenemos que soportar. La violencia de género o violencia doméstica es soportada tanto por niños como por mujeres, en todos y cada uno de los países del planeta, sin diferenciar culturas.
Chicas, éste, mi testimonio va dedicado a todas vosotras. Si tenéis la mala fortuna de dar con un hombre que os pone la mano encima, no dudéis ni un solo instante el abandonarlo ¡Recordad, el que pega una vez, sigue haciéndolo! No os dejéis torturar como lo han hecho conmigo.
No había cumplido los 18 años cuando me enamoré de un chico de 22, fue tal el flechazo que en dos meses nos casamos, a pesar de los consejos en contra de mis padres y conocidos. Era un chico simpático, amable y guapo, pero la primera semana de casados se despojó de su disfraz, se quitó la piel de cordero y resurgió la del lobo que llevaba dentro.
Los tres primeros días de luna de miel fueron fantásticos, pero esa felicidad duró simplemente quince días, a partir de ese momento los insultos empezaron a hacer mella en mí ¡Eres una imbécil! ¡No vales para nada! ¿Eres tonta? ¿Qué haces? ¡Eso no es así! Y eso día tras día. Tráeme una cerveza, ponme la cena, hazme esto, trae lo otro. Cansada de esa humillación y de ese servilismo le dije:
-Clodomiro, no sigas por ese camino, vale que me utilices como criada pero por favor trátame como a una persona.
Para qué le dije aquello, se levantó y me dio dos bofetones que hicieron que cayera redonda al suelo, perdí el conocimiento y me oriné encima. Cuando desperté estaba tumbada en el sofá y él hablándome:
-Lo siento cariño, perdóname he tenido un arrebato ¡No lo volveré a hacer! ¿Me perdonas?
A su pregunta contesté con el silencio, mis 18 años recién cumplidos no me permitían reaccionar de otra manera. Estuve cinco días en cama, me dieron la baja fingiendo una gripe, él mismo se encargó de ir al médico para conseguirla. Durante esos días me miraba al espejo y con los labios hinchados me preguntaba ¿Qué es lo que he hecho? ¿Por qué me ha pegado? Debe ser que lo he cabreado, no lo debo hacer para que no vuelva a pegarme. Pasados los días de baja, ya apenas se notaba nada en la cara debido al maquillaje que me aplicaba, por lo que fui al trabajo como si nada hubiera sucedido. Los compañeros al verme decían:
-¿Ya estás bien Eulalia? ¿Te noto un poco hinchada?
-Estoy recuperada, hinchada debo estar por el efecto de las medicinas.
En el trabajo, y con 18 años tenía que mentir por vergüenza a decir la verdad ¡Si estar casada significa ser esclava, y recibir palos! Creo que me lo pensaré. Al salir hoy del trabajo he tenido una sorpresa, mi marido estaba esperando en la puerta y ha dado la casualidad que he salido hablando con un compañero:
-¿Qué haces aquí, Clodomiro?
-He venido para vigilarte ¡Puta! Más que puta.
-¿Qué estás diciendo? ¡Te lo pido por favor, no me insultes!
Avergonzada subí al coche y durante todo el trayecto no volvió a dirigirme la palabra ¿Por qué me siento tan mal, no soy yo la que tengo que estar avergonzada? ¡No he hecho nada! Me ha llamado puta ¿Por qué? Estoy segura de que cuando llegue a casa la vamos a tener. No me equivoqué ni un ápice, nada más llegar al interior de nuestro piso me propinó mi primera gran paliza. Me dio palos por todos los lados, pero cuidándose de no pegarme en la cara, me llamó puta calienta-pollas, una y otra vez, después de calentarme a su gusto, me tiró sobre la cama y me folló sin protección alguna hasta que se cansó. Con la paliza que me propinó, cuando me estaba penetrando me sentía violada, pero debido a su superior fuerza me veía incapaz de huir ¡Estaba aterrorizada! Para acabar me dio un pellizco fortísimo en los labios vaginales y me dijo:
-Arréglate y ponme la cena ¡Puta, que eres una puta!
Con el miedo en el cuerpo y sollozando como una niña, le preparé la cena y se la serví en la mesa de la cocina y con una voz casi de ultratumba lo llamé:
-Clodomiro, tienes la cena servida en la mesa de la cocina.
-¿Es que eres estúpida? ¡Sírvemela en la mesa del comedor! –El muy cobarde gritó-
Serví los platos en la mesa del comedor como me ordenó, esta vez no me oriné por la pérdida de conocimiento, pero me temblaban las piernas, casi no era capaz de servirle la comida, le llamé:
-Clodomiro tienes la cena servida en la mesa del comedor.
Cuando llegó procedente del salón, vio mi plato dispuesto frente al suyo, y sin mediar palabra alguna lo estampó en el suelo y me gritó:
-Tú eres una criada, desde ahora mismo comerás sola en la cocina. Recoge todo eso del suelo y vete ¡Me das asco!
Llorando y dolorida de los golpes recibidos que al enfriarse me dolían que no se podía aguantar, recogí el plato y los restos de comida, me fui al dormitorio para ahogar mis penas llorando como si de una niña que se había portado mal se tratara ¡Me siento culpable! ¿Culpable de qué? Era la segunda vez que me pegaba y ya me sentía la causante de lo sucedido ¡Para mis adentros creía que era mi culpa, que era yo la que hacía algo mal! Le oigo llegar:
-¿Estás dormida Eulalia? ¡Cariño lo siento! No te volveré a pegar ¡No lo he podido evitar! Verte hablando con ese chico a la salida del trabajo me ha sacado de mis casillas ¡Te prometo que no volverá a pasar!
Al verlo me acurruqué en posición fetal en la cabecera de la cama agarrándome fuertemente a la almohada ¡Temblaba de miedo! Con mimos y mucho cariño me volvió a follar sin mí consentimiento y sin protección alguna.
Pasaron los meses y a consecuencias de aquellas violaciones quedé embarazada, parecía que había cambiado y estuve nueve meses sin ser golpeada, pero si dominada, asustada y constantemente denigrada. Estaba apunto de cumplir los 19 y en mi rostro se leía la amargura. Estaba viviendo con un hombre al que le servía como muñeca del placer y como criada. En el fondo sabía que aquella paliza recibida el día que quedé embarazada no sería la última, pero no tenía fuerzas ni valor para dejarle, me tenía moralmente hundida, mi depresión iba en aumento. Nunca quise implicar a mi familia, ya que sabía que podía ocurrir una tragedia ¡Yo viví la tragedia! A los nueve meses tuve mi hija, coincidiendo con el día de mi cumpleaños. ¡Casualidad o coincidencias de la vida! En cualquier matrimonio feliz, hubiera sido cosa de pura alegría, yo lo tomé como un presagio de mi infelicidad. Nada más verla:
-A ver mi niñita ¿Se parece a su padre? –Dice a todos Clodomiro en voz alta-
-¡No, se parece al butanero! –Rauda le contesté-
Allí, delante de todo el mundo me ridiculizó hasta hacerme llorar. Dijo que al butanero no se parecía, pero que no descartaba que fuese hija de cualquier otro de los que me había follado ¡Todos callaron! Ese día, fue el primer día del fin de mis días. Nada más salir de la clínica donde di a luz a Teresa recibí mi tercera agresión física, de camino a casa, sin motivo ni discusión alguna me propino un puñetazo en el costado que me dejó sin respiración. Llorando de dolor le supliqué que me llevara a urgencias, ya que parecía había hundido una costilla con el puñetazo y que me tenían que curar. Accedió diciendo:
-Te voy a llevar, Puta ¡Que eres una puta! Pero como se te ocurra decir que te he pegado te juro que te corto el cuello. Diles que te has caído por las escaleras. ¡Ya te daré, se parece al butanero!
En ese momento me di cuenta de que era un ser malvado, frío, cobarde y despiadado que era capaz de lo peor. Aterrorizada, y con un dolor inaguantable entré en urgencias, cuando me preguntaron que es lo que me pasaba apenas les pude contestar, tenía un nudo en la garganta provocado por el miedo pero como pude le expliqué a los médicos que me había caído cuando subía por la escalera con mi hija en los brazos cuando me dirigía a mi casa. Se lo creyeron, me curaron y me dieron unas pastillas para calmar el dolor. Me dieron hora para volver y ver la evolución de la costilla. Cita a la que por cierto no me dejó asistir.
Fueron pasando los años y aterrorizada y anulada como persona le seguía aguantando, las palizas se iban sucediendo, he perdido la cuenta pero creo que llevo alrededor de treinta palizas en estos diez años de convivencia como criada y como muñeca sexual, cada vez que le apetece me viola ¡Digo me viola, porque nunca es con mi consentimiento! Desde que tuve mi tercer hijo ya hace siete años no ha dejado de pegarme, me tiene hundida física y moralmente. ¡Ha conseguido que crea que no sirvo para nada! Con mis 28 años de edad soy como un cadáver marcado con cicatrices por todo el cuerpo, no tengo ganas de vivir y por mi cabeza a rondado la idea de dejar este mundo ¿Vale la pena vivir?
Desde que tuve a Teresa, se las ingenió para que dejara de trabajar y así tenerme también sometida económicamente a él. Cuando lo veo aparecer por la puerta al finalizar el día siento arcadas, a veces no las puedo contener y vomito ¡Es puro terror! Mis hijos empiezan a darse cuenta de lo que ocurre aunque todavía son pequeños. Teresa con diez años cumplidos ayer mismo es la más rebelde, muchas veces recrimina a su padre al ver la manera de tratarme, José el segundo tiene 9 años y cuando su padre discute conmigo, cosa que ocurre todos los días, no lo puede remediar y se hace pis encima.. Francisco el último con siete años se esconde en su cuarto y se pone a llorar. Entra por la puerta:
-¿Donde están mis niños? ¿Y mi niña preferida?
Teresa me ha preguntado en repetidas ocasiones del por qué no como con ellos en la mesa, yo le digo que así les sirvo y luego yo tranquilamente como más relajada. De momento a ellos no les ha puesto las manos encima ya que cuando lo intenta estoy yo delante, y soy yo la que recibe los palos, el maltrato psicológico les está afectando en el rendimiento escolar, en repetida ocasiones nos han llamado de la escuela para asistir a charlas pero Clodomiro hace caso omiso. Me dice:
-¡Oye imbécil! Ahora de regreso a casa, he caído en la cuenta de que últimamente no te has quedado embarazada ¿Cómo es posible?
-Debe ser porque ya no me acuesto con ningún hombre –Me atreví a decir-
No había terminado la frase cuando empezó a propinarme la paliza más cruel y despiadada que he recibido en toda mi vida, esta vez le importó un rábano el que mi cara quedara marcada. Fue tan violenta la paliza que quedé tirada en el suelo del salón sin poderme mover, echaba sangre por la nariz y boca, aún en el suelo seguía propinándome patadas. Mi hija teresa corriendo salió a pedir ayuda a los vecinos. Por suerte para mí, un vecino que es policía y que parece un armario de tres cuartos entró y lo pudo sujetar, estaba de servicio y le puso las esposas, se encargó de llamar a la policía para que hicieran un informe y lo detuvieran, llamó a la ambulancia, todo lo oía muy lejano ¡Mi vida se apagaba! Mamá, mamá ¡No te mueras! Gritaba Teresa llorando. Yo creo que esa paliza fue el mejor regalo que me han hecho en mi vida, debido a la paliza de muerte que me dio, pude conocer al policía, una bestia de hombre en estatura pero una bellísima persona. Él, ¡Ese maravilloso policía! fue quién hizo que desde ese día me convirtiera en la mujer más feliz del mundo.
Clodomiro por suerte para mí, fue condenado a 3 años de prisión por intento de asesinato mediante paliza brutal. ¡O algo así! Poco me importa, sé que ingresó en la cárcel ¡Es lo único que me importó! Aunque es el padre de mis hijos, deseo de todo corazón que ese hijo de mala bestia, se pudra entre rejas ¡Sé que no será así! Pero por lo menos descansaré de él tres años.
Gregorio el vecino policía fue a visitarme en repetidas ocasiones durante el mes de mi convalecencia con sus dos hijas de10 y 12 años de edad, además de hacerse cargo de mis tres hijos. Gregorio parece cosa del destino es una persona que también ha sufrido mucho en su vida, de pequeño se quedó huérfano de padre y madre, murieron en un accidente de tráfico. Hace un mes perdió a su esposa tras padecer un cáncer que la estuvo haciendo padecer durante más de tres años, la amaba con toda su alma y la trataba como se deben tratar a las personas ¡Es un encanto de hombre! Hemos salido ya en varias ocasiones todos juntos, los niños se llevan de maravilla y nosotros nos estamos enamorando. Tengo que reconocer que enamorarse de Gregorio no es nada difícil, observar como trata a sus hijos, a los míos y los mimos que me brinda, es como para ¡Comérselo! ¡Qué maravilla! A sus 42 años tiene una vitalidad envidiable, a pesar de su tragedia tiene ganas de vivir, esas ganas me las ha trasmitido a mí.
Mis trámites de separación están muy avanzados, en cuanto lo consiga hemos decidido casarnos. Me he buscado un trabajo para poder salir adelante, ya que no quiero volver a depender de hombre alguno ¡Espero no equivocarme con Gregorio! Sé que es imposible, todo el mundo me habla maravillas de él. Llaman al teléfono:
-¿Es la señora de Clodomiro Jiménez?
-Sí, soy yo ¿Qué desea?
-Señora, tengo que darle una mala noticia. Su esposo ha fallecido en un accidente laboral trabajando en la cárcel ¡Lo siento!
-No lo sienta, señor. ¡Es la mejor de las noticias que he recibido nunca!
Me da igual lo que piensen las personas que lean este escrito, estoy llena de alegría, era una persona tan malvada, que su muerte no me puede más que alegrar ¡Que el demonio lo acoja en su seno! ¡Así se achicharre!
Gregorio y yo nos casamos, hemos juntado los dos pisos que eran contiguos por una de sus habitaciones, hace años que somos una familia de lo más feliz. El día uno de noviembre que es el día de los difuntos en España todos juntos hemos ido a visitar las tumbas de la madre de los hijos de Gregorio y del padre de mis hijos. No les privo que lo hagan ¡Aunque no se lo merezca! Teresa que es la mayor y la de más carácter, prefiere visitar la tumba de la madre de los hijos de Gregorio, que visitar la de su padre. Yo ni alabo ni reprocho el gesto.
Mujeres que habéis leído este relato, no me extiendo más, os vuelvo a repetir, no dejéis que vuestros maridos nunca os ponga la mano encima, si lo permitís una vez ¡Estáis perdidas! Ellos se creen en ese momento que sois de su propiedad y que pueden hacer con vosotras lo que deseen. Si vuestro marido, amigo o compañero pone una mano encima de vuestro cuerpo sin vosotras consentirlo, os recomiendo que no discutáis ni le plantéis cara, recordad que ellos son más fuertes físicamente y os pueden hacer mucho daño. Si os encontráis en ese caso no le provoquéis, os retiráis a vuestra habitación y si es posible en ese mismo momento, en un descuido os marcháis y ponéis una denuncia en la comisaría más próxima. No volváis nunca más a vuestra casa. ¡Consejo de amiga! No os dejéis engañar, estos sujetos nunca cambian.
Denominación de la RAE
de Género
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