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Relato Una
vez en el aeropuerto no dejaba de mirar a las piernas de todas y cada una
de las mujeres que veía, ya fueran jóvenes o mayores y eso denotaba la
calentura que me acompañaba. Me recordaban a Daniela. Una vez en el avión
hasta las auxiliares de vuelo me la recordaban, todas mis miradas eran
para ella ¡Qué tormento! Cuando llegué a Barajas, nada más bajar del
avión me tomé un calmante para así poder relajarme, cogí el coche del
aparcamiento y me encaminé a la empresa. Como
tengo por costumbre siempre que llego de viaje, si es hora de oficina paso
por mi despacho para dar los informes pertinentes del lo sucedido en la
delegación correspondiente que es el cometido de mi trabajo. Ese día
sucedió así, llegué a las dos de la tarde y permanecí en el despacho
trabajando hasta las 5 en punto que es mi hora de salida ¡Como ya he
dicho me gusta ser puntual para entrar y para salir! Al
salir del trabajo como quedaban horas hasta que Penélope viniera y como
me faltaban algunas cosas para comer durante la semana, pasé por el
centro comercial para abastecerme de todo lo necesario ¡Es lo que hago
cada semana! Ese día en especial compré algunos extras para servir a mi
invitada. Ya
en casa mientras la esperaba ¡Estuve meditando! Si no quiero mantener
ninguna relación fija ¿Por qué gasto tanto dinero? El regalo que he
comprado para Penélope me ha costado... es muy caro, no se lo daré si no
le veo interés por mí ¡Las dudas me invaden! ¿Qué pretende encontrar
en mí? Si sólo quiere sexo la intentaré satisfacer pero si quiere amor
¡Lo pensaré! Mientras que llega la hora preparé la mesa para tener una
velada romántica y luego me ducharé y vestiré para la ocasión. Vencido
por el cansancio me eché en el sofá para descansar un rato ¡Cómo no!
Empecé a pensar en Daniela, mi pene como de costumbre se alegraba de ello
ya que llevaba muchos días sin practicar el sexo. Si llega el momento y
Penélope se deja penetrar, soltaré tal cantidad de semen que no me extrañaría
que rebosara el preservativo ¡Qué exagerado! Llaman al timbre, no creo
que sea Penélope, es todavía muy temprano, abriré la puerta: -¿Qué desea Sara? -Le he llamado para darle un encargo. El miércoles mientras estaba fuera, vino una chica vestida muy elegante a visitarle, como usted no contestaba yo salí y le pregunté qué era lo que deseaba. Me pidió su número de teléfono pero no se lo di ¿Hice bien? -Sí
Señora, hizo lo correcto. Gracias ¡Pase buena noche! Sara
mi cotilla personal describió a la chica en cuestión, y sin duda alguna
sus características correspondían a las de Daniela ¿Cómo puede ser? Si
me dejó plantado y se marchó de mala manera dejándome con tres palmos
de narices sentado en la mesa del restaurante ¿Qué querrá? La llamaré
por teléfono: -¡Dígame! –Reconocí su voz, era Daniela. -Soy Roberto, Hoy he llegado de viaje y mi vecina me ha dado el encargo de que quería hablar conmigo ¿Qué desea? -Tengo
un problema, alguien me vio el lunes con usted en el restaurante y se lo
ha dicho a mi esposo que es muy celoso ¡Por favor! Necesito que venga a
mi casa para explicarle que usted es simplemente un conocido y que no
tenemos ningún romance. Aunque
Daniela se había portado con descortesía, le dije que el sábado por la
mañana, alrededor de las 12 pasaría por su casa para dar explicaciones a
su marido y de momento le di mi teléfono por si tenía algún problema
para que me llamara. No tengo obligación de hablar con su marido, pero
como me siento indirectamente responsable ¡Lo haré! Aunque por otra
parte ¿Qué necesidad tengo de hablar con un tío celoso? Si al buen señor
le da por sacar un revolver y pegarme dos tiros ¿Quién me llorará?
Desde luego ¡Daniela no! Fue ella la que me citó en el restaurante, fue
ella la que quiso ir, yo no la obligué en ningún momento, por lo tanto
la volveré a llamar para decirle que lo he pensado mejor y que no iré,
que si lo desea le puedo hablar a su marido por teléfono: -¡Dime! –Contestó un hombre malhumorado- -¿Está Daniela, necesito hablar con ella? -¿Quién eres? -Soy Roberto ¡Una persona educada! ¿Y Usted quién es? -A
ti no ten importa quién soy. Me
colgó con gran estruendo el teléfono. Ese personaje debía de ser el
marido de Daniela, con ese humor no me extraña que Daniela sea una mujer
maltratada o cuanto menos no sea nada feliz. Decididamente no iré a su
casa, no me puedo arriesgar a entablar una discusión con semejante energúmeno. Ya
es la hora, Penélope debe estar a punto de llegar a esta mi humilde casa
¡No tan humilde Roberto! Tengo que reconocer que tengo ganas de verla.
Siempre es agradable tratar con una persona joven ¡Si es mujer, mejor!
Suena el interfono, debe ser ella: -¿Quién es? -Hola, soy Penélope. -Sube,
te espero en la puerta, segundo B. Mientras
la esperaba en el rellano ¡Sara otra vez! La cotilla se la intuía
observando tras la mirilla de su puerta ¡La presentía! Para no variar
estaría mirando ¡Me alegro! Que se chinche y se muera de envidia, así
mañana todo el bloque sabrá que he quedado con una chica mucho más
joven que yo. -Hola Penélope ¿Cómo estás? -Yo muy bien ¿Y Usted? -Yo
también estoy bien, pero por favor háblame de tú. Nos
saludamos con dos besos en las mejillas. Nada más terminar el saludo, el
cerrojo de la puerta de mi vecina Sara se abrió de par en par y
directamente dijo: -Esa no es la chica que vino buscándole. -Lo
sé señora, la mujer que vino es otra ¡No se preocupe! Entramos
en casa cerrando la puerta en sus morros, de no haberlo hecho así hubiera
entrado con nosotros ¡Qué pesadilla, sólo me faltaría ella! Penélope
sonriendo pregunta: -A
que adivino quién es esa señora. No me lo digas, no me lo digas... ¡Será
la cotilla de turno! Sí, esa que hay en cada uno de los bloques de todos
los pisos del mundo. Los
dos reímos y nos miramos a los ojos. Los suyos por cierto unos ojazos
marrones que la hacían muy interesante. -Estás preciosa Penélope. -Gracias Roberto, pero no me he podido arreglar ya que vengo directamente desde el trabajo, ni siquiera me he podido duchar para así llegar a tiempo ¡Perdona si huelo a sudor! -¿Quieres ducharte? -¿No te molestaría? De hecho en esta bolsa traigo la ropa para cambiarme. -No,
para nada si es lo que deseas. La
acompañé al cuarto de baño y le di una toalla limpia. Sin esperar a que
saliera se empezó a desnudar, salí y la dejé hacer para que se aseara cómodamente.
Me dirigí al salón y preparé unas bebidas para empezar con buen pie la
velada. Tardaba en salir del baño, por lo que deduje que se estaba
poniendo guapa para la ocasión ¡Así fue! El pantalón y la camisa
ajustada que traía dejaron paso a un fino vestido de vuelo con tirantes
que dejaban adivinar una escultural figura, figura que resaltaba los
tacones que llevaba puestos, su cabello recogido en forma de moño
atravesado por un alfiler embellecía la fisonomía de su cara redonda.
Estaba preciosa, resultó ser una hermosa y joven, muy joven mujer. Yo
pensaba que tendría unos 25 años pero creo que me equivoqué en mi
apreciación ¡20 como máximo! Espero que sea mayor de edad y que no me
meta en un lío. -¡Qué cambio Penélope! -¿Te
gusta? Se
dio una vuelta de 380 grados y el fino vestido levantó el vuelo ¡Qué
muslos! Como soy un enamorado de las piernas de mujer es en lo primero que
clavé mi mirada, con las vueltas sucesivas dejo al aire la totalidad de
sus minúsculas bragas tanga de color blanco ¡Prietas nalgas! La velada
empezaba más que bien ¡Fenomenal! Toda ella era hermosa y sus
pantorrillas similares a las de Daniela, y no sé si por casualidad o
porque se fijó en ella en el restaurante, también llevaba una fina
tobillera de oro y además un pequeño tatuaje. -Me encanta como vas vestida y me gusta el pequeño tatuaje que llevas. -¡Gracias
Roberto! Los
pequeños tatuajes que se hacen las mujeres me gustan, los medianos no me
disgustan y los exagerados me dan igual ¡Cada cual haga lo que le
apetezca! El secreto está en hacer y dejar hacer, pero siempre sin
molestar a nadie. -¿Me dejas ver de cerca el tatuaje Penélope? -Sí,
cómo no ¡Sujétame!
Denominación de la RAE de Género |
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