Pantorrilla de mujer (VI) Los piercing

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Datos ténicos

Pantorrillas de mujer

Título: Pantorrilla de mujer (VI) Los piercing 
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Penélope
Actores: Daniela, Penélope, Roberto.
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2006
Género: Erótico 
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

En la postura en la que quedé al posar su delicado pie sobre el suelo, hizo que pensara en algunas de mis fantasías. Sin dar tiempo a dejar mi mente volar por los aires del qué haría, mi hermosa acompañante reina de la velada dice:  

-¡No te cortes, puedes hacerlo!  

Parecía leerme la mente, no se si en realidad ella sabía o intuía lo que deseaba hacer en ese momento ¡Supongo que sí!  

-¿Estás segura, no te molestará?

-En absoluto ¡Haz conmigo lo que desees!  

Aquel haz conmigo lo que desees, me sonó a una de las frases que siempre dice una de las chicas de compañía ¡Sí! Una de las que de vez en cuando suelo solicitar sus servicios. Las dudas me invadieron, y antes de seguir directamente le dije:  

-Penélope. No te enfades por lo que te voy a decir ¡Por favor! Pero es que necesito saberlo ¿Qué pretendes de mí?

-Simplemente ser tu amante y pasar una velada lo más divertida posible ¡Nada más! Me gustan los hombres maduros como tú.

-Gracias por tu sinceridad, ahora me quedo más tranquilo.  

Todavía me encontraba frente a ella y aunque yo había roto la magia del momento, seguí mirando sus piernas y le volví a preguntar:  

-¿Puedo seguir Penélope?

-Te vuelvo a repetir, soy toda tuya ¡Haz conmigo lo que desees!  

Decidido en hacerla disfrutar, y disfrutar yo al mismo tiempo, totalmente desinhibido remangué la tela del fino vestido lentamente hasta su talle, dejado al aire la totalidad de sus braguitas, la silueta de su vulva era resaltada por la hendidura de su vagina, a la altura de su clítoris se marcaba un pequeño bulto que posiblemente fuera un anillo (Piercing) clavado en el mismo. Acerqué mis labios y le besé las braguitas a la altura del pubis. Ella con sus manos sujetó las mías, para ser ella la que sujetara el vestido remangado y así de esa forma invitarme a que con mis manos la acariciara. Lo hice acariciando sus piernas desde las ingles hasta los tobillos, al pasar mis manos por sus pantorrillas, además de acariciarlas las besé centímetro a centímetro, la suavidad de su piel hacía que en mí despertara el deseo de poseerla ¡Pero no! No quiero hacerlo, quiero que el deseo mío y el de ella estén al máximo antes de irnos a la cama. Ring, ring... Suena el teléfono ¡Qué fallo el mío! Tendría que haber desconectado el teléfono ¡Qué incordio los teléfonos móviles!  

-¡Perdona Penélope!

-Roberto al habla ¡Dígame!  

Era Daniela, estaba llorando y me llamó para pedirme que por favor la acogiera ya que estaba en la calle, abajo en el portal de mi casa. Su marido la había echado de ella diciéndole que era una esposa infiel.

-Pero Daniela ¿No tiene alguien conocido que le acoja?

-Sí, pero no quiero que se enteren ¡Ábrame por favor!  

Aunque no creía que fuera la mejor de las ideas abrí la puerta a Daniela y en el breve tiempo que tardó en subir le expliqué a Penélope la situación:  

-Lo siento Penélope, la noche ha tomado un rumbo que no era el que esperaba.

-No te preocupes Roberto ¡Las cosas son como son, no como queremos que sean!

-Profunda reflexión ¡Joven amiga!

-¿Quieres que me marche?

-No, tú no te marchas, tú te quedas a dormir con nosotros.

-¿No os molestaré?

-Tú no te preocupes, es más prefiero que estés presente.  

Cuando Daniela hizo su aparición eran las doce y cuarto de la noche, madrugada ya del sábado. Con Daniela voy de mal en peor, todo estaba saliendo deficientemente. Estaba dispuesto a calmarla y decirle que se marchara a su casa, pero cuando entró en casa y la pude ver me fue imposible echarla ¡Qué cara! ¡No su cara dura! La cara era todo un poema, tenía los ojos morados los labios hinchados y sangrando:  

-¿Quién te ha hecho eso?

-Mi marido.  

No pudo decir nada más, se derrumbó moralmente y se puso a llorar desconsoladamente, tanto Penélope como yo la intentamos calmar. Una vez relajada le dije:  

-Llamo un taxi y vanos a un hospital para que le curen, allí pediremos un informe médico e iremos a denunciar lo que le ha pasado a la guardia civil.

-No Roberto, no quiero denunciarlo ¡Ha sido mi marido! Pero le tengo mucho miedo y si le denuncio ¡De esta no salgo!  

La intenté convencer de que no obraba correctamente y de que tenía que denunciarlo para que así no volviera a ocurrir semejante barbaridad. Yo por una parte la entendía, supongo que vivir con un monstruo como su marido no era fácil. Pero por otro lado no entendía como una persona con los estudios y sobre todo los medios económicos que Daniela parecía tener, no se separaba de su marido ¡No lo entiendo!  

-¿Te ha golpeado en algún otro sitio además de en la cara?

-No hoy sólo me ha pegado en la cara.

-Daniela, le pido perdón por haberle metido en este lío.

-No se preocupes Roberto, hoy ha sido porqué se ha enterado que estuve con usted en el restaurante. Pero sino, hubiera sido por otra cosa, las palizas son constantes, llevo así desde que me casé ya son veinte años de palizas y maltrato.  

Entre Penélope y yo la llevamos al cuarto de baño para que se bañara o se duchara lo que más le apeteciera. Penélope se comportó como si de una hija de ella se tratara, la ayudó a desvestirse, ya que aunque decía que solamente le había pegado en la boca daba la sensación de estar dolida por la totalidad de su cuerpo, y a medida que se enfriaba, más le dolía. Las dejé solas en el cuarto de baño:  

-Si necesitas algo llámame Penélope.

-¡No te preocupes lo haré!  

Pasaron algo más de diez minutos y las sentía hablar, en unas de las veces que Penélope habló, le entendí que decía algo sí como ¡No ves como estás! Tienes que denunciarle para que pague por lo que te ha hecho. Sale Penélope y pregunta:  

-¿Tienes un pijama para prestarle? Está toda dolorida y amoratada, sería interesante acostarla para que descanse.  

Le di el pijama a Penélope y ella le ayudó a colocárselo una vez vestida, me llamaron y yo le curé como pude las heridas en el labio para que dejara de sangrar. Cuanto más pasaba el tiempo, más morado tenía los pómulos ¡Qué pena el verla! La acompañé al dormitorio que tengo para invitados y la acostamos para que descansara.  

-Daniela si necesitas algo, no tienes más que llamar ¡No te cortes!

-Gracias Roberto. Penélope ¡Eres un Sol, dame un beso!  

Penélope se agachó para darle un beso, yo esperaba que se lo diera en la mejilla ¡Pero no! Se lo dio en los labios aun heridos como los tenía. Nos despedimos y la dejamos descansar, retirándonos al salón.  

-¡Qué noche te estamos dando Penélope! Siento de todo corazón el mal trago que te estamos haciendo pasar ¡Lo siento!

-No es agradable lo sucedido ¡Pero ya sabes! Las cosas... –Yo dije-

-¡Las cosas son como son, no como queremos que sean!  

Nos echamos a reír los dos a carcajada pero sin pasarnos para no molestar a Daniela que sin duda le hacía falta descansar. De repente quedamos los dos en silencio mirándonos fijamente a los ojos y ella en voz melosa dice:  

-Podemos continuar donde lo dejamos.

-Vale lo haremos ¿Quieres algo de comer? ¡Tendrás ganas!

-Ahora que lo pienso sí ¡Tengo mucha hambre! ¡Hambre de ti! Ja, ja, ja... ¡Hablando en serio, tengo ganas de picar algo!  

Como si no hubiera ocurrido nada nos pusimos a la mesa y picamos un poco de aquí y un poco de allá acompañado de un buen vino, bebimos alcohol ya que ni ella ni yo teníamos que conducir. Penélope debido a las dos copas de vino que consumió se la observaba contenta y desinhibida ¡Alegre! Por lo que continuamente me hacía carantoñas. Cuando estábamos a los postres dice:  

-¿Quieres ver un Piercing?

-¿Un pendiente? Ya te estoy viendo dos. Son muy bonitos.

-¡No, esos no! Llevo dos más ¿A que no sabes dónde?  

Aunque no los había visto, por lo menos uno de ellos lo intuía incrustado en la parte superior de su clítoris.

 -Me lo imagino ¡Pero dímelo tú! ¿Dónde los llevas? Mejor enséñamelos, que muero en deseos.

 Nuevamente se sirvió una copa de vino y se dirigió hasta el reproductor de música, cogió un disco de los que había en la discoteca ¡Qué criatura! Le gustaba la música romántica ¡Sí, esa que llaman lenta! De un trago se bebió la copa de vino, pegó una carcajada y empezó a bailar contorneándose y acariciándose todo el cuerpo. Entre idas y vueltas de sus manos por su hermosa figura aprovechaba para levantar su vestido y dejar al aire su tanga, que si por su parte delantera era minúsculo, por detrás era una simple cinta que se incrustaba entre los cachetes de sus preciosas nalgas ¡Parecía estar desnuda! Después de un rato acariciándose con sus manos recogió el vestido y en un movimiento desde abajo hacia arriba se despojó de él ¡La cosa prometía! ¿Qué podía pasar ahora? Nadie podía llamar por teléfono, ya que lo había desconectado cuando empezamos a comer, solo podía pasar una cosa, que Daniela se despertara y saliera para pedir algo. Por una vez y que no sirva de precedente ¡Nada pasó! Penélope en bragas y sujetador siguió bailando para mí, era un baile sensual y provocador ¡Oh, diablos la música ha terminado!

 -¿Pongo otra canción Penélope?

-No, acércate que te enseñaré donde tengo uno de los Piercing ¿Lo ves desde ahí?

Si lo veía, por mi edad y mi trabajo la vista la tengo mal, pero para ver desde lejos ¡Todavía me defiendo! Por cuanto tiempo no lo sé.

 -Lo veo Penélope, es un anillo de diamantes precioso. Tu ombligo queda bellísimo y excitante luciéndolo ¿Eso debe doler al hacer el agujero?

-No mucho ¡No creas! ¿Quieres besarlo? ¡Acércate y no seas tímido! Por cierto, no son diamantes ¡Es bisutería!  

Me acerqué a ella y le di una serie de besos en el ombligo y por todo el vientre y costados ya que en ellos, ella sentía un gran placer que me demostraba con sus gemidos. La seguía besando y lamiendo por toda la zona ventral hasta que ella dice:  

-¡No pares, lo estás deseando!

-¿Lo puedo hacer, me das permiso?

-Por supuesto ¡Te lo exijo!  

Bajé sus braguitas tanga lentamente dejando su pubis y vagina totalmente depilados al descubierto ¿Por qué será? Ahora casi todas las chicas llevan sus genitales depilados, por lo menos las chicas que yo conozco ¡Debe de ser moda! Tenía los labios vaginales hinchados casi como si acabara de utilizar un consolador succionador, y allí en el centro de su vagina el Piercing atravesando el clítoris.  

-¡Estás loca! ¿No te duele?

-No, al contrario ¡Me excita!  

Como era natural, una vez llegamos a ese punto, no me pude detener y me dediqué a besar sus labios vaginales con los míos bucales ¡Qué sensación! ¡Qué placer! 

Sigue

 

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