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Relato Me
llamo Margarita ¡Marga para las amigas! Sí, digo amigas ya que no tengo
amigos ¿Por qué? Porque los hombres para mí son simple y llanamente
conocidos, sujetos que solamente piensan en llevarte a la cama ¡No
comprenden que se puede tener amistad sin tener que follar! No lo
comprenden, por ese motivo nunca los he llegado a considerar amigos ¡Simplemente
sementales! ¡Ellas, sí! Las mujeres si saben dar amistad a cambio de muy
poquita cosa ¡No, no lo piensen! Me gusta más un rabo que a un niño un
caramelo ¡Pero eso no es amistad! Es sexo. Hablo de compartir estados de
ánimos, de abrirte, contar tus sentimientos y que te escuchen ¡Claro está,
escuchar al mismo tiempo! Sé que generalizar implica equivocación ¡Pero
llevo tantos años esperando un hombre que escuche! He tirado la toalla,
ya he perdido la esperanza de encontrarlo, por ese motivo cuando necesito
uno recurro a él para realizar el sexo ¡Nada más! Aunque he tenido
experiencias lésbicas con mujeres no es lo que busco en ellas ¡No es lo
que más me gusta de ellas! Me encanta su ternura y sensibilidad. No crean
que he perdido la cabeza, toda esta retahíla es debida al tamaño de mis
pezones ¡Ahora les explico! Los
pezones de Marga ¡Valla, los míos! Cuando están en estado de total
excitación son tan grandes que resultan poco estéticos, pero creo que
muy sensuales ¡No les exagero! Miden Ya
os podéis empezar a imaginar el motivo del poco cariño que les tengo a
los hombres, los muy cretinos cuando ven mis pechos erectos se parten el
pecho de la risa, no son nada sensibles y lo hacen sin reparo alguno ¡Pobre
de mí! Con el cuerpo de película
que tengo y las penurias que paso para acostarme con un tío sin que se ría
de mis senos ¡No son tan feos! Un poco raros sí, pero tiene su parte
divertida ya que los pueden chupar a conciencia ¡Se quejan de todo, serán
idiotas! Ayer
mismo sin ir más lejos, intenté y conseguí ligarme a un compañero de
la oficina en la que trabajo como secretaria de dirección. Abelardo es un
muchacho de unos 22 años que está en la sesión de mantenimiento. Es un
tío hecho y derecho y pensaba que con pelos en el pecho ¡Nada, de nada!
Cuando lo llevé a casa, ya excitada me despojé del sujetador, cuando me
vio casi le da un pasmo ¿Qué es eso preguntó? -Ya
lo ves, son unos pezones de alucine. Con
los ojos desencajados, como pudo, el muy cretino recogió las ropas de la
que ya se había despojado y casi desnudo salió en dirección al
ascensor. En tanto en cuanto lo esperaba observé como se vestía a toda
prisa ¡Será estúpido! Perderse una hembra como yo. Soy una mujer
hermosa de gran musculatura bien desarrollada debido al gran trabajo que
realizo en el gimnasio ¡Él se lo perdió! Sí, se lo perdió, pero fui
yo la que una noche más se tuvo que consolar allí, en la cama de la
triste habitación solitaria ¡Qué desdichada! Mi compañero que duerme
en la mesita de noche siempre está dispuesto y además como es muy
educado, no se ríe de mis pezones ¡Eso faltaba! Que mi consolador también
se riera. Durante toda la noche estuve pensando en mi gran problema y
decidí que ya era hora de deshacerme de esos dos pequeños penes que
tanto asustan a los hombres. Hoy
mismo me he desplazado a un centro reconocidísimo de cirugía plástica
para informarme del procedimiento y coste para reducirme el tamaño del
pezón ¡Qué bien! He salido tan convencida que he aceptado y la semana
próxima me realizarán la pequeña operación ¡Estoy tan contenta!
Llamaré a mi amiga Pamela: -¡Hola Pamela! La semana que viene lo hago. -¿Qué es lo que haces? ¡Me tienes en ascuas! -Me haré una operación estética de reducción de pezones. -¿Estás segura de lo que haces? Estás tonta ¡Con lo que me gustan tus pezones! -Estoy mas que harta de que los hombres se rían al ver mis pechos comandados por esos dos inquisidores pezones ¡Me olvidaré de ellos! -Sabes que soy tu amiga y te apoyaré en todo lo que hagas. Pero te pido un favor, antes de que te hagas la intervención quiero dar un masaje a tus tetas que sabes lo que me encanta. -No hay ningún problema ¡Pásate por casa esta noche! -Así
lo haré ¡Hasta la noche! La
noche llegó y con ella, Pamela que venía preciosa, no me considero
lesbiana pero con ella, en más de una ocasión he pasado toda una noche
de sexo. Nos entendemos a las mil maravillas y como es una buena amiga le
dejo hacer conmigo lo que le apetezca ¡Para eso están o deberían estar
las amigas! -¿Qué te apetece que hagamos Pamela! -¿Tú
que crees, Marga? Denominación de la RAE de Género |
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