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Relato ¡Empezaré diciendo, qué dolor, qué placer! No crea que me estoy quedando (engañar) con usted, nada más lejos de mi intención. La historia que cuento en estas líneas es una cosa que realmente me sucede: Soy una mujer, ¡digamos soltera! Y con cierta edad a mis espaldas y para que lo próximo que escribiré no sea mal interpretado, ¡tengo mucha experiencia sexual! Me gustan tanto las mujeres como los hombres, aunque prefiero las primeras a los segundos. Por propia decisión me he retirado de mi vida profesional, ¡sí, lo ha adivinado! He sido toda mi vida prostituta, profesión que he ejercido con la cabeza muy alta, ¡estoy orgullosa de haberlo sido! Como ya he dejado claro, me he retirado por mi voluntad, vivo sola y no tengo, ni quiero tener amigos, ¡ya he tenido bastantes en mi vida! No se preocupe, no, mi vida económica está resuelta y cuando no me pueda valer por mí misma, tengo contratada una plaza en una cotizada residencia. Eso está resuelto y en cuanto al tema sexual, me las apaño y disfruto yo sola. ¡Aquí viene lo divertido! Pensará usted de mí, ¡qué vieja, está como una chota! No, no lo estoy, y sí, soy vieja, si a los 60 años se es vieja, ¡aunque algunos no lo piensan así! Yo sí, ¡no me lamento! Disfruto de mi intimidad acariciándome y masturbándome cuando me apetece. Unas veces introduciendo un vibrador por la vagina, otras por el ano y muchas veces por ambos lados. Pero rs del ano del que le quería yo hablar, o escribir, ¡usted decide! Cuando introduzco tan maravilloso invento por mi ano noto un pequeño dolor, y no porque sea estrecho, ¡nunca lo he tenido estrecho! He recibido tanto por él, que puedo asegurarle que no es ese mi problema, ¡son las hemorroides! Sí, almorranas para muchos. Esas dichosas venas inflamadas por causa de estar mucho tiempo sentado, hacer más esfuerzo del necesario a la hora de defecar, haber realizado excesos de empuje a la hora de dar a luz, ¡claro está, si es mujer! O en el peor de los casos, como síntoma subyacente de alguna que otra enfermedad, ¡joder, parezco una doctora! Nada, lo que le decía. Cuando introduzco el consolador vibrador una vez traspasado el ano, cuando encuentra las venas infladas del final del recto, ¡padezco un dolor que me hace saltar las lágrimas! Dolor que dura unos 10 segundos. Pasado este breve tiempo, comienza en mí una trasformación que hace que empiece a dar gritos, ¡no de dolor! Son gritos de placer, y tras dos minutos de mete y saca consigo uno de los mayores orgasmos que nunca he conseguido en mi vida, ¡no le miento! Mi vagina, producto de la excitación segrega una gran cantidad de líquido, ¡es sensacional! Le he explicado el caso a mi ginecólogo y me ha dicho que me las tengo que operar, ¡no me cree! Y descarada como he sido toda mi vida, le he dicho que de eso nada, monada. Ahora que he encontrado mi punto “G”. ¡Nadie, me ha dado nunca tanto placer! Eso sí, suerte tengo de vivir en un chalet, de lo contrario los vecinos pensarían que me ocurre algo o simplemente que estoy loca. ¿Qué le parece mi historia? Denominación de la RAE de Género |
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Todos los textos aquí expuestos han sido creados por el grupo de escritores de gestialba.com por lo tanto son textos originales y con derechos de autor. Situando el puntero del ratón durante unos segundos sobre los bocetos sentirás algunos sonidos.
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