Chica con olor a rosas

    AVISO IMPORTANTE

 

 

Datos ténicos

Título: El dependiente (II) Chica con olor a rosas 
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Guión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Mariana
Actores: Mariana, Néstor
Música: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Sociedad - Fetiche
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

-Son esos, esos rojos de la derecha. -Dijo señalando con el dedo índice-  

Pidió unos preciosos zapatos rojos con cierre en el tobillo por correa con hebilla metálica montada sobre un elástico. Exterior de materia sintética. Interior y plantilla de piel mullida. Suela con placa de elastómero con estrías. Tacón forrado de piel de 8 cm . de altura.  

-¿Qué número calza por favor Señorita?

-El 35, gasto un 35. –Contestó mirándome a los ojos y posteriormente dirigiendo su mirada a la cremallera de mi pantalón-  

Necesitaba el trabajo y no me podía arriesgar a decirle nada que la incomodara, por ese motivo haciendo caso omiso a su mirada la acompañé hasta los probadores y fui a buscar al almacén los zapatos solicitados... Esa vez tomé de la estantería tres pares de zapatos de los números 34, 35, 36. No tenía ganas de volver, ¡empezaba a tener experiencia! Cuando regresaba cargado de las tres cajas vi que la chica tenía un acompañante, ¡qué rabia! Con él delante no podría intentar ligar con ella. Llevaba cuatro horas trabajando y ya me creía el rey de mambo.  

-Señorita, aquí están los zapatos que me ha pedido.

-Gracias. –dijo esta vez con voz seca-  

Su acompañante la intimidaba tanto a ella como a mí. Aunque estaba callado su mirada era penetrante. La chica se descalzó de las sandalias de tacón que llevaba puestas, cuando le vi los pies casi pego un grito, ¡qué horror, qué pies! Eran grandes pero bonitos, obviando la presencia del su acompañante dije:  

-¿Señorita está usted segura que calza un número 35?

-Sí, desde que cumplí los 16, ¿lo duda Usted? –Contestó con gesto de enfado-  

Intentó meter la punta del pie en el zapato y medio de él le quedaba fuera, pero ella cabezona hizo lo imposible para introducir aquellos pedazos de pies en el número 35, ¿cómo lo hizo? ¡Ni idea! El caso es que logró meterlos, pero era evidente que con aquellos zapatos no podría dar un paso sin destrozarse los pies. En ese preciso momento cuando me disponía a decirle que esos zapatos la matarían, el chico que la acompañaba le dice:  

-Mariana, este chico tiene razón, esos zapatos no son de tú número.  

Pero Mariana era más tozuda que un rebaño de cabras pastando por la montaña. Ella, ¡erre que erre! Después de mucho discutir accedió a probarse el número 36. Se los probó y también le quedaban estrechos.  

-¿Le van bien esos Señorita?

-No, me siguen estando muy ajustados, no sé que me ha pasado, pero necesito por lo menos un 39.  

La encargada y la dependienta más antigua estaban disfrutando de lo lindo al ver al pipiolo desenvolverse hecho un manojo de nervios con la clienta, no paraban de reír ni un solo instante. Néstor, ten paciencia me decía para mis adentros. En el momento de ver aparecer a esa chica tuve ganas de intentar ligar con ella, pero una vez que la había conocido ni por todo el oro del mundo sería capaz de irme a una isla desierta para pasar un mes junto a ella... Cuando llegaba a los probadores, después de ir al almacén por los zapatos de marras vi que la chica y su acompañante discutían y él se marchó.  

-¿Un mal día Señorita?

-¡No lo sabe bien! Todo me ha salido del revés, ¡hasta los zapatos me dan de lado!  

Mariana al contrario que la clienta anterior olía a rosas, hasta sus pies lo hacía, ¡no les miento! De todo su cuerpo despedía una fragancia que me recordaba al jardín de mi casa al amanecer de un día de primavera. Me sentí con fuerzas y me atreví a decir:  

-¿Me permite que le pruebe yo los zapatos?

-Sí por favor, hágalo que a mí se me han pasado las ganas de comprarme nada.  

Aprovechando que en ese momento nadie me observaba, sin ninguna ética profesional ni dada que se le pareciera, le puse los zapatos y aproveché su caída de moral para acariciarles las piernas desde los tobillos hasta los muslos. Viendo que no hacía nada por rechazarme, aventuré mi mano al interior de su entrepierna por debajo del corto vestido, con las yemas de mi dedos acaricié su bragas. Entonces ella para ponerme en un aprieto o simplemente porque deseaba más, cerró sus piernas sujetando mi mano entre sus muslos. Intenté zafarme pero aquella chica tenía una fuerza fuera de lo normal, para asegurarse de que no escapara agarró mi muñeca con su mano derecha.  

-¿Qué le parece si ahora llamo a su superior? Estoy segura que le gustará verle con las manos en la masa.

-Señorita, no lo haga, ¡necesito este trabajo! La he acariciado para consolarla, me he puesto muy triste al verla alicaída.  

Me hizo sufrir durante unos instantes hasta que vio que mi encargada se acercaba hasta donde estábamos. En ese instante me soltó.  

-Me gustan estos, ¡me los quedo! –Dijo cuando la encargada llegaba a nuestra altura-  

No dejaba de sonreírme, cuando nos dirigíamos a la caja para pagar, en un descuido de la encargada me pasó una tarjeta con su dirección y teléfono. Como es de recibo, pagó y con su fresco olor a rosas se marchó... Seguí trabajando, el resto del día no sucedió nada que fuera de reseñar. El resto del tiempo que me quedaba para terminar la jornada laboral la pasé pensando en esa chica...

 

 

Denominación de la RAE de Género

Imprimir


Aviso

Todos los textos  aquí expuestos han sido creados por el grupo de escritores de gestialba.com por lo tanto son textos originales y con derechos de autor.

Situando el puntero del ratón durante unos segundos sobre los bocetos sentirás algunos sonidos.

Realizamos programas para la gestión de empresas. Empresas medianas y pequeñas. Programas de contabilidad, cartera de pedidos clientes proveedores, facturación control de albaranes, tesorería cartera de cobros y pagos y estadísticas.

Nuestro agradecimiento a todos los que por unas causas o por otras visitan nuestra web. Gestión de empresas PYMES. Hay un refrán que dice algo así como "zapatero a tus zapatos" eso es lo que hago yo desde que hace años entré a trabajar en una zapatería. La chica que olía a rosas durante algún tiempo formó parte de mi vida.