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Relato El
matrimonio de gigantes se marchó de la zapatería dejando en mi interior
una gran preocupación y sobre todo una pregunta, ¿cómo es posible que
una mujer me pueda leer la mente? Con la gran imaginación que tengo y a
modo de diversión durante unos minutos me quedé cerca de la caja y para
mi interior me hice una pregunta, ¿Será una cotilla esta chica? Veo que
sale de la caja y se dirige hasta mi altura y sin venir a cuento me
suelta: -Cotilla
lo será tu madre. ¿Vale Néstor? -No
sé a que se refiere, y menos el motivo de proferir insultos hacia mi
madre, ¡no crea que se enfadará! murió cuando me trajo hace 19 años a
este mundo de penas y lágrimas. ¡No la entiendo! Pero soy un hombre de
paz, no discutiré con Usted. ¡Por cierto, no lleva su identificación,
no sé como llamarle! Nuevamente
para mi interior pensé, ¡será gilipollas! Me giré y fui en busca de un
nuevo cliente al que atender. Cual no sería mi sorpresa que me siguió y
agarrándome del hombro con evidente enfado y gran energía dice: -¡Gilipollas
lo serás tú! En
esta ocasión no utilizó solamente las palabras, me dio un bofetón que
casi me desencaja la mandíbula, no pensé nada más, no tenía ganas de
perder el empleo y mucho menos recibir una paliza de tan enérgica chica.
Sin dudas algo me estaba sucediendo, desde que entré a trabajar en esa
zapatería, no dejaban de ocurrirme cosas, una tras otra, ¡aquella era
especial! Con una reacción de hombre de paz y pausado como soy, le dije: -Señorita,
si le he ofendido en algo le pido disculpas. Aquella
mujer estaba fuera de sí, no tenía ni idea de qué es lo que recibía
por telepatía. No podía dejarla en aquella situación de enfado y para
mis adentros pensé, ¡que genio tiene pero qué hermosa es! Se quedó
parada, por un momento pensaba que se giraría y me volvería a soltar un
guantazo, ¡no lo hizo! En su lugar me brindó una sonrisa, en ese mismo
instante averigüé que tengo la capacidad de trasmitir lo que pienso a la
persona que tengo delante. Eso no era una ventaja, al contrario era un
gran problema si no controlaba en todo momento mis pensamientos. No sabía
que hacer, le devolví la sonrisa y fui en busca de otro cliente. -¿Señor
qué es lo que desea? -Tengo
que hacer un regalo y necesito un número grande de estos zapatos de tacón
alto. Aquí sólo hay hasta en 37. -¿Qué
número necesita Señor? -Necesito
el número -Espere
un momento, ahora mismo se lo traigo. No
me interesaba si su señora tenía el pie grande o si él era un
fetichista al que en la intimidad le gustaba calzar zapatos de señora. Lo
cierto es que no me atrevía a pensar nada al respecto.
Me limité a ir al almacén para conseguirle los zapatos que con
tantos nervios solicitaba. Los saqué de su caja para que los viera, los
examinó con detenimiento y dijo que se los quedaba. Aunque no deseaba ir
a la caja para ver a semejante bicho, tuve que hacerlo porque era mi
trabajo. -¿Señorita,
le cobra a este señor? No
me dirigió la palabra, sólo se limitó a coger la caja con sus manos y
pasarle el lector de códigos de barra. -Son
275 euros Caballero. –Le dijo con amabilidad al cliente- El
señor pagó en metálico, pensé, ¡qué raro, una persona que paga en
metálico! Cuando me quise dar cuenta de nuevo metí la pata. Por suerte
ese señor era de lo más tranquilo y aunque el pensamiento no era
ofensivo, la desconfianza estaba fuera de lugar. Simplemente contestó: -Cada
uno paga como puede. -Por
supuesto Señor, tenga la caja de los zapatos, si no les quedan bien a su
Señora, tráigalos y se los cambiaremos por otros. El
señor se marchó más que contento con sus zapatos de tacón alto. La
compañera de la caja extrañada y como si hubiera olvidado lo pasado,
dirigiéndose a mí preguntó: -¿Néstor,
te has dado cuenta de la respuesta más rara que ha dado ese señor cuando
me ha pagado? ¡Por cierto, me llamo Laura! -No
me he dado cuenta, en ese momento estaba pensando en la bofetada que hace
un momento me había pegado. -Perdóname,
soy muy impulsiva, ¡no quería hacerlo! Para que hagamos las paces me
gustaría invitarte cuando salgamos a una copa, ¿la aceptas? -La
aceptaría, pero hoy me será imposible, en cuanto termine tengo que salir
disparado para la academia de música, ¡tengo el tiempo justo! Ese
pedazo de bruja quería ligar conmigo, pero yo no estaba dispuesto a pasar
con semejante bicho de la naturaleza ni cinco minuto más de los
necesarios, y siempre que fuera en el trabajo. Sin ofenderla y muy
amablemente fui a buscar otro cliente que ese era mi trabajo, no el de
estar de cháchara todo el día... ¡Caray,
ahí viene la encargada! Intentaré dejar la mente en blanco y no pensar
nada de lo que he visto hoy. No puedo perder el trabajo que los meses
pasan rápidos y el alquiler es caro. Como pude la despisté y atendí un
nuevo cliente. Entre cliente y cliente llegó la hora de ir a descansar, ¡bien! Esa hora es la que más me gusta, ¡soy trabajador! Pero nunca un esclavo del trabajo. Soy de la opinión de que hay un tiempo para pensar, uno para trabajar, otro para amar y otro para olvidar, este último es el que más me gusta, ¡éste es mi lema! Primero pienso, luego trabajo, después si puedo amo y por último, de todo me olvido.
Denominación de la RAE de Género |
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