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Relato Con
el don que tenía para trasmitir mis pensamientos a las personas sin abrir
la boca pasé mi primer año en la zapatería, ¡mi primer trabajo! En
muchas ocasiones casi me meto en verdaderos líos debido a mis
pensamientos, pero conforme iba pasando el tiempo empezaba a dominarlo y a
pensar con audacia para que las personas hicieran lo que pensaba. Una de
las cosas que aprendí para que se creyeran que eran pensamientos de
ellas, era no dejar de mirarla a los ojos, de esa manera no lo percibían
como que yo hablaba, sino que ellas lo pensaban. En
una ocasión hice que una señora que se estaba probando cantidad de
zapatos y que no dejaba de molestarme con idas y venidas al almacén
sintiera unas ganas inaguantables de ir al servicio para orinar. Pensé
con concentración sin dejarla de mirar a los ojos, ¡qué ganas de orinar
tengo! -¿Chico
dónde está el cuarto de baño? –Preguntó nerviosa- Le
dije que no teníamos cuarto de baño, que como era un centro comercial
tenía que utilizar el comunitario que estaba al final del pasillo a la
derecha, salió de la zapatería como alma que la persigue el diablo. No
dejé de reírme durante todo el tiempo que pasé para ordenar todos los
zapatos que semejante mujer me estuvo pidiendo durante más de tres horas.
En ese momento que mi don no solamente servia para trasmitir pensamientos,
sino que también valía para obligar hacer lo que quisiera a las
personas, era genial y peligroso a la vez si la avaricia me cegaba. Se
acerca la encargada: -Néstor,
ahora cuando termines de recoger todo esto, ve al almacén y pon el pedido
que ha llegado distribuido en las estanterías. Mi
venganza será como la del chino mandarino, Eva la encargada desde que
llegué no dejaba de mandarme hacer las tareas más desagradables, ya
estaba más que harto de hacer siempre de criada de todos. Con el
descubrimiento de mi nueva faceta de sometimientos desde ese día hice lo
que me apetecía, más que nada bromas que no hacían mal a nadie, ¡bueno,
algunas sí! Miré
fijamente a los ojos de Eva y le hice pensar en las irrefrenables
ganas que tenía de tocarle las tetas a Laura la cajera, ¡menuda
es ella! Era fantástico, fue dejar de mirarla a los ojos y Eva salió en
dirección hasta donde está situada la caja, viendo que no había nadie
quien la pudiera ver sin mediar palabra se puso detrás y con ambas manos
le sobó los pechos. Para mi sorpresa Laura no protestó, al contrario,
pareció gustarle ya que sonreía. Mi venganza resultó ser un regalo para
ambas, ¡seré idiota! Pronto
llegaba la navidad y escuché que estaban organizando una cena para ir
todos juntos en reunión de hermandad. Empecé a maquinar un plan para que
todos se enfrentaran a todos... los días que pasaron hasta que llegara el
día de la reunión no di un palo al agua,
¡vamos, que hacía lo que me apetecía! Tenía dominada
completamente a la encargada y lo que era mejor, ella no sabía porqué me
daba los mejores trabajos. Todos empezaron a tenerme algo más que
envidia, ¡me odiaban! El
día de la cena llegó, y con él, el día de mi venganza con todos y cada
unos de los trabajadores de la zapatería. Empezamos a comer haciendo un
brindis y pidiendo deseos para el próximo año, ¡qué idiotez! No se
puede ser más hipócrita que en el brindis de una cena de empresa, ¡pero
si nadie puede ver a nadie! El caso es que todos parecían estar la mar de
felices, ¡yo mucho más! No sabían lo que les esperaba para el final de
la cena... a la primera que le pasé factura fue a Laura, ¡Sí la cajera!
La obligué a tomar más vino del que podía aguantar durante la comida.
Llegaron los postre y no pudo resistirse a la orden de que nos hiciera un
desnudo, allí, en el centro de la pista de baile habilitada en el
restaurante. -Chicas
para que veáis que no soy una borde, ahora os deleitaré con un desnudo
integral, además dejaré a Néstor que me folle delante de todos
vosotros. Yo
era el único chico entre todos los que trabajaban en aquella zapatería,
había otro pero hacía dos meses que se había marchado porque ya no podía
aguantar más todas las vejaciones a las que era sometido por esas seis
vampiresas, ¡también a él lo vengaré! Yo no tenía pensado ni mucho
menos follarme a Laura, para cuando llegara ese momento la policía ya
estaría presente en el local, ¡sin dudas las detendrían!, pero mientras
eso sucedía me limité a disfrutar viendo a Laura desnudarse. La
música sonaba, todos los comensales la observaban atónitos, no pensaban
que lo que decía Laura era cierto. Pero empezaron pronto a saber que no
mentía... sentado tomando los postres seguía mandándole ordenes a
Laura, esta obedecía al pie de la letra. Aquel
desnudo (striptis) tenía que ser sonado por ese motivo le ordené
que primero se quitara las
braga y se las tirara al público, en ese preciso instante las otra 5
malvadas compañeras no pudieron resistirse al ver a Laura allí desnudándose.
También ellas saltaron a la pista y todas se quitaron las bragas y las
lanzaron al público. ¡Estaba triunfando! En esos momentos la policía
estaba a punto de hacer su aparición. -¡Alto
la música! –gritaron los policías- La
música al instante paró, pero mis compañeras no dejaban de bailar y de
quitarse ropa, aquella cena de empresa fue un escándalo, ¡fue genial!
Esas seis hermosas y despiadadas mujeres durmieron esa noche en comisaría,
fueron multadas acusada de escándalo público. El
lunes desde los calabozos fueron todas a trabajar, sus caras eran todo un
poema. Una cosa he de reconocerles, son despiadadas pero no dejan un solo
día de asistir a su trabajo. -¿Qué
chicas, lo habéis pasado bien? Me echaron una mirada que irradiaba maldad, ¡no importaba me había vengado! Fin
Denominación de la RAE de Género |
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