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Relato Con
el don que tenía para trasmitir mis pensamientos a las personas sin abrir
la boca pasé mi primer año en la zapatería, ¡mi primer trabajo! En
muchas ocasiones casi me meto en verdaderos líos debido a mis
pensamientos, pero conforme iba pasando el tiempo empezaba a dominarlo y a
pensar con audacia para que las personas hicieran lo que pensaba. Una de
las cosas que aprendí para que se creyeran que eran pensamientos de
ellas, era no dejar de mirarla a los ojos, de esa manera no lo percibían
como que yo hablaba, sino que ellas lo pensaban. En
una ocasión hice que una señora que se estaba probando cantidad de
zapatos y que no dejaba de molestarme con idas y venidas al almacén
sintiera unas ganas inaguantables de ir al servicio para orinar. Pensé
con concentración sin dejarla de mirar a los ojos, ¡qué ganas de orinar
tengo! -¿Chico
dónde está el cuarto de baño? –Preguntó nerviosa- Le
dije que no teníamos cuarto de baño, que como era un centro comercial
tenía que utilizar el comunitario que estaba al final del pasillo a la
derecha, salió de la zapatería como alma que la persigue el diablo. No
dejé de reírme durante todo el tiempo que pasé para ordenar todos los
zapatos que semejante mujer me estuvo pidiendo durante más de tres horas.
En ese momento que mi don no solamente servia para trasmitir pensamientos,
sino que también valía para obligar hacer lo que quisiera a las
personas, era genial y peligroso a la vez si la avaricia me cegaba. Se
acerca la encargada: Más... Si quiere el relato entero pulse abajo.
Fin
Denominación de la RAE de Género |
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