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Relato De
vuelta a casa, al finalizar la sesión de cine casi todos los viernes,
madrugada del sábado bien entrada la noche entre las 12 y la una, tenía
que pasar frente al cementerio del pueblo y por un lateral de éste. Existía
otro camino alternativo pero eran 10 minutos más de caminata y además
junto a la carretera con el consiguiente ¡Peligro! Por lo tanto, me
armaba de valor y pasaba por el cementerio lo más rápidamente que
podía, pero sin llegar a correr. Los árboles parecían tomar vida,
creía que me seguían, las sombras se alargaban hacia mí como queriéndome
atrapar, los sonidos se multiplicaban, las lechuzas como aves
nocturnas que son, hacheaban
y no dejaban de observar el entorno en busca de algún alimento que
llevar al pico, ¡es lo que hacían! pero yo pensaba que me querían
atrapar. Cuando ya terminaba el trayecto junto al lateral del
cementerio, no lo había superado en un metro, no lo podía resistir y
comenzaba una carrera frenética, dando por hecho que al estar lejos
del cementerio no me ocurriría nada. Así estuve durante años. Hasta
que un día por el lateral, una silueta se encaró a mí y con voz
tenebrosa y clara me dijo: -La
tumba 37 será para ti. ¿Escuchaba
las voces del más allá? En ese momento pensé que la aparición había
sido influenciada por la película de terror que hacía unos minutos
había visto. Como siempre, una vez traspasado el lateral empecé a
correr durante un buen rato, la voz del más allá retumbaba una y
otra vez en mi cabeza, ¡parecía seguirme! Llegó
de nuevo el viernes, y como todas las semanas fui al pueblo
para ver una película, en esa ocasión del humorista cantinflas “Su
Excelencia” tenía por título, iba contento ya que las películas
de cantinflas me hacían reír mucho, por aquel entonces contaba con
17 años de edad. Ya no era ningún crío, los tiempos de fantasías
empezaban a quedar lejos. Al pasar por el lateral de nuevo la silueta
se apareció y me dijo: -La
tumba 37 será para ti. ¡No te librarás de mí! Saqué
fuerzas de donde pude, las voces del más allá martilleaban en mi
cabeza, mis piernas temblaban y mi corazón deseaba salir de la caja
torácica, la verdad no sé dónde quería ir, ¡Pero me quiso
abandonar! La arritmia que me provocó la voz salida de la silueta era
amenazante pero pese a ello le dije: -¿Qué es lo que quieres de mí? -¡Visítame,
y lo averiguarás! No lo olvides la tumba 37 es para ti. Llegué
al cine y apenas me enteré de que iba la película, estuve todo el
tiempo pensando en el regreso, ni siquiera el genial cantinflas fue
capaz hacer que olvidara lo que me había ocurrido unas horas antes.
Ya de regreso, con el miedo en los huesos, decido ir por el camino
alternativo que en su parte más cercana pasa a uno -La
tumba 37 es para ti ¡No tardes, visítame! Esta
vez no tuve valor para preguntarle nada, esa voz del más allá no era
fruto de mi imaginación ¡Era real!, empecé a correr y no dejé de
hacerlo hasta llegar a mi casa. Mi madre al verme en el estado en el
que llegué me dice: -¿Hijo,
qué te pasa, pareces alterado? Con
el miedo en el cuerpo, la voz temblorosa y el corazón latiendo a 180
pulsaciones por minuto como consecuencia de la larga y veloz carrera
efectuada. Atino a decirle: -Mamá,
desde ya hace algún tiempo, al pasar por el cementerio se presenta
una silueta y me dice: La tumba 37 es para ti. Estoy intrigado y muy
asustado ¿Qué puedo hacer? Te prometo que digo la verdad. La voz del
más allá no es mi imaginación. Mi
madre me creyó, o dijo creerme. El jueves de esa misma semana me llevó
junto a ella a ver a una vidente. La vidente nada más verme, Exclamó: -¡Eres tú, hace días que te esperaba! -Si usted no me conoce. ¿Cómo puede esperarme? -Si
te conozco, un espíritu me ha dicho que quiere verte. Y me ha dicho
tu nombre ¿Para que me creas, te lo digo? Efectivamente,
me dijo el nombre completo. Mi madre sorprendida no dijo un una
palabra. La médium nos dijo que fuésemos a ver la tumba 37 y que
esta nos sacaría de las dudas. Pronto se celebraría la festividad de
todos los santos y fuimos a ver la dichosa tumba 37. Al llegar y mirar
la tumba ¡Que por cierto, no era tumba! ¡Era un nicho! Un nicho
descuidado, daban escalofríos. Allí en el centro, mi nombre completo
y la foto de una silueta pintada en negro. Y un epitafio que decía:
Aquí yace desde 1956, “mi nombre completo” que murió de viejo a
los 100 años de edad, completamente sano haciendo el amor con su
joven esposa de 45. Desde aquel día no he vuelto a saber nada más del la silueta, ni de su tenebrosa voz del más allá, desde ese día no tengo miedo alguno cuando paso por el cementerio, sea día o noche. La única esperanza, la única conclusión que puedo tener de lo sucedido es que ese espíritu quería decirme a la edad en la que moriré ¡Me ha hecho muy feliz! Espero llegar a los 100 años de edad totalmente sano. Y si encima muero lo mismo que él ¡Será un placer! Denominación de la RAE de Género |
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