Fantasma cachondo - El olor a orina reseca (I)

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Datos ténicos

Las sombras me persiguen

Título: El olor a orina reseca
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Yo
Actores: Madre, tía, hermana.
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Misterio 
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Hace algo más de 3 años que mi madre enviudó, su hermana se divorció y mi hermana se casó. Desde entonces ¡Desde que se casó mi hermana! Mi tía empezó a visitar regularmente a mi madre para así consolarse mutuamente. Yo contaba en aquel tiempo con 19 años y como es natural pensando casi siempre en el sexo ¡Ahora también! Digan lo que digan ¿Hay algo más placentero que practicar el sexo? ¡No, sí...! Puede ser, yo de momento no lo he conocido ¡Ostras! Me he ido por las ramas, sin más preámbulos comenzaré con la historia:

 Los acontecimientos sucedidos en mi familia en el corto espacio de un mes hicieron que todo lo acaecido fuese casi increíble. Mi madre con 40 años quedó viuda tras la repentina muerte de mi padre en un accidente de tráfico. Mi tía con 42 años se divorció de su marido después de 20 años de convivencia y mi hermana con 20 años se casó.

 Desde la muerte de mi padre, tanto mi tía como mi hermana visitaban casi diariamente a mi madre, ella estaba sumida en una profunda depresión, no comía y apenas consumía líquido alguno ¡Parecía querer morir! Mi tía trataba por todos los medios alegrarle su existencia, pero ella estaba obcecada en dejar esta vida para pasar a otra que dicen que es mejor ¡Lo dudo mucho!

 Pasaron los días ¡No muchos! Siete para ser exactos, mi madre empezó a consumir algún que otro alimento ¡Alguien dijo, no se muere de amor, se muere de caquexia! Día tras día denotaba mejor color en su faz, como no podía ser de otra manera las ganas de seguir viviendo retornaron a su cuerpo ¡Por cierto, qué cuerpo! Durante esos días de acongoja y descuido, mi madre desatendió sus cuidados personales, apenas si se cambió de ropas durante una semana. Cuando estaba sentado a su lado denotaba un fuerte olor a orina reseca y al típico aroma de sexo poco aseado. Todos se lo perdonamos ya que estaba pasando por un duro trance en su vida. No obstante le increpé ya que era excesivo:

 -Mamá ¡Vuelve en ti! Estás hecha una piltrafa. Olvida lo que ha pasado, lo pasado, pasado está ¡Papá no volverá! Él ahora ya se pudre como toda carne muerta sin refrigeración ¡Por favor te lo pido! ¡Cuida tu cuerpo!  

No contestó nada, las lágrimas como todos los días desde el accidente brotaban de sus ojos y tomaron camino de sus mejillas. Su hermana para consolarla, con sus manos casi acariciándola secó sus lágrimas, ella sollozaba y reclinó su cabeza en el hombro de mi tía. Tanto la una como la otra me ignoraban por completo. Sin darse cuenta se besaron ¡Quedé perplejo! ¿Qué estaba pasando? No eran besos de consolación, eran besos de deseos ¡Por lo menos lo parecían! Las observé tan sumidas en su labor que me retiré a mi habitación para descansar un poco. Me despedí diciendo:

 -Mamá, tía ¡Estoy cansado, me retiro a mi habitación para descansar un rato! ¿Necesitáis algo de mí?

No me hicieron caso alguno, seguían besándose cada vez con más fogosidad y deseos, mas no pasaban de los besos que para mí fueron suficientes para excitarme como si no lo hubiera hecho nunca. De no haber estado esperando la llegada de mí hermana sin duda alguna hubiera sacado mi largo y duro pene para masajearlo y eyacular viendo tan placentero espectáculo. Sonó la cerradura de la puerta de entrada y ellas ni se inmutaron, raudo fui para abrir, pero ella había entrado:

 -¡Hola Paula!

 Tras el saludo al que por cierto no contestó, acompañé a mi hermana hasta el salón para que ella también disfrutara de la escena erótica que estaban realizando mi madre y su hermana. Cuando llegamos:

 -¡Hola Paula, Cariño danos un beso!

 Se habían dado cuenta de la llegada de mi hermana y estaban sentadas en el sofá de lo más recatadas. Nada parecía haber sucedido, simplemente las delataba el sofoco de sus mejillas. Como mi hermana acababa de llegar del viaje de novios, tanto mi madre como mi tía empezaron a interrogarla:

 -¿Lo has pasado bien? ¿Cómo te ha ido? Que si esto, que si lo otro...  

Mi hermana contestó solamente a la primera pregunta ¡No, he sido muy infeliz! En ese instante me percaté de que traía una maleta. Algo no iba como debiera en la relación entre mi hermana y su marido. Efectivamente, siguieron interrogando y dijo que se había marchado de casa, ya que en una discusión su marido le había dado un bofetón. Ni mi tía y mi madre reprobaron la actuación de mi hermana ¡Es más! La animaron ha empezar los trámites de divorcio diciéndole que si lo perdonaba, lo que hoy había sido un bofetón, mañana sería un puñetazo y pasado una paliza. La reunión se convirtió en un melodrama. Mi hermana lloraba, mi madre sollozaba y a mi tía las lágrimas le brotaban. Les dejé que se desahogaran a placer sin molestarlas. De nuevo les dije:

 -Me marcho a mi habitación para descansar ¿Queréis algo de mí?

 Como las veces anteriores no dijeron nada ¡Me seguían ignorando! Parece que estuvieran enfadadas conmigo y me castigaban sin contestarme. De camino hacia mi habitación, caigo en la cuenta de que aunque sé que han pasado siete días desde el accidente que acabara con la vida de mi padre, no puedo recordar nada de lo sucedido desde entonces... Entro en mi habitación y la encuentro muy cambiada, todo está en orden ¡No recuerdo haberlo hecho! No le di más importancia y me tumbé en la cama para descansar un rato ¿Qué pasa? No siento mi peso sobre ella ¡Sin duda estoy soñando! Estoy tan cansado que ni siquiera siento mi cuerpo. Esto no es normal, estoy convencido de que es un sueño ¿Cómo es posible? Estoy en mi habitación y siento lo que dicen mi madre, mi tía y mi hermana. Asustado me incorporo y me dirijo hasta la sala de estar donde están ellas. Ahí están, siguen llorando:  

-Mamá me está pasando algo raro.

 Por más que les hablaba ninguna de las tres me contestaba. Si era una broma, empezaba a ser una situación preocupante. Por un instante dejan de llorar y mi hermana pregunta:

 -¿Cómo no me dijiste nada de lo sucedido cuando llamé desde Acapulco?

 Mi madre llorando desconsoladamente le empezó a contar lo sucedido. Mis oídos no daban crédito a lo que escuchaban. Después del banquete de la celebración de la boda, cuando mi hermana y su marido ya se habían marchado de viaje de novios, nosotros de regreso a casa tuvimos un accidente de tráfico ¡Eso ya lo sabía! Lo que no sabía es que yo también había resultado accidentado ¡No puede ser, es una broma de mal gusto! Indignado grito enérgico:  

-¡Ya está bien! No sigáis con esta falsa.

 Nadie contestó, ni siquiera me miraron. Aquello era tan raro que empecé a estar muy preocupado, fui hasta el cuarto de baño para refrescarme la cara ¡No...! Miro al espejo y me veo vestido con el traje de la ceremonia. El que estaba allí no era mi cuerpo, era mi mente ¡Sin duda alguna era así! Quise abrir el grifo para echarme agua fría y despertar ¡No pude! La angustia era tal, que de no estarlo ya ¡Habría muerto! Regreso a la sala de estar para saber más de lo sucedido:

 -¿Cómo está él, mamá?

No sé a quién se refería, pero mi madre le contestó que estaba en el hospital en coma irreversible esperando la muerte cerebral. ¿Era mi padre, o era yo el que yacía en una fría cama de la UCI ? Aquella pesadilla tardaba mucho en terminar ¡Yo quería despertar! Pero no era un sueño, era cierto. Mi cuerpo estaba atrapado en la cama del hospital, pero mi mente pululaba por mi casa ya que es donde siempre había vivido.

 Pasaron las semanas, meses y años, mi cuerpo sigue en el hospital y yo sigo atrapado en las vidas de mi hermana, tía y madre. He logrado aprender a seguirlas cuando ellas salen de casa. Incluso me he visto allí, en la cama del hospital postrado esperando mi muerte definitiva. Llevo tres años esperando morir para descansar y dejar descansar a mis seres queridos. No tengo ni idea de lo que ocurrirá cuando mi cuerpo muera. De momento no pensaré en nada y disfrutaré de las vidas de mi madre, tía y hermana. No tienen desperdicio. ¡Ostras! Me estoy convirtiendo en un fantasma cachondo. Continuará....

Sigue

 

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