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Relato -¡Hola Aída! ¿Cómo te encuentras esta mañana, tienes ganas de ir a la playa, hace un día esplendido? -No Trinidad, estoy cansada y tengo la regla. Tengo ganas de quedarme en casa, así prepararé el examen del martes ¿No te acuerdas que tenemos un examen? -Sí, pero no me importa ya lo sé todo de memoria ¡Ya sabes que soy muy buena estudiante! ¿Quieres que me acerque a tu casa y te ayude a estudiar? -Te lo agradezco Trinidad, sabes que las matemáticas no son mi fuerte ¡Te espero no tardes! ¿Sabes dónde vivo? -¡Sí
lo sé! No
entiendo como Aída tiene tanto interés en estudiar, tiene un padre
multimillonario y es hija única, no le falta de nada ¡Lo heredará todo!
Por el contrario Trinidad solamente tiene el dinero justo para pagarse la
universidad, comer y poco más, sus padres tienen que hacer verdaderos
esfuerzos para llegar a fin de mes. Trinidad tiene una mente brillante ¡Es
muy inteligente! Y un genio de las matemáticas, pero no le importa sacar
buenas o malas notas ¡Le da igual! -¡Hola Aída, ya estoy aquí! -Que bonito vestido traes puesto ¡Estás preciosa! Pasemos a la biblioteca, allí estaremos tranquilas y estudiaremos. -Gracias Aída ¡Tú no estás preciosa, tú eres preciosa! -¡Ya estamos! Sabes que yo solamente quiero ser tu amiga ¡No intentes seducirme! Las chicas no me atraen ¡Venga estudiemos! -Bueno Aída, tu déjame que yo lo intente ¿Cómo sabes que no te gustan las chicas, lo has intentado alguna vez? -¡No
pesada, vamos a estudiar! Aída y
Trinidad se conocieron el año pasado, en la universidad las dos han
empezado la carrera de ingeniería en telecomunicaciones ¡Sí, esa
carrera que muchos empiezan y pocos acaban! Son unos estudios realmente
exigentes, al que hay que dedicar mucho tiempo del día. Entre 10 y 12
horas, de lo contrario seguro que pasas a engrosar la lista de los que no
acaban la carrera ¡A no ser que seas como Trinidad! Ella le dedica dos
horas al día y tiene más que suficiente para sacar notas de 8 en
adelante ¡Es especial! -¿Lo has entendido Aída? -Sí, lo he entendido todo perfectamente ¡Eres muy buena profesora! ¿Descansamos un rato? -¡Vale como tú quieras! Así tendrás tiempo para enseñarme tus preciosas y grandes tetas ¡Son hermosas, cómo me gustan! ¿Quieres ver las mías? -No Trinidad, ya te las he visto y tu las mías, la semana pasada en la playa ¡Recuerdas! -Lo recuerdo, pero llevábamos los bikinis colocados ¡No es lo mismo! Yo las quiero ver sin el sujetador colocado ¡Enséñamelas! -Estás
muy pesada, si te portas bien luego te las enseño ¡Por cierto, no tengo
las tetas tan grandes! Mi senos son te tamaño medio. Trinidad
es una hermosa chica, cuando digo hermosa no estoy diciendo solamente que
sea guapa ¡Que lo es! Es una chica de constitución fuerte de carnes
prietas, grandes pechos y de gran altura, mide -No te enfades Aída ¡Perdona si te he ofendido! Nada más lejos de mi pensamiento. Tus pechos no son grandes son perfectos -¡Calla
aduladora! No me has ofendido, luego te los enseñaré y verás como no
son grandes. Aída
tiene una figura estilizada, y al igual que Trinidad es una chica alta, y
aunque ella se enfade o diga que no tiene los pechos grandes ¡Si lo son!
Son unos preciosos pechos redondos, Las dos están muy bien ¡Sí, las
tetas! Son muy excitantes. -Vamos Trinidad, ya hemos descansado bastante tiempo y hemos cogido fuerzas con este refrigerio que hemos tomado ¡Sigamos estudiando! -¡Vale mi amor! Sigamos estudiando para que saques buenas notas ¡Estoy deseando que llegue el momento! -Yo no, me pongo muy nerviosa en los exámenes. -No Aída,
no, ya sabes a que momento me refiero ¡Qué nerviosa estoy...! Trinidad
es una mujer a la que le gustan las mujeres, desde pequeña siempre les
han atraído sus amigas, aunque hasta ahora nunca se ha acostado con
ninguna chica ¡Pero ha llegado el momento! Por ese motivo no hace más
que intentarlo con Aída. -¡Qué día, valla caña que me has dado! He estudiado y aprendido tanto que ahora me veo preparada para el examen del martes ¡Me siento segura! Gracias Trinidad por ser mi profesora, gracias por ser mi amiga ¡Eres un sol! -¡Déjate de cumplidos Aída! Ya puedes desnudarte para que te vea tus preciosos melones. -No
seas impaciente, recojamos todos los libros y libretas. Iremos a mi
dormitorio y allí estaremos más cómodas y no tendremos peligro de que
mis padres puedan sorprendernos ¡No lo entenderían! Trinidad
estaba convencida de que Aída ya estaba en el bote, estaba segura de que
sucumbiría a sus insinuaciones y que haría el amor con ella. Por fin
lograría el objetivo de sus deseos desde que conoció a Aída ¡Ver y
acariciar sus grandes tetas! -Pasa Trinidad, esta es mi habitación ¿Te gusta? -¡Es inmensa! ¿No te sientes sola en ella? -No, estoy acostumbrada, desde pequeña estoy durmiendo aquí. Es como si tuviera una casa dentro de mi casa. La próxima vez estudiaremos aquí ¿Quieres ver la tele? Tengo televisión vía satélite. -Tienes de todo ¡Qué felicidad! Venga pon la tele, pon un canal de esos donde se ven chicas haciendo el amor ¡Verás como te gustará! -Que no
Trinidad, que sólo me gustan los chicos ¡Créetelo! En el
instante en que se iban a sentar en el sofá cómodamente para empezar la
sesión televisiva Trinidad recibió una llamada desde su casa. Recibió
una mala noticia, su padre había tenido un accidente con el coche y
estaba ingresado en el hospital muy grave ¡Rozando la muerte! Qué
desgracia, qué mala suerte, ahora que tenía a Aída a punto de caramelo
tenía que salir con urgencia de su casa. -¿Qué pasa Trinidad? Te has puesto pálida ¿Qué te han dicho por teléfono? -Mi padre ha tenido un accidente y me tengo que marchar al hospital. Está muy grave a punto de fallecer. -Lo siento Trinidad. Espera un momento que me cambio y te llevaré en mi coche ¡Tú no estás para conducir! -No te molestes, mi madre pasa ahora a recogerme para ir las dos juntas ¡Gracias Aída, te lo agradezco! -Cuando
sepas algo llámame ¡Espero tu llamada Trinidad! Desde
la casa de Aída han salido Trinidad y su madre con dirección al hospital
para ver si llegaban a tiempo de ver vivo a su padre ¡No fue así! Nada más
llegar les notificaron que había fallecido. -¡Hola Aída! Mi padre ha muerto, el martes no podré asistir al examen. -Lo siento Trinidad, te acompaño en el sentimiento ¿Puedo hacer algo por ti? No tienes más que decirlo. -Gracias
Aída ¡Eres un encanto! Ya nos veremos. Toda
muerte conlleva un drama, el velatorio el recibir a las personas conocidas
y el posterior entierro no es más que un alargamiento de la pena que
padece toda persona que tiene la mala fortuna de perder un ser querido. Tras en
entierro, Trinidad pasó por un bache en su vida ¡Más que bache, socavón!
Empezó a faltar a clase, los días los pasaba llorando ¡Estaba muy unida
a su padre! No pudo asimilar su pérdida ¡Se estaba dejando morir! -¿Está Trinidad? La he estado llamando al teléfono pero no lo coge ni contesta a mis mensajes. -Sí está ¿Eres Aída verdad? -Sí ¿Es usted su madre? ¡Le acompaño en el sentimiento! -Gracias,
pasa, llamaré a Trinidad. Desde la muerte de su padre no quiere hablar
con nadie, si sigue así enfermará. Trinidad
accedió a que Aída entrara en su habitación, la recibió como una amiga
debe recibir a sus amigos, pero Aída cuando la vio quedó bloqueada. Le
afectó verla tan delgada que no supo que decirle. -¡Joder
Aída! No has contestado a mis llamadas y en la universidad la dirección
que me han dado no era la tuya, por eso he tardado 15 días en averiguar
tu dirección ¡No creas que ha sido fácil! Ya te explicaré un día como
lo he hecho. ¡Dime algo amiga! Aída
intenta una y otra vez que Trinidad reaccione y conteste a sus preguntas
para así poderla animar. Pero Trinidad no contesta, Trinidad está
dispuesta a morir, lleva diez días sin probar bocado y su aspecto es de
pena. Si sigue así no tardará mucho en entrar en coma o en paro
cardiorrespiratorio ¡Perderá su vida! -¡No
seas terca, contéstame Trinidad! Pídeme lo que sea ¡Yo te lo daré! Aída
lloraba impotente ante la actitud de Trinidad que no quería seguir
viviendo, solamente le quedaba hacer una cosa. -¿Quieres
ver mis pechos Trinidad? Ante esa pregunta Trinidad sonrió tímidamente, dirigió su mirada a los ojos de Aída cerró los suyos y lentamente dejo de respirar. En ese momento acabó la vida de una joven promesa ¡Murió de pena! Denominación de la RAE de Género |
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