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Relato La
verdad es que mi madre siempre ha sido un poco ligera de cascos y una
mujer promiscua por naturaleza ¡Con decirles que no conozco a mi padre!
Pero aun así la quiero con locura ¡Me ha dado la vida! Se lo agradezco
de todo corazón y se lo demuestro siempre que tengo la ocasión. Aunque
no pasa más de dos semanas con el mismo hombre, siempre se ha encargado
de mí como la mejor de las madres existentes en este mundo ¡Nunca he
estado abandonada! Ya les digo, es genial ¡Es prostituta de profesión!
Estoy muy orgullosa de ella. La
semana pasada cumplí los 18 años, mi madre siempre ha tratado de que no
tuviera relación alguna con los hombres que traía a casa. Desde que
tengo uso de razón recuerdo que me lo explicaba, me decía que no saliera
de la habitación hasta que ella me avisara. Siempre me explicó que es lo
que hacía con ellos y yo la entendí. He tenido una infancia maravillosa
ya que es tan discreta que en la urbanización en la que vivimos dudo que
sepan a que se dedica mi maravillosa madre ¡Qué tía! Yo no sé si las
demás madres prostitutas son así ¡No me importa! La única que me
importa es mi madre que es la que me ha cuidado y educado siempre lo mejor
que ha sabido ¡Yo se lo agradezco! No me ha falta de nada ¡Tengo de
todo! Pida lo que pida me lo compra. Ya he hablado bastante ahora les
cuento una cosa que hicimos la semana pasada: Mi
madre y yo estábamos un día un poco aburridas y decidimos ir a dar una
vuelta por un centro comercial cercano a la localidad donde vivimos. Mi
madre es una cachonda que siempre está de bromas ¡Qué alegre es, qué
madre que tengo! Como he dicho, tengo 18 años y ella justamente me
duplica la edad. Con sus 36 años da envidia, parece que tuviera 16 años,
a veces hasta me cuesta seguirla en sus genialidades ¡Qué vitalidad!
Antes de salir de casa mi madre dice: -¿Qué te parece si nos divertimos un rato Débora? -¿Cómo
mamá? Me
explicó lo que pretendía y la idea me encantó. No intentaba otra cosa
que fuéramos a pasear con faldas cortas y sin las bragas puestas. Así lo
hicimos nos pusimos unos vestidos de falda por encima de las rodillas.
Discretos sin ser provocativos ¡Simplemente cortos! Tanto mi madre como
yo siempre llevamos el coño afeitado. Es una cosa que hacemos desde que
yo cumplí los 16 años. Es una sensación muy agradable. Pero ir a la
calle sin bragas nunca jamás lo había hecho. Vestidas
de una manera sexy, sin bragas arropando nuestros chochos, montamos en uno
de los coches que tiene mi madre ¡El deportivo! Que en cuanto tenga el
carné de conducir será para mí, partimos en dirección al centro
comercial. Ella no paraba de reír y yo me contagiaba de sus risas ¡Parecíamos
dos crías! La sensación de ir sin bragas era más emocional que física,
ya que las bragas que yo utilizo son finísimas y parece como si no las
llevara. En
el trayecto hacia el centro comercial mi madre me fue diciendo cosas para
ir haciendo disimuladamente para que los chicos o chicas nos pudieran ver,
siempre sin exagerar para no ser denunciadas por algún mojigato. Nada
más llegar al aparcamiento del centro, tuvimos la suerte que tanto a la
parte izquierda como a la derecha habían gentes cargando sus vehículos,
salimos abriendo las piernas sin ningún recato para ser vistas ¡Qué
nervios! Andábamos en dirección a la entrada y no parábamos de reír: -¡Qué loca estás mamá! Como nos pillen dormiremos en la comisaría. -Calla
niña, no llames al mal tiempo. Cuando
íbamos a subir por las escaleras mecánicas esperamos a que unos chicos
que venían tras nosotras se acercaran. Mi madre se agacho haciendo como
que recogía algo que se le había caído. Sin la menor duda que los
chicos le vieron el culo al descubierto, los chicos como es natural ¡No
callan ni en misa! Empezaron descaradamente a piropear el hermoso culo de
mi madre ¡Empezaba a tener miedo! -¡Te has pasado un poco mamá! Ten cuidado o estos chicos no seguirán por todo el centro comercial para ver que es lo que pueden ver. -No
te preocupes ¡Estos desde ahora ya no verán nada! Así
lo hizo, desde ese momento y hasta que los chicos no se despistaron y los
perdimos de vista, ni mi madre ni yo volvimos enseñar nada a nadie ¡La
cosa tenía su puntito! Ir sin bragas puestas e ir enseñando nuestros coños
a todo el que quisiera verlo hacía que mi cerebro descargara gran
cantidad de adrenalina ¡Me sentía como si flotara! Me encontraba muy
bien. Así pasamos casi dos horas, perdí la cuenta cuando ya le habíamos
enseñado nuestra depilada raja a más de treinta personas ¡Qué
marranas! Regresamos
a casa, pero antes nos tomamos unas hamburguesas con refrescos. Estando
sentadas sin preocupación alguna por el control de nuestras piernas, dos
chicas que estaban sentadas frente a nosotras no perdían detalle de
nuestros movimientos ¡Parecían ser lesbianas! Disfrutamos tanto haciéndolas
felices que hasta nos dio pena al dejarlas sin el espectáculo de nuestros
chochos depilados, ya sudorosos y sin bragas. Nos fuimos del local
contentas y riendo ¡Satisfechas! Ya en el coche le pregunté: -¿Mamá, te has fijado en esas dos chicas de la hamburguesería? -Sí, me he fijado, no nos quitaban ojo. Si llegan a ser chicos nos hubieran comido ¿No crees? -Desde
luego mamá, las chicas aunque lesbianas son más prudentes que los
chicos. Ya
en el coche mi madre me dio un sermón de buena conducta. Me dijo que eso
que habíamos estando haciendo durante toda la tarde en el centro
comercial no lo confundiera con el hecho de iniciarme en la profesión de
prostituta. Es una cosa que siempre ha tratado de quitarme de la cabeza,
de hecho es ella la que me ha convencido para que vaya a la universidad y
estudie la carrera de ingeniera en telecomunicaciones. Sin duda que le haré
caso, pero no descarto dedicarme a lo que ella siempre se ha dedicado. A mí
en particular me parece una profesión tan digna como la de ingeniera en
telecomunicaciones. Cada una de ellas desempeña una función en esta
sociedad que nos ha tocado vivir ¡Me mata! Si se entera que estoy
pensando eso. Llegamos a casa y nos fuimos las dos juntas al baño, nos dimos un masaje mutuo ya que entre nosotras hay total confianza, nos acariciamos y hacemos el amor con la mayor naturalidad del mundo ¡Mi madre es puta! Tengo una madre ¡De puta madre!
Denominación de la RAE de Género |
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