Sin bragas

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Datos ténicos

Relatos de minifaldas - Minifalda.

Título: Sin bragas 
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Madre
Actores: Madre, Hija.
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Erótico - Fetiche
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

La verdad es que mi madre siempre ha sido un poco ligera de cascos y una mujer promiscua por naturaleza ¡Con decirles que no conozco a mi padre! Pero aun así la quiero con locura ¡Me ha dado la vida! Se lo agradezco de todo corazón y se lo demuestro siempre que tengo la ocasión. Aunque no pasa más de dos semanas con el mismo hombre, siempre se ha encargado de mí como la mejor de las madres existentes en este mundo ¡Nunca he estado abandonada! Ya les digo, es genial ¡Es prostituta de profesión! Estoy muy orgullosa de ella.  

La semana pasada cumplí los 18 años, mi madre siempre ha tratado de que no tuviera relación alguna con los hombres que traía a casa. Desde que tengo uso de razón recuerdo que me lo explicaba, me decía que no saliera de la habitación hasta que ella me avisara. Siempre me explicó que es lo que hacía con ellos y yo la entendí. He tenido una infancia maravillosa ya que es tan discreta que en la urbanización en la que vivimos dudo que sepan a que se dedica mi maravillosa madre ¡Qué tía! Yo no sé si las demás madres prostitutas son así ¡No me importa! La única que me importa es mi madre que es la que me ha cuidado y educado siempre lo mejor que ha sabido ¡Yo se lo agradezco! No me ha falta de nada ¡Tengo de todo! Pida lo que pida me lo compra. Ya he hablado bastante ahora les cuento una cosa que hicimos la semana pasada:  

Mi madre y yo estábamos un día un poco aburridas y decidimos ir a dar una vuelta por un centro comercial cercano a la localidad donde vivimos. Mi madre es una cachonda que siempre está de bromas ¡Qué alegre es, qué madre que tengo! Como he dicho, tengo 18 años y ella justamente me duplica la edad. Con sus 36 años da envidia, parece que tuviera 16 años, a veces hasta me cuesta seguirla en sus genialidades ¡Qué vitalidad! Antes de salir de casa mi madre dice:  

-¿Qué te parece si nos divertimos un rato Débora?

-¿Cómo mamá?  

Me explicó lo que pretendía y la idea me encantó. No intentaba otra cosa que fuéramos a pasear con faldas cortas y sin las bragas puestas. Así lo hicimos nos pusimos unos vestidos de falda por encima de las rodillas. Discretos sin ser provocativos ¡Simplemente cortos! Tanto mi madre como yo siempre llevamos el coño afeitado. Es una cosa que hacemos desde que yo cumplí los 16 años. Es una sensación muy agradable. Pero ir a la calle sin bragas nunca jamás lo había hecho.  

Vestidas de una manera sexy, sin bragas arropando nuestros chochos, montamos en uno de los coches que tiene mi madre ¡El deportivo! Que en cuanto tenga el carné de conducir será para mí, partimos en dirección al centro comercial. Ella no paraba de reír y yo me contagiaba de sus risas ¡Parecíamos dos crías! La sensación de ir sin bragas era más emocional que física, ya que las bragas que yo utilizo son finísimas y parece como si no las llevara.  

En el trayecto hacia el centro comercial mi madre me fue diciendo cosas para ir haciendo disimuladamente para que los chicos o chicas nos pudieran ver, siempre sin exagerar para no ser denunciadas por algún mojigato.  

Nada más llegar al aparcamiento del centro, tuvimos la suerte que tanto a la parte izquierda como a la derecha habían gentes cargando sus vehículos, salimos abriendo las piernas sin ningún recato para ser vistas ¡Qué nervios! Andábamos en dirección a la entrada y no parábamos de reír:  

-¡Qué loca estás mamá! Como nos pillen dormiremos en la comisaría.

-Calla niña, no llames al mal tiempo.  

Cuando íbamos a subir por las escaleras mecánicas esperamos a que unos chicos que venían tras nosotras se acercaran. Mi madre se agacho haciendo como que recogía algo que se le había caído. Sin la menor duda que los chicos le vieron el culo al descubierto, los chicos como es natural ¡No callan ni en misa! Empezaron descaradamente a piropear el hermoso culo de mi madre ¡Empezaba a tener miedo!  

-¡Te has pasado un poco mamá! Ten cuidado o estos chicos no seguirán por todo el centro comercial para ver que es lo que pueden ver.

-No te preocupes ¡Estos desde ahora ya no verán nada!  

Así lo hizo, desde ese momento y hasta que los chicos no se despistaron y los perdimos de vista, ni mi madre ni yo volvimos enseñar nada a nadie ¡La cosa tenía su puntito! Ir sin bragas puestas e ir enseñando nuestros coños a todo el que quisiera verlo hacía que mi cerebro descargara gran cantidad de adrenalina ¡Me sentía como si flotara! Me encontraba muy bien. Así pasamos casi dos horas, perdí la cuenta cuando ya le habíamos enseñado nuestra depilada raja a más de treinta personas ¡Qué marranas!  

Regresamos a casa, pero antes nos tomamos unas hamburguesas con refrescos. Estando sentadas sin preocupación alguna por el control de nuestras piernas, dos chicas que estaban sentadas frente a nosotras no perdían detalle de nuestros movimientos ¡Parecían ser lesbianas! Disfrutamos tanto haciéndolas felices que hasta nos dio pena al dejarlas sin el espectáculo de nuestros chochos depilados, ya sudorosos y sin bragas. Nos fuimos del local contentas y riendo ¡Satisfechas! Ya en el coche le pregunté:  

-¿Mamá, te has fijado en esas dos chicas de la hamburguesería?

-Sí, me he fijado, no nos quitaban ojo. Si llegan a ser chicos nos hubieran comido ¿No crees?

-Desde luego mamá, las chicas aunque lesbianas son más prudentes que los chicos.  

Ya en el coche mi madre me dio un sermón de buena conducta. Me dijo que eso que habíamos estando haciendo durante toda la tarde en el centro comercial no lo confundiera con el hecho de iniciarme en la profesión de prostituta. Es una cosa que siempre ha tratado de quitarme de la cabeza, de hecho es ella la que me ha convencido para que vaya a la universidad y estudie la carrera de ingeniera en telecomunicaciones. Sin duda que le haré caso, pero no descarto dedicarme a lo que ella siempre se ha dedicado. A mí en particular me parece una profesión tan digna como la de ingeniera en telecomunicaciones. Cada una de ellas desempeña una función en esta sociedad que nos ha tocado vivir ¡Me mata! Si se entera que estoy pensando eso.  

Llegamos a casa y nos fuimos las dos juntas al baño, nos dimos un masaje mutuo ya que entre nosotras hay total confianza, nos acariciamos y hacemos el amor con la mayor naturalidad del mundo ¡Mi madre es puta! Tengo una madre ¡De puta madre! 

 

 

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