|
Relato Aferrada
a la mano de mi madre me maldecía una y otra vez, yo era la culpable de
todo lo sucedido. Miré su rostro, en él observé paz y serenidad parecía
haber muerto sonreído, saber que su hija no estaba muerta le hizo feliz
¡No se lo contaría a nadie, pero parecía feliz! Petra
como dijo no tardó más de 5 minutos en llegar. No hacía ni 24 horas que
la conocía y ya estaba amargándole la vida ¡Sin duda soy gafe, la
infelicidad llega conmigo! -Hola Anita ¿Cómo te encuentras? -Muy mal Petra, estoy abatida ¡Todo me sale mal! Soy la persona con la peor suerte de este mundo ¿Qué hago? -Tenemos que llamar al médico de urgencias para que certifique la muerte y posteriormente contactar con la funeraria para que prepare el entierro. Ellos se encargan de todo el papeleo que conlleva una muerte. Yo me encargo de todo ¡Tú no te preocupes! Petra
es una chica decidida que sabe que es lo que hay que hacer en todo
momento. De no haber sido por ella me hubiera vestido y nuevamente hubiera
huido ¡Pero no! Gracias a ella hice frente al lamentable y duro
acontecimiento de la inesperada muerte de mi madre ¡Fue duro! Es muy duro
ver morir a tu madre con apenas 40 años de edad. Los
días pasaron, mi madre fue enterrada junto con mi padre. Nada más
terminar el trámite del enterramiento empezó para mí otra odisea ¡Otra
aventura! Demostrar que yo era hija de mis padres ¡Nadie lo creía! Todos
los organismos oficiales me daban por muerta ¡Y eso que nunca encontraron
el cadáver! Más me hubiera valido, si hubiera muerto no hubiera tenido
tanto sufrimiento ¡Además, mi madre estaría viva! Mis
padres no tenían muchas pertenencias que pudiera heredar, pero como ellos
fueron los que se esforzaron por tener un piso y algunos ahorros, no quise
que nadie se quedara con lo que ellos habían con tanto esfuerzo ahorrado. ¡Yo
no existía! ¿Qué tenía que hacer para nacer oficialmente de nuevo? Ni
siquiera tenía carné de identidad. Por suerte tenía a mi lado a Petra.
Me convenció para que explicara todo lo que me había sucedido a la policía.
Pero para que no me tomaran por loca, me recomendó que buscara un abogado
especialista en casos similares ¡Él sabría que hacer! Así lo hice, yo
con el paso de los días estaba cada vez más débil, cada vez más
enferma. No quería engañar a Petra. No volvería a engañar a nadie ¡Si
en mí estaba el evitarlo! Le conté toda mi historia y ella me ayudó.
Ella buscó el abogado, ella pagó las minutas, ella lo tramitó todo. En
cuatro meses logró que el registro civil me reconociera como Anita, hija
de mi padre y de mi madre. Pude heredar el piso, las cuentas bancarias y
el resto de pertenencias. No era mucho, pero si lo suficiente para vivir
el poco tiempo que me quedaba. Pagué a Petra todo lo que ella había
gastado y además le di 6000 euros como agradecimiento. No los quería de
ninguna de las maneras, pero insistí ya que se los merecía. La
amistad entre Petra y yo fue creciendo más y más, fuimos intimando hasta
el punto de venirse a vivir a mi casa. Cada día que pasaba estaba más a
gusto a su lado, era una persona que sabía querer y dejarse querer. Era
una persona que no pedía nada ¡Lo daba todo! Era una de esas mujeres de
las que ya quedan pocas en el mundo ¡Era buena! Estaba a mi lado sin
darle importancia a mi enfermedad contagiosa. Decía que tomando unas mínimas
precauciones nunca se infectaría ¡No le pasaría nada! Como digo era una
persona que merecía la pena. Estaba tan enamorada de ella, que si me
faltara ¡Moriría! Han
pasado tres años, tres años de felicidad junto a Petra. Me ha dado tanto
amor que apenas si me acuerdo de todo lo que he sufrido. Hoy he cumplido
24 años, aunque los médicos me dijeron que no llegaría a los 23 ¡Se
han equivocado! Sigo aguantando, creo que sigo viviendo gracias al cariño
y a los cuidados que recibo de Petra ¡Estoy convencida! Ella es la batería
de mi vida. Durante estos años he recuperado todo lo que había perdido.
Me quedaba una cosa por hacer ¡Ir a esquiar a la nieve! Aunque estaba débil,
Petra se empeñó en llevarme. Como regalo de cumpleaños, además de su
amor me regaló con un viaje al Valle de Benasque (Huesca – España), en
las pistas de la estación de Cerler pasaríamos una semana de ensueño. Salimos
un viernes a las 14 horas con dirección a Huesca. Aunque yo aprendí a
conducir Petra insistió en llevar ella el coche. Decía que yo estaba muy
débil y que no tenía que fatigarme: -No,
conduciré yo, tú guarda tus fuerzas para esquiar ¡Verás que bien lo
pasamos! Esas
fueron las últimas palabras que salieron de su boca, palabras expresadas
desde el fondo de su corazón ¡Qué mala fortuna rige el rumbo de mi
vida! Camino a Huesca un conductor suicida ¡Homicida digo yo! Conducía
en sentido contrario, Petra para esquivarlo dio un volantazo a la
izquierda y fue a dar con un árbol. Yo a pesar de ir en el asiento más
peligroso de un coche, no sufrí ni un rasguño ¡Ella quedó en coma! ¿Por
qué ella y no yo? Han
pasado 6 meses desde que Petra entró en coma. Paso casi todo el día
junto a su cama le hablo constantemente, creo que aún sigo viva por ella.
Quiero ver como se recupera ¡Sé que me engaño! Los médicos no me han
dado ninguna esperanza de que se recupere ¡Ellos lo dicen! Pero yo no
pierdo la esperanza, siempre le hablaré: -Venga
Petra, despierta que tenemos que ir a esquiar, venga amor mío ¡Hazlo por
mí! Despierta, echo de menos tus caricias, echo de menos tus besos. Yo
no creo ya en nada, no creo en nadie. Pero vendería mi alma al diablo si
le devolviera la conciencia y el movimiento a mi amada Petra. Lo repetía
en voz alta una y otra vez. Las enfermeras y los médicos que me
escuchaban pensarían que me habría vuelto loca. Loca no ¡Enamorada y
apenada! Enamorada de una buena persona que no se merecía lo que le había
ocurrido. No se merecía estar en la situación en la que se encontraba ¡Nadie
se merece tener un accidente! Pero ella menos ¿Por qué ella quedó en
coma? ¿Por qué el conductor homicida está vivo? Y lo que es peor, además
está libre ¡Qué injusta es la vida! Injusta es la justicia ¡Oh diablo!
Señor de las tinieblas, yo te invoco. Haz que Petra recupere su movilidad
y el habla ¡No lo dudes! Tú que puedes pasa la enfermedad de Petra al
sujeto que la dejó así ¡Eso es lo justo! Tendrá mi alma, tendrás mi
cuerpo ¡Todo lo que desees! No estoy para muchos trotes, pero dejaré que
hagas conmigo lo que quieras. -Señorita baje la voz, está molestando a los enfermos. Si no lo hace la tendremos que echar a la calle. -Perdonen
¡Ya me callo! Quedé
callada y llorando desconsoladamente durante unos minutos. Me secaba las
últimas lágrimas que brotaban de mis ojos, cuando por la puerta apareció
la familia al completo de Petra. Sus visitas eran cada vez más
distanciadas. De hecho en los 6 meses de hospitalización la visitaron 4
veces ¡Qué crueles! La han dejado sola ¡No! Sola no, yo estoy aquí
casi las 24 horas del día. Creo que no vienen a visitarla porque me
tienen miedo, miedo de que les contagie el SIDA ¡Serán idiotas! Petra ha
vivido conmigo todos estos años y está sana. Su madre dice: -Hola Anita ¿Cómo está Petra? -Está
como siempre, pero tengo el presentimiento de que pronto se va a despertar
del coma. Todos
sonrieron, le dejaron un ramo de flores y sin más se marcharon. No se
dignaron a decirle ni una palabra agradable de aliento ¡Petra no merecía
eso! Nunca le perdonaron que hubiera ido a vivir conmigo ¡Aún no le han
perdonado! La vida es así, tú puedes ser todo lo buena persona que seas.
Siempre habrá alguien que te odie ¡La sociedad es así! Así de cruel es
la vida: -¿Has
visto Petra? Te han traído flores ¡Mira que bonitas, huelen de
maravilla! Desde
que su familia visitó a Petra por última vez han pasado ya 6 meses ¡Sí,
medio año! Mañana se cumplirá el primer aniversario del accidente. Mañana
será mi 25 cumpleaños. Me encuentro muy débil, apenas si puedo andar.
Ya no tengo fuerza para mover a Petra para que no le salgan úlceras. En
pocos día me tendrán que ingresar, estoy intentando que pongan una cama
junto a la de Petra ¡Quiero morir junto a su lado! Me han dicho que eso
no se puede hacer, pero que harán una excepción y me concederán ese último
deseo ¡Qué menos, qué mal le hago a nadie! Estoy angustiada, veo cerca
mi muerte ¡No tengo miedo de morir! Lo que si me preocupa es que Petra se
quede aquí sola: -Petra
me estoy muriendo ¡Por favor despierta! No
me lo podía creer, Petra dio un leve apretón a mi mano ¡Por favor, que
sea cierto! Dirigí mi mirada a sus ojos. Estaba sucediendo, Petra estaba
despertando de su profundo coma. Sus ojos se movían, con la poca fuerza
que me quedaba llamé a las enfermeras y éstas, urgentemente a los médicos: -Es un caso entre un millón, se está recuperando y en unas horas hablará ¿Cómo te encuentras tú Anita? -Mal muy mal, apenas si tengo aliento para hablar ¿Llegaré a mañana doctor? Quisiera despedirme de Petra. -No
lo sé ¡Ya lo sabes! Los médicos somos personas, no podemos predecir
exactamente el tiempo de vida que les quedan a los enfermos ¡Compréndelo!
Ten esperanza y verás como puedes despedirte de ella. Mi
amor por ella hizo que mi vida no se apagara. Cuando Petra estuvo
consciente pude decirle todo lo que la amaba, le dije: -Petra
¡Qué feliz que soy! He aguantado viva para ver tu recuperación ¡Por
favor! Recupérate totalmente y sé feliz. Los años que he pasado junto a
ti han sido los años más bonitos de toda mi vida ¡Gracias cariño,
gracias amor mío! ¿Me escuchas? Bajó
sus ojos para confirmármelo. Escribí estas últimas palabras en el
cuaderno, le dije que era mi historia y le pedí que la sacara a la luz.
Agarré su mano... Anita agarró mi mano y allí, sentada junto a mi cama en el día de su 25 cumpleaños murió tranquilamente con lágrimas en sus ojos, fijamente clavados en los míos. Fin
Denominación de la RAE de Género |
|
Todos los textos aquí expuestos han sido creados por el grupo de escritores de gestialba.com por lo tanto son textos originales y con derechos de autor. Situando el puntero del ratón durante unos segundos sobre los bocetos sentirás algunos sonidos.
|