|
Relato Era
una noche de otoño fría y lluviosa, ella salía a las diez de la
academia en la que ejercía de profesora de aeróbic. Algo sucedió esa
noche porque Lucía no volvió a la hora en punto del que hasta Ahora había
sido su trabajo. Es una mujer de 35 años que tiene la cabeza sobre los
hombros, de haber querido irse de marcha hubiera avisado, no tengo la más
mínima duda. ¿Qué le ha pasado a Lucía? ¿Dónde se encuentra Lucía? Últimamente
la encontraba rara, apenas si me dirigía la palabra, parecía estar ya
cansada de mí ¡No se lo reprocho! A mí me ocurre lo mismo, su compañía
ya no me llena como lo hacía algunos años atrás. Las relaciones
sexuales han dejado de tener interés entre nosotros. Son las -¿Dónde has estado Lucía? -Gracias por tu interés, he pasado un día muy agradable. -No
me salgas con evasivas ¡Eres una puta! Me pones los cuernos con el
primero que te lo propone ¡Después dices que te pego! Hoy
te vas a enterar de lo que vale un peine. Te voy a dar una paliza que
recordarás el resto de tus días. Verás como se te quitan las ganas de
ponerme los cuernos: -¿Qué dices cariño? Yo no te he puesto los cuernos, me he retrasado porque hay mucho tráfico debido al partido entre el Real Madrid y el Barcelona C.F. -Partido
de fútbol, espera que te agarre ¡Verá como te dejo! ¡Joder!
Como he disfrutado, qué paliza le he dado a la zorra que tengo por mujer
¡Ahora estoy satisfecho! Hazme la cena que tengo hambre Lucía: -Deja
de gimotear y prepárame la cena. No tardes o volverás a cobrar. Mientras
tanto me echaré un rato en el sofá para ver la tele ¡Es verdad! Hoy hay
partido de fútbol entre el Madrid y el Barcelona. Tenía razón la muy
guarra ¡Bueno, que se joda y aprenda a venir puntual! Echaré una
cabezada mientras prepara la cena. -¿Qué haces Lucía? ¿Por qué me has atando los pies y las manos? -¿Por qué? Ahora lo verás pedazo de hijo de la gran perra. Que me perdone tu madre ¡Ella es una divina persona! Pero tú eres un hijo de la gran puta ¡Cacho cabrón! -No
Lucia, no lo hagas. Te prometo que no te volveré a pegar en la vida. Deja
ese cuchillo ¡Me das miedo! Antes
de cortarle el miembro desperté sudorosa y asustada por la pesadilla que
estaba sufriendo ¡Qué horror! Si ni siquiera estoy casada. Hasta en los
sueños he sentido el dolor de los palos que ese energúmeno me daba.
Tengo que dejar de ver las noticias de la televisión, eso hace que luego
sueñe o tenga malas pesadillas. Me lo prometo a mi misma, desde hoy dejaré de ver la televisión antes de irme a la cama, es peor que una indigestión ¡Qué alivio, todo era un mal sueño! Denominación de la RAE de Género |
|
Todos los textos aquí expuestos han sido creados por el grupo de escritores de gestialba.com por lo tanto son textos originales y con derechos de autor. Situando el puntero del ratón durante unos segundos sobre los bocetos sentirás algunos sonidos.
|