Follar las tetas (I)

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Datos ténicos

Relatos de minifaldas - Minifalda.

Título: Follar las tetas (I)
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Elsa
Actores: Elsa, Lucrecia, Pepe.
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Erótico - Policíaca
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Elsa sin esperarlo me llamó ¡Qué sorpresa más agradable! Hacía algo más de tres años que no hablaba con ella, de hecho ni siquiera la recordaba. Pasé muy buenos ratos en su compañía, pero eso ya era pasado. Levanto el teléfono y escucho:  

-¿Quieres follarme las tetas?  

Como es natural ante esa pregunta, así de improviso la mayoría de gente se queda un poco cortada ¡Sorprendida! Así quedé yo, sorprendido de que una mujer conocida o desconocida llamara para decir semejante frase. Reaccioné y contesté:  

-Sí, sería un gran placer ¿Dime quién eres?

-No lo puedo creer ¿No me has reconocido? ¡Soy Elsa!  

Estaba claro, no podía ser otra que la cachonda Elsa. Elsa es una de esas personas que a todas horas está de broma. Nunca sabes si va o si viene ¡Es difícil! Difícil saber cuando está hablando en serio o de broma. La verdad es que con ella hay que ir con pies de plomo, o bien ponerse a su altura y seguirle la corriente ¡Pero aún así! Puedes meter la pata al contestarle ¡Es genial! Aunque a veces cansa esa forma de actuar. Seguí hablando:  

-¡Qué tonto que soy! No podías ser otra con esa forma de iniciar una conversación telefónica ¡Eres la repera! ¿Cómo estás cacho loca?

-Para mojar pan, estoy muy excitada y necesito un semental como tú ¿Te hace un polvo?

¿Lo ven? Siempre es así, no se si está hablando en broma o enserio. Le tienes que seguir la corriente hasta que al final te das cuenta de qué es lo que quiere realmente ¡O no! Elsa cuando llamó no sabía que el semental como ella decía ¡No era libre! Se había casado el año pasado ¿Cómo decírselo?  

-¡Como para quitar el polvo estoy yo ahora! Si mi mujer me pilla quitando, poniendo o transportando el polvo de un lugar a otro ¡Soy hombre muerto!

-¿Qué me dices, qué me estás diciendo, casado tú? ¡No me lo puedo creer, que desilusión!

-Si hija sí, me casé el año pasado ¡Fíjate! Ya estoy buscando abogado.

-¿Estás de coña, no?

-¡Claro, como lo estás tú! ¿O es que no lo estás?

-No cariño, yo no estoy de broma. Es cierto que necesito un semental que me haga sentir mujer ¿Quieres echarme un polvo o no?  

Ya me había metido en un buen lío, si le digo que accedo a echarle un polvo estoy seguro que se presenta ahora mismo ¡No, cielos no! Si viene a mi casa y Lucrecia me encuentra con ella en la cama, será verdad que necesitaré un abogado ¡Además de un forense! No era mentira estoy realmente casado ¿Cómo salgo de este gran lío?  

-¿Dónde estás Elsa?

-Llegando al portal de tu casa ¡Ve desnudándote que voy!  

Me lo temía. Elsa vive a dos manzanas de mi casa, casa que antes era un picadero en el que nos reuníamos todo el grupo de amigos para hacer todo lo que nos viniera en ganas. Pero ahora se ha convertido en la casa de Lucrecia ¡Bueno y la mía! Mi cuerpo empieza a temblar con el simple hecho de pensar en que Lucrecia llegue y me encuentre aquí con Elsa. Saltarán chispas, ellas no se podían soportar. Ring ¡La que faltaba!  

-¡Hola Pepe! Estás igual que hace tres años ¡Qué bueno que estás!  

Se echó literalmente encima de mí, y me empezó a morrear ¡Mis bolas! Como normalmente se dice, mis huevos se me pusieron por corbata. Elsa una hembra explosiva y más salida que el mástil de una bandera dispuesta a follar ¡Y yo allí! Temiendo lo peor, Lucrecia, mi fiera mujer apunto de llegar ¡Tierra trágame! Soy aún muy joven para morir ¡De esta alguien sale por la ventana! Casi atragantado contesté:  

-¡Tú si que estás buena! ¿Qué te ocurre que estás tan excitada?

-¿Ves este cuerpo serrano? Para que te enteres, lleva un año sin comerse una rosca ¿Qué te parece?

-¡Anda ya, siempre de broma! Una mujer como tú, es imposible que no folle cuando lo desee.  

No había terminado de decirle la frase cuando ya se había quedado en bragas y sujetador ¡Qué fogosidad! No se lo creerán, pero estaba como un flan ¡No por la excitante Elsa! Para nada, estaba muerto de miedo por la llegada de Lucrecia ¡Era su hora! La puerta se oye:  

-¿Qué hace ésta aquí?  

Pegó un grito tan fuerte que mi corazón palpitaba a 200 por hora ¡Estaba acojonado! De hecho desde que me casé lo estoy. Elsa al ver a Lucrecia enfundando una pistola automática no dijo ni una palabra, recogió sus ropas del suelo lentamente y mientras Lucrecia me regalaba con algunas frases de alabanza, se dirigió hacia la puerta de salida. Pero no pudo:  

-¿Dónde vas cacho puta? No des un paso más o te descerrajo dos tiros.  

Elsa no era capaz de articular palabra alguna ¡Sabía como se las gasta Lucrecia! Le tiene más miedo que yo si cabe ¡No es para menos! Hace algo más de 4 años le dio una paliza de las que hacen época ¡Es muy agresiva! No entiendo como les dan un arma de fuego a personas como ella:  

-Calma Lucrecia, no estábamos haciendo nada. Ya sabes como es Elsa, se había desnudado para enseñarme la ropa interior ¡Es de diseño! Era simplemente una broma que te quería gastar para cuando llegaras ¡Mujer, quiere hacer las paces!  

La mentira que acababa de ocurrírseme parecía que había dado resultado. Lucrecia cambió su cara de ira por una sonrisa, bajó la pistola y la enfundó en su cartuchera y calmada mente se dirige Elsa:  

-Tranquila, lo mío también ha sido una broma ¡Anda vístete! Que no me gusta que te exhibas así ante mi marido.

-¿No estás enfadada Lucrecia?  

Aunque se había aparentemente calmado, ni Elsa ni yo estábamos tranquilos ¡La conocíamos! Sabíamos que su trabajo como policía de la unidad de antidrogas la tenía muy estresada ¡Siempre ha sido así! Pero se tenían tanto odio entre ellas, que en cualquier momento podía ocurrir algo muy grave. Lucrecia le dice:  

-No estoy enfadada, estoy muy relajada ¡No temas! Ya se me ha pasado. Ya sabes que tengo un pronto muy fuerte, pero que después soy como un cachorrito.  

¡Qué cínica! Decir que es como un cachorrito ¡Sí, un cachorrito de diablo de tasmania! Ni dormida es una persona. Les puedo asegurar que le tengo miedo ¡Qué hombre dirán! Yo les contestaría ¡Si la quieren, se las regalo! Llevo un año de casado y estoy angustiado, desde que me levanto hasta que me acuesto ¡En fin, para qué les cuento! Elsa estaba pálida y con voz trémula le habla:  

-Me encanta que estéis bien. Ahora tengo mucha prisa, he quedado con el dentista. Tengo hora para las 6 ¡Otro día pasaré y tomaremos algo!

-¡De eso nada! Tú no te marchas de aquí hasta que yo no te lo diga. Siéntate que me tenéis que aclarar muchas cosas ¡A mí me tachan de muchas cosas, pero de tonta no!  

¡Bueno, bueno! Me temía lo peor, empezaba a creer que de esa no saldríamos bien parados. Si enfadada me asustaba, cuando estaba así calmada y hablaba como si nada sucediera. Le tenía ¡Terror! Antes de casarme, sabía que era muy impulsiva y que los tenía bien puestos ¡Era una tía valiente! Me gustaba su manera de actuar, pero cuando me casé con ella su personalidad dio un vuelco ¡A peor claro! Es celosa hasta el punto de que no puedo acercarme a ninguna mujer. Llevo tres meses sin ir a trabajar ¡Me lo ha prohibido! Mi vida es un infierno ¿No sé si sería mejor terminar aquí? Saco un poco del valor que me queda y le digo:  

-¿Qué es lo que quieres que te aclare Lucrecia? Deja que Elsa se marche y yo te aclaro todo lo que desees.

-¡Tú calla, luego pasaremos cuentas! Es con ella con quien quiero aclarar las cosas. Es ella la que me tiene que decir cuanto tiempo llevas engañándome.  

La situación era patética, los celos la corroían. Ella se estaba montando una historia de infidelidad inexistente. Aunque entiendo que llegar a casa y encontrarte a una antigua amiga casi desnuda delante de tu marido no es una cosa habitual. Y si además esa amiga fue la mayor competidora que tuvo para conseguirme ¡La entiendo! Yo también estaría mosqueado, pero hablaría y dejaría hablar. Pero ella no, ella tiene permanentemente su mano en la culata de la pistola. El silencio se ha hecho, en el ambiente hay una calma tensa, nadie dice nada. Hasta que:  

-¡Dime mosquita muerta! ¿Te gusta mi marido en la cama?

-No te voy a mentir, sí me encantaba cuando me acostaba con él. Pero de eso hace más de tres años ¡Créetelo!  

Soy un verdadero idiota. He dejado que Elsa se meta en un verdadero túnel sin salida. Con lo fácil que hubiera sido no dejarle subir y contarle la verdad. Yo soy el culpable de todo lo que está sucediendo. Ella está sufriendo sin necesidad. Lucrecia dirigiéndose a ambos dice:  

-¡Tengo una idea!  

Estaba tan asustado y cansado de ser sometido por una persona que no estaba en sus cabales que hacía unos días había adquirido un revolver en el mercado negro. Lo tenía escondido tras el cojín del sillón en el que estaba sentado. Lo empuñe y sin darle tiempo a reaccionar le apunté diciéndole:  

-Lucrecia, separa la mano de la culata de la pistola ¡No dudaré en dispararte!

-Calma cariño, no te pongas nervioso ¡Que las armas las carga un tal diablo!

-Elsa, acércate por detrás y quítale la pistola, me la das y márchate.  

Elsa apenas se aguantaba en pie, como le dije se acercó por detrás del sofá que esta situado en medio de la gran sala. Con precaución de no acercarse más de la cuenta desarmó a mi desalmada mujer. Elsa sabía de la gran destreza que tiene ella en la lucha cuerpo a cuerpo, por eso no le dio la posibilidad de que la pudiera atrapar. Se acercó hasta donde yo estaba situado y sin perder de vista a Lucrecia me dio su herramienta de trabajo. Apresurado le dije:  

-Márchate Elsa. Cuando salgas del edificio llama a la policía y diles que aquí hay dos cadáveres.

-¿Qué dices Pepe? No digas tonterías, ahora mismo llamo a la policía y le contamos lo sucedido. La denuncias y te separas ¿De qué vale matarla y matarte tú? Las cosas se arreglan hablando ¡La justicia está para algo!

-No Elsa, no te das cuenta que es una inspectora de la policía y en la comisaría todos la conocen ¡La creerán a ella!  

Elsa siguió hablándome y tratando de convencerme. Yo estaba decidido a terminar con todo aquel drama que ya duraba un año. No podía seguir con aquella mujer que estaba trastornada. Estuve apunto de disparar, pero no lo hice, ya que si lo hacía metería en un buen lío a Elsa. Siguió hablando y desistí de la idea. No disparé:  

-Me has convencido Elsa, llama a la policía.  

Allí estuvimos esperando la llegada de la patrulla. No le quitábamos la vista de encima, sabíamos que Lucrecia era capaz de desarmarme al menor descuido. El tiempo pasaba con lentitud. Yo estaba seguro de que en cuatro horas estaríamos fuera de la comisaría y de que Lucrecia volvería por sus fueros.

Sigue

 

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