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Relato La
policía llegó y nos llevaron a los tres a la comisaría para declarar.
Lo que yo temía empezaba a suceder. Nada más entrar a la comisaría
Lucrecia fue separada de nosotros y a los cinco minutos le devolvieron su
arma, ¡y cómo no le dejaron en libertad! Tenía demasiados amigos policías
como para que no la creyeran. Nosotros quedamos encerrados cada uno en una
celda ¿Qué pretendían? Lucrecia
con cara sonriente se acerca hasta donde estaba encerrado y con talante
jocoso me dice: -Amigo, no sabes en el fregado que te has metido ¡Ya te enterarás! Y a tu zorra me encargaré de que la traten bien en la cárcel ¡Es muy guapa, disfrutará! -Estás
mal de la cabeza. Elsa no ha hecho nada ¡Diles que la dejen suelta! Haré
todo lo que me pidas ¡Por favor déjala! No
contestó nada, se dio la media vuelta y se marchó dando pequeñas
risotadas ¡Pensaba que estaba mal! Pero no, estaba peor ¿Qué pretendía
la muy malvada? Espero que cuando nos tomen declaración me crean. -¿Es usted José Mármol Piedra? -Sí, soy yo. -¡Qué
apellidos más divertidos tiene usted! Con
la introducción que hizo el inspector, aquel interrogatorio me empezaba a
oler mal ¡Muy mal! La sonrisa de su cara le delataba. -¿Por qué le parecen graciosos? -Usted calle, aquí las preguntas las hago yo. El informe dice que usted mantenía secuestrada a punta de pistola a una agente de la brigada antidrogas ¿Es eso cierto? -No, secuestrada no. Yo le apuntaba para que Mi amiga Elsa pudiera escapar de mi casa, ya que mi mujer se había vuelto loca de celos y la quería matar. -¿La inspectora Lucrecia loca? Es usted un depravado traficante. La inspectora Lucrecia es una de las mejores policías de la brigada ¡No se merece un marido como usted! ¿Quiere declarar algo más? -¿Qué es lo que quiere que declare? -Si hombre sí, que me digas que hacían estos dos paquetes de cocaína en tu poder. -Yo
no sé nada de esa cocaína. Todo eso es mentira es una encerrona ¡Quiero
un abogado! Lo
tendrás cuando lo tengas que tener, eso dijo al tiempo que me soltaba un
bofetón. Mi presentimiento era acertado. El interrogatorio fue duro y
anormal. Desde la comisaría me trasladaron a la cárcel. Me habían
acusado de tráfico de drogas. De Elsa no volví a saber nada hasta meses
después. Lo
que estaba ocurriendo era una pesadilla, eso no podía pasar en un país
de primer orden. Puede pasar en países bananeros ¡Pero no en el mío! Me
encerraron sin haber podido hablar con un abogado. De hecho han pasado 3
semanas y todavía no lo he hecho. Los
días en la cárcel son un infierno, la malvada de mi mujer se ha
encargado de decir que soy el marido de una policía. Eso les encanta a
los reclusos. He recibido 2 palizas en este tiempo, me lo están haciendo
pasar mal ¡Muy mal! Espero que en el juicio el juez deje que me pueda
defender ¡Pobre Elsa! ¿Cómo lo estará pasando? Los pensamientos bullen
en mi cabeza ¡Estoy confundido! Han
pasado tres meses y el juicio se aplaza una y otra vez. Todo esto me suena
a una trama montada por mi mujer ¿Cuánto poder tiene Lucrecia? Si no me
equivoco tiene que conocer algún juez, de lo contrario ¿Cómo me puede
estar ocurriendo esto? Me llaman por megafonía: -Soy José Mármol Piedra. Me han llamado. -Sí, tienes una visita. Entra aquí y espera. -¡Hola cariño! ¿Te tratan bien? -Eres malvada ¿Por qué me estás haciendo tanto daño? -Lo
sabe muy bien ¡Me pusiste los cuernos! Y este es el castigo por ello.
Solo he venido para decirte que a la zorra de tu amiga ya la he soltado ¡Ya
ha recibido su castigo! Se
marchó riendo a carcajadas. Me dejó pensando en Elsa. En cuanto tuve
ocasión la llamé por teléfono: -Elsa, me he enterado que te han soltado ¿Cómo te encuentras? -Fatal, me han hundido anímicamente. Y me han destrozado la cara. Si llego a saber lo que me esperaba ¡Yo misma hubiera disparado aquel día! -Tienes que ir a un abogado y contar el caso. -Ya he ido. Han enviado una reclamación en mi nombre. Agárrate a la silla si estás en pie. No consta que haya estado internada en ese centro. ¿Qué podemos hacer? -No
lo sé Elsa. Yo debo de estar en la misma situación. Lucrecia tiene más
poder del que yo creía. Ahora tengo que colgar ¡Te llamaré mañana! En
todo este hacer tienen que estar implicadas más personas a parte del
juez, como mínimo el director de la cárcel. Esto no puede ser real ¿Qué
posibilidad tengo de salir de este secuestro? Mi futuro es muy oscuro. Mas
creo que no lo tengo ¡Lucrecia, me las pagarás! Lo juro por todos los
diablos del infierno. Me llaman por megáfono: -Soy José Mármol Piedra. Me han llamado. -Prepárate
¡Estás de suerte! Te marchas. La
suerte estaba echada, Lucrecia se había vengado injustamente metiéndome
4 meses entre rejas. A partir de ahora ¿Qué ocurrirá con mi vida? Nada
más salir de presidio llamé a Elsa: -¡Hola Elsa! Me han dejado en libertad ¿Puedo quedarme a vivir en tu casa? No me atrevo a ir a mi casa ¡No quiero ver a Lucrecia! -¡Cómo
no, quédate todo el tiempo que necesites! Cuando
le vi el rostro a Elsa no pude más que echarme en sus brazos, no pudre
reprimir el llanto: -¡Lo siento, lo siento! Te han dejado así por mi culpa ¡Perdóname! -Déjate
de tonterías, la única culpable es Lucrecia ¡Está loca! Es una persona
fuera de sí. Quiero vengarme pero le tengo un miedo atroz ¡Olvidemos lo
sucedido!
Denominación de la RAE de Género |
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