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Relato Estoy
nerviosa, mañana será mi primer día de trabajo. No le tengo miedo al
trabajo. Tengo miedo al que pensarán los compañeros. Se que tengo un físico
agraciado, ¡eso es lo que me asusta! Me asusta la envidia de las
personas. Tendré que luchar contra todos ellos ¡Eso me supera! Felicidad
pasó la noche inquieta, apenas pudo cerrar los ojos durante una hora. Con
tampoco tiempo de descanso, no estará en condiciones para hacer frente al
trabajo para el que ha sido elegida. No se le ocurre otra cosa: ¡Qué
mal he dormido esta noche! No me encuentro con ánimos para hacer frente
al mundo. Da igual, aún me queda. Sí todavía me queda un poco de cocaína
¡Me la tomaré! Así estaré a punto para trabajar. Desde
hacía algo más de un año Felicidad había elegido el camino siempre erróneo
de la droga. Desde hacía un año día a día se va haciendo más
dependiente, ¡no podía pasar sin ella! Hasta ahora sus sacrificados
padres, sin saberlo le pagaban su peligroso vicio. Pero ahora si no cumple
a la perfección con el trabajo ¿Quién se la pagará? Felicidad se
presenta puntual en la oficina: -¡Hola buen día, soy Felicidad! La señorita Patricia me espera. -Sí,
es usted la nueva secretaria de dirección. Lo sé, ahora mismo le atenderán. Toda
la seguridad que Felicidad tenía en ella empezaba a hacer aguas. Ya no
estaba tan segura de sí misma. La cocaína que otras ocasiones le había
sacado de algunos aprietos. Ahora le estaba provocando un efecto contrario
al que de ella esperaba. Se sentía indecisa y asustada. -Venga conmigo Felicidad. Le enseñaré su despacho y el trabajo que tiene que hacer. ¿Le encuentro nerviosa? -Sí señorita Patricia lo estoy. Espero que se me pase lo antes posible. -No
se preocupes, es lo normal en los primeros días de la toma de contacto
con el trabajo y los nuevos compañeros. De todas maneras tiene 15 días
de prueba para demostrar lo que vale. Espero
no equivocarme con la elección de Felicidad para este puesto de trabajo.
Ser secretaria de mi marido no es nada fácil. Es muy exigente ¡No le
puede fallar! ¡Qué
mal me encuentro! Como no me calme, Patricia descubrirá que tomo drogas.
Eso sería mi fin. Intentaré pasar lo más desapercibida que pueda
mientras se me pasa el primer efecto de la cocaína que he tomado. -Gracias Señorita Patricia por su interés. No me encuentro bien ¿Me indica donde está el cuarto de baño? -Sí
acompáñeme. Patricia
me acompaña al cuarto de baño. Esta mujer no me quita el ojo de encima.
¿Dónde está? Parece que esté en el fin del mundo. ¡Qué oficinas más
grandes! -Aquí lo tiene Felicidad. -Gracias. Felicidad
entró en uno de los compartimentos y empezó a vomitar soltando toda su
bilis en el inodoro. Eran claros síntomas de la angustia provocada por el
consumo de la droga. Ella pensó: ¡La
he cagado! Mi primer día y ya he metido la pata. Si paso de ésta, juro,
¡me juro a mí misma! Que nunca jamás
volveré a tomar clase alguna de drogas. ¡Lo prometo! -¿Se encuentra bien Felicidad? –Preguntó Patricia que se había quedado retocándose el maquillaje- -Sí
señorita Patricia. La regla me tiene un poco alterada. ¡Ya salgo! No
sé, no sé. Esta chica está un poco rara. Bueno, será una de esas
chicas a las que la menstruación les trae por el camino de la amargura.
¡Será de esas! -¿Está bien ya? -Sí señorita Patricia. ¡Me encuentro mucho mejor! -Sígame
que le presentaré al personal que tendrá a su cargo. Este
trabajo no me lo puedo perder. Si lo hago no me lo perdonaré el resto de
mis días. No puedo, ¡no debo! Estar en el mundo de las drogas. ¡Saldré
de él! Felicidad
después de haber evacuado algo de la droga que había consumido, pudo
hacer frente al resto del día. Patricia pareció no darse cuenta de que
Felicidad había ido drogada a trabajar. Patricia le dice: -Bueno, ha pasado su primer día ¿Cómo se encuentra? -Nerviosa pero muy satisfecha por el trabajo realizado. -Hasta mañana Felicidad, ¡que duerma bien! -Gracias
por sus deseos. Hasta mañana. Patricia
está mosqueada conmigo. Estoy segura que se imagina lo sucedido esta mañana.
Eso no puede volver a suceder ¡No! Felisa
salió del despacho y se fue lo más rápido que pudo a su habitación.
Necesitaba descansar. Parecía tener claro que estaba decidida a dejar de
tomar drogas. Ella: Estoy
agotada, el día ha sido muy intenso. No lo volveré a hacer. Ahora mismo
tiro al retrete toda la cocaína que tengo. ¡No puedo seguir arruinando
mi vida! Ahora dormiré plácidamente hasta mañana. La
noche la pasó relativamente bien. Dio vueltas y más vueltas pero pudo
descansar, al día siguiente se encontraba bien. Le sonó el despertador: ¡No!
No tengo ganas de levantarme. –Pensó Felicidad- El
despertador sonó y sonó, pero ella no reaccionaba. ¡No se levantaba! -¿Qué
me está pasando? Quiero pero no puedo levantarme. Estoy
paralizada, esto es el fin de mi aventura en Londres. Si no puedo
levantarme perderé el trabajo y con él, la posibilidad de vivir en este
país. Haré un esfuerzo: Así
lo hizo, sacó fuerzas desde el fondo de su voluntad. ¡Algo ocurrió!
Pudo moverse y levantarse, parecía un milagro. Todo volvió a la
normalidad. Sin lugar a dudas su cuerpo le había dado un aviso de que es
lo que le podía ocurrir si seguía por el camino tortuoso de los
estupefacientes. Exclama: -¡Jolines!
Mi segundo día de trabajo y como no me apresure llegaré tarde. Pasaron
los días, Felicidad pudo vencer los síntomas de la abstinencia y no
volvió a tomar más drogas. Pasó la prueba y fue aceptada para cubrir el
puesto de secretaria de dirección. El trabajo lo desarrollaba a la
perfección. Le llaman al móvil: -¡Dígame! -Felicidad soy yo Ricardo ¿Me recuerdas? -Sí ¡Cómo no! ¿Qué deseas? -Hoy es viernes- ¿Te apeteces salir? -Lo
siento Ricardo, trabajaré hasta muy tarde. ¡Otro día será! Gracias por
tu llamada. Que
grosera he sido. No le he dejado que se despida. Da igual, lo tenía que
hacer no me puedo arriesgar a volver a caer en las drogas. Me ha costado
mucho esfuerzo salir y si salgo de marcha estoy segura de que volvería a
hacerlo. No, durante un tiempo no saldré, me dedicaré a mi trabajo en
cuerpo y alma. Felicidad
estaba dando los pasos correctos para enderezar su vida. Pero sin darse
cuenta estaba cayendo en otro vicio. El vicio del trabajo, a todas horas
pesaba en su trabajo y en como mejorar el funcionamiento de la oficina que
tenía bajo su mando. Se empezaba a olvidar de vivir ¡Eso a su edad no es
bueno! De nuevo el móvil: -¡Sí
dígame! De
nuevo este pesado. Lo sentiré en el alma pero voy a ser tajante, no
quiero salir. No me dejaré arrastrar por nadie. Nada hará que desvíe la
concentración en mi trabajo. -¡Hola
nena, soy yo tu madre! Felicidad
esperaba escuchar la voz de Ricardo, ¡pero no! Era su madre que la echaba
de menos y estaba preocupada ya desde que la llamó el primer día que
llegó, no le había vuelto a hablar. Pensó: ¡Pobre
mamá! ¿Qué le digo yo ahora? Debe de estar muy preocupada por mí. No
me he acordado de llamarles. ¡Es imperdonable! -¡Hola mamá, qué alegría escucharte! –Dijo Felicidad haciéndose la sueca- -¿Qué te pasa que no nos llamas? -¡Lo siento! Pero es que estoy muy ocupada y un día por otro se me ha pasado llamar. A partir de ahora te prometo que os llamaré cada semana.Continuará...
Denominación de la RAE de Género |
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