Secretaria (II) Consigue el trabajo

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Relatos de minifaldas - Minifalda.

Título: Secretaria de dirección (II) Consigue el trabajo.
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Felicidad
Actores: Felicidad, Patricia, Ricardo
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Erótico - Drama
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Estoy nerviosa, mañana será mi primer día de trabajo. No le tengo miedo al trabajo. Tengo miedo al que pensarán los compañeros. Se que tengo un físico agraciado, ¡eso es lo que me asusta! Me asusta la envidia de las personas. Tendré que luchar contra todos ellos ¡Eso me supera!  

Felicidad pasó la noche inquieta, apenas pudo cerrar los ojos durante una hora. Con tampoco tiempo de descanso, no estará en condiciones para hacer frente al trabajo para el que ha sido elegida. No se le ocurre otra cosa:  

¡Qué mal he dormido esta noche! No me encuentro con ánimos para hacer frente al mundo. Da igual, aún me queda. Sí todavía me queda un poco de cocaína ¡Me la tomaré! Así estaré a punto para trabajar.  

Desde hacía algo más de un año Felicidad había elegido el camino siempre erróneo de la droga. Desde hacía un año día a día se va haciendo más dependiente, ¡no podía pasar sin ella! Hasta ahora sus sacrificados padres, sin saberlo le pagaban su peligroso vicio. Pero ahora si no cumple a la perfección con el trabajo ¿Quién se la pagará? Felicidad se presenta puntual en la oficina:  

-¡Hola buen día, soy Felicidad! La señorita Patricia me espera.

-Sí, es usted la nueva secretaria de dirección. Lo sé, ahora mismo le atenderán.  

Toda la seguridad que Felicidad tenía en ella empezaba a hacer aguas. Ya no estaba tan segura de sí misma. La cocaína que otras ocasiones le había sacado de algunos aprietos. Ahora le estaba provocando un efecto contrario al que de ella esperaba. Se sentía indecisa y asustada.  

-Venga conmigo Felicidad. Le enseñaré su despacho y el trabajo que tiene que hacer. ¿Le encuentro nerviosa?

-Sí señorita Patricia lo estoy. Espero que se me pase lo antes posible.

-No se preocupes, es lo normal en los primeros días de la toma de contacto con el trabajo y los nuevos compañeros. De todas maneras tiene 15 días de prueba para demostrar lo que vale.  

Espero no equivocarme con la elección de Felicidad para este puesto de trabajo. Ser secretaria de mi marido no es nada fácil. Es muy exigente ¡No le puede fallar!  

¡Qué mal me encuentro! Como no me calme, Patricia descubrirá que tomo drogas. Eso sería mi fin. Intentaré pasar lo más desapercibida que pueda mientras se me pasa el primer efecto de la cocaína que he tomado.  

-Gracias Señorita Patricia por su interés. No me encuentro bien ¿Me indica donde está el cuarto de baño?

-Sí acompáñeme.  

Patricia me acompaña al cuarto de baño. Esta mujer no me quita el ojo de encima. ¿Dónde está? Parece que esté en el fin del mundo. ¡Qué oficinas más grandes!  

-Aquí lo tiene Felicidad.

-Gracias.  

Felicidad entró en uno de los compartimentos y empezó a vomitar soltando toda su bilis en el inodoro. Eran claros síntomas de la angustia provocada por el consumo de la droga. Ella pensó:  

¡La he cagado! Mi primer día y ya he metido la pata. Si paso de ésta, juro, ¡me juro a mí misma! Que nunca jamás  volveré a tomar clase alguna de drogas. ¡Lo prometo!  

-¿Se encuentra bien Felicidad? –Preguntó Patricia que se había quedado retocándose el maquillaje-

-Sí señorita Patricia. La regla me tiene un poco alterada. ¡Ya salgo!  

No sé, no sé. Esta chica está un poco rara. Bueno, será una de esas chicas a las que la menstruación les trae por el camino de la amargura. ¡Será de esas!  

-¿Está bien ya?

-Sí señorita Patricia. ¡Me encuentro mucho mejor!

-Sígame que le presentaré al personal que tendrá a su cargo.  

Este trabajo no me lo puedo perder. Si lo hago no me lo perdonaré el resto de mis días. No puedo, ¡no debo! Estar en el mundo de las drogas. ¡Saldré de él!  

Felicidad después de haber evacuado algo de la droga que había consumido, pudo hacer frente al resto del día. Patricia pareció no darse cuenta de que Felicidad había ido drogada a trabajar. Patricia le dice:  

-Bueno, ha pasado su primer día ¿Cómo se encuentra?

-Nerviosa pero muy satisfecha por el trabajo realizado.

-Hasta mañana Felicidad, ¡que duerma bien!

-Gracias por sus deseos. Hasta mañana.  

Patricia está mosqueada conmigo. Estoy segura que se imagina lo sucedido esta mañana. Eso no puede volver a suceder ¡No!  

Felisa salió del despacho y se fue lo más rápido que pudo a su habitación. Necesitaba descansar. Parecía tener claro que estaba decidida a dejar de tomar drogas. Ella:  

Estoy agotada, el día ha sido muy intenso. No lo volveré a hacer. Ahora mismo tiro al retrete toda la cocaína que tengo. ¡No puedo seguir arruinando mi vida! Ahora dormiré plácidamente hasta mañana.  

La noche la pasó relativamente bien. Dio vueltas y más vueltas pero pudo descansar, al día siguiente se encontraba bien. Le sonó el despertador:  

¡No! No tengo ganas de levantarme. –Pensó Felicidad-  

El despertador sonó y sonó, pero ella no reaccionaba. ¡No se levantaba!  

-¿Qué me está pasando? Quiero pero no puedo levantarme.  

Estoy paralizada, esto es el fin de mi aventura en Londres. Si no puedo levantarme perderé el trabajo y con él, la posibilidad de vivir en este país. Haré un esfuerzo:  

Así lo hizo, sacó fuerzas desde el fondo de su voluntad. ¡Algo ocurrió! Pudo moverse y levantarse, parecía un milagro. Todo volvió a la normalidad. Sin lugar a dudas su cuerpo le había dado un aviso de que es lo que le podía ocurrir si seguía por el camino tortuoso de los estupefacientes. Exclama:  

-¡Jolines! Mi segundo día de trabajo y como no me apresure llegaré tarde.  

Pasaron los días, Felicidad pudo vencer los síntomas de la abstinencia y no volvió a tomar más drogas. Pasó la prueba y fue aceptada para cubrir el puesto de secretaria de dirección. El trabajo lo desarrollaba a la perfección. Le llaman al móvil:  

-¡Dígame!

-Felicidad soy yo Ricardo ¿Me recuerdas?

-Sí ¡Cómo no! ¿Qué deseas?

-Hoy es viernes- ¿Te apeteces salir?

-Lo siento Ricardo, trabajaré hasta muy tarde. ¡Otro día será! Gracias por tu llamada.  

Que grosera he sido. No le he dejado que se despida. Da igual, lo tenía que hacer no me puedo arriesgar a volver a caer en las drogas. Me ha costado mucho esfuerzo salir y si salgo de marcha estoy segura de que volvería a hacerlo. No, durante un tiempo no saldré, me dedicaré a mi trabajo en cuerpo y alma.  

Felicidad estaba dando los pasos correctos para enderezar su vida. Pero sin darse cuenta estaba cayendo en otro vicio. El vicio del trabajo, a todas horas pesaba en su trabajo y en como mejorar el funcionamiento de la oficina que tenía bajo su mando. Se empezaba a olvidar de vivir ¡Eso a su edad no es bueno! De nuevo el móvil:  

-¡Sí dígame!  

De nuevo este pesado. Lo sentiré en el alma pero voy a ser tajante, no quiero salir. No me dejaré arrastrar por nadie. Nada hará que desvíe la concentración en mi trabajo.  

-¡Hola nena, soy yo tu madre!  

Felicidad esperaba escuchar la voz de Ricardo, ¡pero no! Era su madre que la echaba de menos y estaba preocupada ya desde que la llamó el primer día que llegó, no le había vuelto a hablar. Pensó:  

¡Pobre mamá! ¿Qué le digo yo ahora? Debe de estar muy preocupada por mí. No me he acordado de llamarles. ¡Es imperdonable!  

-¡Hola mamá, qué alegría escucharte! –Dijo Felicidad haciéndose la sueca-

-¿Qué te pasa que no nos llamas?

-¡Lo siento! Pero es que estoy muy ocupada y un día por otro se me ha pasado llamar. A partir de ahora te prometo que os llamaré cada semana

Continuará...

Sigue

 

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