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Relato Es un mito, un fetiche. Todo estudiante que se precie se le ha pasado en alguna ocasión por la cabeza el querer hacer el amor con su profesora. Y mucho más si ésta, es todo un bombón. Eso me ha pasado a mí. Llevaba tres semanas de puro embobamiento, pero sin llegar hasta el punto de no estudiar. Contaba las horas que faltaban para una nueva clase con ella. Estoy aprendiendo japonés y la profesora es oriunda de ese país. Hasta ahí todo más o menos bien. ¿Cierto? No tiene nada de especial el que una profesora que enseña japonés en la universidad sea de ese mismo país. Lo que si tiene de especial es que esa fascinante mujer se siente de una forma desinhibida. ¿Cómo poder concentrarse en las clases de ortografía japonesa? ¡Sus piernas y entrepiernas son más apetecibles! La profesora de japonés es una mujer de unos 45 años. ¡Fantástica edad! ¡Cómo hermosa es ella! Algunas mojigatas se han reunido para entre todas ellas denunciarla al rectorado. ¡Qué ingratitud! No comprenden estas chicas defensoras de las buenas formas, que lo que hace nuestra hermosa profesora de japonés es incentivarnos para que no cunda el aburrimiento. ¡No lo comprenden! Han pasado dos semanas desde la denuncia efectuada a nuestra profesora. Las mojigatas ahora ya descansan sus miradas en la entrepierna de los elegantes pantalones que ahora lleva puestos nuestra profesora. ¡Por cierto, unos modelos elegantísimos! Yo todavía sigo obsesionada con la idea de poder acostarme con tan simpática y bella mujer. Como contrapartida a la denuncia sufrida, nuestra profesora. No ha contrarestado su actuación con acritud. ¡Al contrario! Ahora es más simpática si cabe. ¡Pero eso sí, no le vemos las bragas¡ Denominación de la RAE de Género |
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