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Relato ¿Eran sus uñas, sus manos o toda ella? Desde hace más de 5 años que trabajo con Azucena. ¡Creo que estoy enamorado! Es mi amor platónico, amor que sufro en silencio. ¡Sí, como las almorranas! Es una cosa muy íntima. ¡No, las almorranas no! Mi amor por ella. Amor cerrado a buen recaudo en el fondo de mi corazón. Ella está casada y yo también. ¡No! No funciona aquel tópico de, ¡yo no soy celoso! Las cosas en esta vida no son tan sencillas. Ni siquiera debiera estar pensando en ella. Con el simple hecho de hacerlo estoy engañando a mi esposa. ¡Pobre, con lo bien que me trata! Estoy hecho un verdadero lío. Mi esposa y yo nos casamos hace ahora 5 años, coincidiendo con la llegada a la empresa de Azucena. Hace que conozco a mi mujer el tiempo que a Azucena. He estado haciendo números y resulta que he pasado más tiempo en compañía de Azucena que en el de mi mujer. ¡Dicen que el roce hace el cariño! Debe de ser eso, pues le tengo mucho. No sé por qué estoy diciendo esto, sé muy bien que si Azucena estuviera casada conmigo trabajando juntos no duraríamos ni dos años. Estoy convencido, una pareja que trabaja en el mismo trabajo y duerme en la misma cama. Es el pasto inminente de los servicios de un abogado. ¡Son estadísticas! Las puras y duras y a veces despiadadas estadísticas. Conclusión de este leve pensamiento: Seguiré enamorado platónicamente de Azucena y cuando llegue a casa haré el amor, ¡si se deja con Lorena! Lo dicho, seguiré idealizando a Azucena y amando a Lorena. Denominación de la RAE de Género |
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