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Relato Obdulia
es una de esas chicas a las que se desea tener como amiga, ¡mejor como
amante! Es una mujer muy espectacular por su figura y juventud, ¡vamos un
bombón de 18 años! Desde que la conozco, han pasado ya tres semanas,
siempre la he visto vistiendo pantalones muy ceñidos al cuerpo. ¡Cierto!
Figura para lucirlos tiene. Pero cada día que pasa, deseo más y más
verla vistiendo un vestido o falda corta, deseo poder admirar sus piernas,
¡tienen que ser divinas! Desde que entró a trabajar en el departamento
de publicidad, hay un pequeño revuelo entre los compañeros, todos
estamos por ella, ¡y claro está! Las demás chicas están de uñas con
nosotros, ¡dicen que no es para tanto! Todas lo dicen, todas menos una,
la directora del departamento, que deduzco que le tiene echado el ojo, ¡juraría
que le gustan las chicas! La
directora es una bellísima mujer de unos 45 años de edad que nada tiene
que desear a Obdulia, a no ser la edad. Además de ser bella y simpática
goza de una inteligencia superior, ¡vamos, toda una joya! Todos en la
oficina, tanto mujeres como hombres la tenemos en un pedestal, ¡es una
mujer que sabe dirigir! Mi
imaginación está haciendo verdaderas maravillas, creo que como esta
situación no cambie me llamará al orden, ¡sí, la directora! Soy el
subdirector y puede hacerlo. Estoy todo el día en las nubes pensando en
como sería tener una relación amorosa con esas dos mujeres y que ellas
practicaran el sexo juntas, ¡qué ilusión! Aunque tengo una edad cercana
a los 46, no me atrevo a insinuar nada a la directora, ¡me causa mucho
respeto! He de maquinar un plan para poder acceder, se que es muy difícil
pero he de hacerlo. ¡Ya está! Intentaré ligarme a Obdulia y por mediación
de ella llegaré a Patricia que es como se llama la directora en cuestión.
Me acerco a Obdulia, todos miran: -Obdulia, me gustaría poder tomar unas copas contigo al terminar la jornada, ¿puedes? -Sí,
poder, puedo, pero no me apetece, en casa me han enseñado a no salir con
viejos. Quedé
tan cortado que di la media vuelta y me dirigí a mi mesa, ¡tenía razón!
Son un viejo verde a su lado. Estaba mi autoestima herida. Podía haber
hecho lo posible para que le dieran puerta, pero comprendí que eso no era
justo, ¡Obdulia hacía bien su trabajo! Los
días posteriores fueron un poco tensos, y me vengué de ella
inmerecidamente, ya que le pegué cuatro broncas que para nada se había
ganado. En la última me pasé tres pueblos, diciéndole que no servía
para nada más que para lucir su bonito cuerpo. Estaba actuando de forma
equivocada y para nada profesional. Al
día siguiente Patricia me llamó a su despacho para apercibirme, como es
natural Obdulia le había contado lo sucedido y con razón escuchada por
la ecuánime directora. La situación tomó un peligroso rumbo laboral que
para nada me beneficiaba. Le pedí disculpas y prometí que no le volvería
a dar ese trato. Las dos lo aceptaron, Obdulia salió del despacho,
permanecí con Patricia que quería decirme algo: -Pedro, lamento decirle esto, pero como una situación como esta vuelva a suceder, no tendré más remedio que solicitar su cese. ¿Lo ha entendido? -Lo
he entendido, es lo justo. Ese
día cuando llegué a casa, mi abnegada mujer pagó las consecuencias del
lo sucedido en días anteriores. Estaba tan quemado, ¡tan excitado! Que
sin mediar palabra me la llevé a la cama, ¡qué degenerado soy! Ni que
fuera de mi propiedad. Ya en la habitación recapacité y le conté todo
lo sucedido a mi mujer. Me contesta: -¿Ese
es todo el problema que tienes Pedro? Si lo hubieras dicho, yo te habría
hecho realidad esa fantasía, hubieras podido hacer el amor con dos
mujeres, y a la vez ver como ellas lo hacen. María, y yo lo hacemos desde
que ella cumplió los 18 años, ¡fíjate lo que son las cosas! Te íbamos
a proponer que te unieras a nosotras. ¿Qué te parece? Quedé
horrorizado al sentir las palabras de mi mujer diciendo que mi hija y que
ella practicaban el incesto, y que además pensaban proponérmelo a mí.
Salí de casa y estuve en un hotel viviendo hasta que serené mis
pensamientos. Denominación de la RAE de Género |
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