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Relato En
el capítulo (I) anterior dejamos a nuestro protagonista a punto de ser
atado a una silla por la desconcertante Alana. -Alana, yo solamente quería charlar contigo. Tú eres quien me ha invitado a entrar en tu casa, ¡iba de buena fe! -¡De
buena fe, ya te daré a ti buena fe! Apuntándome
con el revolver a la cabeza, se acercó para atarme a la silla, ¿qué podía
hacer? Si hacía un movimiento que las disgustara, dispararía y me volaría
los sesos. Por lo tanto opté por quedarme quieto. Con una velocidad y
destreza que me admiraron, si es que se puede admirar a alguien que te está
secuestrando, me sujetó fuertemente a la silla. Primero las manos y luego
los pies. Mi corazón empezaba a palpitar con gran aceleración, la cosa
no parecía ser una broma. La única esperanza que me quedaba es que fuese
una mujer de las que se excitan pegando a su pareja. Sonriente dice: -¿Estás cómodo degenerado? -Tú
si que eres una degenerada además de estar loca. –Me atreví a
contestar- Como
una posesa, con los ojos totalmente desencajados y fuera de sí, se dirigió
con gran velocidad pistola en mano hacia mí, con el revolver a modo de
empuñadura me propino un golpe en la mandíbula hasta el punto de
desencajarla. Aquello no era una película, aquello iba en serio. El dolor
que sentía era inaguantable, el labio sangraba y no podía articular
palabra debido al dolor. Ella se reía: -¿Soy
una loca? No lo sabes tu bien, ¡verás que divertido te lo voy a hacer
pasar! Cuando acabe contigo se te habrán quitado las ganas de querer
follar a ninguna chica. No te atrevas a decir palabra. Sólo hablarás
cuando yo te lo pida. Sin
decir nada más, se marchó del salón y me quedé allí preguntándome qué
sería de mi suerte. Esa perversa mujer estaba tan fuera de sí... que sería
capaz de lo peor. Diez minutos después apareció nuevamente vestida con
indumentaria de los rellenos que llevaba hacía unas horas en el cine: -Te
voy a enseñar una cosa. ¿Ves este álbum? Aquí están fotografiados
todos mis trofeos. Todos y cada uno de los hombres a los que me he follado
antes de matarlos. Igual que haré contigo, amigo Kirck. -dijo riendo a
carcajadas- Durante
más de una hora estuvo enseñándome fotografías y explicándome las
torturas que les había aplicado. El sufrimiento plasmado en sus rostros
era de verdaderos espanto, las mutilaciones de un elevado sadismo. Debido
al dolor y al miedo por perder la vida, estaba apunto del desmayo. Por lo
visto lo hice, poco a poco fui recuperando la consciencia y escucho en la
lejanía: -¡Degenerado,
recupérate! Todavía no te he follado, y si te mueres, ¡no lo haré! Te
aseguro que no soy necrófila. ¡Despierta capullo! Al
despertar me sentí mojado, al perder el sentido me oriné encima. Cuando
recobré mis fuerzas empecé a intentar liberarme de las cuerdas que
sujetaban mis manos. Ella seguía hablando y hablando: -Además
de degenerado eres un cobarde y un cerdo, ¡te has medado encima! Ahora
tendré que lavarte para poderte follar. Alana,
que dudo sea su verdadero nombre, está para que la encierren en un cofre,
tiren la llave en una fosa marina y posteriormente lo tiren al mar. ¡Por
favor abuelita! Recuerda que siempre fui un buen nieto, ¡haz algo por mí!
Tenía tanto miedo que en mi interior empezaba a pensar en verdaderas
idioteces. Mi abuela estaba muerta desde hacía algo más de 5 años, y
aunque hubiera estado viva... ¿Qué? Alana se marchó diciendo disparates
pero enseguida volvió: -¡Ves
cerdo, ahora te tengo que lavar! Volvió
con unas tijeras, una palangana, agua y jabón, y sobre su hombro una
toalla. Cuando empuño la tijera pensé, en que aquello era mi fin, No fue
así, con mucho cuidado cortó los pantalones, los calzoncillos y me
despojó de la camisa. En pelotas como estaba me lavó con la esponja y
mucha espuma, secó todo mi cuerpo con sumo cuidado y me perfumó. -Ya estás listo, ahora ya te puedo follar. Te prometo que como te vuelvas a orinar te pego dos tiros y sin follarte te descuartizo. ¿Lo has entendido, contesta? -Sí
Alana. –Le dije como pude con mi dolorida y sangrante mandíbula- De
nuevo se marchó con todo lo utilizado para lavarme y limpiar todo el
suelo. ¿Qué es lo que me tenía reservado? En unos instantes lo comprobé.
Volvió nuevamente cambiada de ropas, vestida con un traje de noche corto
muy excitante. Aunque a mí, ¡maldita la excitación que me provocaba! Mi
pobre pene estaba desaparecido en combate, ¿qué sería de él, qué sería
de mi? Comenzó a bailar insinuante y se fue desnudando poco a poco. Tenía
poco que quitarse, el vestido, el sujetador y las bragas, los zapatos de
tacón se los dejó puesto, ¡por lo visto era su fetiche! -No
se te empina, ¿qué eres un impotente? –Decía realmente cabreada- Como
con el baile no era capaz de hacer que mi pene alcanzara el volumen y la
dureza necesaria para realizar el acto sexual. Decidió arrodillarse para
saborear mi microscópico falo con su boca. Sabía que si lograba follarme
me mataría, y si no lo hacía también lo haría. Decidí dejarme llevar,
y por lo menos irme al otro mundo habiendo sido follado follando por una
bellísima mujer, ¡aunque eso sí, más loca que una cabra del monte! Mi
cerebro pese al trauma que estaba soportando, supo dar las órdenes
correspondientes para que mi pene alcanzara una tremenda erección. Alana
sacó el pene de su boca y dijo: -Soy tremenda, no he perdido la práctica con mi experta boca. Te he realizado una felación que no has podido resistir. ¡Estaba equivocada no eres impotente!
Denominación de la RAE de Género |
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