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Relato Esta
es la corta historia del último momento de un bombero, no crea que cuento
su historia para contar la mía, ¡de eso nada! Cuento esta historia
porque él no puede narrarla, ¿se pregunta por qué? Se lo explico ahora
mismo: Un
día lluvioso de hace ya algún tiempo, en una ciudad que no viene al
caso, recibimos una llamada para ir a rescatar a una chica que estaba
sentada en el alféizar de una ventana de un cuarto piso, estaba a punto
de tirarse al vacío. La calle concurrida, la lluvia era lánguida pero de
esas que calan, todos miraban hacia ella diciéndole: -¡No
te tires, todo tiene solución! Llegamos
con la urgencia que nos caracteriza al cuerpo de bomberos. Empezamos los
preparativos para desplegar una gran lona a modo de cama elástica, por si
a la pobre desdichada le daba por tirarse. Siempre es mejor coger a una
persona fracturada por el impacto de una mala caída, que un cuerpo
destrozado sobre el asfalto. -¡No
lo hagas, no! –Seguían gritando- Nadie
sabe muy bien qué es lo que piensa un suicida en el momento de tomar la
terrible decisión de quitarse la vida. Pero Fausto, que así se llama el
protagonista de esta historia está acostumbrado a tratar con personas que
quieren, ¡y que han saltado al vacío! A muchas las ha convencido y no lo
han hecho. Pero esta chica le hizo comprender por primera vez en su vida
profesional, que no todos los casos son iguales, ¡es más! No le dio
tiempo a pronunciar una sola palabra para convencerla. Cuando llegamos, me
quedé detrás, él llegó casi a su altura y gritó: -¡No
lo hagas Serafina! –Quedé helado, era su mujer, era su casa- Ella
saltó al vacío. Una fría exclamación se escuchó. ¡No! No hubo tiempo
de desplegar la lona. Fue un golpe seco sobre la acera. El cuerpo de
Serafina quedó tenso y agonizante debido al brutal impacto recibido. Murió
casi en el acto. Fausto tomó una nota que había encima de la mesita
colocada justo al lado de la ventana. La leyó, y sin darme tiempo para
hacer nada, también el se lanzó al vacío por el hueco de la ventana
como si de una piscina se tratara. Segundos después de la caída de la
chica, ¡sin esperarlo! Recibieron el cuerpo de Fausto, su cuerpo yacía
justo al lado del de su mujer. Me acerqué a la ventana y recogí del
suelo la nota que Fausto dejó caer, ¡quedé petrificado, dejé la nota
en la mesa! Un compañero subió antes de que llegara la policía para ver
que es lo que había ocurrido: -¿Qué
ha pasado Pedro? -Lee
la nota que hay en la mesita junto ala ventana. –La nota decía:- Fausto,
¡lo siento! Pero no he tenido más remedio que hacer lo que he hecho, ¡no
te culpes! No tengo valor para soportar más pruebas. Tú siempre te has
portado bien conmigo, y como no te quiero hacer sufrir durante los tres
meses de vida que me quedan, cuando leas esta carta de despedida estaré
muerta. Como suponíamos, ¡ha dado positivo! Adiós amor mío, te quiero
mucho, ¡no sufras! Búscate una chica y hazla tan feliz como me has hecho
a mí. Los
dos perplejos y con el cuerpo helado por lo acontecido buscamos por toda
la casa para ver si había alguien más, ¡pero no! Todo estaba ahora en
silencio y solitario, hasta los curiosos guiados por el morbo habían
bajado para ver los cuerpos tendidos en el suelo, cuerpos rodeados por un
charco de sangre y agua, la imagen era triste e impactante. Bajamos para
seguir haciendo nuestro trabajo, en esta profesión estamos acostumbrados
a ver de todo, y aunque no éramos amigos, un frío sudor atravesó todo
mi interior y me preguntaba una y otra vez, ¿qué es lo que había
ocurrido? Mis compañeros trataron de reanimar los cuerpos pero los daños
eran de tanta consideración, ¡no se pudo hacer nada! Ahora
entiendo el porqué, Fausto al saber a la dirección a la que nos dirigíamos
no dejaba de repetir una y otra vez, ¡es mi mujer, es mi mujer! Por ese
motivo salió como una exhalación hacia el interior de la casa, ¡ya se
lo imaginaba! Todos
nos hemos enterado de que es lo que le ocurría a la esposa de Fausto.
Nunca nos dijo nada, normal, esas cosas se llevan en secreto. A mí me ha
tocado decir unas palabras de recuerdo en su entierro: ¡Fausto!
Te entiendo, y creo que el resto de compañeros también. Aunque has
tomado la decisión más dura y algunos piensan que la más cobarde,
pienso que tú no podía soportar vivir sin el amor de tu esposa, ¡respeto
tu decisión! ¿Qué haremos ahora sin tu valentía, Sin tu valía? Espero
que allí donde estéis, seáis felices. ¡Adiós pareja, adiós compañero! Denominación de la RAE de Género |
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