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Relato Francisco
a sus 18 años, es un superdotado que está centrado en sus estudios de física,
astrofísica, despegues de naves aeroespaciales, física cuántica y no sé
cuantas cosas más, ¡de eso sabe mucho! Pero aún no ha estado con mujer
alguna, de hecho no sabe nada de ellas. Su madre, es una mujer divorciada
desde hace tres años y que cuenta con 36 de edad, está muy orgullosa de
él, y por él estaría dispuesta a todo, ¡lo que sea!. Lo mima tanto, es
su vida. Para ella sigue siendo su hijo pequeño al que tiene que
proteger. Un
día en clase los compañeros estuvieron diciendo cosas que a pesar de su
inteligencia Francisco no alcanza a entender. Llegó a casa con cara de
enfado, su madre que lo conoce a la perfección sabía que algo le ocurría. -¿Qué te pasa Francisco? -En
clase hoy los chicos se han estado riendo de mí, dicen que soy un idiota
retrasado que no sé como vienen los niños al mundo. Les he dicho que los
traen la cigüeña en un pañal colgados del pico, ¡Todos se ha partido
de la risa! ¿Por qué se reían mamá? Concepción
en ese momento no sabía donde esconderse, entendió que la excesiva
protección que le había proporcionado a su hijo ahora le estaba pasando
una factura negativa en sus relación con los demás compañeros de su
edad. Las lágrimas brotaron de sus ojos mejillas abajo. -¿Qué te pasa mamá, por qué lloras? –Sorprendido preguntó por la actitud de su madre- -¡No
te preocupes Francisco! No me pasa nada, lloro porque se me ha metido una
pestaña en el ojo. Espera ahora vuelvo. Fue
a su dormitorio pensando en el error cometido con su hijo, se maldijo
interiormente una y otra vez por haber metido a Francisco a la edad de 6 años
a una escuela técnica, en lugar de haberlo metido en una para que
realizara los estudios primarios que todo niño debería hacer. Pero el
mal ya estaba hecho, ahora tendría que solucionar el problema provocado.
Se colocó el pantalón tejano que había adquirido y decidida salió en
dirección a donde estaba esperando Francisco. -¿Te gusta el pantalón que me he comprado? –Le dijo con voz melosa e insinuante- -¡Sí, mamá te quedan muy bien! -Ven
Francisco, quiero que los toques verás que suaves que son. Concepción trataba que Francisco al tocar los pantalones ajustados sobre su piel, y al sentir la proximidad de su madre provocara en él algún atisbo de curiosidad, ¡cuando no de excitación! Pero Concepción se equivocaba, Francisco acarició por orden suya sus pantalones a la altura de sus glúteos. Se dio cuenta que Francisco estaba encerrado en su mundo técnico y que no tenía instinto sexual alguno. -Son
muy suaves mamá, tienen un tacto muy fino. –Contestó Francisco- La
madre de Francisco estaba perdida, no sabía como actuar para que su hijo
despertara del letargo social al que estaba sometido. Por un momento pensó
en solicitar los servicios de una joven prostituta para que introdujera a
su hijo en el mundo de la sexualidad, ¡pensó! No puedo hacerlo, si lo
hago puede que sufra un trauma irreversible, él no tiene ni idea de que
es una chica. Pensó que ella sería su profesora, que ella se sacrificaría
y le enseñaría todo lo que hay que saber sobre el sexo. -¿Francisco, qué sabes de las chicas? -Mamá,
qué pregunta me haces. –Contestó Francisco sonrojándose- Concepción
quería saber cuales eran realmente las características de las chicas y
de la sexualidad que su hijo ignoraba, para así de esa manera obrar en
consecuencia. El interrogatorio fue decepcionante, lo único que sabía de
ellas es que tenían pechos más abultados que los chicos y que con ellos
les daban de comer a los niños que traían las cigüeñas. ¡Quedó
perpleja! Pobre hijo, una eminencia en matemáticas que no sabe nada de
las chicas, averiguó que ni siquiera las había visto en revistas o
Internet. Tenía que poner remedio con urgencia. -Hijo,
ahora te voy a explicar algunas cosas sobre las chicas y los chicos que
debes saber. Eres una persona muy inteligente, ¡espero que comprendas! No
te pongas nervioso por nada de lo que te diga. ¡Ven dame un beso! Francisco
se acercó a su madre y le dio un beso en la mejilla, lugar en que siempre
se los daba. Pero su madre le dio la primera lección, lo enseñó a
besar. Le dio un beso en los labios y le introdujo la legua para acariciar
la suya. El no entendió nada. -¿Mamá, qué haces? Esto que has hecho es una guarrada. -¿No has sentido nada? -Sí
mamá, mucho asco. –Le contestó contrariado Francisco- Concepción
le explicó entonces sin realizar prácticas de sexo alguna como vienen
los niños al mundo. Como es natural Francisco lo entendió, entró en
Internet y se puso al día en sólo una tarde. No era para menos tenía un
coeficiente de inteligencia muy superior a la media, ¡todo lo entendió!
Pero del tema de sexo no dio síntomas de curiosidad alguna. Concepción
estaba tan confundida como su hijo, si no se llegó a excitar cuando lo
besó, ¿qué pasaba? -¿Francisco, te gustan los chicos? –Le preguntó directamente- -No, son asquerosos y muy crueles. Si me das a elegir entre los chicos y las chicas de clase, elijo a las chicas. –Concepción comprendió que no estaba todo perdido- -Ahora
que ya sabes como vienen los niños al mundo. ¿Te gustaría introducir tu
pene en mi vagina para ver que es lo que sientes? Francisco
se puso rojo como un tomate maduro, ¡no dijo nada! Se levantó y se marchó
a su habitación. Buscó en los cajones del armario, sacó un revolver
antiguo que su padre tenía guardado, se lo puso en la boca y disparó. Su
masa encefálica se esparció por toda la habitación. Su madre espantada
entró, se quedó horrorizada, solamente tuvo fuerzas para llamar a la
policía y explicar lo sucedido. La trataron médicamente y ahora está en
un psiquiátrico internada, ¡no dice nada, no habla con nadie! Yo, su psiquiatra he leído el expediente proporcionado por la policía, llevo meses intentando sacar a Concepción del pozo en el que ha caído, pero ella se ha encerrado en sí misma. No me ha dicho una palabra, ¡he tirado la toalla! Es un caso lamentablemente perdido. No quiere seguir viviendo, lo ha intentado, pero se lo han impedido. La miro y sólo veo tristeza en sus ojos de mirada perdida, es una mujer muerta que está viviendo otra vida. Denominación de la RAE de Género |
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