El número diez

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Datos ténicos

Enamorados hasta morir

Título: El número diez
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Pepa
Actores: Pepa, Pepe. 
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Ficción - Moraleja
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Ayer estaba a punto de tirar la toalla, sí, esa expresión que se dice normalmente en el mundo del boxeo cuando un púgil se ve derrotado, tirar la toalla significa haber perdido, ¡así me encontraba yo! Derrotado, abatido, perdido y a punto de hacer algo de lo que con posterioridad me podía arrepentir. Era una forma cobarde de acabar, pero en esos instantes no pensaba en otra cosa. El partido estaba perdido, no había forma humana de remontarlo, estaba recibiendo un aguacero, ¿qué hacía yo allí con Pepa a mi lado? Me gusta verlos correr, me encanta verlos jugar, pero de eso a soportar durante dos horas un chaparrón sobre mi cuerpo era una cosa de la que estaba a punto de prescindir. Lo siento, no lo puedo soportar por más tiempo, ¡el contrario gana, se lo ha merecido! Estás diciendo algo que no tiene ni pies ni cabeza, ese juez, ese irreprochable juez ¿está pintando en nuestra contra? Pepa, ¡Pepa también se moja! esa mujer paciente que me soporta, me mima y está a mi lado cuando estos acomodados pierden, cuando estos adinerados se echan la siesta en lugar de batirse el cobre con los contrarios, ella, ella si que merece mi entera atención y no ese equipo de once jugadores casi... no, no lo quiero decir, ellos no tienen la culpa, ¡son así! y creo que si once de ellos estuvieran en el campo, no lo harían peor que los que se llaman figuras. ¡Vamos Pepa! Que se hundan en la miseria y que aprendan a sudar la camiseta como nosotros sudamos nuestros uniformes de trabajadores ante la máquina de estampar, ocho horas seguidas durante 5 días a la semana. ¡Déjalos! Déjalos ahí durante el resto del partido, ellos no sufren, ellos son unos privilegiados que al terminar el mes tendrán abonados en sus cuentas la totalidad de la mensualidad más alguna que otra prima, ¿no los ves? Son unos amanerados que se han adaptado a la buena vida, les da igual perder que ganar, lo que ellos quieren es el dinero, el siempre deseado dinero, ese que hace que pequeños, grandes, pobres y ricos bailen sin piedad alrededor de su sonido para conseguirlo. Pepa, tú lo sabes, a mi me pasa lo mismo, Pepa, tú lo sabes, a ti te pasa igual. Estoy derrotado, abatido, ¡no lo haré más! Desde este mismo instante, y ante los dioses del deporte, les digo, les prometo que lo dejaré, que este año lo dejaré, ¡dejaré de ser socio!  

Ella, Pepa, sentada a mi lado sin decir nunca nada en contra, ese día estaba más radiante de lo habitual, ¡aún estando empapada! Tenía un brillo en sus ojos que parecían que estaban pidiendo que la amaran, ¡vamos, que la amara! O eso es lo que yo creía en esos precisos instantes, pero no era así, el delantero, ¡sí, el número 10! El guapo de cara del equipo, cuando se acercó hasta la altura donde estaba sentada, le brindó una sonrisa a la que Pepa encantada devolvió, ¿qué estaba sucediendo, por qué se sonreían, de qué se conocían? Desde ese preciso momento no dejé de ver cosas que para cualquier otra persona no tendrían importancia, ¡para mí sí, para mí las tenía!  

El partido terminó con la derrota de nuestro equipo, no abandoné mi asiento, aunque lo tenía que haber hecho. Pero eso ya no me importaba, el resultado poco importaba, desde ese momento me preocupaba ella, me estaba mintiendo, lo vi en sus ojos, en sus bonitos ojos que hasta ahora no tenían secretos para mí.  

El resto de fin de semana se hizo interminable, todo lo que Pepa hacía me parecía sospechoso, ¡los celos hicieron mella en mí! Yo que nunca los había tenido, yo que siempre había tenido ciega confianza en ella. Ahora por una simple mirada acompañada de una sonrisa, ¡todo eran sospechas!  

El lunes inexorable llegó, y con él una llamada a Luís, un compañero de universidad que se dedicaba a la investigación de casos de adulterio, ¡él lo confirmó! Le bastaron 8 horas para descubrir que Pepa me estaba engañando con el número 10 de mi equipo.  

Moraleja: ¡Si tienes mujer, no vallas al fútbol, ella también se puede aficionar! Venga Pepe, no seas pesimista, si ésta, no te ha querido y respetado otra sin lugar a dudas lo hará. Solamente tienes que poner un poco de cuidado de adonde vas. ¡Serás...! 

Denominación de la RAE de Género

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Nuestro agradecimiento a todos los que por unas causas o por otras visitan nuestra web. Gestión de empresas PYMES. Mi mujer iba al fútbol todas las semanas sin protestar, yo pensaba que me amaba, pero resultó que al que quería era al número 10 del equipo. Dicen que el número diez es un numero universal con poderes...