Crucero (IV) Minifalda balca

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Datos ténicos

Título: Crucero (IV) Minifalda blanca
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Alina
Actores: Alina, Jesús 
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Ficción - Drama erótico
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

-Si Jesús, había quedado con él para hacer este crucero. Ayer cuando te dejé en el aeropuerto no era para ir a una reunión de trabajo, era para encontrarme con él e irnos los dos juntos de viaje. Estuvimos toda la tarde en un hotel, pero nos enfadamos y se marchó, ¡me dejó tirada!

-¡Jolines mamá! ¿Qué tenías pensado, dejarme allí en el aeropuerto tirado? Mira que eres... después dices que te odio, ¡te equivocas, no te odio! Pero me tendrás que reconocer que motivos me das para tenerte poco o ningún cariño, ¿Estás de acuerdo?

-¿Por qué lo dices Jesús?

-¡Déjalo mamá... déjalo! No se si te haces la tonta o si la bebida te ha trastornado el cerebro, ¿no te das cuenta de cómo estás actuando?

-¿Por qué lo dices Jesús? –Extrañada vuelve a preguntar-  

Con esa segunda pregunta después de todo lo que le había dicho. me di cuenta de que mi hermosa pero egoísta madre estaba perdiendo la cordura. La dejé allí en la cama del camarote y yo me fui al comedor para cenar, ¡decidí hacer el viaje por mi cuenta! Cené tranquilamente y cuando terminé, pedí un café irlandés.  

-¡Por favor, tráigame un café irlandés bien cargado! –Le pedí al camarero-

-Lo siento Señor, pero es usted muy joven. No puedo servir alcohol a menores de edad.  

El amigo Murphy, ¡sí, aquel de las leyes! Estaba en contra mía, por eso si algo podía salir mal, mal saldría.  

-¡Oiga usted caballero! Tengo 18 años, ¿quiere ver mi pasaporte? –dije tirándome un farol, ya que no lo tenía-

-Sí, por favor, ¡enséñemelo!  

Fui un idiota, no sé el motivo de tan desafortunada respuesta, en lugar de pasaporte tendría que haber dicho carné de identidad, ¡pero no, tuve que decir pasaporte! No obstante reaccioné raudo y me busqué en los bolsillos de la camisa y le dije:  

-Lo siento, no tengo el pasaporte me lo he dejado en el camarote, ¿le vale con el carné de identidad?

-Por supuesto Señor, ¡déjemelo ver!  

Salvado por la campana, aquel viejo pero amable camarero me trajo sin más comentarios el café irlandés, bebida que pedí por el simple hecho de que ya era mayor de edad para poderlo hacer. Lo bebí a pequeños sorbos y aquello me supo a rayos, ¡nunca había tomado alcohol! Pero lo hecho, hecho estaba y no había lugar para la retirada. Pegué el último sorbo, pagué y me marché a la discoteca para distraerme un rato antes de irme a dormir.  

Qué día más largo, son las diez de la noche y estoy agotado, pero aún así me apetece estar un rato escuchando música a todo trapo. Desde luego cuando les llaman ciudades flotantes es porque lo son, esta discoteca no tiene que desear nada en absoluto a las discoteca de cualquier ciudad. Nada más entrar la vi, toda vestida de blanco, pelo corto rubio, camisa y minifalda blancas, ¡esa será la madre de mis hijos! Estaba vuelta de espaldas, tenía un físico impresionante capaz de enamorar a cualquiera. Como se encontraba sola me acerqué para entablar conversación, se gira, ¡no, no puede ser!  

-¿Qué haces aquí mamá? –Le dije frustrado y lleno de rabia-

-¡Ya lo ves Jesús, bailando!  

Alina, mi madre, estaba allí bailando y yo la confundí con la mujer que deseaba para que fuese la madre de mis hijos, como coloquialmente se dice, ¿qué más me puede pasar? Estoy destinado a encontrármela por todos los rincones del barco, Estaba a punto de irme al camarote para descansar cuando me pregunta:  

-¿Jesús, quieres bailar conmigo?  

Estaba enfadado con ella, estaba enfadado con su egoísmo, con su desenfreno y con su ligereza al vestir. Pero dentro de mí, había algo que me hacía sentir intrigado por aquel ser casi despreciable. Era tan bella que empezaba a desearla,  ¿me dije, qué puedo perder?  

-¡Vale mamá! Pero he de decirte que sólo sé bailar música ligera. Lento no sé dar ni un paso sin pisar a alguien.

-No te preocupes, yo te enseñaré a bailar lento.  

Hizo que la sujetara con mis manos por el talle, me enseñó a dar algunos pasos que pronto aprendí, allí estuvimos bailando durante más de media hora, parecíamos dos enamorados que estaban fascinados el uno por el otro, ¡todos miraban! La verdad es que mi madre, ¡como siempre! Empezaba a dar la nota, no dejaba de besarme en la cara las orejas el cuello...  

-Mamá, ¡déjalo ya, todo el mundo nos mira!  

Por esa vez me hizo caso, salimos de la pista y nos dirigimos a la barra. Aunque no lo necesitaba mi madre pidió un güisqui doble, ¡mal empezaba!  

-¿Quieres uno Jesús?

-No mamá, sabes que yo no bebo, ¡es malo para la salud!  

Después de 4 güisquis dobles mi madre estaba en la misma situación del día anterior, ¡normal, si no come! Con mucho beber y poco comer el cementerio has de ver, este es un dicho que alguna vez sentí decir a alguien, ¡qué razón tenía!  

-Mamá, por favor no bebas más. ¡Vamos al camarote para descansar!

-Vale Jesús, el último y nos vamos... gip... –Decía sin dejar de reír-

 

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