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Relato Ya
no soportaba su metabolismo ni una gota más de alcohol, pero dejé que se
tomara el último güisqui y casi arrastras la conduje hasta el camarote,
¡qué espectáculo! No tiene solución, ¡creo que no la tiene! -Vamos
mamá, entra que te vas a caer, ¡no seas niña! -Vale
Jesús, ¡pero dime! ¿Por qué puerta debo entrar? –Atinó a decidir
con un gesto cómico señalando con el dedo índice de su mano derecha- La
ayudé a entrar como era obvio por la única puerta existente, y la tomé
en brazos hasta dejarla en la
cama, ¡qué lastima! Tan joven y destrozándose la vida por el consumo de
alcohol. Se quedó allí estirada boca abajo, pero eso duró muy poco
tiempo, ¡a penas 30 segundos! -Jesús
tengo que ir al váter, ¡quiero hacer pipí! –Balbuceaba, pipi, pipi- No
tenía fuerzas para levantarse, el güisqui en el interior de su estómago
vacío la tenía obnubilada. -¡Venga,
levanta que te acompaño! Como
pude la llevé hasta el inodoro, pero ella no hacía nada por bajarse las
bragas, y aunque se lo repetí en varias ocasiones hacía caso omiso, ¡estaba
fuera de sí! -Me
hago pis, me hago pis... –Repetía una y otra vez- Nuevamente
la llevé hasta la cama, temía que se orinara allí, ¿qué explicaciones
daré luego al servicio? Entonces decidí hacerlo, le pude quitar la falda
y bajar las bragas que le quité por completo. En ese momento la pena me
invadió, no pude pensar en ella como mujer, ¡lo hice como madre! Como
una madre que necesitaba de su hijo para poder orinar. La llevé de nuevo
al váter y la animé para que meara, ¡lo hizo! La escena era patética,
un cuerpo casi inerte, anulado por los efectos del alcohol, era difícil
manejarlo para que hiciera sus necesidades. Cuando hubo evacuado el
contenido de su vejiga, cambié su cuerpo de posición, le introduje los
dedos en la boca para hacerla vomitar, quería que echara de su estómago
el máximo de alcohol almacenado, después de varias arcadas en su estómago
no quedó nada de líquido, la llevé por tercera vez a la cama, allí con
papel higiénico le limpié para que no estuviera mojada, le volví a
poner las bragas, le quite la camisa y la arropé. ¡Qué noche, qué
viaje me esperaba! Ese
era mi primer viaje en barco. Había sentido en algunas ocasiones que
cuando el mar se pone bravo, si no estás acostumbrado lo pasas mal debido
al mareo. Por suerte el temido mar estaba en calma, ya que no apreciaba
movimiento alguno, ¡qué suerte! Por lo menos eso estaba de mi parte. De
no estar mi madre en la situación en la que se encontraba, de buenas
ganas hubiera salido a pasear para respirar la brisa del mar y ver las
estrellas, ¡ese día no pudo ser! Me tuve que conformar con ver las
estrellas desde la ventana del camarote. Desde la ventana podía ver a lo
lejos las luces de la costa. Otra vez la suerte estaba de mi lado, como
viajaba en un camarote de babor podía ver tierra, aunque la contaminación
lumínica era grande y la luna estaba en fase de llena, se veían gran
cantidad de estrellas que desde tierra no se suelen ver. Mirando las
estrellas y el reflejo de la luna sobre la superficie calmada del mar,
pegado a la ventana pasé más de una hora, eran ya las Estirado
sobre la cama y viendo la televisión, mi mente no dejaba de repasar una y
otra vez lo sucedido en estos últimos días. La muerte de mi padre,
el egoísmo de mi madre... era muy joven y no me había dado cuenta
que es lo que sucedía entre ellos, pero empecé a entender que siempre me
lo ocultaron, ¡nunca fueron felices! Recordando se pasó el tiempo rápidamente,
en esas estaba... Miré al reloj despertador y ya eran las 2 de la
madrugada... cambié de canal como con un movimiento reflejo, ¡jolines,
qué sobresalto! Lo único que me faltaba para terminar la noche, daban
una película erótica, ¡dos chicas se besaban!, ¿qué hacer? Con mi
madre justo a mi lado era difícil alcanzar intimidad, ¡pero lo
necesitaba! Llevaba dos días sin poder desfogarme y los acontecimientos
me habían provocado mucha excitación que estaba acumulada. Llaman a la
puerta con mi evidente sobresalto, ¿quién puede ser? -¿Sí,
dígame que es lo que desea? -Dije con voz queda para no despertar a mi
madre- -Soy
yo María, ya he podido despistar a mi marido, ¡déjame pasar! –También
dijo en voz baja- La
infiel María se llevó una gran sorpresa y un enorme disgusto al ver que
yo no era quien esperaba ver tras la puerta. De no haber estado mi madre
en el camarote sin lugar a dudas le hubiera intentado suplir, ya que María
era una de esas mujeres que a mí me traen por la calle de la amargura, ¡vamos,
que me gustan las mujeres maduras! María debía tener alrededor de 55 años,
al verme, a pesar de su edad se puso roja por un sofoco repentino. -Lo
siento, me he equivocado de habitación, es esta que está al lado. ¿Le
he despertado? -No
señora, no se preocupe, estaba viendo la televisión. Se
excusó muy educadamente y llamó a la puerta contigua, salió a recibirle
una chica de aproximadamente la edad de mi madre, que la tomó de la mano
y la hizo pasar, ¡Bueno, bueno con María! Pone los cuernos a su marido
con una chica, ¡espera, espera! ¿Quién me dice a mí que dentro no hay
también un chico? ¡Jolines con María! -¡Adiós Señora, encantado de conocerle! –Le dije con una leve sonrisa mirando fijo a sus ojos-
Denominación de la RAE de Género |
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