Crucero (V) Le bajé las bragas

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Datos ténicos

Título: Crucero (V) Le bajé las bragas
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Alina
Actores: Alina, Jesús 
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Ficción - Drama erótico
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Ya no soportaba su metabolismo ni una gota más de alcohol, pero dejé que se tomara el último güisqui y casi arrastras la conduje hasta el camarote, ¡qué espectáculo! No tiene solución, ¡creo que no la tiene!  

-Vamos mamá, entra que te vas a caer, ¡no seas niña!

-Vale Jesús, ¡pero dime! ¿Por qué puerta debo entrar? –Atinó a decidir con un gesto cómico señalando con el dedo índice de su mano derecha-  

La ayudé a entrar como era obvio por la única puerta existente, y la tomé en brazos  hasta dejarla en la cama, ¡qué lastima! Tan joven y destrozándose la vida por el consumo de alcohol. Se quedó allí estirada boca abajo, pero eso duró muy poco tiempo, ¡a penas 30 segundos!  

-Jesús tengo que ir al váter, ¡quiero hacer pipí! –Balbuceaba, pipi, pipi-  

No tenía fuerzas para levantarse, el güisqui en el interior de su estómago vacío la tenía obnubilada.  

-¡Venga, levanta que te acompaño!  

Como pude la llevé hasta el inodoro, pero ella no hacía nada por bajarse las bragas, y aunque se lo repetí en varias ocasiones hacía caso omiso, ¡estaba fuera de sí!  

-Me hago pis, me hago pis... –Repetía una y otra vez-  

Nuevamente la llevé hasta la cama, temía que se orinara allí, ¿qué explicaciones daré luego al servicio? Entonces decidí hacerlo, le pude quitar la falda y bajar las bragas que le quité por completo. En ese momento la pena me invadió, no pude pensar en ella como mujer, ¡lo hice como madre! Como una madre que necesitaba de su hijo para poder orinar. La llevé de nuevo al váter y la animé para que meara, ¡lo hizo! La escena era patética, un cuerpo casi inerte, anulado por los efectos del alcohol, era difícil manejarlo para que hiciera sus necesidades. Cuando hubo evacuado el contenido de su vejiga, cambié su cuerpo de posición, le introduje los dedos en la boca para hacerla vomitar, quería que echara de su estómago el máximo de alcohol almacenado, después de varias arcadas en su estómago no quedó nada de líquido, la llevé por tercera vez a la cama, allí con papel higiénico le limpié para que no estuviera mojada, le volví a poner las bragas, le quite la camisa y la arropé. ¡Qué noche, qué viaje me esperaba!  

Ese era mi primer viaje en barco. Había sentido en algunas ocasiones que cuando el mar se pone bravo, si no estás acostumbrado lo pasas mal debido al mareo. Por suerte el temido mar estaba en calma, ya que no apreciaba movimiento alguno, ¡qué suerte! Por lo menos eso estaba de mi parte. De no estar mi madre en la situación en la que se encontraba, de buenas ganas hubiera salido a pasear para respirar la brisa del mar y ver las estrellas, ¡ese día no pudo ser! Me tuve que conformar con ver las estrellas desde la ventana del camarote. Desde la ventana podía ver a lo lejos las luces de la costa. Otra vez la suerte estaba de mi lado, como viajaba en un camarote de babor podía ver tierra, aunque la contaminación lumínica era grande y la luna estaba en fase de llena, se veían gran cantidad de estrellas que desde tierra no se suelen ver. Mirando las estrellas y el reflejo de la luna sobre la superficie calmada del mar, pegado a la ventana pasé más de una hora, eran ya las 0:25 del 26 de Agosto. A las nueve de la mañana de ese domingo estaba prevista la llegada a Génova, apenas 400 kilómetros nos separaban de esa ciudad, 13 horas de plácida navegación denotaban que el barco no iba a toda máquina, apenas iría a 30 kilómetros a la hora. Pero eso no es lo que me importaba en ese momento. Me acerqué a la cama de mi madre y vi que dormía como un bebé, ¡que alivio! La técnica del vómito había funcionado...  

Estirado sobre la cama y viendo la televisión, mi mente no dejaba de repasar una y otra vez lo sucedido en estos últimos días. La muerte de mi padre,  el egoísmo de mi madre... era muy joven y no me había dado cuenta que es lo que sucedía entre ellos, pero empecé a entender que siempre me lo ocultaron, ¡nunca fueron felices! Recordando se pasó el tiempo rápidamente, en esas estaba... Miré al reloj despertador y ya eran las 2 de la madrugada... cambié de canal como con un movimiento reflejo, ¡jolines, qué sobresalto! Lo único que me faltaba para terminar la noche, daban una película erótica, ¡dos chicas se besaban!, ¿qué hacer? Con mi madre justo a mi lado era difícil alcanzar intimidad, ¡pero lo necesitaba! Llevaba dos días sin poder desfogarme y los acontecimientos me habían provocado mucha excitación que estaba acumulada. Llaman a la puerta con mi evidente sobresalto, ¿quién puede ser?  

-¿Sí, dígame que es lo que desea? -Dije con voz queda para no despertar a mi madre-

-Soy yo María, ya he podido despistar a mi marido, ¡déjame pasar! –También dijo en voz baja-  

La infiel María se llevó una gran sorpresa y un enorme disgusto al ver que yo no era quien esperaba ver tras la puerta. De no haber estado mi madre en el camarote sin lugar a dudas le hubiera intentado suplir, ya que María era una de esas mujeres que a mí me traen por la calle de la amargura, ¡vamos, que me gustan las mujeres maduras! María debía tener alrededor de 55 años, al verme, a pesar de su edad se puso roja por un sofoco repentino.  

-Lo siento, me he equivocado de habitación, es esta que está al lado. ¿Le he despertado?

-No señora, no se preocupe, estaba viendo la televisión.  

Se excusó muy educadamente y llamó a la puerta contigua, salió a recibirle una chica de aproximadamente la edad de mi madre, que la tomó de la mano y la hizo pasar, ¡Bueno, bueno con María! Pone los cuernos a su marido con una chica, ¡espera, espera! ¿Quién me dice a mí que dentro no hay también un chico? ¡Jolines con María!  

-¡Adiós Señora, encantado de conocerle! –Le dije con una leve sonrisa mirando fijo a sus ojos-

 

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