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Relato ¿Tenía
la suerte en contra, o eran casualidades? Fuera una cosa o la otra, el
caso era que yo cada vez estaba más excitado y que no había forma humana
de tener intimidad. Cerré la puerta y al girarme vi que mi madre se había
levantado y como sonámbula se dirigía al cuarto de baño. En ese momento
no la vi como a mi madre, la observaba como la hermosa y sensual mujer que
es, ¡por todos los dioses del Olimpo! En sujetador y bragas estaba
realmente apetecible. Por un momento pensé en abalanzarme sobre ella,
pero mi educación impidió que lo hiciera. -¿Necesitas
ayuda mamá? -¡Calla,
no grites Jesús! Tengo un dolor de cabeza terrible. ¿Sabes dónde puse
las aspirinas? -Sí
mamá, ahora mismo te las acerco, están en tu neceser. -No,
no te molestes ya las cojo yo. –Hablaba con voz tenue- Abrió
el paquete de pastillas de ácido acetilsalicílico y posó dos en su
boca, tomó un poco de agua y las tragó. Entonces se dio cuenta que
estaba en ropa interior delante de su hijo. -¿Me
has desnudado tú Jesús? -Si
mamá, ¿no te acuerdas? -No
Jesús, no me acuerdo de nada, ¿qué hora es? -Son
las dos de la mañana, ¿para que quieres saber la hora? -Mañana
tengo una operación a las nueve y debo estar descansada, ¡es muy
delicada! -¡Vale,
vale... acuéstate tranquila que yo te llamaré! Sin
cerrar la puerta, se bajó las bragas, hizo pis, se limpió y se las volvió
a subir, estaba claro que la resaca la tenía más que atrapada, ¡esa no
era mi madre! Nunca hizo una cosa tan desvergonzada ni fuera de lugar. Se
levantó y se introdujo de nuevo en la cama. -Buenas
noches Jesús. Se
durmió como un tronco, y sus ronquidos no me dejaban dormir, ¡joder,
además ronca! No sé de qué me quejaba, tengo entendido que todos los
humanos en un momento u otro de nuestras vidas cuando dormimos roncamos,
¿por qué Alina ha de ser diferente? Bueno, bueno, hasta en mis
pensamientos empiezo a llamar a mi madre por su nombre, ¿qué me está
pasando? Le
di las buenas noches y volví a poner esa película erótica que daban en
la tele. Pero como dicen las desgracias nunca llegan solas, esa excitante
película de chicas besándose y haciéndose el amor había terminado.
Hice un barrido por las diferentes cadenas y no tardé en encontrar otra
película pero aún más subida de tono, la tele a esas horas y en la zona
en la que estábamos parecía todo un burdel, canal que pulsaba, canal que
daban sexo, ¡era una locura! Pero estaba cohibido, ¡decidí dormir! -Jesús,
Jesús, ¡despierta! Este hotel francés es muy raro, ¡se mueve! –Dijo
espantada- Eran
las 7 de la mañana, mi madre se había despertado y estaba diciendo
verdaderas tonterías que achaqué a los efectos de la resaca. Yo tenía
una erección de las que hacen época, no podía destaparme así en la
situación en la que estaba, ¡me daba vergüenza! Pero mi madre siguió
insistiendo: -Se
mueve, se mueve. –No dejaba de repetir una y otra vez, ¡me asusté!- -Cálmate
mamá, es un barco, ¿no lo recuerdas? Se
tranquilizó, pero estaba como ausente, ni siquiera se fijó en el
abultado aspecto de mi pijama. Se sentó en la cama y se puso las manos
sobre la cabeza sujetando ambos parietales. ¿Estaba meditando o se
arrepentía? -¿Te
encuentras bien mamá? Ponte la bata llamaré al centro médico. Cinco
minutos tardaron en llegar. Una doctora y una enfermera que la
reconocieron de arriba abajo, le tomaron la temperatura, la tensión, le
midieron la cantidad de azúcar en sangre y hasta le hicieron un
electrocardiograma. La doctora le dio unas pastillas y le dijo que
descansara, que lo que le pasaba era la consecuencia de la gran ingesta de
alcohol. Ella no decía nada, por lo tanto la doctora me rogó
encarecidamente que la vigilara para que no volviera a tomar ni una sola
gota más de alcohol. Así
lo hice, no la dejé sola ni un instante. A las nueve arribamos al puerto
de Génova, ciudad de la que no podría ver nada debido a la situación de
mi madre. -Mamá
hemos llegado a Génova, ¡ven asómate a la ventana! Nuevamente
por suerte las ventanas daban hacia la ciudad en lugar de hacia el mar. Se
levantó de la cama y se acercó hasta ponerse a mi lado. Miraba pero me
daba la sensación que no le interesaba lo que estaba viendo, ¿en qué
estaría pensando? -Mamá
ponte guapa, que saldremos a cubierta y tomaremos el sol, ¿ves que día más
precioso? -No
tengo ganas Jesús. –dijo en voz apagada- -No
digas tonterías, venga, ¿qué es lo que quieres ponerte? Clavó
su mirada en mis ojos y yo vi los suyos llenos de lágrimas. No le dije
nada, simplemente me dirigí hasta su armario y elegí un pantalón corto
y una camiseta a juego. -¿Te
gusta esto? Venga, que tengo ganas de salir de este camarote. -¡Vale,
ahora me lo pongo! A
pesar de su contestación se quedó sentada con las dos prendas que le había
dado, sus movimientos eran lentos. Pero parecía que poco a poco
reaccionaba, a los quince minutos estábamos desayunando, aunque ella no
pidió nada sólido, la pude convencer para que al menos se tomara un café
con leche. Su estómago parecía que lo soportaba, no tuvo ganas de
vomitar, de lo contrario hubiera echado las medicinas que acababa de
tomar. Salimos a la cubierta y descansamos tumbados en unas hamacas junto
a la piscina. Poco a poco mi madre fue recobrando su movilidad y sus ganas
de disfrutar. Estaba con los ojos cerrados escuchando música en mi mp3
cuando siento el tacto de algo suave tocando mi hombro: -Jesús
despierta, vamos a dar una vuelta por Génova comeremos fuera y luego
volvemos, ¿qué te parece? -Bien,
me parece bien, pero nada de beber, ¿me lo prometes? -Te
lo prometo, sólo beberé agua. Yo
sabía que no era cierto, sabía que mi madre tenía un gran problema con
la bebida. Con lo sucedido en esto días comprendí el motivo de porque la
habían despedido del centro médico en el que ejercía como cirujano plástico.
Sabía que me engañaba y que a la primera oportunidad que tuviera se
volvería a embriagar... -El
agua es lo mejor mamá. ¿Qué idioma hablan en Génova? –Le pregunté- -Venga
Jesús, ¡no te quedes conmigo! Sabes muy bien que en Génova hablan el
italiano ya que es una ciudad de ese país. La
verdad es que la pregunta que hice a mi madre era del todo cierta, no soy
nada experto en geografía, pensaba que se hablaba francés, ¡qué
inculto! Pero estoy en ello, en septiembre empezaré la carrera, que por
cierto nada tiene que ver con geografía, lo mío es la electrónica. -Lo
sé mamá, lo decía para tomarte el pelo. Qué suerte tengo de tener una
madre políglota que sabe los principales idiomas que versan en este
mundo. -No
seas adulador, que no es para tanto, solamente sé hablar el francés, el
inglés, el italiano, el alemán, el español, el japonés, el ruso, el
sueco, el swahili y un poco de chino mandarín. ¿Qué te parece Jesús?
–Dijo riendo como sólo ella lo sabe hacer- Era
un buen síntoma la broma que hizo sobre los idiomas que habla, en
realidad solamente habla el francés, el inglés, el alemán, el italiano
y el español, ¡que no es poco! Problemas para entenderse en el mundo
realmente no tiene. Los tiene con el alcohol que es el que la hecho
meterse en el pozo en el que ahora está, ¡estoy decidido! No cejaré en
mi empeño hasta que la saque de él, ¡me lo prometo a mí mismo! -¡Te
has pasado un poco mamá! -Es
broma... ¿te ha gustado el chiste? –Dijo de nuevo riendo- -Me
encanta verte así mamá. Hoy va ha ser el primer día de nuestra segunda
vida, ¿qué te parece la frase?
Denominación de la RAE de Género |
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