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Pasamos por la vida casi sin darnos cuenta, vivimos 4 días mal contados, preocupados siempre en tensión (llámese, estrés), morimos, nos entierran o incineran, pasan 4 días y no hemos existido.  

¡Quiero comprar esto! No puedo, no me llega el siempre deseado dinero. Pediré un préstamo financiero. ¡Bien, me lo han concedido! ¡Qué buenos!  

¡Qué feliz que soy! Ya tengo esto. Ahora sólo tengo que pagar el préstamo.  

¡Quiero comprar aquello! No puedo, tengo que pagar el primer préstamo. Nada me aguanto y no lo tengo. ¿Por qué me tengo que conformar? ¡Otro préstamo voy a solicitar! ¡Bien, me lo han concedido! ¡Qué buenos! ¡Ya tengo dos préstamos!  

¡Qué feliz que soy! Ya tengo esto y tengo aquello. Ahora sólo tengo que pagar los préstamos. ¡No pasa nada! Solamente son cinco años, son préstamos a muy bajo precio de interés del dinero, 17% TAE. ¿Por qué me quejo? ¡Los bancos, nos prestan su dinero!

¡Qué feliz que soy! Tengo esto, tengo aquello. ¡No! Ese es muy bonito. ¡Me lo tengo que comprar! ¡No, sí! Otro préstamo voy a pedir. ¡Bien, me lo han concedido! ¡Qué buenos!  

¡Qué feliz que soy! Tengo esto, aquello, y eso. ¡Ahora sólo tengo que pagar los tres préstamos!  

La vida se nos pasa como casi sin darnos cuenta, cuantos más préstamos pidamos más felices seremos. ¿Hay alguien que lo dude? ¿Creen que cuando muramos seguirán pagando nuestras deudas? Si no es así, ¿al finado le importará?  

Moraleja: ¡Si eres persona que no tiene ningún préstamo que pagar! ¡No lo dudes ni un solo momento, pídelo! ¡Los banqueros son buenas personas!  

*-*-*

Un día haciendo cola en una entidad financiera una vieja mujer que estaba allí sentada esperando que le tocara la vez para cobrar su pensión, por el simple hecho de saludarla me hizo la siguiente pregunta:  

-¿Hijo, qué pasaría si nadie pidiera préstamos para comprar cosas?  

No supe que contestarle, ¡Suspiré y me encogí de hombros! Ella al ver que no sabía qué contestarle. Empezó con su retahíla, no dudó en soltarme lo que ella pensaba, ¡tierra, trágame! Eso me pasa por ser una persona educada y saludar cuando entro en lugares donde hay otras personas. ¿Por qué me pasan esas cosas?  

-Hijo, si nadie pidiera préstamos para comprar cosas. Los bancos y otras entidades financieras no existirían y no viviríamos en un mundo consumista. Hasta ahí, todo bien ¿Verdad?  

Sí, ¡Si usted lo dice!

Aquella mujer parecía saber lo que decía o por lo menos eso es lo que yo entendía desde mi punto de vista neófito en el tema de economía. Yo de economía entiendo lo mínimo, entiendo que si ingreso al mes 1000, puedo gastar mil, si gasto más me endeudo y como es normal en un momento u otro dejaré de pagar a alguien, ¡hasta ahí llego! La señora obvió mi respuesta, y siguió preguntando:

-¿Hijo, usted trabaja? -Sí señora, Hasta ahora desde que cumplí los catorce años siempre lo he hecho.

De nuevo aquella vieja mujer que parecía estar encerrada en su mundo, no hizo caso de mi respuesta, ¡no contestó nada! Pero si me hizo otra pregunta:

-¿Hijo, qué cree que pasaría si todos ahorráramos y no compráramos más que lo necesario para sobrevivir?

Esta vez sabía o creía tener la respuesta acertada, pero quise saber que es lo que ella opinaba del tema. Con una sonrisa le contesté:

-¡No lo sé, dígamelo usted! 

-Hijo, si todos compráramos lo imprescindible, durante unos meses todos tendríamos algún dinero ahorrado, ¡qué bien! Todos seríamos algo más ricos. Pero eso sería un simple espejismo. A partir de un corto tiempo... ¿De qué trabaja usted?

En la mitad de la disertación me preguntó de qué trabajaba, en ese momento pensé que la señora empezaba a perder la memoria, ¡pero no! Siguió diciendo:

-Hijo espere un momento, tengo que ir al lavabo, ¡no se valla vuelvo enseguida! ¿Sabe usted que la edad no perdona? 

Esa señora mayor me empezaba caer bien, pero me hacía preguntas a las que yo no podía contestar. No tardó más de 4 minutos en regresar del lavabo. Su turno todavía no le tocaba, por lo visto pasaba algo con los ordenadores y la acumulación de personal que quería realizar alguna transacción bancaria era cada vez mayor. 

-Hijo, ya estoy aquí, ¡qué alivio! -Dijo sonriendo- 

-Señora, me parece que hoy nos será imposible hacer lo que deseamos en el banco. Los ordenadores se han averiado y dicen que tardarán algunas horas en repararlos. 

-Hijo, yo estoy jubilada y no tengo mucho que hacer, esperaré hasta que esas diabólicas máquinas vuelvan a funcionar. 

-Lo siento pero yo no puedo esperar. Me hubiera gustado seguir escuchando su teoría de que pasaría si todos compráramos simplemente lo imprescindible, ¡pero tengo prisa! 

-Lo entiendo hijo, pero antes de marcharse dígame de qué trabaja. 

-Soy maquinista inyector de una máquina que hace muebles de plástico para jardín. 

La señora como no tenía nada que hacer parecía que disfrutaba estando allí, cuando le dije de qué trabajaba. Aunque pareció entender que tenía prisa, sin ni siquiera mirarme a los ojos dijo: 

-Hijo, ¡mire por dónde! Ese es un artículo del que muchas personas podríamos prescindir. ¿Qué cree usted que le ocurriría a la empresa donde trabaja si le bajara la cartera de pedidos? 

¡Era obvio! Aquella respuesta que escuché casi al salir por la puerta de la entidad bancaria, me dejó reflexionando. Soy una de esas personas que siempre se queja del mundo consumista en el que nos ha tocado vivir.

He vuelto en diversas ocasiones a la citada entidad bancaria, nunca me he vuelto a encontrar con aquella experta mujer, no la he encontrado, pero lo poco que me dijo me ha hecho pensar y pensar. 

Está claro, o no tan claro, los dirigentes de los países dicen a los llamados ciudadanos de a pie que ahorremos, ¡estoy hecho un lió! Si ahorramos y no compramos nada más que lo imprescindible, muchas de las empresas que hacen cosa de las que de pueden prescindir, cerrarán, si cierran, los empleados se quedarán sin trabajo, si los empleados se quedan sin trabajo, ¿qué pasará? No entiendo nada, si ahorramos, las empresas se arruinan. Si no ahorramos, el usuario se hipoteca, ¡No lo sé! Esto es como pensar en la muerte, ¡es inútil! Creo que me tomaré un año sabático en mi puesto de trabajo, ¡qué estoy diciendo! Si no trabajo, no podré pagar la hipoteca. Nada, decidido, sin dejar de trabajar, empezaré a filosofar sobre el tema. O eso, o esperar a que me toque la lotería, a la que por cierto no juego. Si algún día tengo la fortuna de que me toque, dejaré de preocuparme por mi futuro. Como eso todavía no ha sucedido, por el momento intentaré vivir como hasta ahora lo he hecho, y cuando llegue el momento, ¡que los gusanos disfruten de mí!

Como no puedo tomarme un año sabático ya que mi economía no me lo permite, a parte de que en la empresa donde trabajo no me concederían la excedencia, empezaré a pensar donde pasaré las vacaciones este próximo mes de agosto. ¡Tengo suerte! Como me han sobrado algunos euros después de pagar el recibo de la hipoteca, la luz, el agua, el gas, el teléfono, el impuesto sobre bienes inmuebles, la recogida de basuras y el impuesto sobre transmisión de vehículos, el seguro del coche, ¡se me olvidaba! El impuesto IRPF, ese no lo he pagado, ¡diablos! es poco pero me ha salido la declaración positiva. Este año tendré que volver a conformarme y me resignaré a pasar las vacaciones en mi pueblo, mi hermoso pueblo de bonitos caminos para pasear en bicicleta. Los seiscientos euros que he podido ahorrar durante todo el año, ¡es para hacienda! ¿No lo comprenden? A no ser... ¿y si pido un préstamo rápido?

Durante toda una noche estuve despierto pensando en la posibilidad de pedir un nuevo préstamo, no me resignaba a quedarme otro año más sin vacaciones, ¡estaba harto! Todos mis compañeros presumen de lo bien que lo pasan en esta fechas, ¿por qué yo no? Hice números y llegué a la conclusión de que si dejaba de fumar, si me privaba de beber vino en las comidas, si abandonaba el hábito de tomarme el café con leche en el bar por las mañanas, podía hacer frente a la cuota del préstamo que necesitaba para poderme ir de vacaciones. Es más, también podría ahorrar algunos euros en el recibo de la luz si cuando me levanto lo hago a oscuras, ¡todo sea por las vacaciones! Y ya puestos, el recibo del agua también lo puedo rebajar si en lugar de ducharme todos los días, lo hago nada más que el lunes por la mañana, además solamente tiraré de la cadena una vez al día, y rizando el rizo, también puedo comer un día sí, y otro no, ¡estoy muy gordo, así adelgazaré! Decidido, mañana a primera hora iré al banco para pedir un préstamo personal, ¡sí, de esos que llaman rápidos¡.

Todo contento y relajado me he levantado, como es lunes me toca ducha, así iré limpio para que el director del banco se lleve buena impresión, me estiraré un poco y gastaré unas gotas de perfume, no mucho, que después hay que comprar más, ¡yo no me quedo este año sin vacaciones! Silbando y tatareando mi canción preferida me he plantado en la puerta de la entidad bancaria donde tengo depositados mis 25 euros, ¡es poco lo sé! Pero por esa cuenta cobro la nómina y tengo domiciliado todos mis pagos. Se podría decir que soy uno de esos clientes que les deja buen porcentaje sin riesgo alguno.  

-Buenos días, puedo hablar con el director.

-Sí, ¿de parte de quién?  

El director muy amablemente me ha atendido, cuando le he dicho que deseaba un préstamo de concesión rápida, ha hecho un gesto con la ceja. Me ha preguntado el número de la cuenta corriente. Cuando ha consultado, directamente me ha dicho que no, que no me pueden conceder más préstamos, porque tengo mucho riego, ¡vamos! Que el hecho de que yo ahorre, y hasta deje de comer, a ellos no les importa lo más mínimo, entienden que con mi nómina no me llega para ir de vacaciones este año. Frustrado, alicaído y casi con ganas de gritar, he salido de la entidad bancaria, en ese momento no quería entender, ¡no lo comprendía! cómo esa prestigiosa firma me negaba la concesión de 3000 euros.  

De camino al trabajo, caminando decidido y con un cabreo de los que hacen época encontré un quiosco donde vendían números de lotería. En contadas ocasiones hago uso de los juegos de azar, ¡no es algo que me entusiasme! Pero como aquella era mi última baza por jugar, me dije, ¡total, es un euro! Compré un billete y lo dejé en la cartera, guardado para ver si estando cerca de mi corazón, ¡sí, es que yo guardo la cartera en el bolsillo de la camisa de trabajo! Tan cerca de él, se contagiaría de su suerte de estar vivo, pum, pam... una y otra vez latía y el número lo sentiría, ¡es una tontería! Pero a mí en ese momento me valía. Llegó la hora del sorteó, ya en casa sentado descansando frente al televisor, pensé, ¿tendré suerte por una vez en la vida? El corazón seguía latiendo que ya era bastante, ¡quién no se consuela es porque no quiere! Salió el primer número, ¡aquello empezaba bien! El número coincidió con el mío, ¡ahora sí! Mi corazón latía algo más acelerado de lo normal, ¡ya ven, por un número! El sorteo como era natural siguió su curso, ¡cayó la segunda bola! No me lo podía creer, el segundo número del sorteo coincidía con el segundo número del billete. Si con el primer número mi corazón alegró su velocidad, con el segundo parecía que corría una maratón, ¡qué expectación! El tercero lo esperaba con lo nervios a flor de piel. Lo vi caer del bombo, ¡no, no puede ser! También coincide, el tercero también es el mismo. Ya no les digo nada del corazón, ¡pueden imaginárselo! En ese momento ya empecé a soñar despierto, ya me veía de vacaciones un lugar paradisíaco, ¡baja de la nube! Me dije, faltan dos número y las probabilidades son muchas. Aquello que estaba sucediendo era como una ilusión, ¡el cuarto! También coincidió, faltaba uno, nunca me había sucedido algo así, el corazón, mi fuerte corazón empezó a latir de una forma que nunca lo había hecho, no tenía un ritmo continuo, en momentos parecía pararse. Me asusté y pensé, ¡cálmate, esto te puede costar la vida! El tiempo que pasó entre la cuarta y la quinta bola me pareció interminable. Pero salió, ¡les aseguro que salió! No, no puede ser... 

Por un momento mi corazón dejó de latir, se me hizo un nudo en la garganta pero por suerte para mí, puede reaccionar a tiempo, nuevamente mi corazón palpitó. Parecía imposible lo que estaba sucediendo, ¡me había tocado la lotería! Pero por desgracia para mí, tuve que ir a hacerme una revisión cardíaca, ya que lo que me había sucedido me dejó muy preocupado. En la primera exploración descubrieron una arritmia, cosa que podía derivar en problemas de riñón, ¡eso dicen! El caso es que en la casa del pobre, la felicidad nunca es completa, me ha tocado una cantidad con la que podía haber pasado unas vacaciones inolvidables, y sin embargo tendré unas vacaciones tristes haciéndome pruebas de aquí para allá, ¡después dicen que la suerte trae alegría! Tengo para esta semana tres pruebas que realizar, así podrán saber que es lo que me pasa. No sé si hacérmelas o marcharme de vacaciones, ¡lo pensaré!

Han pasado dos días, no sé si es sugestión, pero cada hora que pasa me encuentro peor que la anterior, aunque por mi cabeza pasó la idea de no realizarme las pruebas me ha sido imposible. Si hubiera decidido ir de vacaciones no lo podría haber hecho, me siento débil y me ahogo nada más dar dos pasos, hasta he tenido que dejar de ir al trabajo. No entiendo, mi buena suerte se ha convertido de repente en fatalidad. Ahora tendré que pensar aquello de que la mayor riqueza es tener buena salud. Las tres, les aseguro que las tres pruebas han dado positivo para la dolencia que buscaban. El tratamiento de choque que me han mandado es verdaderamente espectacular. No les cansaré con los medicamentos que me han recetado, ¡y mucho menos con la enfermedad que me han diagnosticado! Que peñas, cada uno debe tener las suyas. Los doctores me han dicho que si sigo sus directrices en poco tiempo podré hacer vida normal. Y yo me pregunto, ¿tengo un peso ideal? Sí, ¿fumo? No, ¿Bebo? Tampoco, ¿qué más puedo dejar de hacer? ¡Se me olvidaba, qué memo que soy! Debo gastar menos agua.